Buenos Aires, Argentina
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El economista y catedrático resaltó en una entrevista con Infobae los efectos en el presente que sobre la actividad agregada y la crítica realidad social de la Argentina provocaron el virtual abandono en las últimas décadas de las políticas de largo plazo y despreocupación por la sustentabilidad de la economía

La economía retrocede a pasos acelerados, mientras que el Gobierno logra estabilizar la curva de contagio de la Covid-19, por el freno que se autoimpuso el ministro de Economía de concentrar los primeros cinco meses de su gestión en el alargamiento del perfil de vencimientos de poco más del 20% del total de la deuda pública clave para luego preparar el Presupuesto 2020, cuando ya se acerca la fecha límite para presentar al Congreso de la Nación los lineamientos y pautas básicas para la estimación de Gastos y Recursos Tributarios del año próximo, en junio.

El economista Ariel Coremberg, director del Centro de Estudios de la Productividad, profesor en la Universidad de Buenos Aires de Crecimiento, y en la Universidad de San Andrés de Economía Argentina, dialogó con Infobae y planteó las dificultades ya casi estructurales que de la economía nacional y su visión para el corto y mediano plazo.

– ¿Cómo evalúa las medidas que tomó el Gobierno desde el 20 de marzo, cuando comenzó la cuarentena?

– Primero un diagnóstico estructural: El impacto de la pandemia del coronavirus Covid-19 en la Argentina debe ser mitigado por un Estado que hace décadas que no brinda bienes públicos esenciales con eficiencia y calidad que requieren los hogares y empresas para poder progresar. La clase media duplica los costos de proveerse la salud y educación que necesita dado que paga impuestos para solventarlos pero al mismo tiempo como no los obtiene en calidad y forma del Estado incurre en el ámbito privado. El sistema sanitario es frágil, ineficiente y fragmentado y vía obras sociales sindicales cooptado por los intereses de la representación burocrática que logra obtener recursos millonarios del Estado nacional sin auditoría efectiva e independiente que asegure la eficiencia y calidad de sus servicios.

Para compensar los efectos negativos del “lock down” de los sectores “esenciales” durante la pandemia, América Latina ha implementado rápidamente importantes paquetes fiscales financiados con deuda pública, sin recurrir a mayores impuestos y en varios países con reducciones compensatorias en el gasto público “no esencial” gracias a la prudencia fiscal. Hasta el presente, de acuerdo a datos del BID, la Argentina es el país de la región, excepto México y Centroamérica, que menos ha invertido en ayuda fiscal a hogares y empresas. De acuerdo a cálculos propios hoy roza el 3,5% del PBI, y aún sigue muy por debajo de lo que ya ha invertido Perú: 12%, Brasil: 10% o Chile que ya está superando el 10 por ciento.

La Argentina comparte con América Latina la importante informalidad de gran parte de sus sectores productivos, que genera dudas sobre la implementación y alcance de los paquetes fiscales de ayuda. Pero el diablo está en los detalles. Sea por el lado de la ineficiencia de gestión que caracteriza al Estado Argentino, como por su financiamiento inflacionario, el paquete de ayuda fiscal es totalmente ineficaz.

La decisión del Gobierno de realizar una cuarentena estricta pareciera ex ante inevitable y exitosa en términos de lograr amesetar la curva de contagios de la Covid-19, pero la decisión fue tomada sin tomar en cuenta las características socio demográficas y regionales: grado de hacinamiento, localización de la población de riesgo, movilidad, etc. Pero hasta el presente se revelan dificultades en la ejecución del gasto en salud y organización sanitaria. De ahí que el financiamiento del paquete fiscal, así como su eficiencia de alcance y profundidad, generan importantes dudas.

– ¿Por qué?

– En un primer momento, se decidió por la opción del apoyo crediticio a las empresas para pagar salarios canalizado vía sector bancario ignorando la importante informalidad de los trabajadores y las pymes que en su gran mayoría no logran armar una carpeta a los fines de su evaluación crediticia. Un grave error de política económica ha sido que el apoyo financiero se financie con un desarme de Leliq del Banco Central. En un contexto de incertidumbre máxima respecto de la duración de la cuarentena estricta, los créditos no llegaron rápida y capilarmente al sector privado no esencial como consecuencia del mayor riesgo de incobrabilidad por falta de facturación presente y futura, así como también por la reticencia por parte de los demandantes de crédito pymes ante la posibilidad de quiebra.

