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El economista, alineado al Frente de Todos y director de AD Consultores, justificó la política de controles y renegociación de la deuda en la “pésima herencia” del gobierno de Cambiemos

La economía argentina volvió a caer en un escenario de cuasi cesación de pagos a sólo 3 años de haber finalizado una larga trayectoria en default parcial, desde 2002 a 2015, pero suficiente para dejar fuera de los mercados internacionales las posibilidades de financiamiento no solo de parte del gasto corriente, como principalmente para encarar obras públicas, tanto por parte del Estado, como de las empresas públicas, e incluso limitó el acceso a las compañías privadas.

Y como ha sido recurrentemente en la historia local, siempre se le echó la culpa de las crisis de la deuda al gobierno anterior, se implícito, como el caso de la trayectoria de Cambiemos, más allá de los grandes errores propios de gestión y de comunicación, como explícito por parte del actual Gobierno en sus apenas 45 días de gestión, en lugar de tomarlo como beneficio de inventario y pensar en incentivos a los sectores generadores de riqueza para revertir el cuadro, y volver a crecer, de modo de dar sustentabilidad al endeudamiento, y al mismo tiempo comenzar a reducir los severos déficit en los planos social, previsional, laboral, de infraestructura y de generación neta de divisas.

Agustín D’Attellis, economista muy cercano al gobierno, destacó en entrevista con Infobae la “pésima herencia” que dejó, a su juicio, la gestión de Cambiemos, que llevó a un nuevo estado de emergencia que impide aún contar con un plan económico integral, con las consecuencias negativas de haber disparado el índice de riesgo país al filo de los 2.000 puntos básicos y la virtual cesación de pagos de la deuda, por ahora sólo limitado a los vencimientos de las cuotas de devolución de capital, que a los servicios de intereses.

– En la semana, el ministro Martín Guzmán habló sobre el pedido de participación del Congreso, como corresponde, de la autorización para renegociar la deuda pública y aprovechó para decir: “hubo un manejo irresponsable por parte del gobierno anterior”. Pero los números dicen que eso no fue así, que la deuda con el Fondo se usó para pagar vencimientos y el neto, salvo 2016 y 2017 que se originó en la normalización de los efectos del cepo cambiario anterior y las compensaciones por la venta de dólares a futuro a precios de remate, para financiar el déficit fiscal final; y tanto en cantidad como en tasas pactadas estuvo por debajo de años anteriores. ¿Comparte ese enfoque del ministro? ¿Qué agregaría?

– No. Comparto el enfoque del ministro. A ver, si toma la foto, la película, de los años de Mauricio Macri, se encuentra que a principios del 2016 se abre la ventana del acceso al mercado financiero internacional, producto del pago a los fondos buitre que era lo que se venía dilatando por la disputa en el gobierno anterior. En dos años, en enero de 2018, se cierra esa ventana. O sea, un gobierno que toma una economía a fines de 2015, que además estaba desendeudada, la deuda pública total en relación al PBI no llegaba al 40%, la deja hoy por arriba del 90%, casi que llega a ser un PBIEntonces, haber abierto la ventana del endeudamiento internacional, y haberlo cerrado abruptamente en tan solo dos años, porque aparte a principios del 2018, cuando en ese momento era Luis Caputo ministro de Finanzas, es el mercado financiero, Wall Street, que lo llama y le comunica que se cierra el acceso al mercado porque no le daban los números para que el país pudiera honrar los compromisos, revela que hubo un manejo bastante irresponsable.

Después hay hitos que uno puede ir mostrando. Por ejemplo, la famosa emisión de la deuda a 100 años a tasa fija, a mediados de 2017. Todos sabíamos, y nos sorprendimos, que Argentina no tenía necesidad de colocar en ese momento una deuda de ese plazo a la tasa de interés a la cual la hizo. Porque además la especulación del gobierno era “como nosotros estamos llevando adelante las medidas pro mercado necesarias el nivel de riesgo país va a bajar”. Entonces, nadie entendía por qué se colocaba un bono a 100 años a una tasa fija en dólares alta como fue esa tasa, de casi el 9% anual, cuando la expectativa era que bajara. Después terminó siendo que fue un pedido a medida del mercado financiero. Entonces me parece que fueron muchas irresponsabilidades.

