Lentamente, la economía trata de volver a los niveles de actividad precuarentena, pero todavía resta recuperar un 7%, tras la drástica depresión de abril y mayo, y aún así estará un 11% por debajo del último pico de actividad que el Centro de Estudios Económicos Orlando Ferreres midió para marzo de 2018, y luego se ingresó en la pendiente recesiva que el nuevo gobierno no logró revertir antes de que irrumpiera el COVID-19 en la Argentina y dispusiera el inicio de la cuarentena desde el 20 de marzo.

Para peor, la nueva conducción económica, al frente de Martín Guzmán, supeditó la gestión a la reestructuración de la deuda con bonistas, la cual a menos de 4 años de cierre del anterior default que se extendió por más 15 años, se sospechaba en los mercados que no podría ser rápida, menos en ausencia de un Presupuesto 2020 aprobado y un Plan Económico de base.

Así se llegó al segundo semestre de mandato presidencial en medio de una brutal depresión económica, un proyecto de ley de Ampliación del Presupuesto 2020 con un déficit previsto en más de 10% del PBI, y sin pautas macro que lo sustente, como para esperar, luego del levantamiento de la cuarentena, un proceso que no sólo posibilite reanimar la actividad, sino también reabrir empresas y locales que ahogadas por la situación financiera y caída a cero de la demanda, debieron dejar sin empleos a más de 300.000 trabajadores.

Desde sus oficinas en Washington Claudio Loser, economista argentino, ex director del Fondo Monetario Internacional para el hemisferio occidental respondió a las preguntas que le envió Infobae con un estilo medido y contundente sobre las expectativas y sugerencias sobre la crisis que arrastra país.

– Qué evaluación hace de lo hecho por el Gobierno en sus ya casi 8 meses de gestión?

– Deben distinguirse tres aspectos. El primero y urgente, con el que aún el Gobierno está lidiando, es el referido a la reestructuración de la deuda, y en el que se puede considerar que se han hecho avances muy importantes, como explicaré más adelante. El segundo, y de por lo menos igual importancia, es el de la gestión de la pandemia, donde actuó con rapidez, y en el que lamentablemente se nota un importante retroceso, por problemas de instrumentación y conflictos entre objetivos sanitarios y económicos de corto plazo. El tercero es el referido a la gestión económica, tanto macroeconómica como estructural. En esta área aparentemente no ha habido ningún progreso para retomar el crecimiento y consolidarlo en el mediano plazo. Se han tomado medidas controlistas- tales como la regulación de alquileres, mayores rigideces en el mercado de trabajo, intentos de estatización, y de limitaciones al sector privado- pero sin un plan integral de acción ni para el sector público, ni para la economía en su totalidad. La gestión pública se ha debilitado, con un déficit fiscal de 10% para este año, aunque ello era esperado dada la extensión de la cuarentena.

– ¿Cómo ve el proceso de negociación de la reestructuración de la deuda con bonistas.

– El proceso de negociación con los bonistas ha avanzado, y mi evaluación es que se está cerca de llegar a un acuerdo. En sí mismo ha mostrado un manejo serio, pero a veces poco efectivo por el lado de las autoridades, que constantemente han dicho “esto es lo máximo que podemos hacer”, para luego modificar su oferta. En este momento no hay diferencias fundamentales en términos del aspecto financiero de las propuestas. El problema está en los aspectos legales, referidos a posibles dificultades de pago futuras, donde la Argentina está pidiendo reducir las mayorías mínimas requeridas para lograr cambios de términos. Ello pone en duda su voluntad de cumplimiento, y genera sospechas entre los bonistas, cuando ya no existe el problema de los “fondos buitres”.

Respecto de la reestructuración de la deuda, Loser dijo: "El problema está en los aspectos legales, referidos a posibles dificultades de pago futuras, donde la Argentina está pidiendo reducir las mayorías mínimas requeridas para lograr cambios de términos. Ello pone en duda su voluntad de cumplimiento, y genera sospechas entre los bonistas"Respecto de la reestructuración de la deuda, Loser dijo: “El problema está en los aspectos legales, referidos a posibles dificultades de pago futuras, donde la Argentina está pidiendo reducir las mayorías mínimas requeridas para lograr cambios de términos. Ello pone en duda su voluntad de cumplimiento, y genera sospechas entre los bonistas”

– ¿Que cabe esperar en la revisión de plazos con el Fondo Monetario Internacional, después de acordar con los bonistas?