Por lo tanto, los créditos no sirvieron para el fin buscado, pero tuvieron el costo de generar una bomba de tiempo que fue la emisión monetaria adicional requerida que no llego a cumplir con su objetivo hasta el presente. Riesgo inflacionario aumentado por el hecho de que se redujo la tasa de interés por debajo de la inflación esperada, en un contexto de ahorro precautorio/preferencia por liquidez que en Argentina se manifiesta vía demanda de dólares dada la incertidumbre de duración de la cuarentena.

– ¿Las políticas de mayores restricciones para operar en los mercados financieros y de cambios son las apropiadas para enfrentar la coyuntura de depresión de la economía doméstica y aumento del riesgo país?

– No. El desarme de Leliq y baja de tasa de interés por debajo de la inflación esperada a los fines de apoyo crediticio al sector privado no ha cumplido por ahora su objetivo a tiempo y profundidad requerido, y tiene el costo de aumentar el riesgo de aceleración inflacionaria a la salida de la cuarentena. Esta política monetaria y crediticia es inestable y contradictoria ya que el Banco Central, así como el Ministerio de Economía, han manifestado la intención de subir la tasa de interés a los fines de cortar la huida hacia el dólar. Eso genera una desconfianza sobre la capacidad de ejecución de la política económica que hipoteca una posible reactivación en “V” a la salida de la cuarentena, que puede contagiar negativamente la reputación ganada en la política sanitaria, y retroalimenta el riesgo país, aumentando el costo de financiamiento hasta niveles prohibitivos.

Hoy el sector privado no financiero enfrenta un total racionamiento del crédito, al mismo tiempo que un riesgo de iliquidez extrema si las empresas, aun en sectores “esenciales” que siguen funcionando, necesitan financiar el pago de salarios, proveedores e insumos por fuera del apoyo crediticio estatal.

La demanda precautoria de dólares la realizan tanto los hogares argentinos con ingresos estables a los fines de proteger sus ahorros contra la inflación durante y post cuarentena, como por parte de las empresas que necesitan proteger su capital de trabajo para pagar impuestos y sueldos y la incertidumbre acerca del costo de reposición futuro de insumos y mercadería.

– ¿Se puede seguir manejando la economía sin una hoja de ruta, como sería un Presupuesto?

– Los continuos reperfilamientos de bonos públicos en pesos iniciados en la gestión anterior, así como en el presente gobierno con otros instrumentos financieros han profundizado aún más la desconfianza en la moneda nacional, ya dañada con la intervención del Indec durante el primer kirchnerismo a los fines de distorsionar el CER-IPC. El objetivo enunciado de lograr instrumentos en pesos que preserve el valor real de los ahorros de los argentinos, única fuente legítima para poder financiar un proceso de inversión y crecimiento sostenible, esta bajo duda, dada la dispersión, descoordinación y falta de hoja de ruta de la autoridad económica.

La decisión de gobernar sin Presupuesto 2020 mediante aumentos discrecionales del crédito presupuestario gracias a la suma del poder público otorgada por la Ley de Emergencia solidaria, violatoria de la Constitución Nacional, profundiza no solo la sensación de falta de hoja de ruta por falta de plan de estabilización sino también la sensación de discrecionalidad absoluta, ante una escasa reacción del resto de los poderes del Estado.

Cabe realizar una acotación histórica: me atrevería a afirmar que todos los gobiernos del reciente periodo democrático inaugurado en 1983 asumieron sin plan y sin ministro de Economía, en ese caso con las excepciones de Juan Sourrouille (1985-89) y Domingo Cavallo (1991-96) quienes han logrado plantear dos planes exitosos transitorios con virtudes y defectos como lo han sido el Austral y la Convertibilidad.

– ¿Cómo ve la reconstrucción de la economía real, después de la pandemia, a la luz de la fuerte pérdida de valor de los activos financieros y caída generalizada del salario nominal en varios sectores?

– Así como el Poder Ejecutivo está representado bicefalamente entre la figura del presidente Alberto Fernández como gerente de las fracciones de la coalición gobernante y Cristina Kirchner como representante de la supuesta ala ideológica mayoritaria, la política económica resulta totalmente inefectiva y descoordinada entre el monstruo de tres cabezas: hiperdesempleo, pobreza y recesión e, hiperinflación y default, que representan todas las crisis disruptivas típicas argentinas.

