A nadie le escapa que en épocas previas a un proceso electoral en los países emergentes en general, pero más aún en la Argentina, se genera una alta tendencia a la conversión de carteras que habían sido atraídos por altas tasas reales de interés a dólares “hasta que aclare”.

Más aún en el escenario actual, donde el Gobierno no ha logrado crear las condiciones microeconómicas para asegurar su continuidad por otros 4 años, y existe un final que hasta el presente se presenta incierto, con posibilidades de un cambio sustancial de políticas y reglas de juego que no son del agrado de los mercados y de los potenciales inversores.

De ahí que en el Banco Central, más que nunca hacen cuentas y se animaron a proyectar y presentar, en base a estimaciones de mercado, pero también de la historia reciente del movimiento de divisas, cómo sería el flujo de oferta y demanda en el segundo semestre por parte de las empresas y de los ahorristas que piensan en aumentar la dolarización de carteras.

En la clásica conferencia de prensa de la autoridad monetaria, luego de la difusión del dato de inflación del mes previo, Guido Sandleris explicó por qué creen en la entidad que “estarán los dólares para quien los quiera comprar sin que se dispare el precio”, ni renazca una alta volatilidad que afecte, como en el tercer trimestre de 2018, las expectativas y la realidad inflacionaria.

“Hoy se está con un tipo de cambio nominal muy similar al que había en septiembre cuando se cambió la política monetaria, con un nivel que se mantuvo desde entonces muy cerca de la zona inferior, tanto cuando había una banda de intervención, como cuando no. Y el tipo de cambio real sigue siendo competitivo, se mantiene en el promedio alto de los últimos cuatro años, con excepción del pico de nueve meses atrás, que permitió reducir la  vulnerabilidad externa”, dijo el presidente del Banco Central.

Y agregó que no sólo el tipo de cambio competitivo posibilitó reducir el déficit del turismo internacional y mejorar sustancialmente el superávit de la balanza comercial, sino que además, a diferencia del semestre abril a septiembre de 2018, “la dolarización ya ocurrió, por eso se llegará a las elecciones de las PASO, como a la general y eventual segunda vuelta en noviembre con los portafolios ya dolarizados”.

Pero no sólo eso, la autoridad monetaria buscó transmitir la confianza de que, a diferencia del año anterior, “ahora los dólares están, y en cantidad suficiente, sin necesidad de intervención del Banco Central”.

Flujo esperado de divisas

Sandleris dijo: “en el segundo semestre del año las empresas de cereales y oleaginosas liquidarán exportaciones por unos USD 12.400 millones, similar a movimiento histórico, y completarán unos USD 24.300 millones en el año; mientras que la demanda del resto de las empresas se prevé en USD 3.000 millones; y el Tesoro ofertará para cumplir con compromisos en pesos otros USD 6.600 millones, con lo que da un neto de USD 16.000 millones para poder abastecer una potencial demanda por dolarización de carteras por parte del sector real y ahorristas”.

Se trata de una cifra muy superior a la que tuvo lugar en la segunda mitad de de 2018, unos USD 12.300 millones según estimaciones del Central, cuando las condiciones de incertidumbre y volatilidad cambiaria eran notablemente superiores a las actuales. Y sin estimar la capacidad de intervención de la autoridad monetaria.

Al respecto, explicó Sandleris que “la flexibilidad que otorgó el Fondo Monetario para intervenir en el mercado de futuros debe leerse como una posibilidad que contribuye a darle una señal al mercado, pero no de que será necesario hacerlo”.

Por eso concluyó la autoridad monetaria: “están dadas las condiciones para que la incertidumbre asociada con el proceso electoral, esté acotada en términos de volatilidad del tipo de cambio”.