Mauricio Macri es un hombre obstinado, rencoroso y que no quiere que le pongan límites. No son calificativos despectivo hacia el Presidente de la Nación, al contrario, casi todo político que escalan a puestos de relevancia comparten esa características; por lo cual, se puede inferir que es parte de las condiciones necesarias que tiene que tener un individuo para crecer en el mundo político moderno. Y esas tres características quedaron confirmadas esta semana, en su pelea con Marcelo Tinelli.

En 1998, siendo Presidente de Boca Juniors, Mauricio Macri impulsó el proyecto para convertir los equipos de fútbol en Sociedades Anónimas. El tema se voto en la Asociación de Fútbol Argentino y perdió 38 a 1. Es famosa a frase que le dijo Julio Grondona en esa oportunidad, tomándole el pelo: “¿Qué vamos hacer? Mauricio, perdimos”. Nunca olvidó. Por eso, desde que juró como Presidente de la Nación, una de las metas del Mandatario fue evitar que Marcelo Tinelli o Hugo Moyano asumieran como Presidente de la AFA y avanzar en el proyecto de transformar los clubes de fútbol.

¿Tiene que meterse el Presidente de la Nación en el negocio del fútbol y en la interna de la AFA? Bajo las condiciones que impone la política del Siglo XXI, sin duda. Ahora, muchos analizaron la situación con los parámetros de hace 50 años, donde el fútbol era sólo un deporte y no un lugar donde confluyen lo popular, el manejo de masas, el control de barras bravas (muchas de ellas relacionadas con la droga y los delitos) e infinidad de negocios que se hacen totalmente en “negro”.

Valga una analogía: Es más importante, hoy, la AFA que la Unión Industrial Argentina o la Bolsa de Comercio. Julio Grondona demostró que sobrevivió a varios Presidentes de la Nación, mientras que los industriales viven en eterna interna y la Bolsa de Comercio es casi un sello de goma de lujo, dado que el verdadero poder está en el Mercado de Valores.

En los clubes que fútbol se mezclan sindicalistas poderosos con banqueros, industriales con financistas, vendedores de autos con desarrolladores inmobiliarios, ferreteros con diplomáticos. Es un mundo heterogéneo donde las alianzas se hacen por poder y por dinero. Es, en el fondo, un campo donde se interconectan y relacionan las más diversas y poderosas corporaciones políticas y de negocios de la Argentina. Y todo lubricado por negocios de cientos de millones de dólares, con directivos, jugadores y representantes millonarios y clubes totalmente fundidos, que no pueden sobrevivir sin el apoyo del dinero del Tesoro Nacional. Un mundo que debe ser analizado más allá de lo deportivo.
Así, la obstinación de Mauricio Macri por convertir los clubes en sociedades anónimas implica una racionalización del universo de entidades deportivas, por simple concentración económica; la separación entre clubes rentables y no rentables y la división entre el negocio y la actividad social y deportiva pura. Eso, sin duda, es una reforma notable para una corporación que, hoy, usa el deporte para hacer negocios y política.

En Casa Rosada reconocen que Mauricio Macri tiene un profundo enojo desde que Marcelo Tinelli permitió que Daniel Scioli fuera al “Bailando 2015” horas antes de la elección presidencial, lo que hizo creer al PRO que podía volcar el voto popular al kirchnerismo; y por no aceptar bajar su candidatura a Presidente de la AFA, como le pidió en una anterior reunión que tuvieron en la Casa Rosada.

Por fin, Marcelo Tinelli no es un simple conductor de televisión. Con 3 millones de televidentes, tiene mayor penetración en los hogares que todos los políticos juntos y sabe usar el humor para horadar el respeto a la figura presidencial; por algo que kirchnerismo prohibió los programas de humor político y condicionó las imitaciones que hizo el VicePresidente de San Lorenzo en sus versiones anteriores de “Gran Cuñado”.

Y chocaron los planetas. Marcelo Tinelli está imputado en la causa penal tributaria que presentó la AFIP por la falta de depósito de aportes sociales a empleados de Ideas del Sur, ya durante la gestión de Cristóbal López; y cree que es una forma de amenaza que nació en la Casa Rosada. Por su parte, Mauricio Macri no quiso que el conductor de televisión lo desgastara con una imitación que lo ridiculice, justo cuando las encuestas lo muestran en baja y la recesión arrecia en la economía.

Mauricio Macri no negocio con Marcelo Tinelli de igual a igual. Negoció como Presidente de la Nación con una figura mediática que puede infringirle un enorme daño político, más en vista de que la economía está lejos de recuperarse en el corto plazo, como prometió el propio Mandatario y todo el Gobierno durante casi seis meses.

El problema no fue la “cumbre” entre Mauricio Macri y Marcelo Tinelli o la agenda que tenía cada uno de ellos al sentarse a negociar (la reunión no fue para nada amena y tuvo momentos de alto voltaje y discusión), sino que la Casa Rosada quiso mandar un mensaje, pero lo hizo de la peor forma. El Gobierno quiso proclamar que no acepta que nadie le imponga condiciones, que están abiertos a negociar, pero que no aceptan chantajes. Sin embargo, terminando por crear un culebrón mexicano, que coronó con un intercambio de fotos por redes sociales que ridiculizó el mensaje.