Y después, cuando analizo el hecho de haber ido al Fondo Monetario Internacional como manotazo de ahogado por el cierre del mercado internacional que los tomó desprevenidos, las condiciones que se acordaron eran incumplibles. Todos sabían que eran incumplibles. El organismo también. Lo que pasa es que había tenido una presión muy fuerte en ese momento de Estados Unidos, del propio Donald Trump, que tiene el poder que tiene en el directorio del Fondo, para hacer ese stand by con la Argentina. Pero la realidad es que fue muy irresponsable.

Y, más allá de la macro, de las cosas que salieron mal, de la recesión, de la inflación descontrolada, cuando se ve la concentración de vencimientos en el corto plazo bueno, se concluye que fue una administración financiera muy pobre. Lo mínimo que le exigiría a un administrador financiero, de una empresa, de un fondo, y más del Estado, es extender los vencimientos a lo largo del tiempo de manera que sea sostenible su pago. Pero lo que se hizo fue completamente insostenible, agravado por el descontrol de la macroeconomía.

– Qué es lo que hace que un gobierno o un ministro se encuentre con la imposibilidad de pagar la deuda: ¿el monto y la concentración de vencimientos?; o ¿la relación con el PBI, porque eso es un subproducto de la política de apreciación o de devaluación del peso? El actual Gobierno en campaña dijo que un dólar a $60 es competitivo, cuando pocas semanas atrás estaba en $40. Y usted sabe bien que cuando se devalúa fuertemente el peso se licúa el valor del PBI, mientras que la deuda en esa moneda, que es la más relevante no se mueve y distorsiona esa relación, hasta que se aprecia el peso, y se corrige ese indicador…

– Es muy importante el monto y el perfil de vencimientos. Comparto que la relación deuda PBI se usa mucho en la comparación internacional, pero no es algo muy exacto. Me parece más bien que lo que hay que mirar en la Argentina es la relación deuda con el resultado de cuenta corriente de la balanza de pagos, es decir con la generación neta de dólares, a través del intercambio comercial con el mundo y el ingreso de inversiones extranjeras directas. Y ahí también encuentra que era insostenible.

– ¿No tendría que darle la derecha a Cambiemos, porque logró revertir en 2019 un déficit comercial de USD 3.700 millones en 2018 en un superávit de casi USD 16.000 millones, más la sostenida disminución del déficit del turismo, y también del rojo de las finanzas públicas?

– Sí, pero no por una buena noticia, porque si desmenuza el resultado comercial las importaciones acusaron una franca baja por la recesión; y las exportaciones crecieron a un ritmo muy lentoY ese es otro factor clave hacia adelante. ¿Por qué? Porque hoy se apuesta a la reactivación del mercado interno vía un Estado actuando como redistribuidor del ingreso, transfiriendo recursos a sectores de ingresos más bajos, etcétera, para dinamizar el consumo, con lo que empieza a impulsar el aparato que hoy está ocioso y parado, y arrastrará al aumento de importaciones de insumos y de máquinas, equipos y sus partes. Ahí es donde aparece el Ministerio de Desarrollo Productivo, a cargo de Matías Kulfas, con el propósito de recuperar instrumentos de control de administración del mercado interno y del comercio exterior con las licencias no automáticas; el control de cambios y otras medidas.

– ¿Es una buena estrategia decirles a los acreedores: “estoy quebrado, no te puedo pagar, mi economía es un desastre y quiero que me aprueben dos de estas tres condiciones: alargar plazos; bajar las tasas de interés; y reducir el capital adeudado”? ¿O tendría que decir, “las cuentas externas han mejorado, y también las finanzas públicas, pero si aceptan una reestructuración de plazos, para que pueda reanimar la actividad agregada, contribuirán a que podamos recuperar la confianza, reducir el riesgo país, y mejorar la capacidad de repago”?

 Claro, lo que pasa es que mejorar dos de las tres condiciones en la renegociación de la deuda es lo que exige como mínimo la Ley de Administración Financiera. Lo que dijo Martín Guzmán es “nos vamos a ajustar a la Ley de Administración Financiera. Después la estrategia, creo que se recupera parte de la experiencia de Néstor Kirchner con la reestructuración del 2005, posterior al default del 2001: “los muertos no pagan”, porque creo que recibió una economía, según todos los indicadores, en recesión muy profunda, con inflación alta y disparada y con un proceso de inercia difícil de cortar. Venimos de un diciembre con 3,7% de inflación, altísima y un fuerte deterioro del poder adquisitivo de los salarios; que es necesario revertir lo antes posible. Si se sigue adelante con la receta que busca imponer el mercado internacional, el Fondo Monetario, que son recetas por el lado del ajuste, etcétera, sabemos que el mercado interno no aguanta más otro impacto negativo, más deterioro.

