La amarga medicina de la devaluación del peso, porque deprime en términos relativos la capacidad de compra de los salarios de bienes foráneos, y porque cuando se produce de manera violenta, como ocurrió en varios pasajes de los últimos 12 meses, altera las expectativas de los consumidores y acelera la inflación, volvió a tener en febrero su efecto positivo, porque contribuyó a tonificar las exportaciones, y mantener fuertemente contraídas las importaciones.

Pese a que el escenario internacional no fue muy propicio, habida cuenta de que el promedio de los precios internacionales de los productos que más vende la Argentina registraron en el último año un declive de 2,9%, con baja extrema de 11,1% en el conjunto de las manufacturas de origen agropecuario y 3,3% en la de procedencia industrial, en el segundo mes de 2019 se destacaron los crecimientos del 17,1% y 9,1% en el volumen físico de las exportaciones de productos con valor agregado.

Por el contrario, pese a la abultada cosecha de trigo y las muy buenas perspectivas de la cosecha gruesa, las ventas al exterior de productos primarios declinaron en 7,8 por ciento.

Mientras que los despachos de combustibles y energía se expandieron modestamente: 3,3% en cantidad y 3% en valor, en comparación con un año atrás.

La suma total de los cuatro rubros fue de USD 4.464 millones, todavía un nivel muy pobre para el potencial que tiene la Argentina, el cual quedó demostrado con el pico para el segundo mes del año de USD 6.004 millones anotado cinco años atrás.

Del lado de las importaciones, la fuerte recesión que afectó a la economía en el primer bimestre, 5,1% en febrero y 5,7% en los meses, en comparación con los niveles del año anterior, según el Estudio Ferreres, determinó también una brusca contracción del 21,9% en cantidades, que junto a una baja promedio de 1,3% de los precios internacionales, redujo el monto total de las compras en el resto del mundo en 22,9%, a USD 4.004 millones.

Como resultado de esos movimientos, el Indec registró un superávit de USD 460 millones, por sexto mes consecutivo, que contrastó con el desequilibrio de USD 892 millones anotado un año atrás.

De este modo, el sector real de la economía vuelve a convertirse en un actor de peso como generador de divisas, aunque todavía está lejos de alcanzar un proceso virtuoso en el que el superávit resulte del crecimiento simultáneo de exportaciones con alto valor agregado y de importaciones concentradas preferentemente en bienes de inversión y de insumos necesarios para complementar el sistema de producción de manufacturas industriales y agropecuarias.

El bimestre cerró con un excedente de USD 832 millones, en contraste con un desequilibrio de USD 1.819 millones en los primeros 2 meses de 2018, al registrarse exportaciones por USD 9.050 millones, 0,7% menos que el año previo, e importaciones por USD 8.218 millones, se derrumbaron 24,8 por ciento.

Las perspectivas para los próximos meses, de acuerdo con el relevamiento del Estudio Orlando Ferreres, indican que la medición desestacionalizada del estimador del PBI marcó en febrero un “crecimiento del 0,18% en relación a enero, validando la noción de que la economía habría encontrado un piso en noviembre pasado, al sumar el segundo mes con signo positivo, y dejando la puerta abierta a una recuperación más cierta para el segundo trimestre del año, cuando la cosecha gruesa comenzará a tener influencia”.

De ahí que no sólo podría consolidarse la mejora de las exportaciones, de la mano de un tipo de cambio real más competitivo del que había un año antes, sino también recobrar impulso las importaciones de bienes de insumo intermedio para la producción.

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