Buenos Aires, Argentina
02/07/2020, 1:30 pm
Nuboso
10°C
Sensación térmica: 9°C
Presión: 1020 mb
Humedad: 57%
 

El académico, muy vinculado al sector industrial y a organismos internacionales, dijo a Infobae que las dificultades en el corto plazo son dramáticas, con profundización de los problemas sociales y una implosión económica. Los próximos meses serán aún mucho más duros, en particular si se cae en cesación de pagos

Mientras en algunos países de Europa y Oriente ya se piensa en el mundo después de la pandemia, y el Fondo Monetario Internacional mantuvo su calendario de presentación del informe semestral de perspectivas económicas, en el cual proyecta un ciclo en “V”, fuerte contracción en el corriente año y notable rebote el próximo, aunque insuficiente para recuperar el receso, en el siguiente, en la Argentina se avanza en el camino a esperar “lo peor” en materia sanitaria, y, por extensión en términos de actividad.

El conjunto de la profesión coincide en que la COVID-19 provocó un escenario atípico de crisis de oferta y de demanda de bienes y servicios, cuya expresión más contundente fue a comienzos de la semana de la cotización negativa del barril de petróleo en la versión WTI en el mercado de futuros de Nueva York, como no se veía desde el crack de 1929, uno de los pocos donde aún se mantienen los contractos con movimiento de volúmenes, en lugar de cerrar la posición de cada mes por diferencia de precios, en la que a veces ganan los compradores, y otras los vendedores.

De ahí que más allá de las preocupaciones por la disparada del déficit fiscal y la consecuente demanda de emisión monetaria, no sólo en la Argentina, sino en casi todo el planeta, como consecuencia de las necesidades de cobertura a trabajadores, empresas y el propio Estado por el efecto transitorio de caída casi a cero de muchas actividades relativamente no esenciales, no hay duda de que en la transición no quedan otros caminos, más todavía en una Argentina que se ha ocupado en el pasado más por destruir los instrumentos de política económica, en particular la moneda, que de fortalecerla. Sin embargo, detrás de toda crisis se cree que hay una oportunidad para poder salir mejores.

Bernardo Kosacoff, académico de universidades nacionales y privadas, profesor de postgrado, y activo asesor a funcionarios de gobierno desde la vuelta a la democracia, cuando se abocó con preferencia en su paso por la CEPAL entre 1983 y 2002 a coordinar el Área de Estrategias Empresariales y Competitividad, y que fuera honrado con el Premio Konex Platino a la figura más destacada por su trayectoria en la década 1997/2006 en la disciplina Desarrollo Económico, y activo colaborador con “los chicos” de “Un Techo”, accedió a una nueva entrevista con Infobae para dar su visión sobre el momento y arriesgar algunas recomendaciones de política económica.

– Pese al escenario de incertidumbre local e internacional y fuerte pérdida de riqueza, el Gobierno argentino avanza hacia la reestructuración de la deuda sin una propuesta de plan económico para asegurar la sustentabilidad ¿Cuál es su opinión sobre esa estrategia?

– En un escenario “normal” sería ineludible presentar un plan económico. Estamos en una situación inédita en la cual la incertidumbre sobre la evolución futura de la economía se potenció enormemente. Las dificultades en el corto plazo son dramáticas y vivimos una profundización de los problemas sociales y una implosión económica. Los próximos meses serán aún mucho más duros. Pero sí se pueden plantear distintos aspectos que son indicadores importantes de la solvencia futura de la economía argentina. Así, por ejemplo, la tradicional falta de divisas del país que siempre resultó una restricción definitoria en nuestra economía se ha revertido en forma muy positiva. La base exportadora disminuyó levemente, pero fue acompañada por una fuerte caída de las importaciones -por las malas noticias de la caída del nivel de actividad y más aún por el derrumbe de las inversiones-, el déficit del turismo ha desaparecido y los pagos de la deuda se están reestructurando para el futuro. En forma inédita vamos a tener una economía sin las típicas restricciones de divisas. El tema fiscal, el manejo monetario y la posible recuperación de las fuentes de crecimiento y la creación de empleos ocupan el centro de las preocupaciones.

– De los dichos del Presidente surge que “es preferible un buen default a un mal arreglo”, ¿Cree que esa es la única opción que tiene la Argentina para revertir un largo ciclo recesivo, ahora agravado por los efectos de la pandemia de la COVID-19?

