Cuatro hechos políticos signaron la última semana de Gobierno de Mauricio Macri y las horas previas de la jura como Presidente de la Nación de Alberto Fernández; hechos que dibujaron el futuro escenario político donde queda claro el regreso de la peor versión de Cristina Fernández, el posicionamiento que asumirá Mauricio Macri fuera de la Casa Rosada y la debilidad y complejo entramado de distribución del poder dentro del designado Gabinete albertista.

Se ha escrito y hablado mucho sobre la presentación que realizó durante 3 horas y 33 minutos Cristina Fernández, señalando con el dedo acusados a propios y extraños, negando (como siempre hace) cualquier responsabilidad sobre la acusaciones y maltratando a 3 Jueces Federal que eligieron callar para no exponerse a un intento reemplazarlos en el juicio o crear condiciones para que les inicien juicios políticos.

Cristina Fernández trazó en su extensa presentación, trasmitida ilegalmente por C5N y Crónica TV, “colgada” en Youtube en forma completa o dividida en temas y que pronto será impresa para su venta a la militancia; la misma línea discursiva que tuvo desde siempre: Enemigos externos e internos todopoderosos que la culpan de delitos que nunca cometió sólo por el hecho de ser mujer y una gobernante exitosa. Y aunque sostiene su inocencia, se niega a responder las más de 150 preguntas que tenían los Magistrados que, al final, hicieron demostración explícita de lo que no debe hacer un Juez, al frente de su tribunal, ante un acusado que no los respeta.

Pero también las palabras y actitudes de Cristina Fernández expresaron el mayor temor que tiene la ex Presidenta de la Nación: No quiere, ni soportaría, ir presa. Ese dato le da consistencia al motivo por el cual renunció a encabezar la fórmula presidencial del Frente “Todos” y el por qué tomó el control del Senado, casi tiene el control de Diputados y se dio el gusto de colocar y vetar futuros Ministros de Alberto Fernández; y también explica el motivo por el cual el futuro Mandatario colocó a su socia en el Estudio Jurídico al frente del Ministerio de Justicia y que sus “operadores” ocupen posiciones nominalmente secundarias, pero respaldatoria de las acciones que puedan realizar en la Justicia.

Mauricio Macri protagonizó dos hechos políticos de importancia en la semana: Su primer y única cadena por radio y televisión y la movilización a Plaza de Mayo. La “Rendición de Cuenta” duró 40 minutos y le falto una profunda y seria autocrítica. La Plaza del “Sí, se puede” tuvo una alocución presidencial que no llegó a 10 minutos, perdiendo otra vez una oportunidad de dejar un mensaje histórico, convirtiendo la marcha en un hecho menor: Demostrar la popularidad de un político que perdió la reelección, la Provincia de Buenos Aires y el control de lo que fue su plataforma de lanzamiento político, Boca Juniors.

La decisión de la Universidad Católica Argentina de difundir los datos de pobreza e indigencia que iban a presentar en Marzo tuvo la innegable intencionalidad de desmoronar la cadena presidencial. Negarlo demuestra hipocresía. Pero comparar datos de 2015 con 2019 sin aclarar que la metodología de medición se cambió 2 veces es de una deshonestidad intelectual impropia de un académico o investigador social; por lo cual, invalida cualquier informe presente o pasado y es aplicable aquí la doctrina del “fruto del árbol envenenado”, nacida en Estado Unidos en 1920.

Cuatro cosas son destacables de la salida del poder de Mauricio Macri: el Decreto que obliga a futuros Mandatarios a realizar un balance de su gestión por medios audiovisuales (que seguramente será derogado en pocos días o simplemente ignorado), la intención de imponer un protocolo de transmisión del mando presidencial (que duerme el sueño de los justos en el Senado), el balance que tuvo que hacer cada funcionario que encabece un sector (un fin digno de un Gobierno que sufrió sobredosis extrema, casi adicción, de excels, powerpoints y PDFs) y el facilitar la transición con el futuro Gobierno (que no se pudo llevar a cabo, dado que Alberto Fernández estuvo demasiado ocupado negociando con Cristina Fernández la distribución del poder dentro del futuro Gabinete).

Pese a las 30 marchas previas a las elecciones Generales, los informes de gestión, las buenas intenciones, la sobria y vacía Cadena Nacional y la multitud presente en Plaza de MayoMauricio Macri será recordado por haber aumentado en 5 millones la cantidad de pobres e indigentes (con casi 60% de los menores de 17 años en ese rango), el haber sumado u$s74.000M de deuda externa, los 4 años de recesión, dejar un cepo mayor al que impuso Cristina Fernández, la cesación de pagos (para no llamarla default) y una inflación que destrozó la capacidad de compra de las familias.

El cuarto hecho político de la semana fue la presentación de los Ministros que forman parte del Gabinete de Alberto Fernández, una selección y armado fruto de intensas negociaciones, vetos diversos y una necesidad imperiosa de “devolver” favores a los grupos que lo ayudaron a llegar a la Casa Rosada como Presidente de la Nación, dibujando un mapa variopinto donde abundan la falta de experiencia en la gestión pública.