Por eso creo que se decidió por una receta de corte keynesiano, estimulando el consumo, interpretando que es el principal componente de la demanda agregada, que eso impulse. Y después coordinar las expectativas sobre el sector privado, sobre los empresarios, para que acompañen a ese impulso de demanda con mayor producción. Porque el otro riesgo es que, si los empresarios no interpretan la señal, o no acompañan, o no generan la expectativa positiva, y llevan adelante un comportamiento especulativo de corto plazo de traslado a precios en lugar de poner a trabajar la parte ociosa que tienen de las fábricas, esta película termina mal.

– ¿Se puede reactivar la economía por un lado aumentando los impuestos, y por el otro volviendo a la vieja y fracasada receta de las licencias no automáticas de importación en el cual previamente hay que presentarle al decisor de políticas económicas la previsión de compras, hasta de insumos esenciales para el proceso productivo, incluso de bienes de exportación que se necesitan para poder pagar la deuda en divisas?

– Es que en este momento no hay otra alternativa. A mí me encantaría que el comercio fuese algo mucho más flexible, incluso mucho más moderno y que todo fluyera de una manera más normal. El problema es que la situación que se heredó hace que eso sea imposible ahora. Si hoy no se administra el comercio exterior vamos a un estrangulamiento de dólares, aun con el cepo cambiario, que va a llevar a que sea imposible plantear cualquier escenario de reestructuración de deuda. De ahí que hay que administrar la escasez de dólares. No perdamos de vista que el proceso de fuga de capitales de los últimos años fue enorme y es insostenible, como lo mostró esta semana el Balance Cambiario el Banco Central, se fueron más de USD 43.500 millones. Es imposible que la Argentina pueda sostener una situación de esas características.

– Su experiencia, como ex asesor en Economía, y también de legisladores de partido Justicialista, ¿qué recomienda, corregir ese cuadro con más cepo, con más controles y regulaciones, o con una visión más optimista, que apunte a mejorar las expectativas con incentivos a la producción y la inversión, en lugar de guardar los dólares en el colchón?

– Me parece que hay que coordinar las dos cosas. Es muy difícil, pero hay que coordinar las dos cosas. Es decir, hay que hacer entender al sector privado, a los diferentes actores, que sin controles sobre el comercio exterior hoy es imposible, porque si uno liberaliza el mercado en este momento esto termina en un cuello de botella de divisas. Hay que entender que es necesario en este momento la intervención del Estado en tanto redistribuidor del ingreso a favor de sectores que, se busca, impulsen el consumo. Eso requiere administrar el comercio, regulación, control. Un ejemplo es el programa de Precios Cuidados, como un programa de valores de referencia para intentar contener la inercia inflacionaria, junto con los congelamientos de tarifas, etcétera. ¿Uno puede contener un proceso inflacionario a lo largo del tiempo con estas medidas? Claro que no. Pero en este momento, sin tomar esas medidas, ¿se podría contener esa inercia? Y, la verdad es que no.

– ¿Usted cree que el Programa de Precios Cuidados; y los Ahora: 6, 12 y 18, generarán más demanda, o producen el desplazamiento de la demanda de bienes más caros a los más baratos, pero el resultado sigue siendo el mismo en cantidad?

– No, no, generan demanda, así sucedió anteriormente. El problema en 2015 no era de demanda, al contrario, era que no se atendió a tiempo la oferta, y se a un estrangulamiento, por lo que la propia inercia de crecimiento de la demanda generaba inflación.

– ¿Ahora ve que se está atendiendo a la oferta, a las empresas para que puedan producir más?

– Primero, creo que es muy prematuro ver eso, porque apenas se cumplieron 40 días de Gobierno. Hoy por hoy todos los cañones están apuntados a la demanda. Pero tengo fe en que el Ministerio de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas y su el equipo, entendió esta situación. De hecho, hace unos años publicó un libro: Los tres kirchnerismos, donde dividió las etapas; y fue crítico en el hecho de no haber atendido la oferta a tiempo y los estrangulamientos de divisas que eso genera. Por lo cual, espero que conociendo que tuvo ese aprendizaje, hoy implemente políticas para que no ocurra esa restricción externa.

