En política, y más cuando se gobierna un país, los errores de comunicación tienen consecuencias enormes. Es el caso del “sinceramiento” de las tarifas de los servicios públicos, que por los inmensos yerro cometidos por el Ministro de Energía y Minería, Juan José Aranguren; potenciados por la pésima estrategia de relación con los medios de la Casa Rosada, se encaminan a tener que ser solucionado por la Suprema Corte de Justicia, si no terminan por ser postergados hasta el año próximo.

De esta forma, lo que intentó ser el mayor esfuerzo del Gobierno de Mauricio Macri para reducir el inmenso déficit fiscal que dejó el kirchnerismo tuvo que ser limitado, en un primer paso, por las protestas de clubes, Pymes, intendencias y sindicatos; pero como los aumentos no pasaron por el proceso que fija la Ley, una audiencia pública para cada caso, terminó por judicializarse y se encamina hacia una solución que es la peor para el PRO, ya sea que se apruebe el aumento, se rechace o se postergue.

¿Cómo es que cualquier resultado afectará al Gobierno? Aunque ingrese el martes al Alto Tribunal, el tema sólo podrá ser tratado en la Suprema Corte una vez que asuma Carlos Rosenkrantz. Así, si se aprueba el aumento, se dirá que la nueva composición de la cabeza del Poder Judicial es macrista; si se rechaza, todo el proceso de aumento quedará en la nada, habrá que empezar de nuevo; y si es postergada, no ayuda a reducir el déficit fiscal como lo esperaba el Palacio de Hacienda.

En el camino, por haber llevado pesimamente este proceso, la imagen del Gobierno se ha visto muy dañada y un fallo del Alto Tribunal en contra mostrará debilidad política. Esto le causó a Mauricio Macri uno de los funcionarios al que le otorgaba más confianza. Y, mientras tanto, el proceso produjo aumentos desproporcionados que impulsaron la inflación y, aunque se deje de lado el ajuste, nadie va a retrotraer un solo precio.

Las buenas intenciones no alcanzan. Tener razón, tampoco. En la democracia moderna, el consumidor, el ciudadano, la opinión pública debe ser muy bien informada de las intenciones y medidas de un Gobierno, el efecto que tendrán y los sacrificios que se esperan, para que sean apoyados hasta por las fuerzas opositoras. Y, eso, no lo entiende el esquema de marketing político y comunicacional que llevan adelante Jaime Durán Barba y el Jefe de Gabinete, Marcos Peña, en forma férrea.

El derrumbe escandaloso de kirchnerismo tuvo un efecto limitado para “diluir” el golpe del “sinceramiento” de las tarifas públicas. Para Junio, ya se había disipado, justo cuando las primeras facturas comenzaron a llegar a los hogares e impactaron sobre costos y poder adquisitivo de las familias e impulsó aumentos de precios; todas distorsiones que le otorgaron al kirchnerismo decadente un tema para atacar al macrismo.

La presencia menor y lastimosa de Cristina Fernández en la Ciudad de Buenos Aires para cumplir trámites judiciales (aunque trató de excusarse con el cumpleaños de su hija, Florencia Kirchner) terminó de eliminar su potencial liderazgo para el peronismo y no dejó más nada a la militancia que le queda; por lo cual, la judicialización de los aumentos de los servicios públicos servirá de ariete contra el macrismo para peronistas, massistas y algún que otro colectivo progresista. Un regalo, sin duda.

Como hace meses, las mayores ayudas al PRO en el poder son la corrupción y decadencia kirchnerista, la ausencia de liderazgo en el peronismo y la esquiva estrategia de oposición/negociación de Sergio Massa. El macrismo cae en las encuestas por errores propios, no por los “éxitos” de sus opositores. Por eso, el tropezón comunicacional en la suba de las tarifas de los servicios públicos se ha convertido en un “issue” que potencia a las fuerzas opositoras en su momento de mayor debilidad y desarticulación.

La captura de José López “revoleando” bolsos en un “monasterio”, el acorralamiento judicial del kirchnerismo y la falta de liderazgo que ha mostrado Cristina Fernández (confirmada en esta semana que pasó) terminó por impulsar la reestructuración y el desbaratamiento del peronismo, por eso el massismo y el macrismo se han lanzado a “cazar” intendentes, en vista de las elecciones legislativas del año próximo.

La campaña para consolidar poder territorial es clave. En el fondo, tanto el PRO como el Frente Renovador van a ensayar el mismo mecanismo que intentaron desde el massismo para crecer como fuerza política; aunque el macrismo sigue teniendo como aliada a la Unión Cívica Radical, que todavía tiene que definir su estrategia política para el 2017. Pero tanto Sergio Massa como Mauricio Macri deberán enfrentar tormentas internas para poder llevar adelante sus estrategias de crecimiento político.

Para Sergio Massa negociar con el Movimiento Evita implica acercarse demasiado a uno de los colectivos más poderosos del kirchnerismo, lo que puede alejar a muchos votantes antikichneristas que lo acompañaron hace un año. Miguel Ángel Pichetto, Diego Bossio, Florencio Randazzo, Julián Domínguez y algunos Gobernadores e Intendentes peronistas, pueden tener el mismo efecto, pero el aporte de votos que pueden acercar neutralizaría gran parte de la pérdida de sufragios que podría sufrir en el proceso.

