La esperanza es lo último que se pierde, según cualquier especialista en campañas electorales que debe convencer al candidato de seguir adelante. No se iba a hablar de economía pero se habla todo el tiempo de economía. Se iba a hacer campaña con la ‘causa Cuadernos’ en juicio oral y público pero apareció la ‘causa D’Alessio’ que será elevada antes a juicio. Se iba a hacer campaña con el ‘rebote’ de la economía luego de la ayuda del FMI pero sólo queda la inestable ‘pax cambiaria’ gracias al dinero del Fondo y la esperanza de que el milagro del triunfo aún puede suceder. A Jaime Durán Barba le queda solamente la ‘polarización’ extrema para quitarle todos los sufragios posibles a José Luis Espert, Roberto Lavagna, etc. De todo esto trata el editorial dominical de Claudio Chiaruttini en ‘in Saco y Sin Corbata’:

Marketing y organización contra estructura territorial y “relato”, así puede diferenciarse cómo encara la campaña electoral cada lado de “La Grieta”. Son dos modelos ideológicos, políticos, de estilos, de praxis.

** Uno, se asienta en el laboratorio, el Excel y las RRSS (redes sociales).

** El otro, en los gobernadores, los intendentes, los gremios, los “punteros” y, sobre todo, en Cristina Fernández de Kirchner, quien sigue siendo central para el votante kirchnerista.

El Gobierno de Mauricio Macri pone todas sus fichas a la figura de María Eugenia Vidal, para sumar votos en la Provincia de Buenos Aires, y en Marcos Peña, como Jefe de Campaña.

Jaime Durán Barba dice que una campaña requiere de tres elementos para ser exitosa:

** candidato,

** estrategia y

** financiamiento.

Si es así… Macri tiene en 2019 menos intención de voto e imagen positiva que en 2015; la estrategia es repetir “hacemos” y no prometer nada a futuro, dado que con el “2do. semestre” o los “brotes verdes”, la credibilidad, en terreno económico, se derrumbó. Dinero, sobra. Sin embargo, no hay encuestas que den ganador a “Juntos por el Cambio”.

Por su parte, el kirchnerismo aparece con una estrategia un tanto desarticulada, pero no es así.

Alberto Fernández es candidato presidencial, principal vocero de campaña y actúa de “armador”, alineando la tropa kirchnerista y peronista en todo el país. Y casi no tiene que hablar de economía ni criticar al macrismo, la crisis económica y social le hacen la campaña mucho más sencilla. Tan malo es el resultado de la economía macrista, que muchos extrañan los 6 años de recesión kirchnerista.

Ya no es una elección entre “menos malos”, tal como quiso plantear Durán Barba. Cada vez más, se profundiza “La Grieta” y se enfrentan dos modelos ideológicos, cada uno con su “fantasía” económica a cuestas. El macrismo, repitiendo “vamos bien”; el kirchnerismo diciendo “vamos cada vez peor”. Y ante los dos “relatos”, el ciudadano, el votante, se toca el bolsillo, analiza su economía personal y comienza a decidir su voto.

Marcos Peña había planificado que en la campaña electoral no tenía que hablar de economía. Sin embargo, casi no se habla de otra cosa.

Puede ser por un paro de los gremios aeronáuticos, o por el Acuerdo de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, o cada vez que el INdEC da a conocer sus informe o cuando se producen muertes de personas en situación de calles, por el frío. Todo pasa por la economía, todo cae en “La Grieta”. Por eso vemos al macrismo defendiéndose y al kirchnerismo (y toda la oposición) atacando. Hasta acá, podemos hablar de fracaso de estrategia electoral peñista de evitar la economía como tema de campaña.