Pero políticamente hablando, con el Caso Marcelo Tinelli, Mauricio Macri estableció que no le gusta que le pongan límites o le traten de imponer condiciones. Fue un intento, muy torpe por cierto, de reafirmar la autoridad presidencial, usando los códigos de comunicación del PRO, absolutamente sutiles, para no decir “débiles”, para el ecosistema político, social y corporativo que rige en la Argentina.

¿A quién le envió esa advertencia Mauricio Macri? ¿Al Grupo Clarín, para que no presiones por la venta de los derechos del fútbol y que acepte asociarse con Turner Television? ¿A Sergio Massa, para que no siga intentando obtener ventajas ante cada pedido de la Casa Rosada? ¿Hacia el kirchnerismo, que pese a su escuálido poder, no oculta ya su mensaje golpista? ¿Contra Juan Carlos Schmid, heredero de Hugo Moyano en la CGT, que amenaza con un paro general? Quizás fue para todos.

Las cifras de caída de producción y ventas de Julio han sorprendido a todos en el Gobierno. No esperan que la recesión se hubiera profundizado tanto a estas alturas y, lo peor, es que no hay seguridad que se hayan alcanzado valores piso; dado que una recuperación, en Agosto, puede ser adjudicada al efecto del pago de aguinaldo.

En la Casa Rosada son pocos los que reconocen los errores cometidos hasta ahora y consideran que se pone en duda la autoridades y legitimidad presidencial dado que las condiciones macro y micro son pésimas. Creen que no se les otorga el tiempo necesario para que las reformas realizadas hagan efecto y que hay una falta de confianza “inexplicable” por parte de industriales, banqueros, inversores, consumidores, periodistas y sindicalistas. Y actúan en consecuencia, negando la realidad.

Para este conjunto de funcionarios, existe la creencia de que el “mensaje” presidencial no llega a los ciudadanos en forma clara y contundente, por eso, como hizo Cristina Fernández, han ideado un sistema para llegar en forma directa a los ciudadanos, sin tener que pasar por los medios de comunicación: Usar los datos personales que tiene el Anses, sobre todo las direcciones de mailes. Sin duda, un camino muy distinto de la catarata de cadenas que hacía la anterior Mandataria; pero en el fondo, caen en el mismo error: creer que el problema está en el canal, no en el mensaje, o en el código o en el emisor.
Cuando la guerra con los medios se puso dura, el Gobierno de Cristina Fernández resolvió comunicarse con los ciudadanos en forma directa e impuso las cadenas nacionales, con show de stand up incluido y barras adictas, para que se luciera la Mandataria. Ahora, para distribuir noticias y fotos oficiales, el macrismo recurre a las redes sociales. De allí el plan para vender celulares a 2.200 pesos con capacidad 4G, para poder enviar video, fotos o documentos a los ciudadanos, para que llegue la información.

También con el mismo objetivo se analiza bajar los aranceles a la importación de celulares, tablets, televisores, impresoras y computadoras. Todo aquello que permite acceder a redes sociales. Hoy, el Gobierno no llega con su mensaje a los jóvenes, como bien lo confirman las encuestas y, como sostiene Kantar Wordpapers, 40% de los celulares 4G, en lo que va del año, lo compraron jóvenes menores de 25 años. Causa y efecto, unidos.

Así, la “cumbre” entre Mauricio Macri y Marcelo Tinelli y el plan de celulares 4G a 2.200 pesos tienen una base de análisis político serio, dado que están relacionados con la necesidad de que el Gobierno gane las elecciones del año que viene, para asegurar la gobernabilidad. Sin embargo, se hace bajo la ratio particular del PRO, con globos amarillos y mensajes; 180º lo contrario de lo que nos acostumbró el kirchnerismo durante 12 años. Quizás, por eso, se siente “extraño”, inútil o demasiado “light”.

Cerca de que se cumplan 9 meses de gestión de Mauricio Macri, los parámetros de análisis y acción política del PRO van tomando forma. La duda es si alcanzarán para obtener las metas que se fijan. Hasta acá, en el Congreso, han obtenido grandes triunfos, pero a un costo de dinero inmenso, tanto, que no permiten al Gobierno bajar el Gasto Público, pieza clave para tener éxito en la lucha contra la inflación.

Así, en tren de asegurar triunfos políticos ante la oposición, la Casa Rosada se impuso objetivos contradictorios y contraproducentes: al Tesoro Nacional, aumentar el Gasto, con su correspondiente emisión de moneda e inyección de liquidez; y al Banco Central, esterilizar moneda del mercado y contiene la emisión de pesos, todo a un costo de una tasa de interés feroz, que profundizó la tendencia recesiva de la economía.

Mauricio Macri quizás haya impuesto su voluntad sobre Marcelo Tinelli y Jaime Durán Barba y Marcos Peña ya tienen las bases de datos del Anses para mandar videítos y mensajes zen. Pero eso no son problemas. Como la famosa frase a Bill Clinton: “Es la economía, estúpido”.