– La negociación con el FMI seguramente tendrá lugar luego de llegar a un acuerdo con los bonistas como usted percibe en su pregunta (o si estos son poco razonables, incluso en una situación donde no se termine el proceso). Creo que con el organismo debe completarse en los próximos meses, porque hay vencimientos importantes por delante. Sin embargo, para lograr una reestructuración relevante debe acordarse un plan de mediano plazo, en el contexto de un Acuerdo Ampliado de tres años, con plazos de repago de hasta 10 años. Lo más probable es que en el corto plazo los requerimientos del FMI sean “suaves”, dada la situación del país y del mundo. Aun así, el Gobierno tendrá que desarrollar un plan económico-monetario y fiscal- claro, más reformas estructurales importantes, para poder lograr esa flexibilidad.

– Qué riesgos ve para la economía argentina en el corto plazo?

– Los principales riesgos son los referidos al punto anterior, es decir un fracaso en la negociación con bonistas y el FMI, la gestión de la pandemia, y el consecuente impacto económico, en medio de la recesión, y con continua inflación. El contexto externo -Brasil, los precios de las materias primas, y los flujos de inversión y financiamiento al país- agravan las perspectivas. Las medidas que el gobierno de los Kirchner pudo tomar durante la época del boom de las materias primas son imposibles de realizar ahora. La economía argentina se ha empobrecido dramáticamente. Las estadísticas muestran que, desde el punto más alto alcanzado en el país en 2011, el ingreso per-capita habrá caído 20% este año. Y se puede adjudicar así: tres puntos durante el período 2011-15, otros 7 puntos durante 2016-19, y 10 puntos este año. Aunque la situación actual es excepcional, el ingreso por habitante en 2020 es igual al que existía en 2005- un retroceso significativo, y del que se demorará en salir. Aunque la situación internacional ha tenido un rol crucial, el mal manejo de políticas lo ha agravado.

– Según su experiencia en el análisis del desempeño de diferentes economías, ¿considera relevante contar con un plan económico, o sólo alcanza con que el Gobierno tenga objetivos claros?

– No se puede tener una política económica sin un plan. No existen soluciones voluntaristas. Esto no significa que tiene que haber un plan económico como los que estaban de moda hace tres cuartos de siglo. Lo que es necesario es un plan macroeconómico, con políticas fiscales, monetarias y externas (cambiarias y de movimiento de bienes y capitales), en un contexto de sostenibilidad económica y apoyando al sector privado. No hay alternativas a esta visión, ni en China ni en los EEUU., o en América latina.

– ¿Dada la historia de abultados desequilibrios y carencias de la economía argentina, comparte la opinión del ministro Martín Guzmán sobre que las perspectivas del país dependen del escenario internacional? ¿Qué expectativa tiene al respecto?

– Hoy, debe reconocerse que la Argentina es un país de tamaño medio. Esta en la posición 27 en cuanto a su Producto Bruto Interno y número 60 en términos de ingreso por habitante. No puede sostenerse en forma aislada, y depende fundamentalmente de la situación internacional. En última instancia, y por lo menos desde el retorno de la democracia en los 80, el ingreso de Argentina ha dependido en gran medida de los eventos en el resto del mundo, independientemente de las características de los gobiernos en cada momento. Es una dependencia, agravada por las políticas generalmente peores que la que siguieron muchos de los países vecinos, como Chile, Colombia, Uruguay, Paraguay, México y en parte hasta Brasil. Entre los países grandes de la región, la Argentina ha tenido el mayor número de programas con el FMI (11), y sin importar el tipo de gobierno a cargo, ajustado por la situación internacional.

– En la entrevista que le hice a comienzos de diciembre, previa a la jura presidencial de Alberto Fernández, sostenía: “la Argentina no se puede dar la fantasía de política expansiva del consumo y pagar las deudas”, ¿qué riesgo provocaría seguir esa política para salir de la depresión que provocó la cuarentena más larga del mundo?