– ¿Ve al Banco Central colaborando en esa dirección? Porque por un lado el Gobierno todavía no encuentra la solución a los créditos UVA para que los deudores los puedan pagar, pero por el otro habilita el canal del ahorro en UVA para garantizar una renta real, y compite contra el consumo. ¿Esto le parece razonable? ¿O tendría que fomentar más el ahorro y el crédito tradicional y desindexar la economía?

– No, en este momento es importante estimular el ahorro en pesos; y pensar en hacerlo de la manera tradicional hasta que no quede demostrado que se rompió la inercia inflacionaria y que vamos a registros normales de suba de precios, es muy difícil, fallaría el experimento. Que le compita al consumo no lo veo tanto porque estamos hablando de sectores con capacidad de ahorro que tienen su cuota de consumo interno; mientras que se está apostando a estimular la demanda en sectores de menores recursos.

Ahora, es necesario crear esa indexación para estimular un poco el ahorro en pesos y cortar un poco la lógica especulativa del dólar. Y, además, me parece que el Banco Central está trabajando en intentar sostener el fondeo de los bancos, bajar gradualmente la tasa de interés de las Leliq a medida que pueda, de hecho, ya bajó bastante, del 63% anual que recibió al 50% anual, y está buscando extender los plazos de esos instrumentos, también para descomprimir un poco. Y me parece que lo que ahora vamos a empezar a ver más activamente es un Banco Central para los lineamientos del sistema financiero, en términos de direccionamiento del crédito, tratando de romper un poco la lógica especulativa de “yo banco tomo la plata, me doy vuelta, coloco en Leliq y gano con esa bicicleta”, para que se canalicen los recursos hacia el aparato productivo, hacia el consumo, etcétera. Me parece que esa es parte de la estrategia. Pero tiene muchas limitaciones, porque la tasa al 50% anual sigue siendo altísima.

– ¿Le preocupa el desincentivo a las colocaciones de pase del excedente de liquidez de los bancos con una tasa que estaba por debajo del 50% anual a 1 día, para incentivar que se coloque en Leliq y a más plazo, sobre todo, porque el saldo total aumentó fuertemente, pese a que en campaña el Gobierno y el actual presidente del BCRA criticó con dureza esa estrategia?

– Sí. Aparte prácticamente duplica la base monetaria.

– Ya representa casi otra base monetaria. ¿Eso no es contradictorio con la estrategia de reorientar el crédito y liberar liquidez a los bancos y forzarlo a que se quemen las pestañas para atraer al tomador de crédito y al mismo tiempo no desalentar el ahorro?

– Sí, lo que pasa es que todo a su debido tiempo. Me parece que primero se requiere un reordenamiento, por eso se empezó por la meta de bajar las de tasas de interés, y empezar a trabajar muy agresivamente en términos de direccionamiento del crédito sobre un sistema que además está quebrado, sobre una cadena de pagos que está muy, muy deteriorada. La estrategia de estirar plazos de las Leliq, es parte de ir desarmando esa bomba de tiempo, que tampoco se puede desactivar en un mes; y que se termine de ordenar la macroeconomía.

Creo que el camino que se está tomando es el adecuado, que estamos bien orientados, pero no espero que este año se logre hacer crecer a la economía. Me parece que lo que va a delinear las expectativas del sector privado, a parte de la estrategia de estímulo al mercado interno, la clave en el corto plazo, de acá a fines de marzo, es el proceso de reestructuración de la deuda, dado que hay muchos interrogantes todavía.

– ¿De nuevo, cree que el Gobierno está haciendo bien las cosas en materia de estímulo de la oferta cuando castiga a los sectores a los que les va bien, primero aumentando la presión tributaria, con la suba de las retenciones; y habilitando a las provincias a suban la alícuota del impuesto sobre Ingresos Brutos; y esta semana quitando incentivos a la industria del conocimiento, bajo el paraguas de que necesita redistribuir ingresos a sectores postergados, pese a fueron los sectores que contribuyeron a generar empleos y divisas, y al blanqueo del mercado de trabajo?

