A un paso de cumplir cinco meses en el poder, Mauricio Macri se encuentran en medio de un complejo galimatías político – económico que implica una virtual ruptura con fuerzas aliadas en el Congreso, estar a un paso de una dura derrota parlamentaria y con la posibilidad de tener que vetar su primera ley, con duras internas dentro de Gabinete, sin apoyo de los empresarios locales que exageran su cautela y una estanflación que golpea duramente a la clases más bajas y al núcleo duro de los votantes del PRO y del antikirchnerismo.

         Dos tercios del Gabinete no logran entender qué buscaron Mauricio Macri y Marcos Peña cuando decidieron que no se aceptaría una norma que suspendiera los despidos por seis meses. Unos dicen que fue para no dar una mala señal a los inversores extranjeros, otros que se buscó acerca al Presidente de la Nación a los empresarios locales, que son reacios a este tipo de limitación; y los menos aseguran que fue una forma de marcar una diferencia con el kichnerismo. A estas alturas, poco importa.

         La decisión de la “mesa chica” del PRO termino por generar una polarización en donde de un lado están los que, supuestamente, protegen el “trabajo argentino”, la mano de obra y los puestos de trabajo (heterogéneo conjunto que suma peronistas, kirchneristas, massistas, radicales, la izquierda radicalizada y hasta los bloques independientes; a eso hay que sumar sindicalistas y medios de comunicación kirchneristas).

         Del otro lado, según esta división antojadiza, están los que no les importa si una persona pierde su empleo, los que no entienden que hay una recesión que transita su quinto años y los que creen que es tiempo de ideologismos en vez de hacer política, un grupito compuesto básicamente por el núcleo duro del PRO y entidades con mala imagen como la Unión Industrial Argentina o las patronales que pedían por favor por Mauricio Macri y ahora le escatiman apoyo, inversiones y señales de confianza.

         En la Cámara de Diputados, cada cual hace su juego. Diego Bossio, el primer ex funcionario kirchnerista en volcarse hacia el Gobierno no acepta la decisión de la Casa Rosada. Tampoco el peronismo no kirchnerista, que se ha unido al kirchnerismo más oscuro para defender el “Cepo Laboral”. Históricamente, los radicales han acompañado a los peronistas en este tipo de medida, que tampoco ha tenido apoyo de Elisa Carrió, demasiado ocupada en las denuncias de casos de corrupción.

         ¿Qué ganó Mauricio Macri con esta estrategia, además de quedar “pegado” a algo tan denigrante como el despido de un trabajador y empresarios desaprensivos? Ah! Por ahora, una inmensa marcha de protesta que juntó a cuatro de las cinco centrales sindicales, una aplastante derrota en el Senado y se encaminan a tener otra derrota en l Diputados, si Sergio Massa se define por qué bando se va a terminan aliando.

         ¿Y beneficio? A la vista, ninguno. Es más, en las últimas horas, la Casa Rosada hizo trascender que busca un acuerdo con los empresarios para no despedir trabajadores, con el fin de poder vetar la ley con calma, o postergar su tratamiento, o bajarle intensidad a la derrota parlamentara. Cómo sea, la nueva decisión del Gobierno no hace más que confirmar que terminan decidiendo sin pensar políticamente, a simple prueba o error.

         La decisión de la Casa Rosada le abrió las puertas a Sergio Massa para que recupere protagonismo y se posiciones como el “arbitro final” de si el proyecto del Senado se convierte en ley o no. En tanto juega a cambiarle la agenda al peronismo proponiendo normas propias, repartiendo críticas graciosas al Gobierno, haciendo campaña presidencial permanente con el impulso de la Administración de Mauricio Macri.

         Así, el Gobierno paga un algo precio político y de imagen positiva por un proyecto impopular sin que el empresariado muestre signos de querer apoyar la Gestión de Mauricio Macri. Pero todo tiene un porqué y es necesario conocerlo, más allá de las tibias declaraciones de media docena de empresarios y las especulaciones que hay dentro del mismo macrismo.

         Mauricio Macri no fue la primera elección del establishment para ser el Presidente de la Nación que sucediera a Cristina Fernández. Hubo muchos empresarios e industriales que ganaron fortunas durante el kirchnerismo o creían que con algunos aportes de campaña podían sumarse a ese batallón de ganadores. Por eso la primera elección siempre fue Daniel Scioli.

         Para este grupo, el entonces Gobernador de Buenos Aires mostraba el perfil de capilaridad a los pedidos más aceptable (y desde el punto de vista económico, más barato), por lo cual, el sciolismo era una apuesta a tener un kirchnerismo de menor “grado de intensidad”; para mantener el status quo de muchos y “arrimar el bochín” otros.

         Para aquellos que quedaron en el bando “antikirchnerista”, Sergio Massa fue la opción. El mito dice que la candidatura presidencial del entonces intendente de Tigre nació en Nordelta, de la mano de un lobista industrial, un banquero y un financista. Rápidamente los grandes grupos económicos acercaron economistas amigos, lo que le otorgó un “aura” de ser el preferido del establishment.

