Buenos Aires, Argentina
06/07/2020, 10:13 am
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Pese a la aceleración de la inflación, los excedentes de liquidez se concentran en cuentas corrientes bancarias y en cajas de ahorro sin renta real. Persiste el drenaje de las colocaciones en dólares

La cuarentena prolongada en prevención de la propagación de la COVID -19 debilitó al extremo la actividad productiva y comercial, mientras potenció el movimiento de dinero en los bancos, aunque este caso con características propias por el nuevo escenario.

El directorio del Banco Central resaltó como uno de los fenómenos destacados del último mes la “duplicación del monto de los depósitos a plazo precancelables en UVA, y explicaron alrededor del 10% del aumento total de las colocaciones a plazo desde el 13 de abril, cuando se produjo la reapertura de los bancos, en el marco de la emergencia sanitaria decretada por el Poder Ejecutivo Nacional por la pandemia de Coronavirus”, favorecidos por la decisión tomada en febrero de habilitarlos como “una opción de inversión a tasa real positiva para los ahorristas. Ofrecen una tasa mínima de 1% sobre la inflación si se cumple el plazo contractual de 90 días y, además, dispone de la opción de precancelamiento a partir de los 30 días”.

Y agregaba: “A mediados de abril, el BCRA estableció una mejora en la rentabilidad de los plazos fijos tradicionales a través de una tasa mínima. Esta tasa es el 70% de la tasa de política monetaria, que actualmente implica 26,6% de tasa nominal anual y 30,1% de tasa efectiva anual”, esto es si se renueva la colocación al vencimiento con la capitalización de los intereses ganados.

Sin embargo, en el promedio de los depósitos privados del mes el primer puesto de aumento, tanto respecto de marzo, como en comparación con un año antes, le correspondió a los “inmovilizados”, básicamente judiciales, 142%; seguido por cuenta corrientes 116%; caja de ahorros 99%; y recién en cuarto términos se ubicaron los plazos fijos ajustables por CER / UVA (inflación); mientras que las colocaciones por un período fijo y tasa de interés fuertemente real negativa frente a 48% a 60% que se proyecta la suba del índice de precios al consumidor, apenas se incrementaron 23 por ciento.

Claramente, las severas limitaciones que impuso la extensión de la cuarentena para hacer negocios, determinó que muchas empresas se vieran obligadas a “desarmar” depósitos a plazo fijo y pasarlos a cuentas corrientes y cajas de ahorro, para poder mantener las transacciones mínimas de pago de salarios, servicios esenciales y no mucho más.

Para peor, el nuevo escenario de la economía provocó que no sólo se redujera brutalmente la velocidad de circulación del dinero, usualmente se ubicaba en un rango de 15 a 20 veces, a 10 o 12 veces, sino que además desincentivó el uso del crédito porque las empresas perdieron la capacidad de prever la capacidad de repago, aún con tasas nominales de interés de cero por ciento; y el Gobierno a no explicitar un Presupuesto y Plan Económico de corto, mediano y plazo, tampoco contribuye a clarificar las expectativas del sector privado.

De ahí que pese a los anuncios del Gobierno de habilitación de líneas de crédito subsidiadas, aunque lenta en su aprobación y otorgamiento, por exigencias que van más allá de las garantías que puedan ofrecer las pymes, los segmentos más dinámicos tanto frente al nivel de marzo, como de abril del año anterior fueron los pedidos a los bancos de autorización para girar en descubierto en el mes, 25% y 117%, respectivamente; y descuento de documentos, principalmente cheques con pago diferido 12% y 52%, en cada caso; mientras mantuvieron fuertes cancelaciones en términos reales las líneas personales, prendarios e hipotecarios, a tono con la drástica contracción de consumo de bienes durables, como electrónicos, automotores y compra de la vivienda.

Las excepciones fueron los financiamientos de las compras con tarjeta de crédito, el cual virtualmente se sostuvo en términos reales, y el “crédito productivo”, pero pese a expandirse 141% en un año, apenas representaron el 12,4% del crecimiento total de los préstamos en valores nominales.

Desdolarización en el mercado formal

La disminución de la confianza en el Gobierno por parte de empresas y familias con capacidad de ahorro, por la alta propensión a regular al extremo la economía, y alentar la pesificación forzosa, llevó a que desde las PASO del 11 de agosto se asistiera a un proceso de drenaje de los depósitos en moneda extranjera, y consecuentemente de los préstamos a los exportadores, casi los únicos habilitados a endeudarse en divisas en el sistema bancario.

Y si bien desde el primer decreto que dispuso la cuarentena, se desaceleró la sangría de esas imposiciones, no deja de ser relevante que en pleno período de pérdida de liquidez de las empresas y del sector público para asistirlo, en los últimos 9 meses se hayan ido de las entidades poco más de USD 13.534 millones y caído el crédito en divisas en USD 7.300 millones.

La buena noticia es que, si el equipo económico estuviese dispuesto a reconocer la bimonetariedad que caracteriza a la Argentina desde hace más de medio siglo, las posibilidades de recrear el crédito y potenciar el escenario de reactivación post pandemia, podrían volver al sector productivo y comercial no sólo esos dólares que pasaron a cajas de seguridad privadas, sino también atraer gradualmente la masa de fondos que estaban inmovilizados con anterioridad fuera del sistema institucionalizado y que algunas fuentes estiman en más de un PBI actual, esto es unos USD 400.000 millones.