La conjunción de otro año con generalizada caída del poder de compra de los salarios y altas tasas reales de interés positivas para los créditos personales, junto con la aceleración de la suba del precio de los automotores por el alto componente de partes importadas, determinaron que 2019 fuera el peor de los últimos 15 años para la industria terminal automotriz y su red de concesionarios de 0 Km.

Así se desprendió del informe de la Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa) que dio cuenta de caídas del 32,5% de la producción, 45,4% en las entregas a la red de distribuidores y también del 16,7% de las exportaciones, principalmente a Brasil.

Y pese a que desde mediados de 2018 la economía argentina comenzó a manifestar un estrés en la disponibilidad de divisas que llevó al gobierno de entonces a cerrar un acuerdo de asistencia financiera con el Fondo Monetario, la industria terminal automotriz continuó siendo una de las principales demandantes de dólares, porque sus importaciones de partes y de equipos terminados volvieron a superar con creces su capacidad de generación de moneda extranjera a través de las exportaciones.

Claramente, por efecto de la recesión interna, pero también por la retracción de la demanda del principal socio comercial de la Argentina, el mercado se contrajo en todas las instancias, pero más intensamente en las unidades de origen nacional, 47,8%, que en el abastecido por el resto del mundo, 44,4 por ciento.

Sobre una producción nacional por parte del conjunto de 10 terminales de 314.787 unidades, las entregas a la red de concesionarias para colocar en el mercado interno sumó apenas 103.282 máquinas, el menor registro desde 2003, cuando todavía se arrastraban los efectos de depresión económica de fines de 2001; mientras que los despachos de origen importado declinaron a 269.192 unidades, también el peor registro en 16 años.

De ahí surgió una relación de ventas a la red de casi 3 equipos foráneos por cada 1 de origen nacional, la desproporción más alta de la serie histórica, tras el cuarto año consecutivo de aumento de la participación de importados sobre el total.

La única buena noticia que trajo la industria, probablemente más para las cuentas externas que para las finanzas de las terminales, fue que por efecto de la crisis, que también afectó a la competitividad y las exportaciones, el saldo deficitario de la balanza comercial, en términos de unidades listas para rodar, se redujo en 79,1%, a 44.944 máquinas, el menor registro de los últimos cinco años.

Después de un virtual cierre de la economía en los 80, la presencia de importaciones en el mercado automotriz tiene su primer impulso en los 90, desde un 17,3% del total en 1991 escala en forma ininterrumpida hasta el último año con crecimiento y estabilidad macroeconómica, en 1998, cuando pasan a representar poco más de la mitad.

Luego, la recesión inicial, y la crisis posterior a comienzos de la década siguiente, determinaron un claro retroceso, no sólo en cantidades, sino también en su participación en las ventas totales, hasta que a partir del punto de giro de la actividad, con la normalización institucional a partir de la presidencia de Néstor Kirchner, en 2003 supera el 58,3% del total. Al año siguiente, alcanza un primer pico con 65,2% y virtualmente se sostiene en ese rango con altibajos hasta el fin de la primera presidencia de Cristina Fernández de Kirchner.

Pero el cepo cambiario anunciado a fines de 2011 y el control de importaciones posterior provocaron la pérdida de representatividad, hasta terminar el segundo mandato casi empardadas con la venta de nacionales. Y volvió a retormar la senda alcista con la reapertura de la economía que alentó el gobierno de Mauricio Macri.

“Hemos trabajado intensamente para administrar esta situación, pero sin dudas es fundamental encontrar las herramientas que estabilicen las variables de la economía y despejen la incertidumbre en el mercado local para que, sumado a una potencial mejora en la demanda externa, nos permita comenzar a revertir los resultados interanuales negativos que venimos registrando en los últimos años”, dijo el presidente de Adefa, Gabriel López.

Y agregó: “Es fundamental continuar trabajando en la articulación público –privada para avanzar en la implementación de la agenda del Plan Estratégico 2030, el cual elaboramos juntos toda la cadena de valor, y que podamos contar de esta manera con una política industrial de Estado de largo plazo que posibilite una industria automotriz competitiva y sostenible en el tiempo”.

Ahora, con la profundización del control de cambios, y el aumento del impuesto interno para las unidades de alta gama, se espera un punto de quiebre en el crecimiento de la participación de las unidades importadas en las ventas totales a las las concesionarias por parte del conjunto de las terminales.