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Un relevamiento del Indec anterior a la sanción de las normas de aislamiento obligatorio indica que los empresarios de ambos sectores esperan un escenario de contracción

La actividad fabril y de la construcción no venía bien y se proyecta un curso aún peor para los próximos meses, según los datos del Indec correspondiente a febrero, los cuales dieron cuenta de sendas disminuciones de 0,8% y 22,1%, respectivamente en ambos casos en comparación con igual mes del año anterior.

El sector manufacturero acumuló 21 meses de los pasados 22 con declives respecto de los índices de un año antes. La excepción fue diciembre último, en condiciones con el cambio de gobierno; pero rápidamente volvió a la senda contractiva, aunque con la particularidad de haber logrado en los últimos tres meses superar los valores del período inmediato anterior, ajustado por estacionalidad.

Pero todo indica que, por efecto de la doble cuarentena, esa modesta recuperación comenzó a borrarse desde la segunda quincena de marzo. Según la serie de Indec, desde el último punto máximo de actividad registrado en noviembre de 2017 la industria se contrajo 12,7%, y necesita una reactivación de 14,5% para volver al nivel de entonces.

Mientras que en el caso de la construcción febrero fue el 18 mes consecutivo en recesión, luego del pico anotado en septiembre de 2018. Desde entonces acumuló una retracción de 26%, requerirá un impulso de 35% para poder igualar aquel máximo.

Sin embargo, la parálisis en que cayeron diversas actividades desde el 16 de marzo, cuando se decretó la primera cuarentena, determinó la expectativas de que el ciclo contractivo se extenderá varios meses mes, con el consecuente efecto negativo sobre el empleo y las horas trabajadas.

El índice de ventas de insumos para la construcción por parte de un conjunto de empresas líderes agrupados en Construya arrojó en marzo una disminución de 39,5% respecto de un año antes, cuando había declinado 16,5%, representó el nivel más bajo desde la crisis de 2002, a la salida de la convertibilidad.

Bajas generalizadas a ritmo de dos dígitos porcentuales

En el informe del Banco Central sobre el relevamiento de expectativas de mercado (REM) realizado entre los días 26 y 31 de marzo de 2020 la autoridad monetaria recibió los pronósticos de 34 de los casi 50 participantes habituales, primer indicador contundente de la incertidumbre predominante sobre el futuro inmediato, y que se manifestó en la profundización de la baja del PBI esperada para el corriente año de 1,2% que presupuestaron a fines de febrero a 4,3% un mes después.

Curiosamente, pese al severo relajamiento de la política monetaria, los economistas del sector privado mantuvieron en 40% la previsión de inflación minorista para diciembre 2020 respecto de un año antes.

Sin embargo, más que la suba de los precios y de los costos, a la mayor parte de las empresas les inquieta la falta de caja para pagar los sueldos, por el derrumbe de la actividad productiva y comercial. Observan que la asistencia llegó tarde para la liquidación de la nómina en marzo y no quieren que se repita en el corriente mes cuando no sólo comenzó con la postergación de la cuarentena, sino que ya se sabe que la salida será muy lenta y selectiva, y desde un punto de partida mucho más abajo del que hubiesen podido imaginar en el peor escenario.

Como es habitual, cada mes el Indec consulta a los referentes de las empresas de la industria y de la construcción sobre sus expectativas para el trimestre en curso, y si bien en este caso aclaró: “Las respuestas fueron recibidas durante la primera quincena de marzo”, antes de haberse decretado la emergencia sanitaria establecida contra la Covid-19, coincidieron en reflejar un escenario notablemente más contractivo que el previsto un mes antes.

Tanto en lo que respecta a proyección de la actividad productiva y comercial, como sobre los cambios en la nómina laboral y necesidades de crédito, el organismo oficial de estadística detectó un amplio saldo de respuesta negativa entre los pocos que esperan alguna mejora y los muchos que presupuestan disminuciones.

En el caso particular de las manufacturas, para el período marzo a mayo casi 1 de cada 3 empresas proyecta menos demanda interna de sus productos, en contraste con 1 de cada 5 que espera aumento; una diferencia negativa similar percibió en el presupuesto de las exportaciones, más aún en el caso del intercambio comercial con los países miembros del Mercosur, y también en el caso de las importaciones de insumos necesarios para el ciclo productivo.

De ahí que del relevamiento surgió la proyección de aumento de la capacidad ociosa del conjunto de las manufacturas, con el consecuente efecto contractivo de las horas trabajadas y de la nómina neta de personal, aunque con algunas excepciones vinculadas con la industria de la alimentación, farmacéutica, parte de la elaboradora de insumos químicos, agroquímicos, petroquímicos, refinadores de petróleo, entre otros.

En cambio, en el caso de la rama de la construcción, el humor que detectó el Indec se proyecta singularmente más negativo que el predominante en la industria, al punto que prácticamente la mitad de las empresas presupuesta baja de la actividad frente a muy pocos, casi ninguno que espera repunte; y otro tanto prevé recorte de la nómina, alineado con el derrumbe en 18,7% de los pedidos de permisos para construir en febrero, en contraste con un año antes cuando había aumentado 33,3 por ciento.

Y así como los primeros indicadores de actividad productiva y comercial en la rama automotriz en marzo, y en la venta de insumos para la construcción, con tasas de más de 30% respecto de un año antes, se espera que los próximos índices agregados del Indec confirmen la agudización del ciclo recesivo, al menos hasta abril.