Cambiemos nació como una alianza electoral exitosa que llevó a Mauricio Macri a la Presidencia de la Nación y a conducir el complejo hiperpresidencialismo argentino. A un año y casi tres meses de Gobierno, a Cambiemos le falta consolidarse como alianza de gobierno y se nota.

En estas últimas semanas, se vio envuelto en escándalos políticos y mediáticos por errores no forzados. Se habló mucho sobre la genuina voluntad de rectificarlos así como se hizo foco en el diferencial republicano que exhibe un presidente abierto a una conferencia de prensa que pudo sortear sin mayores problemas aunque escapando por la tangente en algunas preguntas. Aquí el valor simbólico de mostrarse opuesto al cristinismo, dio resultados de forma, tal como pretende el asesor estrella del presidente, Jaime Durán Barba.

Sin embargo, la disputa por la imposición de la praxis antipolítica que exige el duranbarbismo tiene fuertes resistencias en la coalición Cambiemos. El miércoles de la semana pasada tuvo su punto más candente cuando Elisa Carrió, reunida con el diputado radical Mario Negri y otros socios de la coalición, hablaban por “manos libres” con el Presidente Macri sobre el conflicto autoinfligido del recálculo para liquidar las jubilaciones de la Anses.

El resultado fue la marcha atrás del cálculo que, desde la visión reduccionista (política y del gasto) ahorraría $3.000 millones de un presupuesto de más de $2 billones. Con los jubilados, no. Ese fue la explicación sintética de los socios del PRO para revertir un error que se traduce en falta de sensibilidad y empatía. No se percibe de otra manera. Además de ser un insumo básico para el discurso hipócrita de la oposición “inteligente y responsable” que fue desenmascarada apenas con un audio tribunero incitando a generar “TrenTopics”. ¿Renovación política?

El acuerdo del Correo también desnudó la falta de praxis política y los errores no forzados se acumularon. Desde el dictamen de un funcionario de la Enacom, sin competencia para hacerlo y sin la firma del ministro Oscar Aguad, que no pasara por la Procuración General del Tesoro. Que en conferencia de prensa, el Presidente ordenara la auditoría por la AGN cuando se hace ex post, pudiendo incluso intervenir la SIGEN para activar el aviso a Presidencia de que el acuerdo podría acarrear perjuicio al patrimonio público (Ley 24.156, art. 104, inc. k). Que ordenara a la Oficina Anticorrupción evaluar nuevos estándares para evitar futuros conflictos de intereses, y un muy largo etcétera. En la OA, hay acumulados proyectos de reforma de la Ley de Ética Pública que actualmente no cumple con los estándares internacionales, desde hace más de 10 años.

La demanda hacia el interior de Cambiemos por parte de un sector del radicalismo es que haya un mecanismo de discusión de praxis política. Algo imposible para nuestro hiperpresidencialismo. Es Macri el que ejerce el Poder Ejecutivo. Pero los cañones del otro sector, más dispuesto a sostener a Cambiemos y a consolidarlo como alianza de gobierno (Carrió, Ernesto Sanz, Negri y compañía) están convencidos de que la falla pasa por el tridente Peña-Quintana-Lopetegui y la antipolítica comunicacional del duranbarbismo.

Es tan crítico el asunto que el acuerdo para organizar la campaña de las legislativas hacia el interior de Cambiemos tiene fecha límite para Semana Santa. Palabra de Carrió: si Macri pretende continuar con la estrategia del ecuatoriano, los radicales y la Coalición Cívica jugarán su partido. Vidal quiere a Jorge Macri encabezando su lista a senadores nacionales por Buenos Aires, justo lo que Carrió quiere, quien no tiene problemas en apuntar contra el primo.

Pero la batalla para ordenar la alianza Cambiemos y equilibrar el poder que hoy el PRO detenta, está en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Próximamente.

por Pablo Olivera Da Silva