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Tras las caídas récord de las obras públicas y privadas que registró el Indec en marzo, y entre las peores de la serie en el caso de las manufacturas fabriles, los presupuestos para abril a junio muestran fuertes contracciones para ambas actividades

Claramente, no se recuerda en la historia económica argentina la decisión gubernamental de aislar a la casi totalidad de los residentes, con hasta penas por incumplimiento de la cuarentena, con excepción de los ocupados en actividades consideradas esenciales, como el sistema de salud, seguridad pública, medios de comunicación y mínimos medios de transporte y apertura de comercios vinculados con la alimentación, productos de limpieza y, naturalmente, farmacéuticos.

De ahí que si sólo con el último tercio de marzo el Indec registró los peores índices de actividad en la construcción de la serie histórica, aún superando la contracción récord observada en la depresión de los primeros meses de la crisis sólo económica y financiera y únicamente local de 2002 con una baja de 46,8%; y también una de las mayores recesiones en el conjunto de las manufacturas industriales con caída de 16,8%, en ambos casos respecto de los niveles de un año antes; no sorprendiera que el resultado de las expectativas de los empresarios para este segundo trimestre se proyecte aún peor.

Ya el desempeño de la recaudación tributaria en abril, con una caída del 27% en términos reales de lo percibido por el Impuesto al Valor Agregado, mientras que la Asociación de Concesionarios de Automotores (Acara) había acusado una contracción de los patentamientos de más de 80%, según los rubros, y la Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa) informara la total parálisis de las líneas de montaje de las 12 terminales radicadas en el país, dieron cuenta del impacto contractivo de un mes con casi cuarentena total.

Y pese a las preocupaciones manifestadas por el conjunto de los empresarios al propio presidente Alberto Fernández, mayo también transitará con amplia veda al desplazamiento sin restricciones de las personas y la vuelta a la normalidad de producción de bienes y servicios, aunque tal vez en los próximos días se autoricen algunas actividades bajo el régimen de protocolos rigurosos, siempre y cuando no cambie la curva de contagios del Covid-19.

De ahí que el informe del Indec sobre las expectativas para el trimestre abril a junio arrojara resultados que, de confirmarse, determinarán el peor trimestre de la serie histórica, tanto para la industria como para la construcción.

En el primer caso, el organismo registró que más de 2 de cada 3 empresarios presupuestó una severa disminución de las ventas al mercado interno, como también al resto del mundo.

Sobre las exportaciones, Gabriel López, presidente de Adefa, expresó en el comunicado de prensa con el desempeño del sector en abril: “Desde el inicio del ASPO (Aislamiento Social Preventivo Obligatorio) comenzamos a trabajar junto a las autoridades nacionales y provinciales en medidas que permitan mitigar los efectos negativos del cese de la actividad industrial y comercial de manera de asegurar condiciones que hagan sostenible la estructura de toda la cadena de valor de este sector estratégico. Y dado el perfil exportador de la producción del sector automotor, es muy auspiciosa la posibilidad de volver a producir para exportar”. Sin embargo, también en ese rubro, 2 de cada 3 empresarios prevé menores operaciones que en el segundo trimestre del año previo.

Pero aún así, la sola referencia de la lenta salida de la crisis de 2002, explica que el conjunto de los sectores industriales proyecten varios meses con signos negativos de actividad fabril y comercial, y que por tanto no sólo hayan planificado un nuevo recorte del ritmo de las plantas en comparación con un año antes y, por tanto, disminución de las horas trabajadas por parte de los operarios, sino, peor aún, de la nómina de personal en casi 1 de cada 3 establecimientos, pese a los planes de auxilio financiero para pagar salarios que habilitó el Gobierno hasta un máximo equivalente a dos salarios mínimos, $33.750 y un tope de 50% del ingreso bruto del trabajador.

Mayor pesimismo entre los desarrolladores

Los constructores proyectan un escenario más complejo que los industriales porque se trata de una de las actividades, como el turismo, que tiene la características de ser una de las primeras en acusar los efectos de la crisis. De ahí la magnitud de la contracción observada en marzo, casi triplicando el declive de la industria en su conjunto. También será una de las últimas en dejar atrás la recesión, porque requiere de la recuperación de los ingresos de los trabajadores y empresas para que vuelvan a demandar obras o propiedades terminadas y de las propias finanzas públicas, para que la inversión en infraestructura también vuelva a ocupar un rol dinaminizador de la economía en su conjunto.

De ahí que, tanto entre los empresarios que se dedican preponderantemente a la obra privada, como pública, para el trimestre abril a junio el Indec detectó que más de 8 de cada 10 estimaron una drástica recesión por la concurrencia de “la caída de la actividad económica 35,2% de los consultados; atrasos en la cadena de pagos (28,1%), y a otras causas (18,5%) específicamente por la emergencia sanitaria”.

Resalta el Indec: “Debido a la emergencia sanitaria y su consecuente restricción a la circulación de las personas, ciertas actividades que se desarrollan en las municipalidades se encontraban suspendidas, en particular, de las oficinas que registran los permisos de edificación de obras privadas”, fenómeno que incidirá en la demora de la posterior reactivación de las obras.

Con relación a la variación estimada para los próximos tres meses de la cantidad de personal ocupado, permanente y contratado, entre las empresas que se dedican principalmente a obras privadas, un 74,4% estimó una disminución de sus planteles y un 60,9% entre las que se concentran en las obras públicas, mientras que únicamente en este último caso 1,4% de los empresarios esperaba aumentar la nómina.

Otra de las consecuencias de la brutal recesión provocada por la extensa cuarentena, es la creciente necesidad de crédito que tanto industriales como constructores le manifestaron a los encuestadores del Indec. Sin embargo, la incertidumbre sobre las perspectivas de reactivación se constituyó en el principal obstáculo para que los empresarios tomen las líneas de préstamos con tasas subsidiadas, porque pese a que las tasas de interés se ubican ahora en menos de la tercera parte de la inflación temen no poder repagarlos.