Finaliza 2019, el año donde ocurrió todo lo que era imposible que ocurriera, lo que confirma que Argentina es país impredecible, dado que sus políticos son impredecibles en sus acciones, pero no en sus malas costumbre, en su desmesura por el personalismo, en su improvisación perpetua y en su costumbre de repetir las mismas acciones y políticas públicas una y otra vez, pese a que fracasaron 20 veces en los últimos 70 años.

Era imposible que Mauricio Macri no encaminara la economía antes de la elección, tenía tiempo de sobra. Pero no sólo no la encaminó, la estrelló. Entró al Gobierno con cepo, fuga de divisas, default, recesión, falta de inversiones y alta pobreza y se fue con cepo al cepo, default virtual, fuga de divisas, dura recesión, desaparición de las inversiones y dejó más pobres de los que encontró. También era imposible que se presentara para un segundo mandato y que evitara que otro se presentara en su lugar, y lo hizo.

Era imposible que Roberto Lavagna pudiera aspirar a una candidatura presidencial luego de su fracaso electoral previo. No sólo fue candidato, tuvo un fracaso aún mayor y, en el camino, destrozó lo que podría ser una alternativa peronista electoral: El Peronismo Federal, que conformaron 4 figuras (Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey, Miguel Ángel Pichetto y Juan Schiaretti) que terminaron cada uno en una fuerza política diferente.

Era imposible que Cristina Fernández no fuera candidata a Presidente de la Nación. No sólo se bajó de la postulación sino que eligió como su reemplazo a una persona con la que estaba peleada hace pocos meses, que nunca fue cabeza de lista, que no tiene territorio, que ni siquiera figuraba en las encuestas como candidato posible. Al final, impuso un Presidente.

Era imposible que el panperonismo se uniera, pero se unieron. Su odio a Mauricio Macri fue mayor que sus peleas internas. Se dieron cuenta que si seguían en el llano corrían riesgo de desaparecer. Por eso se unieron, para sobrevivir políticamente, para reconvertirse. Volvieron para quedarse.

Era imposible que “Cambiemos” tuviera un candidato a VicePresidente de la Nación peronista y, menos, que fuera Miguel Ángel Pichetto. Ahora es desclasado del panperonismo que intenta jugar a “armador” de lo que será una nueva etapa de “Cambiemos”, ahora, en el llano, en casi todo el país.

Era imposible que los radicales perdieran 6 capitales de provincias que gobernaran, pero las perdieron. Era imposible que María Eugenia Vidal perdiera ante un desconocido y desgarbado porteño llamado Axel Kicillof,  pero perdió por 20 puntos porcentuales, una derrota que no estaba en ningún escenario electoral serio que se hizo en la Argentina.

Era imposible que la centro derecha antikircherista fuera separada, pero los inmensos egos de Roberto Lavagna, José Luis Espert y Juan José Gómez Centurión lograron el milagro: Fueron verdaderos fracasos electorales, pero le permitieron a Alberto Fernández volver a traer a La Cámpora y al kirchnerismo de paladar negro al poder.

Y el kirchnerismo volvió a la Casa Rosada y a gobernar la Provincia de Buenos Aires, haciendo gala de un culto al personalismo exacerbado. Se dejó de jurar por Dios, la Patria y los Santos Evangelios para jurar por Perón, Evita, Néstor, Cristina, los desaparecidos, los pobres y otras excusas ideológicas que conforman un nuevo panteón de dioses paganos, un nuevo santoral repleto de personas a los que se les asigna atributos ideales, imaginarios, ideológicos conformando un culto político.

El personalismo extremo va de la mano de la voracidad de poder, de incrementar la “caja”, de sumar facultades extraordinarias; y entonces vuelve el “Estado Excepción”, una eternas excepcionalidad que se torna en continuidad; una excepcionalidad que apenas tiene límites, límites que se pueden violar una y otra vez recurriendo a la excepcionalidad misma. Y entonces, usando como excusa el “Estado de Excepción”, el peronismo, que nada deja pasara nada a otras fuerzas políticas cuando gobiernan, se permite todo a sí mismo.

Así, nadie puede tocar las jubilaciones, hasta que las congela el peronismo. Nadie puede intervenir en las paritarias, hasta que el peronismo ordena sumas fija de aumento de salario. Nadie puede tocas los esquemas impositivos, hasta que se hace una reforma fiscal en dos Sesiones legislativas express. Nadie puede tocar la caja de los Gobernadores, hasta que el peronismo decide hacer una paritaria docente nacional y un Ministro de Educación porteño dice cuánto deben gastar en educación las provincias.

