Del balance cambiario del Banco Central surge que durante los 48 meses del gobierno de Mauricio Macri la “formación de activos externos”, ahorro en dólares, fue de USD 88.376 millones, como consecuencia de haberse anotado compras por USD 203.832 millones, y ventas por USD 115.456 millones. Fue el resultado del levantamiento temprano de las restricciones a la venta de divisas por parte de las entidades autorizadas a operar en moneda extranjera, sólo se reinstauraron en los últimos 4 meses, tras la crisis de confianza en los mercados que generó el resultado de las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias; de la regularización de pagos y giros de dividendos al exterior por parte de las empresas.

Además, de esa estadística surge que en una economía “arrasada” como sostiene el nuevo Gobierno, y que explica el trámite exprés de una ley ómnibus de “Solidaridad Social y Reactivación Productiva en el marco de la Emergencia Púbica en materia económica, financiera, administrativa, previsional, tarifaria, energética, sanitaria y social”, las compras de cambios desde el inicio de 2019 ascendieron a USD 67.765 millones, representaron una vez y media las reservas en el Banco Central, y resultaran similares a la inversión bruta interna en maquinarias y construcciones. Mientras que las salidas o venta de dólares en el circuito formal sumaron USD 40.741 millones, y determinaron un ahorro neto de USD poco más de USD 20.000 millones, equivalente a un 5% del PBI.

Claramente, fue un período que contrastó con el movimiento de dólares destinado a acumular ahorros improductivos respecto del gobierno anterior, el cual estuvo caracterizado por la presencia del cepo no sólo a la compra para atesoramiento y gastos de turismo en efectivo, sino también al giro de ganancias de las empresas de capital extranjero. De ahí que cuando se levantaron esas restricciones y se terminó como más de 15 años con default parcial y cierre de mercados, se disparara la salida neta de divisas para esos fines.

Dos ciclos diferentes entre 2007 y 2015

En la segunda presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, la cual comenzó con el cepo cambiario que se anunció en octubre de 2011, la venta de dólares por parte de las entidades para formación de activos externos de residentes en el país descendió a USD 21.946 millones, en tanto las compras se atenuaron a USD 9.355 millones, con un resultado neto de fuga de divisas de USD 12.591 millones.

Esos movimientos contrastaron con los observados en los 4 años previos, en los que con el arrastre de un régimen de flotación cambiaria sin restricciones en el mercado, el ahorro en moneda extranjera había crecido a USD 128.377 millones, y el desatesoramiento había sumado USD 57.460 millones, determinando un saldo de salida neta de capitales del circuito financiero de USD 70.917 millones.

En el período previo, bajo la presidencia de Néstor Kirchner, y también caracterizado por la libertad de cambios, y el clima de mayor confianza que generó la reactivación de la economía, el ahorro externo neto sumó apenas USD 14.457 millones, como resultado de acumulación de USD 66.619 millones y desarme de posiciones en divisas para gastos corrientes por USD 52.161 millones.

Un ejercicio que se desprende del resultado cambiario en más de 15 años es que si no se hubiese impuesto el cepo cambiario entre 2011 y 2015 probablemente la salida neta de capitales en ese período hubiera sido notablemente más alta y no se habría generado una demanda insatisfecha por unos USD 58.000 millones que se satisfizo cuando se liberó el mercado y sobrecargó la salida neta en los últimos 4 años.

Motivaciones para el bimonetarismo

El presidente Alberto Fernández alentó a que los argentinos terminen con “la práctica de ahorrar en dólares”. Pero no se trata de un acto de voluntarismo, sino que se requiere la reconstrucción de la confianza en las instituciones, no sólo de las finanzas públicas, sino también del cumplimiento y estabilidad de las normas, de modo de no quedar a merced del gobierno de turno.

La larga historia de inflación que ha llevado a políticas erráticas no sólo en materia cambiaria, con controles, flotación sucia (con intervención del Banco Central) y limpia en muy raras oportunidades, cepos y cupos para la compra de dólares, sino también de confiscaciones de ahorros, por la recurrente incapacidad de los gobiernos de cerrar la brecha fiscal y caer en situaciones de cesación de pagos, no sólo a los acreedores externos, sino también locales.

A partir de ahí se ha generado una economía bimonetaria, en la que los pesos se utilizan preponderantemente para las transacciones cotidianas, como las compras diarias de las familias, el capital de trabajo de las empresas y pagos de salarios e impuestos, mientras que se usa el dólar como fuente de ahorro, en el país y en el exterior, y también para el pago de grandes operaciones, como las inmobiliarias y compra y venta de automotores de gama media y alta, en especial en el segmento de segundo mano.

Sin embargo, no se trata de una acumulación permanente, sino que las propias situaciones de crisis recurrentes de la economía han llevado que los residentes que en un tiempo registran ahorro en dólares, en otras épocas se ven obligados a consumirlos, aunque rara vez en una serie mensual de poco más de 15 años el resultado fue positivo entre la diferencia de ingresos y egresos vinculados con la formación de activos externos.

Sobre un total de 198 meses el balance cambiario publicado por el Banco Central arrojo saldo negativo (ahorro neto en dólares) en 165, y resultado positivo para las cuentas públicas en los 33 restantes, en ese caso mayormente concentrado en el período de cepo cambiario que rigió durante la segunda presidencia de Cristina Kirchner; en menor medida durante la bonanza del gobierno de Néstor Kirchner; y sólo una vez, pero con un saldo récord de USD 2.015 millones, en diciembre de 2016, cuando la administración de Mauricio Macri logró una singular adhesión al blanqueo de capitales, y se anotó un ingreso neto de salidas de USD 2.015 millones.

Fuente: Invecq Consulting

Activos y pasivos en moneda extranjera

Del total de activos financieros externos al 30 de septiembre de 2019, estimados en USD 387.499 millones por la Dirección Nacional de Cuentas Internacionales, el 60% correspondió a inversiones constituidas fundamentalmente por moneda y depósitos; 17% a inversión de cartera; 13% a activos de reserva del Banco Central y 11% a inversión directa.

Mientras que los pasivos fueron calculados en USD 271.503 millones, los cuales se desagregan en 51% en inversiones diversas; 26% a inversión directa en activos físicos; 23% a inversión de cartera (constituida fundamentalmente por títulos de deuda) y 0,2% a derivados financieros.

De ahí surge una posición de inversión internacional neta a valor de mercado acreedora al cierre del tercer trimestre de 2019 de USD de USD 115.996 millones, la cual corresponde a tenencias de reservas en el Banco Central por USD 48.703 millones, que incluye unos USD 8.000 millones de saldo neto entre depósitos y préstamos en dólares al sector privado; y USD 67.293 millones en manos de particulares, personas humanas y empresas.

A esa cifra muchos economistas suman los ahorros acumulados en moneda extranjera no declarados en las últimas moratorias y perdones fiscales, los cuales se estiman que en el equivalente al PBI del orden de 400 a 450 mil millones, distribuidos en casi partes iguales entre activos líquidos en los “colchones”, cajas de seguridad dentro y fuera del país, colocaciones financieras en circuitos marginales y activos físicos, como inmuebles, muchos de los cuales tienen valores contables simbólicos porque ya han sido amortizados a lo largo de los últimos 50 o 60 años.