– En su pregunta hay varias cosas. Primero, para poder llevar adelante esta estrategia de estímulo del mercado interno hay que financiarlo. Tenemos cerrado el acceso al financiamiento externo a través de los mercados, hay que financiarlo de alguna manera porque si no el gran problema, y que sería una gran crítica, sería apelar a la emisión monetaria, y se estaría monetizando el déficit. En ese marco hay que entender la cuestión tributaria, donde se acude a los sectores que pueden hacer un mayor aporte.

La verdad que hay sectores en Argentina que tuvieron rentabilidad extraordinaria, sobre todo el último tiempo, como el agroexportador, muy concentrado. Tampoco es que se ha castigado, se ha recaído contra ese sector, porque las medidas fueron dirigidas a recomponer el esquema de retenciones que había impuesto el gobierno de Macri cuando se descontrolaba la situación en el último año, y lo hizo con una picardía que en su momento muchos alertamos: le había puesto una retención de monto fijo en pesos por dólar exportado que, lógicamente, al ser el sector que domina el mercado cambiario, porque es el que determina el ingreso o no de los dólares, le dio la herramienta para que genere una devaluación y con eso licúe ese impuesto.

– Sin embargo, el salto devaluatorio vino después de las PASO, cuando ya se perfilaba la llegada de un nuevo gobierno con otra orientación que incluso, como le decía, en campaña dijo que un dólar de $60 estaría bien, que era un 30% superior al que estaba pre primarias. Entonces, ¿El salto cambiario y la desconfianza que hoy se ve en un índice de riesgo país en torno a 2.000 puntos básicos, es el efecto de la herencia, o se explica porque el Gobierno no ha logrado encaminar las expectativas?

– Claramente todo eso es el efecto de la herencia, al descalabro macroeconómico. Ningún país que tenga la macroeconomía más o menos ordenada, y una deuda sostenible en el tiempo, tendría un nivel de riesgo país de 2.000 puntos. Eso está claro. Entonces, el mercado atiende a los resultados, los números. Después hay una realidad puntual que es por estos días el nivel de riesgo país quizás subió un poco por la fuerte expectativa que genera la reestructuración de la deuda que se sabe que es un proceso complejo, hay mucha deuda con legislación internacional; existen las cláusulas de acción colectiva; hay defaults entre los diferentes bonos. Hay que atender cada una de las cuestiones esas que es un proceso muy complejo, no hay definiciones, el mercado financiero empieza a tener mucha ansiedad. Lo que dijo el ministro Guzmán cuando manda el proyecto de Ley para la Sustentabilidad de la Deuda Pública, es que no tiene y no va a tener, y es lógico que no tenga, definiciones concretas de cómo va a ser la reestructuración. Lo que le está pidiendo al Congreso es la autorización para que encare ese proceso.

Que el mercado financiero empiece a desconfiar de una estrategia que busca atender el mercado interno, a los sectores más postergados, y que eso quita recursos que podrían ser direccionados al pago de intereses de la deuda es lógico que no les guste. Pero, al final del camino, el mercado financiero también tiene que entender que si la economía argentina no crece no va a cobrar nadie.

– Con el mismo criterio ese sector privado, ese sector empresarial dice bueno, “me están identificando que tengo capacidad tributaria, y que haga el esfuerzo para pagar más, pero el Estado nacional no da señal alguna de achique del gasto de funcionamiento del sector público. Lo único que hace es, de nuevo la fácil de la historia argentina, que paguen los jubilados que perciben más de $20.000 porque son los ricos de la Argentina”. ¿Le falta esa parte al plan estratégico para recrear la confianza del conjunto de los agentes económicos, y de los acreedores internacionales?

– El achique del gasto público no es este el momento propicio para hacerlo. Que se puede buscar eficiencia en el gasto estamos todos completamente de acuerdo que el Estado tiene ineficiencias en las diferentes capas. Estamos todos de acuerdo que ese es un tema que hay que tratar muy profundo, muy estructural, no hay ninguna duda. Ahora, cuando uno mira el agregado hoy, ahí hay un tema conflictivo como es de las jubilaciones ¿Por qué? Porque más del 50%, casi el 60% del gasto total del gasto público corresponde a las obligaciones mensuales de la Seguridad Social, donde el componente más fuerte son las jubilaciones. Y ahí lo que vino ocurriendo es una cuestión que se hace insostenible, pero que responde a un hecho que desde mi punto de vista es correcto y defendible, que tiene que ver con lo que pasó en la gestión anterior hasta el 2015, la moratoria de jubilaciones; la fórmula de movilidad, que permitió ganar poder adquisitivo; y permitió incorporar a ese sector a quienes no tenían aportes, víctimas de un sistema que los había excluido, no por decisión propia y personal. No me parece que haya estado mal. Lo digo porque hay muchos economistas de ciertos sectores, más del financiero, con alguna visión más conservadora, que dicen: “las moratorias fueron una cuestión pésima”. Yo creo que desde el punto de vista social del asunto está bien haber hecho eso.