– La pandemia ha requerido de políticas no-ortodoxas en todo el mundo. La Argentina no escapa a eso. Durante este período no queda más remedio que expandir el déficit fiscal y aumentar la cantidad de crédito/dinero por los bancos centrales. Eso aplica a la Argentina también, sujeto a muchas restricciones que no tienen muchos otros países. La experiencia histórica muestra que el país no ha podido controlar la inflación, y que por ello no tiene tanta capacidad de aumentar la emisión, para obtener un impacto positivo sobre la demanda. Más aún no tiene capacidad de endeudamiento, que es el otro margen disponible en otras naciones. Un déficit fiscal de 10% del PBI es claramente insostenible, más allá del muy corto plazo. En resumen, se puede hacer algo de política expansiva, pero el efecto es mucho menor que en otros países desarrollados o emergentes.

– También destacaba en ese reportaje, referido a su balance del gobierno de Mauricio Macri: “El ajuste de precios relativos fue doloroso y posiblemente muy mal ‘vendido’ al público, pero todo ello ha llevado a que los precios sean realistas y que no haya subsidios e impuestos cruzados que reduzcan la productividad y el potencial de crecimiento real. El curso por seguir ahora es mejorar el gasto”. Hoy se advierte que rápidamente se ha vuelto atrás, con congelamiento de tarifas, Precios Máximos, aumento de retenciones, prohibición de despidos, congelamiento de cuotas de créditos ¿Cómo cree que condicionará la recuperación de la actividad pos cuarentena?

– En términos muy resumidos, las políticas aplicadas en estos últimos meses debilitan la capacidad del país para salir del terrible impacto de la cuarentena extendida, combinado con la crisis internacional y el problema específico de la deuda pública. Por cierto, que el Gobierno, razonablemente, ha buscado proteger a los sectores más vulnerables de la población. Este es un imperativo de cualquier gobierno, aunque con las medidas generales tomadas en los últimos meses, este objetivo, no se ha podido cumplir eficientemente.

Fuente: Centennial-Group, con base a datos del FMI
Fuente: Centennial-Group, con base a datos del FMI

– Frente al nuevo escenario derivado de la llegada del COVID-19 y sus efectos severamente contractivos sobre la oferta y demanda agregada, con cierre de empresas y destrucción de empleos como pocas veces se han visto en los últimos 50 años, ¿Qué política debiera seguir el Gobierno para lograr una sustentable recuperación de la economía?

– Aunque no se puede pretender corregir rápidamente la situación fiscal, especialmente durante la pandemia, el modelo intervencionista y estatista que se está reconstruyendo no ha tenido éxito en la Argentina, por lo menos en el último medio siglo. Ciertamente debe buscarse solucionar los problemas financieros/crediticios de las empresas y los individuos. Sin embargo, las restricciones impuestas en términos del sistema cambiario, importaciones y exportaciones, precios, alquileres, empleo, etc. reducen la eficiencia de la economía y así frustran la posibilidad de recuperación de la economía.

– A la distancia, ¿qué puede decir del rol del Banco Central como principal fuente de ingresos del Tesoro Nacional, por transferencia de utilidades y financiamiento a través de Adelantos Transitorios, y de su política de agudización del control de cambios?

– No importa cuál es el rótulo que se use, la expansión monetaria con restricciones discrecionales sobre el sistema cambiario lleva a la larga a que la inflación persista. Por lo demás, aumenta la ineficiencia del sector externo, y surge mayor potencial de corrupción. Por supuesto, el momento actual puede constituir una excepción de corto plazo en términos de las presiones sobre precios, pero no constituye una excusa para una expansión desmedida. El uso de distribución de utilidades contables solo oscurece la dimensión del uso desmedido del financiamiento del Banco Central.

– ¿Una reflexión final?

– La situación económica actual de la Argentina es dramática. En gran medida ello refleja hechos ajenos a la capacidad de gestión del Gobierno, específicamente la pandemia y sus consecuencias en la economía y política económica mundial. Sin embargo, el estancamiento secular de la Argentina va mucho más allá de estos factores. El crecimiento del país en la primera parte del siglo estuvo relacionado al “boom” de materias primas, y a pesar de políticas intervencionistas y estatistas de la época. Un déficit fiscal y externo subestimado por estas medidas, en conjunto con una negación de la situación de deuda, fue seguido por una situación de complacencia o de restricción política y excesivo endeudamiento, aun con alguna mejora en eficiencia.

Fuente: Centennial-Group, con base a datos del FMI
Fuente: Centennial-Group, con base a datos del FMI

El retroceso de política observado en los últimos meses, influenciado por ideología, y no por pragmatismo, reducirá la capacidad de reacción de la Argentina para salir del tenebroso pozo de sufrimiento que esta recesión constituye.