La salida de la cuarentena nos encontraría con un sistema de salarios dislocado, donde la mayoría de los trabajadores habrán sufrido una pérdida de poder adquisitivo brutal por las quitas nominales asociadas a las suspensiones o en caso más negativo por la destrucción de puestos de trabajo asociado a las quiebras generalizadas que de profundizarse el freno (lock down) de la actividad económica es cada vez más probable. Por otro lado, los hogares de aquellos trabajadores con ingresos más estables y pymes habrán colocado más ahorros e incluso detraído más ingresos al consumo presente.

A menos que funcione mejor el salvataje al sector productivo y termine la cuarentena económica estricta, es probable una profundización de las quiebras del sector productivo sobre todo las pymes. Aprovechando la caída brutal en el valor de las empresas, inédita desde la crisis 2001. Ello implicaría una mayor concentración de la propiedad de las firmas y una caída enorme en la capitalización y productividad de la economía argentina.

– ¿La Argentina está cerca de volver a un escenario hiperinflacionario o de reeditar la depresión de comienzos de este siglo?

– Esta no es una crisis disruptiva más. El sistema de lobby corporativo que tiene al Estado argentino cooptado: gobiernos feudales provinciales que bloquean la consolidación fiscal en el Senado; empresarios buscadores de renta y sindicalistas empresarios y una burocracia estatal militante ya no están dando respuestas respecto de las expectativas de mejoras de bienestar de la sociedad argentina. La crisis la están pagando los que no tienen poder de influencia por crisis e inefectividad de representación sectorial: los trabajadores informales, los empleados formales con parte de sus sueldos en negro, las pymes y los jubilados que han aportado al sistema de seguridad social, pero en ningún caso los intereses rentísticos del feudalismo provincial, el fragmento empresario prebendario y la burocracia estatal militante han reducido su depredación de los recursos del Estado para sostener sus privilegios.

Por supuesto, la deriva hacia una sociedad menos democrática con rasgos más autoritarios (“nuevo contrato social”) es un riesgo. En ese caso, la tendencia previa de toda sociedad que fracasó en su desarrollo se profundizará con diversas estrategias de acuerdo a cada clase social: refugio en la informalidad e ilegalidad, “brain drain” fuga de cerebros y de capital que reducirán aún más el PBI potencial.

Yo veo elementos de las 2 crisis: 1) recordar que la decisión de la cuarentena estricta en las semanas iniciales implicó un cierre completo de los bancos. Ese fue otro grave error y horror de política económica que generó una sensación de crisis bancaria 2001, con falta de acceso total no solo a los ahorros bancarizados sino también a las cajas de seguridad durante las primeras semanas, aumentando aún más el refugio en el dólar, más aun desde las PASO, que casi deja sin reservas netas al Banco Central; y 2) Ahora, bajo un tipo de cambio flotante, pero con el extraño “miedo a la flotacion”, dado que Argentina es el país de América Latina con menor proporción de reservas a PBI de la región, las restricciones cambiarias de acceso al dólar ahorro y al dólar contado con liqui, han generado una impresionante brecha, típica de las devaluaciones con consecuencia cuasi hiperinflacionarias de los años de la década de 1980.

Resulta erróneo pensar que el aumento magno del dólar blue no se traslade a los precios en algún momento, sobre todo a la salida de la pandemia. La incertidumbre y la suba de costos de logística que ha generado la cuarentena estricta, aunado a controles de precios ha generado los típicos de episodios de desabastecimiento y mercados negros, asociados a los fracasos cuasi permanentes de esas políticas, por ahora han sido leves, pero que generan un aumento en la inflación esperada. De ahí la demanda social por un urgente plan de estabilización y crecimiento que más allá de las medidas de coyuntura brinden un horizonte de certeza, credibilidad y reputación en la política monetaria y fiscal de que el ahorro de los argentinos será respetado.

– ¿Según sus estudios qué requiere la economía para reactivarse: Mayor regulación de tasas o liberación del mercado de cambios?

– No se puede reconstruir la capacidad de ahorro en pesos sin reglas claras y compromiso creíbles en la política económica. Para eso resulta necesario que se corte con la discrecionalidad absoluta de la política fiscal presidencial, de la que el Congreso y el Poder Judicial son corresponsables. Coincido con las palabras del ministro de Economía en que la “renegociación de la deuda pública externa” es clave para fortalecer los instrumentos de ahorro en pesos. Pero sin resolver las causas fundamentales de la inflación, solo generará una mitigación transitoria en la escalada del dólar “multicolor” y su posterior impacto en los precios.

