El presidente electo, Alberto Fernández, destaca a menudo en sus declaraciones a la prensa la necesidad de un Acuerdo Económico Social, para estabilizar los precios, recomponer el poder de compra de los ingresos de las familias y comenzar a mover la rueda de la actividad económica agregada.

De ahí que muchos recuerdan la experiencia, al parecer frustrada, del Plan Trienal de Estabilización de 1974 o Pacto Social, luego de 8 años de gobiernos de facto, que dejó al tercer gobierno de Juan Domingo Perón una herencia de inflación del 80%, aunque el economista Carlos Leyba, ex subsecretario de Economía del ministro José Ber Gelbard en ese año, y uno de los que redactó ese plan, además de escritor, autor del libro “Economía y política en el tercer gobierno de Perón”, y profesor en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, dijo en diálogo con Infobae: “no se frustra lo que se interrumpe”. Una frase que podrían llegar a utilizar los referentes de Cambiemos. Más aún luego de que el ministro de Economía, Hernán Lacunza destacara en la última semana: “no hay que exagerar ni las luces ni las sombras en el balance de los últimos 4 años”.

– El ministro Hernán Lacunza hizo a comienzos de la semana una suerte de balance y dijo: “no hay que exagerar las luces ni tampoco las sombras de la gestión”. ¿Cuál es su balance?, ¿Comparte esa visión?

– Sin ninguna duda la gestión Cambiemos termina con muchas más sombras que luces. Porque cuando se ven las cosas desde la economía en su totalidad no se puede solamente apreciar lo que se avanzó en una parte de las finanzas públicas, hay que poner las miradas en todas. El haber llevado la pobreza al extremo en el que estamos, que es no solamente es un problema del presente, concreto, de la vida cotidiana de tantas personas, sino que es la denuncia de un sistema que es incapaz de crear una cuota mínima de bienestar para la inmensa mayoría, dado que el 40% es enorme. Lo repito hasta el cansancio, en la Argentina el número de pobres en el año 74, yo hice esa Encuesta Permanente de Hogares, la primera en el país, era de 800.000 personas. Extendido al conjunto de la población representaba el 4%. Hoy son 16 millones, eso significa que creció a un ritmo de 7% anual acumulativo durante 45 años. Tasas chinas para la pobreza.

– ¿Por qué cree que ocurrió eso?

– Si no la vimos venir es porque la fuimos a buscar.

– En 45 años la responsabilidad es de todos…

– Es de todos, por supuesto. Pero a cada cual le cabe su porcentaje ¿no? Es decir, la pobreza medida por porcentajes diluye la idea, entonces decir 16 millones de personas ahí pone en serio de qué estamos hablando. Y en ese punto este Gobierno se lleva el baldón porque no evitó nada. Por supuesto, esto no quiere decir que el kirchnerismo lo hubiera evitado, también le cabe al kirchnerismo, y son 45 años.

Creo que es producto de un modelo de economía que ha dejado de lado privilegiar las cuestiones que generan el empleo privado en el sentido de que, en la Argentina de hoy, la mayor parte, sino el 100%, de las actividades productivas están no en manos del Estado sino en el sector privado. Y por lo tanto, crear empleo como una condición central del gobierno, es una tarea incumplida por qué, primero efectivamente este gobierno no creó empleo privado, creó mucho empleo público también en particular a nivel provincial y municipal, y obviamente dio lugar a un crecimiento razonablemente preocupante de la pobreza. Desde ese punto de vista en lo central el gobierno de Macri fue un fracaso.

– ¿Y en materia comercial, de sector externo?

– Ahora se ufanan del superávit comercial externo, pero es consecuencia de una recesión galopante, que también es consecuencia de muchos años previos de un nivel de actividad económica que está muy por debajo incluso de la capacidad instalada. Pero, además, con el agravante de que no creció el PBI potencial, porque la Argentina no ha tenido un proceso de inversión en equipamiento, maquinaria y equipo que siquiera sea capaz de compensar el deterioro natural de uso y por supuesto el nivel tecnológico. La inversión no solamente es sustituir capacidad que se tornó obsoleta sino también la incorporación de tecnología, que fue muy poca. Ahora, ¿por qué habría de tenerlo? lo mismo pasa con la pobreza, si no hubo una política para eso.