Es casi imposible gobernar con este doble estándar, donde unos no pueden hacer nada y, ellos, pueden hacer cualquier cosa. Ley rígida, estricta para unos. Ley laxa y ajustable a la ideología o las necesidades políticas del momento para otros. El kirchnerismo grita y patalea cuando Mauricio Macri despide 70.000 empleados públicos que dejó el kirchnerismo como herencia. Pero apenas asumen, lanzan razzias hasta por WhatsApp para echar a todos aquellos que entraron a la estructura del Gobierno de la mano del macrismo.

Como bien destacó Martín D´Alessandro en Clarín, la Argentina sufre problemas estructurales desde hace décadas. Antes del macrismo y antes del kirchnerismo. Pero macristas kirchneristas los profundizaron. Pobreza, inflación, desigualdad, falta de inversiones, un Estado grande, bobo e ineficiente; una presión fiscal récord y una estructura impositiva regresiva, la eterna deuda soberana, un empresariado parásito del Estado, el crédito blando, la protección arancelaria y la concepción rentístico del negocio; un sindicalismo enemigo de la productividad y la modernidad, un sistema de jubilaciones estallado, inequitativo y judicializado; un esquema de subsidios imposible de desarmar, una dirigencia política mediocre y una intelectualidad que se quedó en los 70, en el mejor de los casos.

Nada de todo esto soluciona la cesión de facultades del Congreso al Presidente de la Nación ni al Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva, ni el “Compromiso Argentino por el desarrollo y la solidaridad”. Tenemos un Congreso que se tomó menos de 96 horas para votar una Ley que reasigna más de 13.000 millones de dólares de los privados, una redistribución de fondos pocas veces vista en la historia argentina. Todo a cambio de dos cuotas de 5.000 pesos para algunos jubilados y una tarjeta de 6.000 pesos para algunos pobres.

La Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva tiene poco de “solidaria” y casi nada de “reactivante”. El “modelo albertista” sigue la matriz de los años 60 y 70: El Estado inyecta dinero en los bolsillos de la gente u ofrece créditos blandos, los privados consumen o producen con los fondos públicos. Dos o tres sectores salen beneficiados, el resto “paga la fiesta” de unos pocos. El populismo toma vuelo, hasta que la plata se acaba.

Es un modelo de desarrollo endógeno, que olvida al mundo, a los capitales internacionales, al desarrollo tecnológico. Un modelo basado en aumentos salariales o previsionales compulsivos ordenados desde la Casa Rosada, créditos blandos, mayor presión fiscal, tratar de no atrasar el tipo de cambio y negociar una quita importante en la deuda en default. El esfuerzo fiscal lo hace el privado, el Gobernante regala plata ajena.

Mientras que Mauricio Macri no pudo, no supo o no quiso hacer la “revolución cultural”, Alberto Fernández y las huestes kirchnerista vuelven con la idea de imponer el pensamiento hegemónico. “La Grieta” la han convertido en una variación argenta de la tradicional visión de “lucha de clase” marxista. Así, el “vamos por todo” se reconvierte en una pelea entre “ricos” y “pobres”, aparece la excusa de la “tierra arrasada” y el “Estado de Excepcionalidad” que todo lo permite. Entonces, de un plumazo, se eliminan todos los protocolos de seguridad que dicto el macrismo, dando, nuevamente, prioridad a los victimarios y abandonado a las víctimas a su suerte. En el fondo, en esta concepción, el delito es clasista y es otra forma de la “redistribución de los recursos”.

Alberto Fernández recién comienza su mandato. Por ahora, como buen peronista, se aseguró facultades extraordinarias y más “caja”. En el “mientras tanto”, camporista y kirchneristas de paladar negro comenzaron a desarmar lo hecho por el macrismo. Recién ahora, comenzaremos a ver cómo serán estos 4 años en el poder. Allí deberá develar Alberto Fernández si es una versión extrema del kirchnerismo o una forma moderada de peronismo.