Ahora, es cierto también que es un sistema insostenible para la Argentina. Este Gobierno toma esta situación y cree que, así como está planteado, es imposible continuar; con la fórmula de indexación que es necesario revertir no hay forma de frenarlo de otra manera. Hay que ver si el corte del próximo aumento va a estar en $19.000 o dónde; pero claramente, siempre que haya un corte el que queda fuera va a estar en una situación desventajosa, y se achatará la pirámide. Bueno, se achata la pirámide.

– ¿Alguna vez en la Argentina se trabajará sobre iniciativas vinculadas con los incentivos para producir e invertir más? Hay un mercado de trabajo que entre asalariados y cuentapropistas tiene 40% de informalidad, se podría duplicar prácticamente la masa de aportantes a la Seguridad Social y duplicar la proporción en la relación entre aportantes y jubilados, bajando las cargas laborales, o considerar las contribuciones totalmente a cuenta de IVA. No lo hizo el macrismo, no lo hizo el kirchnerismo y tampoco ahora lo propone el albertismo…

 Es muy difícil. Primero, la disminución de la informalidad laboral en la etapa del kirchnerismo creo que se intentó, hasta 2015 se trabajó mucho sobre eso. Carlos Tomada desde el Ministerio de Trabajo logró bajarla a 33%. Es un montón igual aún. Después, en los últimos años volvió a subir casi al 40%. Entonces, ahí hay un tema muy complejo en la Argentina que hay que abordar y es cierto lo que dice, si no aumentan los aportantes y se mantiene tanta informalidad, será muy difícil sostener el régimen de jubilaciones. Eso está claro, es clave. Es un tema a explorar.

Y, después, creo que en la Argentina en algún momento va a haber que sentarse a discutir un esquema de renta universal de la vejez. En lugar de tener la pirámide actual, con jubilaciones mínimas que percibe una base muy grande, y un pico selecto que percibe más de $300.000 por mes, habrá que pensar en un esquema diferente, con un valor base para todos los que estén en edad jubilatoria, y los que tuvieron la posibilidad, por ventaja desde donde partieron, por esfuerzo propio, por lo que fuera, a lo largo de su vida, que tengan la posibilidad de generar un esquema de capitalización que le permita tener una jubilación mejor de otra forma. Pero me parece que el Estado, en este esquema solidario de reparto que tiene la Argentina, seguir teniendo como teníamos, como tenemos, junto con esquemas de jubilaciones de privilegio, etcétera, soportados por la clase trabajadora muy reducida, con una informalidad enorme, se hace insostenible y explosivo. Claramente, no es este el momento con todas las prioridades que tenemos, pero sí en perspectiva que apunte a ordenar un poco esto.

– Respecto de la renegociación de la deuda pública con acreedores internacionales ¿Cree que se puede llegar a un buen arreglo si no se presenta a la sociedad en su conjunto un plan económico integral?

– No, es necesario.

– ¿Es necesario que vayan por caminos paralelos? ¿O es necesario primero acordar con los acreedores para después poder elaborar un plan?

– No, tienen que ir por caminos paralelos. El gran problema es que hay que hacerle entender al acreedor que el plan económico que se propone, porque seguramente a primera vista no va a ser el que le gustaría. Acá hay un tema de conflicto ideológico si se quiere de la grieta metida en los economistas y en la forma de entender la economía, y en la visión, completamente del lado de la oferta o la visión completamente del lado de la demanda. La más clásica del asunto es la keynesiana. Me parece que hay que encontrar un esquema que logre acordar esas dos cuestiones, algo intermedio. Es parte del discurso de lo que Martín Guzmán viene diciendo, pero con un poco más de sustento. Porque hasta ahora el ministro de Economía viene diciendo: “nosotros tenemos que crecer; hay que estimular el mercado interno; hay que destinar recursos a los sectores de menores ingresos”, etcétera. Por otro lado, también sostiene: “no podemos irnos a niveles más altos de déficit fiscal”, nadie está hablando de esa irresponsabilidad, hay que ordenar, es cierto que la emisión monetaria no puede financiar el déficit. Me parece que esa línea, que es como una intermedia, un keynesianismo moderado, es la correcta.