Sin embargo, el acuerdo que avanza entre Sergio Massa y Margarita Stolbizer no es celebrado por los peronistas y, menos, por los seguidores de la legisladora bonaerense. En principio, el líder del Frente Renovador busca en la ex aliada del Partido Socialista dos características: Ponerla como figura de contraposición ante una posible candidatura de Elisa Carrió en la Provincia de Buenos Aires por “Cambiemos” y mantener su perfil de “Sendero del Medio”, que ensayó el año pasado.

Para Margarita Stolbizer es clave hacer una buena elección. Los cuatro Diputados Nacionales de su fuerza vencen su mandato el próximo año y tiene que intentar mantener presencia en la Cámara Baja y, si se calza la candidatura de Senador, tratar de llegar a la Cámara Alta; dado que sin una alianza electoral, sus posibilidades electorales son casi nulas.

Queda una duda: ¿Sergio Massa cree que su alianza con Margarita Stolbizer tendrá el mismo efecto que el acuerdo entre Mauricio Macri y Elisa Carrió en 2015? Quizás por eso, la Legisladora bonaerense se encuentra profundizando su perfil de “denuncista”, aunque sin las declaraciones catastróficas y apocalípticas de su ex aliada política.

Margarita Stolbizer nunca podrá ser Elisa Carrió y Sergio Massa jamás será Mauricio Macri, por eso, las consecuencias de una alianza entre ambos no tendrá los mismos efectos. En principio, el acuerdo entre los dos primeros tiene un rígido marco bonaerense, tiene impacto mediático y electoral en la Provincia de Buenos Aires y, en muchas menor medida, en la Ciudad de Buenos Aires. Por su parte, la conformación de “Cambiemos” en su primera etapa, tenía peso electoral para los votantes porteños, pero su efecto mediático fue nacional, por eso se buscó desde ambas partes.

Elisa Carrió también es para el PRO una “bomba de tiempo”. Desde el comienzo se sabía que la Legisladora chaqueña tenía su agenda propia. Su primera meta era saca al kirchnerismo del poder. No sólo eso, se logró sacar al sciolismo del poder en la Provincia de Buenos Aires. Entonces, lanzó la segunda parte: avanzar con sus denuncias sobre corrupción para terminar con la financiación, por ese camino, del aparato peronista. En eso anda.

Para Elisa Carrió, “Cambiemos” es un medio, el macrismo es un protagonista y ninguno de los dos será una barrera para alcanzar sus objetivos. No tuvo problemas en jaquear a Mauricio Macri hasta casi llevar a la ruptura de la alianza política con el radicalismo. Y, ahora, que se puso como objetivo ser elegida como Senadora Nacional por la Provincia de Buenos Aires, no tiene temor en avanzar con la Gobernadora María Eugenia Vidal, pese al excelente diálogo que hay entre ambas.

Hasta hace más o menos un mes y medio, Elisa Carrió tenía también excelentes relaciones con la VicePresidente de la Nación, Gabriela Michetti. Solían almorzar y tener reuniones en forma regular. Alcanzó que la ex Senadora porteña del PRO pusiera en duda la cordura de su ex “amiga” y el “rayo fulminante” de la Legisladora chaqueña la fulminó, lanzó una amenaza más o menos velada y ni las gestiones de Federico Pinedo alcanzaron para rehacer la relación, hoy virtualmente quebrada.

Ahora, Elisa Carrió atacó a María Eugenia Vidal en el nervio central del tema que más preocupa a todos en el PRO: El control de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Y el aporte de la creadora del ARI y la Coalición Cívica no fue para fortalecer la posición de la Gobernadora de Buenos Aires, sino todo lo contrario, atacó al único hombre que, con más o menos suerte, intenta ordenar la revuelta y tumultuosa interna de “Los Pata Negra”.

Pablo Bressi no es la elección ideal de María Eugenia Vidal o del Ministro de Seguridad bonaerense, Cristian Ritondo, para conducir “La Bonaerenses”, pero cuando se tratan de desarticular estructuras minadas por el delito y la corrupción, se debe acordar con una parte para poder destrozar a la otra; no se puede avanzar contra todos sin contar con aliados y la oposición no parece interesada en depurar a la Policía de la Provincia de Buenos Aires y, menos, el Poder Judicial bonaerense.

En La Plata creen que Elisa Carrió tiene un objetivo mayor: Evitar que María Eugenia Vida apoye a Jorge Macri en su intento de ser candidato a Senador Nacional por “Cambiemos”, el cargo que quiere la chaqueña. Pero hay un problema: ninguno de los dos tiene más de 5% de intención de voto, según las encuestas que hace el PRO; por lo que necesita otra opción. De allí sumar al neurólogo Facundo Manes al Gabinete bonaerense.

En el fondo, lograr o evitar el aumento de las tarifas de los servicios públicos, terminar de desmantelar al kirchnerismo y al peronismo y los movimientos de Sergio Massa y Elisa Carrió; más allá de baja la inflación y reactivar la economía, son claves para una buena o mala elección del PRO el año que viene. Por eso están en el centro de la escena política.