Ahora, fíjese, la Argentina es el único país del mundo que no tiene un banco de desarrollo. O sea, no tiene un banco que se ocupe de prestar a largo plazo. La Unión Europea da créditos para inversión a 10 años al 4% anual. Que no significa que tenga simplemente que gastar el Estado actual, se puede pensar en retribuciones de futuro. Hoy en España el 30% de la inversión la financia el gobierno, entonces el sector privado, además de analizar las condiciones objetivas de las que se desarrolla la economía, se preocupa en producir. Eso es mágico, porque una vez que la producción se pone en marcha se pone en funcionamiento todo el aparato de la actividad y el empleo.

– Pasaron más de 30 días de las elecciones general y todavía no se sabe bien cuál es el equipo económico y las primeras medidas, ¿Se puede atribuir a que la economía está tan mal que no sabe cómo descifrarla? ¿O no está tan mal y entonces se puede tomar el tiempo de 40 días para decidir la mejor estrategia para reactivarla?

– No sé cuál es la razón que tienen ellos, que los motiva a mantener el silencio, no tanto sobre el equipo, que eso a mí no me parece imprescindible conocer el nombre de las personas, sino sobre la orientación general, de la cual no he escuchado nada. Por ejemplo, una idea que me es muy cara y con la que simpatizo, por supuesto, es la de un Pacto SocialNo cabe ninguna duda de que no se ha dado, que sepa, ningún paso relevante, no solamente con los eventuales actores sino con el contenido de ese programa, porque lo que no está dicho, yo no recuerdo, honestamente, ninguna campaña electoral importante de la Argentina donde los candidatos no hayan anunciado de alguna manera los grandes ejes.

Por ejemplo, ¿para el nuevo gobierno es muy importante la promoción de inversiones con valor agregado? No lo sé, no lo han dicho. Yo puedo inferir que sí. Pero para eso hay que hacer muchas cosas: normas, incentivos, facilitaciones y demás para que eso sea viable. Sobre la inversión tampoco ha dicho mucho. Por ejemplo, en este campo ejemplos concretos, hoy por hoy el gobierno de Macri ha dejado retenciones para las exportaciones al Mercosur. Lo cual es una locura demencial.

– ¿Se refiere a las retenciones de emergencia de $4 por dólar de exportación?

– Sí, por más que sea un impuesto de emergencia no deja de ser un costo adicional.

– Se preveía que se iba a eliminar.

– Efectivamente, pero ahora no lo sabemos. También sabemos que existe una gran cantidad de inversores argentinos en el exterior, dinero de residentes que sistemáticamente se incrementa. Pasó con Cristina Kirchner, se fueron unos USD 83.000 millones; con este gobierno tal vez también se hayan fugado unos USD 90.000 millones. Esa plata está asignada, alguna será blanca, otra estará en negro. La agencia de impuestos que conoce quienes son, hace que esa gente esté aterrorizada de pensar que le van a caer con un impuestazo. Y obviamente incentiva a ocultarse. Cuando en realidad es un gran caldo para cultivar la propuesta de inversiones con incentivos. Porque el capital se mueve por zanahorias. No hay otra manera de traer capital que no sea ofreciendo un beneficio. Lo hacen en el mundo entero. Acabo de describir lo que podría pasar en España como en cualquier otro país de la Comunidad Europea. Se que está esa masa de capital allí, por tanto hay que idear algún mecanismo para atraerlos. Ese anuncio tampoco está.

– Pareciera todo lo contrario, se les dice que se los va a castigar con un impuesto extraordinario…

– A mí me parece un gran error porque es tener la idea de que el garrote funciona. Y hay tres maneras de ejercer el poder, el abrazo, el garrote o la zanahoria. En política veo que hay poco abrazo, eso me preocupa porque creo, sinceramente, que la salida que tiene la Argentina es mostrar que el largo plazo será estable. Para que eso ocurra quién hoy es opositor tiene que coincidir con el oficialismo en algunas cosas. Eso es política de Estado. Política de Estado no es que el Estado decide una política, sino que es una política que tiene un grado de consenso, no digo del 100 por 100, pero que sea importante. El abrazo acá no funciona. Y la zanahoria tampoco está para el capital.

