Hace pocos días el Administrador de la AFIP y el Ministro de Educación firmaron un convenio para incorporar como materia en los ciclos primario y secundario “Educación tributaria”.

La noticia pasó desapercibida en los medios de comunicación pero considero que tiene entidad propia con suficiente trascendencia. Personalmente le asigno aspectos positivos como la importancia del tema y hechos negativos que se deben también enseñar.

En primer lugar debemos reconocer, enseñar y aceptar que los impuestos son un instrumento de la política económica, diseñados para un país en un momento determinado con políticas de estado y objetivos definidos.

Así un sistema tributario es el que responde con los instrumentos que se escojan, a las pautas y premisas del estado respectivo. Esas pautas se calculan aplicables a mediano o largo plazo, a los fines de otorgar a los contribuyentes la posibilidad de realizar una razonable planificación con una cierta seguridad jurídica.

Aislados sirven solamente para recaudar pero como sistema hacen a la funcionalidad del giro del dinero, extrayéndolo y distribuyéndolo en las áreas o grupos sociales determinados, en la forma diseñada para ese país y en ese momento determinado.

Nuestro país carece desde hace muchos años de un diseño propio de políticas de estado determinadas en al menos 20 áreas, desde la salud, educación, economía, política exterior, etc. y en consecuencia carece de una política económica que haya sido aplicada en el tiempo. Todo lo contrario, se ha cambiado sistemáticamente la política económica sin alterar en el fondo la estructura de los impuestos.

Podemos afirmar que el último sistema tributario como tal fue el de 1973 creado para “La Argentina potencia” que duró pocos meses sufriendo posteriormente modificaciones puntuales, generalmente para recaudar más.

Consecuentemente debemos destacar primeramente que los impuestos forman parte indisoluble de la actividad del estado toda vez que es el elemento que hace a la sustentabilidad del mismo. Si bien existen otros medios por los cuales el estado puede obtener ingresos, como empréstitos, los más genuinos son los tributos.

Consecuentemente la importancia del conocimiento de los impuestos no puede dejar de ponderarse como un avance ante el total desconocimiento actual del mismo. Más de una vez he propuesto que al momento de habilitar un espacio (oficina, negocio, fábrica, etc.) se deba capacitar y dar los elementos básicos de los impuestos que el futuro contribuyente debe pagar.

En nuestro caso hemos propuesto que la AFIP haga un curso e learning para ponerlo a disposición a los abogados que se inscriben para jurar en el Colegio Público de Abogados a fin que adquieran los conocimientos básicos de esa materia que los acompañará toda la vida.

Lo expuesto implica un reconocimiento a la iniciativa de los funcionarios mencionados. Deberemos esperar ver cómo se implementa, pues el éxito dependerá de la forma en que se transmitan los conocimientos

En segundo orden tenemos una cantidad enorme de tributos nacionales, provinciales y municipales que hacen necesario una eliminación de algunos de ellos pues resulta complejo explicar más de 100 impuestos. Se lograría confundir más que transmitir conocimientos.

Consecuencia de ello es que corresponde hacer una, llamemos, purificación de muchos tributos que son de aplicación municipal, provincial y nacional.

Tampoco corresponde, como alguna vez se hizo, explicar con dibujitos animados como se obtiene el dinero con el cual se mantienen las escuelas, los hospitales, se paga a los jubilados, los sueldos de empleados públicos, etc. Debería iniciarse con los conceptos de cada tributo y explicar la exteriorización de riqueza que se grava en cada caso y cómo impactan en el bolsillo de la gente.

No es lo mismo la incidencia tributaria del IVA, que lo pagan todos, que el impuesto a las ganancias que se paga en función de los ingresos menos determinados gastos deducibles.

La diferencia conceptual no es menor y corresponde detallarla y explicarla si se pretende transmitir un conocimiento real y concreto que sea útil para el ciudadano.

Esto se puede hacer y en la AFIP hay gente capacitada para ello, pero tengo mis dudas que sea ese el enfoque que termine aplicándose poniendo en peligro lo que realmente quede de importancia para los oyentes.

Otro aspecto es el modo que se decida utilizar para transmitir los diversos temas dudando que sea en forma personal pero casi asegurando que se utilizará algún video o elemento similar.

Ello puede ser útil al uniformar el discurso pero ante alumnos de primaria y secundaria se debe ser lo suficientemente didáctico para que pueda interesar y atrapar la atención de los chicos.

Asimismo no es lo mismo dirigirse a estudiantes secundarios que a primarios lo que complica aún más el tema.

Otro aspecto del tema, que debemos considerarlo como una contra es precisamente la falta de un sistema tributario y la inequidad del existente.

Es difícil de explicar a contribuyentes los impuestos que tenemos y deben pagar, siendo el segundo país en el mundo con mayor cantidad de tributos y la complejidad para su pago mensurada en cantidad de horas para poder liquidar los mismos.

La importancia de este convenio y que realmente tenga resultado positivo implica intentar por segunda vez en los últimos 20 años que se pretenda educar a los futuros contribuyentes recordando que antes de ese período éramos considerados un país de evasores.

Al respecto siempre enfatizo que desde 1853 hasta el 1 de enero de 1993 no tuvimos la obligatoriedad de emitir factura, remito y recibo con numeración correlativa.

Aunque el lector no lo crea, fue primero la Resolución General 3118 de 1992 y luego la 3419, ambas de la D.G.I., que comenzó a regir en la fecha antes mencionada que surge esa obligatoriedad.

Consecuentemente hasta ese momento los organismos de recaudación tenían una imposibilidad fáctica de realizar un control de la actividad económica de los contribuyentes atento la falta de una real fiscalización de la capacidad contributiva de ellos.

Tenemos poco más de un cuarto de siglo donde los contribuyentes debimos ordenarnos y comenzar a controlar y guardar la documentación de las operaciones económicas que realizábamos. No estábamos acostumbrados a esas formalidades y consecuentemente tener conciencia de que deberíamos pagar impuestos.

La educación tributaria que tuvimos en dicho período fue un cambio completo de criterio por parte de la administración tributaria nacional llegando a lo que hoy existe, que es la mayor base de datos on line de nuestra actividad económica.

Si bien ese avance se realizó en poco tiempo y se aplicó en forma indiscriminada contra los contribuyentes, como si se pretendiera en un decenio recuperar el tiempo perdido desde 1853, la realidad resulta más compleja.

Las recurrentes crisis económicas nos llevan a advertir la urgente necesidad de replantear el conjunto de tributos que tenemos para establecer un sistema tributario nuevo, que tenga la simplicidad y claridad suficientes para que no sea necesario que un pequeño contribuyente precise de un profesional para liquidar y pagar sus impuestos, que entienda qué debe pagar y cómo le corresponde hacerlo.

Asimismo que ese sistema tributario sea justo y armónico y por otro lado permita al contribuyente tener un mínimo de garantías similares a las existentes en la Comunidad Económica Europea como el Estatuto del Contribuyente y el Manual de Buenas Prácticas Tributarias, que obligan a los organismos de recaudación y los obligados a pagar impuestos a respetar mutuamente derechos que hacen a una relación de igualdad y no de poder.

Es momento en que si no se respectan derechos de los contribuyentes se judicialicen los temas para que fácticamente sean los jueces los que resuelvan esas violaciones que ocurrirán atento la crecientes e insatisfechas necesidades de obtener ingresos de cualquier forma por parte del Gobierno de turno.

Por último recordamos que cuando nacemos tenemos la seguridad que nos ocurrirán indefectiblemente dos cosas: primero que moriremos y segundo que pagaremos impuestos.