Mucho se escribió sobre quién puso a quién o quién está adentro o quedó fuera del futuro Gabinete, una demostración de la dificultad que implica plasmar en realidad las alianzas electorales. Todos los funcionarios de la Casa Rosada, salvo el Ministro del InteriorEduardo “Wado” de Pedro, son personas fieles a Alberto FernándezCristina Fernández colocó tres o cuatro figuras en lugares claves, pero el futuro Mandatario impuso otras en espacios que neutralizan esas posiciones (como es Marcela Losardo en Justicia Daniel Rafecas, posible Procurador General, frente a Carlos Zannini en la Procuraduría del Tesoro Sabrina Frederic en Seguridad).

Si bien los Gobernadores quedaron afuera del Gabinete, salvo Gildo Insfrán que, gracias a la intervención de Cristina Fernández, colocó al Presidente de la Bancada de Senadores del ahora “Frente de Todos” y al Ministro de Agricultura (Luis Basterra), no son los únicos, los colectivos sociales y los sindicalistas que hoy conducen la Confederación General del Trabajo se quedaron con las ganas, pese a que se pasó de 10 ministerios esperados a 21, que la cartera Económica fue dividida en 5, que hay ámbitos para los derechos humanos (la propia Secretaría del área, el Inadi y el nuevo Ministerio de la Equidad) y 4 que trabajarán en acción social (Daniel ArroyoMatías KulfasGinés González García Victoria Tolosa Paz).

Conseguir que tres Diputados electos por listas de “Juntos por el Cambio” se fueran a un bloque cuasiperonista le valió a Sergio Massa conseguir un Ministerio (Transporte, con Mario Meoni, aunque debajo estará Guillermo López del Punta, hombre de Hugo Moyano y “La Cámpora” conducirá Aerolíneas Argentinas) y un puente para operar sobre los “Barones del Conurbano” (AYSA, con Malena Galmarini, aunque todos creen que la ejecutividad estará en manos de su padre, Fernando “Pato” Galmarini).

Lo cierto es que Alberto Fernández tendrá ministros que conoció hace pocas horas. Nunca trabajó con ello, no saben si obedecerán a sus mandantes, incluso, si no son “topos” de algunas de las tribus participantes del Frente “Todos”. Y si bien casi todos los ministros tienen una misma raíz ideológica, los matices de la izquierda son importantes y no se sabe si podrán coordinar sus acciones, coincidir en ellas o evitar contradicciones. Eso obligará al futuro Mandatario y a su Jefe de Gabinete (un hombre sin experiencia en la gestión) arbitrar en muchos conflictos.

Para la economía, Alberto Fernández eligió candidatos que tienen sus propias estrategias de acción, como Mercedes Marcó del Pont en la AFIPMatías Kulfas en Desarrollo Económico, Martín Guzmán en Economía o Miguel Pesce en Banco Central. ¿Coinciden todos en lo que se debe hacer? ¿Es sustentable en el tiempo? ¿Corregirá los problemas macroeconómicos heredados de Mauricio Macri? Por ahora, no hay respuesta.

La verdad, luego de tener como potenciales Ministros de Economía a Martín Redrado o Guillermo Nielsen, para luego pasar a Cecilia Todesca y Emmanuelle Álvarez Aguis y terminar con Matías Kulfas Martín Guzmán habla  a las claras del pésimo diagnóstico de la crisis económica (y sus posibles soluciones) que tiene Alberto Fernández y, antes de anunciar oficialmente una sola medida, el desaliento domina en el “Círculo Rojo”.

Pese a que Alberto Fernández critica siempre a Mauricio Macri, la verdad, es que en este arranque de gestión se parecen bastantes: Echan la culpa a sus antecesores de los problemas heredados (“la pesada herencia”), crearon sus propias “mesas judiciales”, dividieron el Palacio de Hacienda para no tener “súper” ministros de Economía, colocaron como Jefes de Gabinete personas sin experiencia en la gestión (ser Secretario Privado no es gestionar un país), se rodearon de amigos y confiables y tienen pocas mujeres en sus Gabinetes (pese a tener compañeras de fórmulas mujeres). Si hasta diseñaron sus propias juras.

También comparten Alberto Fernández y Mauricio Macri el condicionante de sus gestiones, pasada y por venir: la Economía. El mandato a ambos fue y es sacar a la Argentina de la crisis, crear empleo, conseguir inversiones, hacer competitiva la producción nacional, solucionar los problemas de deuda interna y externa y normalizar el mercado cambiario. Si hasta ambos eligieron combatir el hambre como meta de su gestión.

Los medios y periodistas kirchneristas sostienen que el equipo de Alberto Fernández tiene coherencia ideológica, un mismo modelo de país y modelo económico y social por imponer. Bueno, Mauricio Macri y sus ministros también lo tenía. Coherencia no implica la aplicación de políticas exitosas. Lo que es bueno en los papeles, no tiene por qué serlo en la realidad. Es el caso de la Teoría Monetaria Moderna o la estrategia de negociación de deuda que se piensa aplicar desde el martes.

El kirchnerismo siempre sostuvo que el Consenso de Washington usó la Argentina como campo de experimentación de su modelo económico. Bueno, ahora, la izquierda económica estadounidense piensa usar a la Argentina para experimentar no una, sino dos ensayos académicos. Eso eligió Alberto Fernández, algo de lo que no podrá culpar a Mauricio Macri.