Y finalmente queda la otra parte de la demanda efectiva que, como sabe, es el consumo. Ahí hay un problema, porque se debiera determinar qué consumos se alienta. Se que es molesto, pero, por ejemplo, un piloto de las compañías aéreas gana 10 canastas básicas por mes, y hay gente que no cubrir el valor de la canasta alimentaria. Eso me dice claramente que, si quiero “poner plata en el bolsillo de la gente” no puede ser un porcentaje. Tiene que ser suma fijay un cierto control del sistema de precios, porque todos sabemos que hay un grado de aumento “por las dudas”, un grado de indexación automática.

– Cuando se habla de suma fija, la experiencia muestra cierta resistencia por parte de los trabajadores con ingresos superiores al promedio, porque se ven desfavorecidos; se achata la pirámide salarial y atenta contra el aumento de la productividad. ¿Cómo se evitaría eso?

– Creo que eso no es así, porque hay varios valores en esto. La productividad de la clase trabajadora argentina es su dedicación al trabajo, que obviamente tiene mucho valor. Pero también depende de la inversión de las empresas. Ahora, respecto al achatamiento de la pirámide salarial, estoy muy lejos de estar en desacuerdo, porque más allá de que evidentemente entre el capital y el trabajo hay una distribución regresiva que hay que resolver por otros métodos, creo que hay una distribución regresiva implícita en la estructura salarial. Hay sindicatos que tienen mayor poder de negociación que han logrado distanciarse del resto, en particular de los que precisamente están al borde de la pobreza. Y eso es para el conjunto de la sociedad es el primer mejor, tener una sociedad integrada. Me parece que hay ahí un concepto de inclusión que no puede estar ausente, y menos en un gobierno que se considera reivindicando la tradición de los partidos populares, en el sentido de preocupados por la inmensa mayoría y sobre todo por los más desprotegidos.

– ¿Cómo piensa que se puede hacer esa política de mejora de la distribución del ingreso con un Estado que no le sobra plata y que viene con una presión tributaria desbordada, que no hay margen para más impuestos? Sí para revisar seguramente la política tributaria, más progresiva y menos regresiva. ¿Y, del lado de las empresas, con una economía que está tan recesiva, 50% de capacidad ociosa?

– Creo que, en primer lugar, uno de los puntos fundamentales es mostrar una vocación, que debe asumirse, de poner en orden las cuentas públicas. Y el primer dato para mí, contrario sensu, es hacer un convenio nacional, provincial y municipal de congelamiento absoluto del empleo público, porque el empleo público ha sido la respuesta que le ha dado el sistema político al problema de la no creación de empleo privado y que es consecuencia de no tener una política pro inversión. Con lo cual volvemos al principio. Eso implicaría en el mediano plazo, una desaceleración profunda, sobre todo en las provincias y en los municipios. Hay municipios que están tratando de sobrevivir cobrando tasas increíbles sobre la base que, obviamente, su planta de personal haya aumentado de una manera notable y todos somos conscientes, aun los que incorporan esa gente, que si hay algo que no es eficiente es la oferta de bienes públicos por parte del Estado nacional, provincial y municipal. Es una pésima oferta de bienes públicos con mucha gente. Que obviamente tiene allí un subsidio encubierto al desempleo. Produce la ausencia de empleo privado.

Después viene el otro tema que es el de las jubilaciones. Creo que el primer punto es sincerar que el último sistema incorporado por Cristina Kirchner, y continuado por este gobierno, de las jubilaciones sin aportes por parte de quienes no lo necesitan, debe ser revisado. Sé que me van a decir que ahí hay derechos adquiridos, lo acepto, pero creo que hay un método, bastante más que razonable, que con acuerdo seguramente de la Corte Suprema de Justicia, se puede llevarlo a cabo, para lograr que haya una suerte de parálisis en el movimiento, no de las nuevas, sino las que están actualmente cobradas, que son cifras millonarias.