         Mauricio Macri fue la tercera opción. La inesperada. En su paso como Jefe de Gobierno porteño, el hijo de Franco Macri hizo pocos negocios con los grandes grupos económicos, chocó con ellos cuando no apoyaron su candidatura presidencial en 2011 y tuvo que resistir las enormes presiones que realizaron para que se uniera con Sergio Massa, cuando crecieron las dudas de que el kirchnerismo no podía perder las elecciones.

         Si bien Mauricio Macri terminó por crear un “Gobierno de CEOs”, como dicen desde la oposición, esta fue una decisión tomada luego de ganar la Primera Vuelta. ¿O hay que recordar que el entonces Jefe de Gobierno porteño tenía sacado los pasajes para viajar de vacaciones a Italia para analizar su futuro político una vez que perdiera ante Daniel Scioli?

         La Fundación Pensar trabajó durante varios años, al parecer, en nada: dado que al ingresar al poder, Mauricio Macri y su equipo sólo pudieron estructurar una agenda de gestión de seis meses, con una decena de objetivos bien claros. Y esa agenda se cumplió con gran eficiencia y celeridad, desactivando un inmenso campo minado que dejó el kirchnerismo.

         Sin embargo, la elección del gradualismo para salir del retraso cambiario y la estrategia elegida para contener la inflación generó un recrudecimiento del proceso recesivo que, junto con el “sinceramiento” de las tarifas de los servicios públicos y el transporte, han dinamitado la capacidad de compra de las familias y congelado las inversiones.

         Y ahora, el “Gabinete Económico”, se debate entre la necesidad imperiosa de reducir el gasto público, bajar la inflación y reactivar al sistema productivo con el menor costo fiscal posible; con un tipo de cambio que no le alcanza a los sectores exportadores, sin que lleguen todas las inversiones esperadas y con un Estado que lanzó media docena de planes de obras públicas que, en el mejor de los casos, comenzarán en seis meses.

         Se sabía que después de la salida del default y el arreglo con los holdouts iban a ser los seis meses más difíciles de la Gestión de Mauricio Macri y, en vez de preparar una agenda que permitiera esquivar a sensación de ajuste, la pésima estrategia política se combinó con la muy mala comunicación para envolver al Gobierno en discusiones donde tiene todo para perder y anuncio que no tienen impacto en los medios de comunicación y, por ende, en los ciudadanos.

         Y la percepción de debilidad del macrismo es notable, pese a que delante tiene una oposición desarticulada y con escaso potencial de daño real, pero que tiene mejor comunicación y hace más y mejor política que la Casa Rosada. A tal punto, que hoy hay decenas de críticos al Gobierno, pero Mauricio Macri no tiene quién lo defienda, mi sus decisiones, ni sus anuncios, ni sus medidas, ni sus metas. A fuerza de ser sinceros, es un Presidente de la Nación que habla sólo, en medio de un griterío opositor.

         En las últimas dos semanas, los funcionarios oficiales han comenzado a hablar de la “herencia”. Es tarde para ello. Hace cinco meses debería haberse hecho. Mauricio Macri expresó el “dolor” que causan las medidas que toman. Tarde, eso se hace antes, cuando se prepara el terreno para el anuncio de la decisión y cuando se hace el anuncio mismo. Ahora se tratan de cambiar las expectativas. También tarde, desde Diciembre se sabía que desde Abril las cosas empeorarían, desde entonces se deberían hacer “sembrado” el destino final al que llegaremos una vez que pase el ajuste.

         En las próximas semanas, Mauricio Macri pone a prueba su liderazgo. Deberá colocar a radicales detrás de su rechazo al “cepo laboral”, deberá erradicar las internas crecientes dentro de su Gabinete, en especial el choque entre el Ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay; y el titular del Banco Central, Federico Sturzengger; deberá alinear también a los empresarios a sus objetivos y, sobre todo, deberá hacer que “la gestión gestione”, aunque parezca paradójico. Hoy que comenzar ya con aplicar los planes de viviendas, hídricos, vial, turismo y otros que se anunciaron.

         Las debilidades y errores que comete el Gobierno de Mauricio Macri y sus ministros fortalecen a un kirchnerismo que están en notable decadencia, le otorgan espacio de maniobra a un peronismo desarticulado para unirse contra un enemigo común, deja lugar para que Sergio Massa brille, abre un flanco para que Elisa Carrió maneje su agenda en forma independiente y permite que los radicales actúen como si fueran parte de otro Gobierno.

         Las debilidades y errores que comete el Gobierno de Mauricio Macri y sus ministros le permiten a los opositores articular un discurso en donde minimizan la “herencia”, cuando no la ignoran o tergiversan; y a los aliados una facilidad para “diferenciarse” de los malo y soñar con quedarse con el caudal de votos macrista en el futuro, en especial, porque todas las fuerzas políticas ya están imaginando su estrategia para las elecciones legislativas del año que vienen y, en el fondo, todos creen que parándose en frente del PRO tienen grandes chances de sumar diputados y senadores para condicionar, definitivamente, al Gobierno macrista.