En septiembre la producción nacional de vehículos fue de 27.687 unidades, un 25,7% menos que en igual mes del año año anterior, como consecuencia de bajas generalizadas de las ventas al mercado interno de unidades nacionales (28,1%) y también al resto del mundo (7,6%), informó la Asociación de Fábricas de Automotores.

Con ese escenario, y el agregado del control de cambios que impuso una racionalización de hecho del pago de las importaciones de automotores desde casas vinculadas con las terminales radicadas en el país, no sorprendió que las ventas a concesionarios de unidades procedentes del resto del mundo se derrumbaran en septiembre 40,3 por ciento.

La relativa buena noticia que trajo el informe de Adefa fue que luego de 3 meses consecutivo con déficit en la balanza comercial medida en unidades se cerró con superávit de 3.056 máquinas, el más alto desde noviembre de 2018; en contraste con un resultado negativo de 7.655 unidades un año antes.

La mejora del resultado comercial con el resto del mundo fue sólo relativa, porque tanto las exportaciones que sumaron 21.568 unidades, como las importaciones que totalizaron 18.512 máquinas, fueron en inferiores a las del año previo.

Mientras constituyó una buena noticia que una vez más el nivel de producción nacional de automotores fue superior a la oferta de unidades procedentes del resto del mundo.

En el acumulado de enero a septiembre, el sector produjo un total de 241.330 unidades (autos y utilitarios), lo que marcó una caída de 34,9% en comparación con las 370.707 unidades que se produjeron en igual del año anterior.

En ese período las ventas al mercado interno se contrajeron 48,3%, con declives similares en las nacionales (49,2%), y de importados (47,9%). Mientras que las exportaciones, pese a la mayor competitividad cambiaria, disminuyeron 15,3 por ciento.

El saldo de la balanza comercial del nonestre fue deficitario en 42.308 unidades, pero en franco retroceso: se contrajo 79,4 por ciento.

El presidente de Adefa, Luis Fernando Peláez Gamboa, destacó “la importancia de continuar trabajando junto a la cadena de valor en una agenda con una visión común a 10 años que nos permita preservar la actividad ante los desafíos actuales y generar las condiciones necesarias para posicionarnos con mayor fortaleza frente a la toma de decisiones en la región, competir en igualdad de condiciones en las próximas asignaciones y subirse al desarrollo de nuevas tecnologías”.

“El foco está en modificar de manera conjunta a través de un plan sustentable y de largo plazo aquellas cuestiones estructurales que impactan en la competitividad de nuestra industria”, agregó Peláez Gamboa.