Para Alieto Guadagni según creo son cerca un millón o un millón y medio de personas que están en esta condición. No de los que han recibido sin aportes porque trabajaban y no les hacían los aportes, sino de personas que nunca trabajaron, porque no lo necesitaban, porque tiene recursos, porque tiene patrimonio e ingresos. Eso realmente es una inmoralidad.

– La justificación de muchos de esos últimos casos es “como le liquidaron mal a mi marido, o pareja, que sí aportó 30, 40, 50 años, me sumo a la moratoria como ama de casa como una forma de compensar esa realidad”…

– Ese acto, que vendría a ser de justicia individual, las finanzas públicas no están en condiciones de sostenerlo. Como tampoco, y conozco muchos casos, es justo que haya un lote importante de jubilaciones por discapacidad de personas que no están discapacitadas. Y eso realmente son soluciones políticas, yo entiendo, de ayuda, pero bueno, a la larga la carga sobre el sector público lo está inhibiendo de poder hacer las cosas. Sin ninguna duda h

ay que revisar el gasto público, llegar a plantillas óptimas de personal. Algún día las podremos tener.

Y sobre todo respetar la burocracia, que tenga años, no solo la que se incorpora de a ratos, porque me parece que eso es fundamental. El primer gesto de respeto por el Estado burocrático, en el sentido positivo de la burocracia eficiente y capaz, es empezar por respetarla. Las experiencias que he tenido, he sido funcionario público cuando he sido muy joven, pero en la época que me tocó serlo, tengo la enorme satisfacción de que al menos durante ese gobierno no se tocó un solo director nacional. Porque, bueno, uno que cree en el Estado, en las capacidades para resolver cosas, no se trata de llenarlo de gente de confianza. Se han llenado las plantas de personal, nacional, provincial y municipal, de gente de confianza del que estaba pero que sigue quedando porque queda ahí en las capas geológicas interminables. Eso hay que terminarlo, realmente. Y esto incluye a la Justicia, que tiene miles de funcionarios, y es un sistema lento y pesado, pero que tiene mucha gente, y también a los poderes legislativos, todos, nacionales, provinciales y municipales. Necesitamos una revisión del Estado. Pero eso se puede lograr solamente con un acuerdo global.

Lo convocaría al presidente Alberto Fernández a que haga un acuerdo del sector público para una revisión, que la hagamos todos a la vez, para que nadie se sienta que queda afuera. Que nadie se sienta que lo van a hacer unos y le van a obligar a hacerlo a uno y no a todos.

– ¿Ve que están dadas las condiciones para eso, en el ADN de nuestra dirigencia política? Porque, por ejemplo, hay un mandato de la reforma constitucional de 1994 para debatir una nueva Ley de Coparticipación Federal de Impuestos y jamás se ha logrado consenso para eso?

– Esto va más allá de la coparticipación. Creo que, obviamente, la Coparticipación de Impuestos merece ser analizada. Sinceramente no me parece, ahí sí le doy la derecha, no me parece que se haya madurado claramente qué quiere decir la coparticipación federal. Porque entiendo que el federalismo argentino no puede admitir moralmente que la Ciudad de Buenos Aires, que es la ciudad más rica en Sudamérica, de mejor nivel de ingresos, nos subyugue con obras fantásticas, seguramente necesarias, a veces innecesarias, cuando tenemos provincias que el ingreso per cápita es menos del 10% del ingreso per cápita de la Ciudad. Entonces, el federalismo es justamente asumir que la nación es una sola y que tenemos que preocuparnos por algunos renuncios inexorables. Porque no hay manera de construir una política si no hay un espíritu de cesión, de renuncia por parte de algunos sectores.

Y sobre el ADN que me pregunta no sé si está preparado. Sí que las cosas son necesarias. Ahora, los grandes momentos de la historia son cuando las cosas necesarias son posibles. Y los que las hacen posibles son los líderes. Y el liderazgo no se demuestra por el cariño que la gente le pueda tener antes de gobernar, el liderazgo se define por aquellas personas que hacen posible lo que es necesario. Eso me parece que es el principal desafío de este tiempo, sea quien sea que gobierne. Lamentablemente el gobierno que pasó no lo hizo. Y el anterior tampoco. Y el anterior tampoco. Llevamos muchos años.