El albertismo toma forma, con un Mandatario que no tiene programado reunirse con Donald Trump, el Fondo Monetario Internacional Jair Bolsonaro; pero puede viajar a México y fracasar en su intento de crear un eje México – Buenos Aires, encabezar el Grupo de Puebla, refugiar a Evo Morales, intentar influir en las elecciones uruguayas y criticar al Gobierno de Sebastián Piñera. No tendremos Cancillería, pero queda claro de qué parte del mundo Alberto Fernández colocar a la Argentina.

Crear media docena de tipos de cambio, modificar el esquema y aumentar la presión fiscal, imponer la doble indemnización al tiempo que congela jubilaciones, paritarias, tarifas públicas y pasajes del transporte público; y nombrar familiares y militantes en forma alarmante; se combina con darle la espalda a Hugo Moyano, negociar con Roberto Lavagna cargos públicos, desbaratar todas los protocolos de seguridad que impuso el macrismo y amenazar con “revisar” las pericias de los Casos Santiago MaldonadoAlberto Nisman Rafael Nahuel van diseñando el perfil ideológico de un Gobierno que no repudia su pasado peronista, ni su pasado kirchnerista, sino todo lo contrario, lo reivindica.

Un párrafo aparte merece la oposición. Es difícil concebir un político que quiera ser el líder de la oposición y en el momento en que se negociar una Ley Ómnibus con inmensos cambios fiscales y cesión de facultades Parlamentarias que prefiera viajar a Qatar para ver la final del Mundial de Clubes, en vez de ir al Congreso para encolumnar a los Legisladores opositores. Tampoco se concibe a una ex Gobernadora que dice que seguirá trabajando en la Provincia de Buenos Aires que en medio de la discusión por la Ley Fiscal bonaerense elige viajar a Francia para pasar un fin de año romántico. ¿Así creen que se construyen liderazgos opositores?

La verdad es que ni Mario Negri, ni Cristian Ritondo, ni Maximiliano Ferraro pudieron ordenar a la Bancada de Diputados de “Juntos por el Cambio”. Mientras prometían dar quorum en la Sesión Extraordinaria, dos Legisladores marginales, por Twitter, estaban creando un levantamiento que casi deja sin quorum en Diputados. Afortunadamente para Alberto Fernández, Sergio Massa advirtió la anarquía opositora y arrió votos lavagnista y de Legisladores que responde a Gobernadores para poder comenzar la Sesión Extraordinaria y asegurarse la aprobación de la norma.

Pero el descontrol y anarquía que muestra la oposición no implica que no exista oposición. El aumento de las retenciones despertó el clima levantisco de una parte del sector agropecuario y los tractores volvieron a las rutas, poniendo en jaque a las conducciones de las organizaciones que forman parte de la Mesa de Enlace; y, de rebote, le quitaron envergadura y peso a la firma del “Compromiso Argentino por el desarrollo y la solidaridad”, un documento vacío de contenido real, pero que tiene un diagnóstico de la actualidad y una serie de supuestos condicionantes que serán puestos sobre la mesa para negociar con el Fondo Monetario Internacional y los acreedores de la deuda soberana.

Si bien Alberto Fernández logró reunir 50 referentes para que estamparan su firma en el documento, la verdad es que 45 de los presentes forman parte de las fuerzas políticas o sociales que conforman el “Frente de Todos”. Los otros 5, representan entidades que son eternas oficialistas. Pero, la ausencia de las 4 organizaciones que conforman la Mesa de Enlace y los bancos, que no fueron invitados, convierte al “Compromiso Argentino por el desarrollo y la solidaridad” en un documento partidista, no institucional.

La anarquía opositora fue lo que privó a Axel Kicillof de su Ley Fiscal. Nadie puede adjudicarse este triunfo, al contrario, fue la ausencia de liderazgo opositor lo que hizo fracasar la Sesión en el Parlamento bonaerense. Puede ser un éxito para la oposición, pero es un éxito pírrico.

Todavía no tenemos seguridad de cómo serán los 4 años de Gobierno de Alberto Fernández, pero vamos teniendo un adelanto. Tampoco sabemos cómo será el comportamiento de la oposición, pero tenemos dos primeros síntomas negativos (ausencias y anarquía). Pensamiento y acción hegemónica de un lado, fútbol por el otro. “Batalla Cultural” por un lado, paseo romántico por el otro. En 2019 ocurrieron todo los imposibles posibles, y no fue una casualidad. Unos hicieron las cosas bien, para ellos; otros hicieron las cosas mal, para nosotros. De la oposición depende que siga ocurriendo lo imposible.