– El default tiene el apoyo importante de algunos sectores, fundados en el cuestionamiento de la legitimidad de la deuda. Pero considero que sería una muy mala alternativa para la futura recuperación de la economía. El nivel de compromisos, las condiciones internacionales, la vigencia de cláusulas de acción colectiva, la existencia de un reducido número de bonos, son entre otros elementos, factores que permitirían solucionar el grave problema de reestructuración que enfrentamos, dando márgenes para una dura y buena negociación, que defienda nuestros intereses y que nos evite el default.

El proceso de recuperación posterior al coronavirus COVID-19 requiere de financiamiento para la necesaria inversión, atender las demandas sociales y ayudar a las empresas afectadas. Casi no tenemos mercado de capital locales y el acceso al financiamiento del mercado internacional para el sector privado son vitales, como el aporte de los organismos de crédito multilateral.

Tenemos que recuperar la credibilidad. Asimismo, la estructura productiva tiene una muy alta participación de filiales de empresas transnacionales, que sería deseable que desempeñen un papel activo en la transformación del aparato productivo con inversiones, creación de empleo y exportaciones. El default sería el veto para que las filiales locales puedan participar en las licitaciones internas de sus corporaciones en la asignación de plataformas globales de producción y tecnología, que serían localizadas en otros países.

– El aislamiento prolongado que imponen las medidas preventivas contra la COVID-19 ha llevado al Gobierno a definir actividades esenciales y no esenciales; y al mismo tiempo pareciera que no ha tomado suficientes medidas paliativas financieras, impositivas y de ingreso para atenuar las pérdidas económicas y deterioro del entramado social ¿Le parece que no puede hacer otra cosa?

– Hay una prioridad sanitaria a mi juicio correcta, que se enfrentó en forma temprana, plural y con la participación de los especialistas, que está dando buenos resultados. Asimismo, hay dos planos simultáneos asociados a los impactos sociales y económicos, que plantean dilemas muy complejos y forman parte esencial de una solución junto con los objetivos sanitarios, que mantenga el contrato social y administre la implosión de la economía. No es una tarea sencilla con objetivos múltiples justificados en los tres planos y enormes restricciones.

En el plano social se parte con niveles estructurales de pobreza e informalidad vergonzosos que se potencian en las actuales condiciones. La existencia de planes de asistencia previos desde la AUH hasta los más variados instrumentos y la cobertura casi total en el área previsional, que son inéditos en comparación de nuestro propio pasado y en relación a los países no desarrollados, han dado un colchón de amortiguación muy importante. Asimismo, se implementaron numerosas acciones en el plano alimentario y de ingresos como la IFE, que contienen una olla de presión de reclamos, que es fundamental administrar y garantizar en las actuales circunstancias, siendo concientes que son los sectores más afectados y que igual al deseado final de la COVID-19 tendremos más pobres y mayor inequidad.

En el plano de la actividad los impactos están siendo devastadores. Es prioritario mantener al máximo los contratos de trabajo y las unidades productivas. Los problemas enormes de liquidez, rápidamente pasan a un plano más complicado de falta de solvencia que pueden derivar en quiebras generalizadas.

Las primeras medidas de apoyo articuladas por el sistema bancario fueron limitadas y no efectivas, dado que los bancos están concentrados en el tercio de las empresas más formales y los principales problemas están en el resto de firmas. A su vez, las entidades financieras administran los depósitos y si se prevén serias dificultades de repago también arrastra a la quiebra del sistema, por lo cual se requiere la garantía del Gobierno. Actualmente se están tomando medidas correctas más amplias y osadas, como la ampliación del Programa de Asistencia y la Producción (ATP) a $850.000 millones. Todas estas acciones tienen un proceso de emisión monetaria enorme. Sus objetivos sociales y productivos no son de expansión de la actividad y se dan en un contexto de control de cambios, que restringe un escenario de condiciones hiperinflacionarias. Pero es como jugar al 7 y medio, lo que exige focalizar las acciones de política y un seguimiento muy detenido de su evolución.

– ¿Si tuviera que hacer una radiografía del entramado productivo y laboral de la Argentina, qué diría? ¿Cuáles son sus fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas?

– El entramado productivo y laboral arrastra una década de estancamiento, sin creación de empleo, bajísima inversión, escasos gastos en Investigación y Desarrollo y una notable heterogeneidad. Los impactos de la pandemia están siendo demoledores, en particular generalizados en el amplio espectro de las actividades declaradas no esenciales. Un serio problema de oferta, que se potencia con las caídas del poder adquisitivo. En muchos mercados se están produciendo reestructuraciones forzosas, posiblemente en una dirección distinta a la deseada.