Soy de los convencidos de que la Argentina torció su rumbo histórico hace muchos años y, debo confesar, que hay una expresión que se ha puesto de moda que realmente diría que si no fuera ideológicamente condicionada es casi salvaje, de decir que la Argentina tiene una crisis de hace 70 años. Es una mentira absoluta, la Argentina creció, lo dicen Juan Llach y Martín Lagos en su libro “El país de las desmesuras”, más que los países desarrollados per cápita entre 1963 y 1973. Si eso es decadencia, bueno. Y Federico Sturzenegger, otra persona liberal, escribió en uno de sus libros que la Argentina tuvo el 75% del PBI de Australia desde 1900 hasta 1975, y después se fue al pozo. Ahora, ese año, 1975, es el Rodrigazo (nota del Editor: en referencia al ministro de Economía de entonces Celestino Rodrigo).

El Rodrigazo que, quizás la gente no lo sabe, fue hecho con la anuencia de José Alfredo Martínez de Hoz, presidente en ese tiempo del Consejo Empresario Argentino, y luego continuó como ministro, con métodos militares, porque con métodos civiles era imposible de seguir siendo realizado. Entonces, allí nos impusieron la liberalidad financiera, con todas las consecuencias que bien sabemos todos los que las vivimos que pasó, y nos impusieron luego la privatización del Estado y hoy tenemos una Nación con una concentración económica descomunal en manos de las personas que se hicieron de los bienes del Estado igual que en el caso de la oligarquía rusa. Con la diferencia tal vez que para la Argentina el rédito de esto ha sido gente muy rica con cada vez más pobres. Los ricos, ricos, de la Argentina de hoy son mucho más ricos que los ricos de los años 70 y los pobres son 16 veces más pobres.

– ¿Usted fue el mentor del recordado Pacto Social de 1973?

– No, mentor no, fui partícipe activo, sí, sí, eso es cierto.

– Hoy se habla mucho de que el gobierno tiene intención de hacer un Pacto Social, pero como dijo antes, aún no se conocen ni los ingredientes ni los integrantes. ¿Qué debiera tener ese pacto? ¿Están dadas las condiciones para eso?

– Creo que nadie podría no querer un Pacto Social. Si reconstruimos cómo fue a mediados de 1973, hay que recordar que empezó por el abrazo político, por la amistad política. Ricardo Balbín y Juan Domingo Perón, Horacio Sueldo y Oscar Allende, y todos los dirigentes políticos de aquellos años, que estaban claramente enfrentados: Horacio Sueldo había sido miembro de los comandos revolucionarios; Balbín había estado preso; Oscar Allende era un radical tradicional. Y junto con el delegado de Perón, Jorge Daniel Paladino, firmaron un acuerdo, que se llamó La Hora del Pueblo, para restablecer de verdad un proceso democrático, que implicaba terminar con la proscripción durante 18 años del peronismo.

Entonces, el acuerdo empieza con la amistad. Y fíjese que cuando muere Perón, que prácticamente es el momento en que termina el acuerdo, Balbín dice: “Este viejo adversario despide a un amigo”. Es decir, esa amistad política es un pacto social, nosotros somos un país en su totalidad, somos todos parte de un todo. Entonces, la armonía política es central, hoy no lo estoy viendo.

La segunda cuestión fue la participación de los sectores económicos y sociales representativos, que en aquel momento sí lo eran, porque la CGT era una sola; porque usted lo recordará, la CGE representaba una masa enorme de pequeños y medianos empresarios que existían, en cambio hoy por hoy la CGT está dividida, los pequeños y medianos empresarios prácticamente no existen; y las grandes empresas, bueno, yo entiendo que son muy racionales sus conducciones y siempre están contestes en un entendimiento, no los veo como un grupo de personas que rechace esto. Pero, es una cosa más difícil. Pero, no vemos las ideas de estos grupos sociales expuestas.