Hoy, el Gobierno de Macri sigue apostando a la “alquimia electoral” para explicar cómo pueden ganar la elección. Especulaciones sobre cortes de boleta, arrastre de votos de las PASO a las Generales y de las Generales al balotaje (si se produce) se mezclan con teorías sobre boletas “cortas”, gobernadores e intendentes “traidores” y ‘aparatos‘ que quedaron fuera de las boletas del kirchnerismo, ocupan horas de discusión dentro del equipo electoral del macrismo.

Mientras tanto, Alberto Fernández se multiplica. De una reunión a otra. Cerrando heridas que dejó el cierre de listas que decidieron la ex Mandataria y Máximo Kirchner, articulando recorridas de candidatos, asignando roles en la campaña. Así, Alberto F. encabeza un esfuerzo que en el macrismo hacen una docena de dirigentes de primer nivel. No es que esté solo, pero el ex Jefe de Gabinete confía más en su trabajo personal que en los equipos de estructura empresarial del macrismo.

Pese a parecer un “hombre orquesta”, Fernández, electoralmente hablando,“no existe”, es decir, no impulsa los votos, ese rol es para CFK, quién mantiene el liderazgo en imagen y quien cumple fielmente el rol que le dieron en la campaña electoral: hacer una gira nacional presentando su libro, “Sinceramente”; un formato “cerrado” que permite evitar las “exuberancias” de los stand-up que protagonizaba la ex Mandataria todas las tarde en la Casa Rosada.

Ahora, CFK enfrenta a su auditorio sentada, no hay pancartas, es un “acto” político disfrazado de “gira literaria”. No hay riego de violencia, ni de pelea por espacios, ni nadie hace “punteo” sobre ausencias y presencia. Su tiempo para hablar está acotado, así como la temática (aunque nunca deja de lanzar sus “dardos”), si hasta casi dejó la costumbre de enviar mensaje a través de sus RRSS.

Así, desde el punto de la campaña electoral, sin duda estamos ante la presencia de una “Cristina herbívora”. El “vamos por todo”, sin duda aparecerá si el triunfo está más cercano.

Mal que les pese a Durán Barba y a Peña, 2019 no es 2015. Ya no tienen adelante a CFK imponiéndole candidatos a Daniel Scioli. Ya no hay un candidato presidencial del kirchnerismo con discurso vacío y una Mandataria en ejercicio con discurso incendiario. Ya no hay medios kirchnerista taladrando sobre el “éxito” del modelo “Nacional y Popular de Industrialización y Redistribución de la Riqueza”, tal como lo bautizaron en medio de cuatro años seguidos de recesión, cepo cambiario, default, fuga de capitales y 30% de pobreza.

Tampoco se parece 2019 a 2015 en cuanto al panperonismo. Hace 4 años, kirchnerismo y peronismo no kirchnerista estaban bien separados. Si bien Daniel Scioli y Sergio Massa eran similares, la presencia de CFK dividía las aguas. Hoy, cuando Alberto Fernández sumó a Sergio Massa sabía que “Alternativa Federal” se había convertido en un fantasma electoral. De esta forma, el ex Jefe de Gabinete, hizo caer al macrismo en la trampa que ellos mismo tendieron: la ultrapolarización.

Si en algo se parece 2019 respecto de 2015 es que Macri y Vidal “corren de atrás”. Ninguno de los dos se imaginaba ganando hace casi cuatro años. Hoy, nadie que sepa de política los ve ganando. Pero una cosa es no aparecer con chances de imponerse estando en la oposición que buscar una reelección luego de casi 4 años de mala gestión nacional, que opaca lo que se pudo haber hecho en territorio bonaerense.

Además, hoy, María Eugenia Vidal no tiene enfrente a Aníbal Fernández, un nombre que en la campaña se lo relacionó con el narcotráfico. Hoy está un “herbívoro” Axel Kicillof, que encanta a los jóvenes y las mujeres, que se siente más cómodo hablando de economía nacional que de los problemas de la 5ta. Sección bonaerense, si es que sabe qué municipios forman parte de la 5ta. Sección.