La indexación de corto plazo implícita en instrumentos financieros en pesos alternativos al dólar, tienen en un contexto de falta de credibilidad de la política económica, el costo de espiralizar la inflación esperada, al necesitar monetizar parte de la masa de intereses e indexaciones pagadas o más recesión si se esteriliza con una mayor tasa de interés real.

– ¿Qué sectores ve con mayores oportunidades para liderar la reactivación, y qué influencia tendrá sobre el resto de la economía?

– Los sectores que están amortiguando parcialmente el cierre (“lock down” ) de la actividad económica por la cuarentena son los esenciales: alimentos y bebidas. El campo y el agroindustrial proveedor de alimentos son ramas claves no solo porque amortiguan parcialmente los efectos recesivos de la cuarentena sino también porque son los pilares para el futuro de la economía.

Todos los países de América Latina que compiten con la Argentina en la exportación hacia Asia y países desarrollados han logrado devaluaciones reales de sus monedas y por lo tanto mayor competitividad relativa. A la salida de la cuarentena, es posible que si el Gobierno sigue en este sendero inconsistente pierda más mercados internacionales con los vecinos competidores. De no realizar reformas estructurales para un Estado eficiente y financiable de acuerdo a los recursos que verdaderamente puede generar la Argentina, la salida de la cuarentena será en forma de L en lugar de V.

La cuarentena estricta ha provocado una digitalización forzada, acelerada y desordenada de un conjunto importante de actividades económicas allí donde la sustitución del trabajo “in site” del establecimiento productivo pueda ser reemplazado por el teletrabajo o home office, como en parte de la educación. En términos generales, cuanto más digitalizables sean las actividades productivas, mayor capacidad amortiguar el lock down. En este sentido, el empleo calificado e inmunizado en actividades productivas intensivas en capital y que no necesiten la concentración de trabajadores tendrán sin duda una ventaja competitiva a futuro.

El campo como la producción de alimentos y bebidas necesitan de la provisión de insumos y servicios del resto de la economía esencial en una cadena de valor que inevitablemente la persistencia de la cuarentena estricta está rompiendo y afectando la evolución misma de los sectores esenciales en actividad.

– ¿Cómo observa el proceso de reestructuración de la deuda pública y que impactos presentes y futuro estima?

– La Argentina está en un proceso de default administrado lamentablemente. Como nota positiva, a diferencia de la cesación de pagos de Adolfo Rodríguez Saa, a fines de 2001, este no será anunciado ni celebrado. – No obstante, con una visión con más perspectiva, Argentina nunca salió del todo del default desde aquella moratoria de la deuda externa de 1982, con excepción del Plan Brady de los 90. La renegociación de 2005 tuvo un éxito relativo ya que dejó pendiente la solución definitiva de los holdouts. La decisión paradojal de la gestión Cambiemos de avalar en la justicia el default selectivo de los bonos públicos CER, principal instrumento financiero de deuda pública interna en manos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses implicó la licuación del ahorro obligatorio para jubilaciones. Los diversos episodios de licuación inflacionaria de depósitos en pesos sean indexados al CER o tasa interés real negativa, así como el reperfilamiento de la deuda en pesos y dólares de la presente y anterior gestión implican también un default al ahorrista argentino, que hipoteca el futuro de los jóvenes.

Una clara voluntad de pago es presentar ante la sociedad un plan de estabilización y crecimiento con metas cuantitativas sobre el dinamismo futuro de la inversión y de las exportaciones que son los “drivers” fundamentales del futuro crecimiento argentino.

– ¿Una reflexión final?

– Si se toma en cuenta que de acuerdo a mis estimaciones de productividad del conjunto de los factores productivos de la economía argentina: capital producido, humano y natural se encuentra hoy en niveles de comienzos de la década de 1950, la presente crisis, de no resolverse positivamente, tendría un importante impacto negativo sobre el PBI potencial futuro, afectando el bienestar de las futuras generaciones. Resulta clave la renegociación exitosa de la deuda pública externa, pero también un plan de estabilización y crecimiento que otorgue una hoja de ruta creíble sobre el horizonte a mediano plazo de los próximos años.

No espero un shock externo positivo sobre el precio de las exportaciones de la Argentina que nos salve de la tarea de organizar la economía en un sendero estratégico de crecimiento y desarrollo. Necesariamente, la expansión futura pasará por los sectores exportables que se ven actualmente afectados en su rentabilidad por el atraso del tipo de cambio y la presión elevada impositiva. Por lo tanto, se requerirán pos pandemia un tipo de cambio real más alto; la consolidación fiscal estructural que permita reducir notablemente la carga tributaria.