Las urgencias del corto plazo no deberían perder el objetivo central que es proteger los activos generados en los procesos evolutivos previos, que abarcan organizaciones productivas, capacidades tecno-productivas y recursos humanos. El futuro será distinto, pero su trayectoria será potencializada con los activos disponibles que son fundamentales en una dinámica de cambio estructural que recree las fuentes de crecimiento, con más empleo formal y exportaciones.

La estructura productiva es muy diversa. Hay algunos sectores con modelos de organización ubicados en las mejores prácticas internacionales, que pocos países fuera del mundo desarrollado poseen y que explican nuestro patrón exportador, pero solo generan una cuarta parte del empleo. En particular la rama agroindustrial ha tenido un desempeño notable. De producir 20 millones de toneladas de granos entre 1930 y 1970, hoy genera 150 millones de toneladas, en un complejo ubicado en las mejores prácticas internacionales, articuladas en el conocimiento, con participación de semillas, genética, biotecnología, fertilizantes, subcontratistas de servicios, maquinaria agrícola y demás. Esta actividad es una de las mejores posicionadas y presenta un futuro de oportunidades. Pero tiene fuertes desafíos en adelante, de su producción actual concentrada en materias primas, energía renovable y productos industriales, la bioeconomía tiene que avanzar hacia productos de mayor diferenciación e incorporación de valor.

A su vez, el avance y demanda de la digitalización en un mundo más conectado es uno de los rasgos que se desatacan en la pandemia. La Argentina tiene un buen punto de partida en los servicios basados en el conocimiento, que requiere de una ampliación y adecuación de la infraestructura de comunicaciones y formación de recursos humanos para fortalecerse.

Mientras que en la estructura industrial el país tiene una trayectoria importante, con áreas en los insumos básicos, núcleos del sector automotor y la metalmecánica, vinos, farmoquimica, entre otros, con capacidades notables. Además, la amplia diversificación de actividades, con niveles de productividad que requieren una estrategia de transformación, son parte importante en el mercado laboral y en atender el mercado interno.

En recursos naturales el país cuenta con capacidades en minería, forestal y pesca muy significativos. El tema energético es un tema clave, en particular el destino del enorme potencial en energía no convencional, requiere la urgencia de convocar a los mejores especialistas para definir una estrategia, en un escenario que se modificó radicalmente con la crisis y la brutal caída del precio del petróleo.

Pero simultáneamente hay franjas de actividad con baja competitividad, con su correlato en el 35% de informalidad en el mercado de trabajo más los desempleados y los excluidos, que plantean políticas diferenciadas.

– ¿Cómo se imagina a la economía real el día después de la pandemia, donde los únicos datos que se proyectan como certeros son un Estado con sus finanzas públicas más deterioradas por la pérdida de ingresos y más gastos; empresas más endeudadas, sobre todo en términos de flujo de ventas; y trabajadores con menos poder adquisitivo? ¿Qué recomendaciones de política económica haría?

– Los desafíos son múltiples y vinculados con fuertes restricciones fiscales que conviven con una presión impositiva intolerable para la producción. Lo primordial es mantener los valores de la democracia, los derechos humanos y la República, neutralizando todos los planteos fanáticos fundamentalistas, que pueden ser más dañinos que la pandemia. La disminución de las “grietas” y los falsos dilemas viabilizarían los logros buscados.

Se requiere una acción colectiva con fuerte cooperación privada-publica, dando espacio a los emprendedores y evitando las capturas rentísticas ajenas al beneficio social, y con políticas que deben tender a una mejora sustantiva de su “calidad” con transparencia y evaluación permanente, con el objetivo de mejorar la competitividad y la equidad. El fortalecimiento del Sistema Nacional de Innovación junto con el Sistema Educativo, adecuándolos a los nuevos requerimientos de la Industria 4.0, son una prioridad de primera magnitud.

Es razonable el desarrollo de estrategias integrales de los negocios rompiendo el falso dilema del mercado interno versus el externo. Tenemos un mercado interno que es en tamaño el tercero en América Latina y entre los diez mayores fuera del ámbito de los países desarrollados. Explotar este mercado es lo que permitiría desarrollar las capacidades competitivas y aumentar nuestra oferta productiva, que luego nos permitirían dinamizar las tan necesarias exportaciones.

Estos son algunos de los temas de la agenda productiva, que debe estar articulada en la búsqueda del fortalecimiento de las cadenas de valor, con una participación importante del tejido de empresas pymes, en generar empleo formal y equilibrar las postergadas economías regionales.

La consistencia macroeconómica es la condición ineludible, con una amplia agenda de desafíos. Entre ellos la reforma impositiva, la modernización de las relaciones de trabajo y el desarrollo del mercado de capitales, son esenciales.