La estimación preliminar del producto bruto interno (PBI) correspondiente al cuarto trimestre de 2019 fue, en la medición del Indec, de una caída de 1,1% con relación a igual período del año anterior, mientras que en valores ajustados por la estacionalidad, arrojó también una baja, en ese caso de 1%, similar a la que había acusado en el último cuarto del año previo.

Se trató de la octava caída trimestral consecutiva, y todo indica que por efecto de la crisis que disparó la pandemia del coniv-19 y la disposición de la cuarentena en la segunda mitad de marzo, el fenómeno contractivo se extenderá, al menos hasta entrado el tercer trimestre del corriente año.

Por ahora los economistas se muestran cautelosos y van recortando sus previsiones casi semana, pero hay un claro consenso que 2020 terminará también con un nivel de actividad agregado por debajo del año previo, con lo que acumulará 3 períodos consecutivos, fenómeno que no se observaba desde el largo ciclo contractivo previo al fin de la convertibilidad que se inició en el segundo semestre de 1998 y terminó en depresión en 2002, con crisis institucional y default de la deuda pública.

Del lado de la demanda agregada, la contracción más marcada se localizó en la formación bruta de capital fijo, como define el Indec al nivel total de inversión productiva y en infraestructura: 9% en el trimestre y 15,9% en el año, con bajas marcadas en todos sus componentes: construcciones, maquinaria y equipo y material de transporte.

El consumo privado terminó 2019 con disminución de 6,4%, notablemente más intenso que el correspondiente al sector público que apenas se contrajo 1,5%, principalmente por efecto de la mayor rigidez que caracteriza a los empleados en las administraciones nacional, provincial y municipal.

Por el contrario, la excepción fueron las exportaciones, por la concurrencia de la recuperación de las cosechas y mayor demanda de China de carnes, con mayores excedentes que no absorbió el mercado interno, con un crecimiento de 9,4% que contrastó con la retracción de las importaciones en 18,7 por ciento.

Mayor contracción del PBI por habitante

Dado que la población mantiene un ritmo de crecimiento en torno a 1%, según la referencia de la Dirección Nacional de las Cuentas Nacionales que informa el Indec, la caída del PBI por habitante se intensificó a 3,4%, estimado en pesos a precios de 2004, de modo de quitar el efecto de la inflación, y a casi 12% en dólares, a poco más de 10.000 por persona por año, unos USD 840 por mes.

Datos procesados por el Ministerio de Economía permiten advertir que en pesos constantes el PBI por habitante acumuló una pérdida de 7,7% desde el pico que se había registrado en el último trimestre de 2011, cuando aún no había gravitado sobre el conjunto de la economía la imposición del cepo cambio que se anunció en los últimos días de octubre de ese año, tras el resultado electoral a favor de un segundo mandato presidencia de Cristina Fernández de Kirchner.

Mientras que en el equivalente en dólares a precios de mercado, previo al Impuesto País, el valor agregado por habitante, según las Cuentas Nacionales, se redujo en el promedio de 2019 a USD 10.068, cayó 11,6% respecto del año anterior, principalmente por efecto de la fuerte devaluación del peso desde el 12 de agosto; y casi 22% en comparación con el máximo que la medición arrojó en el último trimestre de 2015, muy influido por el atraso cambiario cercano a 40% que predominó en ese período.

Cabe notar que el artificial atraso cambiario, es decir la apreciación del peso, es una herramienta muy utilizada por los gobiernos populistas, como ancla de la inflación, y al mismo tiempo para poder mostrar una baja relación de deuda en moneda extranjera en términos de PBI en dólares.

Por el contrario, el tipo de cambio alto tiene el mérito de alentar las exportaciones y desincentivar las importaciones, contribuyendo al logro de abultados superávit de la balanza comercial, pero al no estar acompañado del impulso del resto de la economía deriva en fuerte caída del ingreso promedio por habitante en su equivalencia en dólares.

Lenta salida del ciclo contractivo

Más allá del fenómeno particular de la pandemia que ha inmerso al mundo en recesión, y en el caso argentino profundizó el ciclo recesivo que se inició en el segundo trimestre de 2018, las proyecciones del ministro Martín Guzmán que le presentó a los bonistas el viernes 20 de marzo, no anticipan un pronto regreso al punto máximo de actividad por habitante.

Presentación del ministro Martín Guzmán por videoconferencia el 20 de marzo

Presentación del ministro Martín Guzmán por videoconferencia el 20 de marzo

Los supuestos macroeconómicos del Gobierno lucen relativamente “optimistas” para el corriente año y siguiente; mientras que aparecen como singularmente conservadores hacia adelante, habida cuenta del singular potencial que mantiene la Argentina, a partir de sus recursos humanos, naturales y productivos, y en particular de la elevada capacidad ociosa que se registra en esos tres ámbitos.

Datos preliminares para el primer bimestre del estudio Orlando Ferreres y Asociados dieron cuenta que “el nivel general de actividad registró una caída de 3,6% anual en febrero, acumulando así un contracción de 3,3% desde el inicio del año”, mientras que aún considera prematuro proyectar para el resto del año.

De los últimos parámetros presentados por el ministro de Economía, Martín Guzmán, a los bonistas, se desprende que el PBI por habitante en pesos constante, alcanzaría el máximo de la serie observado en 2011 a partir de 2035, en 15 años.

No se trata sólo de una meta poco ambiciosa, sino que no contempla que con ese escenario le asegura a los argentinos la convivencia con angustiantes índices de pobreza e indigencia por varios lustros en niveles que se han agravados por efecto del coronavirus.