Recuerdo que el primer documento posterior a La Hora del Pueblo lo escribe la secretaria de José Rucci proponiendo un conjunto de medidas económicas muy sensatas destinadas a combatir la inflación, el desempleo y la recesión. No hay que olvidarse que en mayo de 1973, cuando asume el peronismo, la inflación era del 80%, más alta que la actual; y la economía estaba en caída, dos años en recesión, aunque mucho menos grave que hoy por cierto.

Esas fueron las condiciones centrales. Entonces ahí es donde aparece José Ber Gelbard con, seguramente, la venia de Juan Domingo Perón, para hacer las coincidencias programáticas; las firman todos los partidos que están en la competición electoral, todos. Es decir que las coincidencias programáticas eran tanto para Héctor Cámpora como para Ricardo Balbín. Por eso es que cuando se firman las leyes se firman por unanimidad. Porque el Pacto Social contenía 20 leyes, no era un acuerdo de precios y salarios, tenía el Acta del Campo; el Acta del Estado que más o menos figura lo que le acabo de describir; luego fue el Acta de la Industria Automotriz; la de la Industria Siderúrgica; Petroquímica; la expansión de la frontera agropecuaria; la introducción de la soja en la Argentina; el acuerdo de la Argentina con Uruguay en el Río de la Plata.

– ¿Por qué fracasó, por la muerte de Perón?

– No, perdón, el primer tema es que lo que se interrumpe no fracasa. La Argentina abandonó el método, efectivamente en principio con la muerte de Perón, y el asesinato previo de José Rucci. No hay que olvidar que nosotros fuimos perforados por la izquierda montonera de una manera brutal por el asesinato de un dirigente sindical para tirarle el cadáver a Perón. Es decir, la juventud maravillosa maravillosamente le destruyó a Perón una pierna donde se apoyaba, y eso obviamente también le habrá dolido en su alma.

Luego de la muerte de Perón nos quedamos muy aislados, teníamos enfrente a José López Rega que la dominaba a Isabelita (Nota del Editor: la vicepresidente que asume la presidencia María Estela Martínez de Perón), y lo instaló a Alfredo Gómez Morales como ministro de Economía, que era un hombre de López Rega. Él estaba totalmente en contra de la concertación. Él no quería que la Argentina exportara industria. Era un hombre de la idea de una Argentina primaria y, bueno, del ajuste permanente. Y lo puedo decir con autoridad porque yo estuve 15 días junto con él en el Ministerio de Economía. Y esas eran sus ideas. Yo estuve en el traspaso. Ahora bien, a partir de ahí se interrumpió la concertación. ¿Pero sabe cuándo llega el Rodrigazo que se afirma?; 9 meses después. Nosotros nos vamos en octubre del 74 y el Rodrigazo ocurre en julio del 75.

Luego de la muerte de Perón nos quedamos muy aislados, teníamos enfrente a José López Rega que la dominaba a Isabelita. Ahora bien, escuchemos qué decía, no Carlos Leyva sino el Fondo Monetario Internacional en el informe en cumplimiento del el artículo 4º, de 1974, en diciembre del 74, dice textual: “el Pacto Social fue un éxito, bajó la inflación del 80% en mayo del 73 al 14% en marzo del 74″.

Y tengo, en un libro que publiqué, una nota de Juan Carlos de Pablo, economista brillante por supuesto y un periodista muy riguroso, el primer quizás periodista economista que tuvo la prensa escrita: “los precios no estaban deprimidos”. Porque efectivamente no lo estaban, porque nosotros no congelamos los precios. Trasladábamos los costos. Por supuesto, en el medio tuvimos muchísimos inconvenientes, la crisis del petróleo en diciembre del 73 hubo que abordarla; el cierre del Mercado Común Europeo. Todo esto lo dice el Fondo Monetario. Sin embargo, agrega: “fue el crecimiento más alto de la serie económica, el aumento de la demanda de dinero fue espectacular”.

– Era como 25 puntos del PBI…

– Exactamente. La baja de la tasa de interés. Bueno, si eso es un fracaso… Ahora, si se interrumpe. No, no, todo lo contrario, no fue un fracaso, tampoco un éxito, porque se interrumpió. Ni éxito ni fracaso.