Ahora, todo eso se tiene que plasmar, me parece, en algo más concreto, que es lo que está demandando el mercado. Creo que todas esas cuestiones que me está diciendo, en rasgos generales, me parece que es en lo que, no lo dudo, que se está trabajando a fondo, es lo que en paralelo hay que empezar a comunicar a medida que se establece esta reestructuración, para mostrarle al mercado lo que están planeando, porque si no hay acuerdo ni plan económico consistente y creíble en su ejecución, al final del camino perderemos todos, porque la actividad y el empleo se van a resentir.

El tiempo apremia, porque tenemos tiempo limitado con el compromiso que hubo en la Ley de Solidaridad para usar reservas del Banco Central, a través de adelantos al Tesoro a 10 años de plazo por USD 4.571 millones para pagar deuda, hasta fin de marzo. En el medio hay algún ruido ahora con la provincia de Buenos Aires que no tira abajo la estrategia nacional, no tiene ninguna cláusula de cross default que implique que, si la provincia de Buenos Aires entra en default la Nación también, ni mucho menos, pero genera inquietud, como lo muestra la escalada del índice de riesgo país, aunque es probable que también logre un acuerdo.

– Respecto del FMI, ¿Qué dice la Ley de Administración Financiera? Porque los acuerdos con el Fondo tienenla característica de que lo ubican como acreedor privilegiado; y además es el crédito más barato de la plaza. Sólo podría renegociarse el plazo de devolución…

– Sí.

– Quita de capital es inimaginable por la condición del Fondo y porque la Argentina es miembro del Fondo; y reducir la tasa tampoco. Sólo podría cumplir una sola condición…

– Sí. En el caso del Fondo Monetario creo que quizás se logre llevar adelante algún esquema especial. La lógica apunta a un reperfilamiento. Que se estiren los plazos, se descompriman los vencimientos de 2021 y 2022, a través de explorar una tercera vía, ni stand by; ni facilidades extendidas con condicionalidades de exigencia de prometer reformas estructurales, para que la deuda sea pagable.

– ¿La Argentina necesita encarar reformas estructural en serio, para poder salir del estancamiento casi secular?

– Sí, claramente.

– ¿En lo fiscal, en lo tributario, en lo previsional, en lo laboral?

– Es una asignatura pendiente no de la gestión anterior, que igual para mí en materia económica fue un desastre, pero la reforma tributaria es una asignatura pendiente hace mucho tiempo. Lo que pasa es que todo tema tributario de fondo tiene que pasar por el Congreso de la Nación, y ahí empiezan a aparecer conflictos de intereses en todos los sectores vinculados con la Ley de Coparticipación nacionalSe mete por la ventana, se cuela en todo tipo de discusión, y ahí veo un escollo imposible de mover porque se requiere la aprobación unánime de todos los representantes de las provincias, porque es una discusión de suma cero donde uno recibe y otro pierde en la distribución de los impuestos que recauda la Nación. Hasta ahora lo único que se hizo fue con la Ciudad de Buenos Aires, que es un caso particular, que había sido beneficiada y ahora se lo va a intentar volver para atrás, pero después eso es algo que traba. En mi experiencia de haber estado como asesor en el Ministerio de Economía o haber estado asesorando en algunas Comisiones del Congreso de la Nación en temas económicos me tocó trabajar en temas tributarios y siempre la experiencia demostró eso, enseguida las provincias cuelan el debate por la Coparticipación. Si se quiere hacer una reforma tributaria habrá que hacerla en serio.

Pero que se debe esa reforma tributaria de fondo la Argentina no tenga ninguna duda. Que nos debemos una reestructuración del Estado hacia una modernización que haga más eficiente el gasto ninguna duda. Todos los gobiernos a su manera lo buscan; parece que el gobierno de Macri generó un Ministerio de Modernización que terminó no cumpliendo ninguna de esas cuestiones y fallando en todo. Hoy tengo entendido que la figura de Gustavo Béliz en la Jefatura de Gabinete tiene también la idea de trabajar sobre el Estado. Pero es muy complejo, porque, además, en el fondo, es un tema cultural.