Más allá sobre su mala gestión como ministro de Economía, que ante la crisis macrista ha pasado a ser mucho mejor recordada por aquellos que hoy están peor que hace 5 años; la máxima acusación que se le puede hacer es su condición de porteño, lo que hace que las críticas terminen por funcionar como propaganda de un desconocido para el votante bonaerense que como un demérito para elegirlo gobernador.

Una palabra repite el macrismo: “Hicimos”. Y sin duda, hicieron. La duda es si hicieron lo que la gente les pidió que hicieran cuando los votaron en 2015.

En ese sentido, Mauricio Macri está en falta, el voto que recibió tenía tres grandes mensajes:

** que el kirchnerismo no se entronice en el poder (algo que se logró),

** saquen a la economía de su crisis (acá se falló ampliamente), y

**  no dejen que el peronismo vuelva al poder (eso, hoy, parece que no se podría cumplir).

Al contrario, los errores macristas, la crisis económica que desató colocar las tasas en niveles irrisorios para frenar la inflación y la salida de dólares, impulsan el voto a favor el kirchnerismo.

Diferente es el caso de Vidal. El voto bonaerense tuvo dos grandes sentidos:

** “eviten que la droga controle la provincial” (por ahora, le dan batalla, pero lejos está de haber caída el consumo de droga entre los jóvenes) y

** “hagan algo” con la provincia (y obras han hecho, por montones).

Y los estudios que se hicieron son contundentes: sin la presencia de Mauricio Macri, la reelección de la gobernadora estaba asegurada; pero cuando le impidieron desdoblar la votación, la colocaron en un escenario donde, hoy, tiene perdida la elección frente a Axel Kicillof.

Hoy, el Gobierno de Mauricio Macri se prepara para una derrota electoral en las PASO.

Durán Barba prefiere que así sea. Es más, su equipo considera que cuanto mayor sea la diferencia a favor del kirchnerismo, más votos saldrán de otras fuerzas para el macrismo en la elección general.

Sin embargo, puede ser una estrategia errada, como lo fue polarizar, al extremo, con el kirchnerismo.

El repunte que muestra en las encuestas Mauricio Macri suele ser atribuido a la tranquilidad del dólar, un mensaje de marketing electoral que quiere significar que el “modelo” de tasas ultra altas y peso levemente devaluado es exitoso.

Sin embargo, la raíz de este comportamiento parece haber comenzado con la definición de las candidaturas y se mantiene en la creencia de Wall Street de que Mauricio Macri tiene más chances de ganar.

Desde que CFK se bajó de la candidatura presidencial, el riesgo-país cayó 300 puntos, el costo de los Certificados de Default, otros 300 puntos; acciones y bonos no han dejado de subir; el dólar está contenido, el Banco Central bajó más de 100 puntos porcentuales la tasa de Leliq y el drenaje de divisas es “razonables” para tiempos preelectorales.

Sin embargo, el “veranito” en algunas variables puede no sostenerse una vez que se realicen las PASO. ¿Qué pensará Wall Street si la diferencia el kirchnerismo sobre el macrismo es muy amplia? Es cierto que hay reservas de sobra, pero la estabilidad cambiaria, que hoy puede ser calificada como “endeble”, puede quebrarse.

Alberto F. ya fue claro que, en caso de ganar, renegociará los vencimientos de deuda 2020 y 2021 con el Fondo Monetario Internacional; y Axel Kicillof reflota la idea del cepo y el freno a los capitales financieros.

Del lado del Gobierno sólo atinan a decir que “vamos a hacer lo mismo, pero más rápido” y no se sabe si seguirá Nicolás Dujovne en el cargo. Todo demasiado endeble para mantener la actual “pax cambiaria”.

Para las PASO faltan, contando hoy, 6 domingos. Un plazo que, para unos, es muy corto, pero para otros, largo. Depende si se sienten ganadores o perdedores. Pero recién las PASO dirán cómo piensan los votantes.