En pleno proceso de constante aumento de la población alcanzada por el Covid-19, y en el que las recomendaciones de la Organización Mundial de Salud aconsejan “cuidar” con preponderancia a los adultos mayores, el Indec informó que en el segundo semestre de 2019 aumentó el estado de pobreza en la franja de la población de 65 años y más a 11,3% de ese conjunto, que suma unos 6,1 millones de personas.

Significó un incremento en poco más de 68.000 personas en sólo seis meses, a un total de 687 mil abuelos, que no sólo no reúnen ingresos suficientes a través de la jubilación, pensión y alguna otra asistencia del Estado, para poder comprar el conjunto de alimentos, medicamentos y servicios básicos, sino que además ahora los encuentra expuestos a la amenaza de la pandemia del coronavirus.

Así se desprende del Informe de la Pobreza y la Indigencia del Indec a partir de la Encuesta Permanente de Hogares en 31 aglomerados urbanos correspondiente al segundo semestre de 2019, sobre un universo de poco más de 28 millones de habitantes, frente a una población en el total país que la Dirección Nacional de Cuentas Nacionales eleva a 45,4 millones de personas.

El único alivio que aportó el organismo oficial de estadística fue que en el semestre en que la tasa media de inflación se mantuvo por arriba de 53% en comparación con un año antes, se depreció violentamente el peso y se profundizó la recesión, bajó la indigencia en la franja bautizada como “adultos mayores”, disminuyó en casi 17.000 personas, a unas 55.000 que no pudieron reunir los recursos monetarios necesarios para poder comprar los alimentos imprescindibles, y deben nutrirse principalmente en comedores comunitarios.

Persiste elevada la pobreza entre los chicos

También el Indec dio cuenta de que en la condición de pobreza por grupos de edad se destacó que más de la mitad (52,3%) de las personas de 0 a 14 años son pobres, las cuales representan poco más de 1 de cada 5 habitantes en todo el país.

La proyección a la población total del país de ese grupo etario de 9,8 millones determina que casi 5,2 millones de los niños habitan en hogares con recursos monetarios insuficientes para poder acceder al conjunto de alimentos y servicios públicos y privados mínimos para su desarrollo.

Como en el caso del extremo de los abuelos, el relevamiento de la Encuesta Permanente de Hogares trajo datos positivos y negativos dentro de los muy malos registros para un país con el potencial y disponibilidad de recursos naturales como la Argentina. Por un lado en la segunda mitad de 2019 el total de pobres de ese segmento se redujo en poco más de 18 mil niños; pero por el otro aumentó en más de 52.000 la cantidad de los que pasaron a estar subalimentados, con las severas consecuencias sobre su desarrollo mínimo, y exposición a las enfermedades, como el coronavirus.

Mientras que en el segmento etario de 15 a 29 años, el Indec midió un 42,5% en estado de pobreza. De ahí que entre los infantes desde su nacimiento hasta el primer tramo de adultos menores suman un total de 9,7 millones de personas.

Recuerda el Indec: en el segundo semestre de 2019, el ingreso familiar promedio de los hogares pobres fue de $22.023, mientras que el valor de la Canasta Básica Total promedio del mismo grupo de hogares alcanzó a $36.575 –aunque ahora subió a más de $40.000–, por lo que la brecha se ubicó en 39,8%, el valor más alto de la serie”.

De ahí que observa el organismo oficial de estadística: “Pese al estancamiento de la incidencia de la pobreza respecto de la primera mitad del año, la situación de las personas bajo la línea de pobreza empeoró por la mayor distancia entre sus ingresos y la Canasta Básica Total”.

Ese resultado volvió a poner de manifiesto que si bien la generación de empleos es importante para reducir los índices de pobreza e indigencia, en particular en la franja asalariada registrada que es la que se caracteriza por tener, en promedio, mejor remuneración mensual, el antídoto más fuerte es la reducción de la inflación, y para eso se requiere de políticas que incentiven la inversión productiva en el sector privado y reduzcan los singulares índices de burocracia y exceso de gasto en el sector público en su conjunto.

Las mayores incidencias de la pobreza en personas se observaron en las regiones Noroeste (NOA) y Noreste (NEA); y las menores, en las regiones Pampeana y Patagonia.