El Gobierno tenía sus expectativas puestas en que la las obras viales, ferroviarias y de conectividad telefónica y de internet; la salida del default; la apertura al mundo y otros logros institucionales, pudieran doblegar en las urnas los efectos de una economía real donde, con excepción del agro y del sector energético, arrastra más de un año en recesión y fuerte caída del salario real y en menor medida del empleo. Y que, según las previsiones de industriales y constructores que recibió el Indec en las últimas semanas, se extenderá, al menos, por otro trimestre.

Tal vez los indicadores de recuperación de la confianza al consumidor que semana atrás difundió la Escuela de Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella, y el viernes también la consultora Kantar sobre las Expectativas Económicas de la población, hicieron pensar que el resultado de las PASO no sería tan desfavorable como finalmente mostró la gran encuesta nacional en forma indiscutible.

Pero la economía es la ciencia que analiza la mejor forma de redistribuir recursos siempre escasos, por tanto conformar a todos los agentes económicos en simultáneo: trabajadores, empresarios, gobierno, familias, no es tarea sensilla. Menos cuando se venía de a ultsfos desequilibrios y muchos continúan.

Entre más de lo mismo, o cambio radical

Ahora, al Gobierno le quedan apenas poco más de 2 meses, no mucho más, para demostrar que las políticas que comenzó a desarrollar en octubre de 2018, tras la ampliación del acuerdo de asistencia financiera del FMI, reforzarán lo que considera los cimientos imprescindibles para poder empezar la etapa de recuperación de los salarios, la baja de las tasas de interés para  incentivar la inversión, pero sin debilitar el ahorro, y reimpulsar la economía.

De lo contrario, será el turno para que un gobierno de alternancia que se comprometió a reanimar la producción y el empleo de las pymes; recuperar el poder de compra de los salarios y de las jubilaciones; revertir el crecimiento de la deuda pública, sin que se produzca una fuerte devaluación y aceleración de la inflación que vuelvan a generar “ilusión monetaria”, y derive en una crisis más profunda en corto tiempo.

El economista Martín Uribe consideró en una entrevista con Infobae que ese escenario podría evitarse con la flexibilización de la política monetaria y la entrega de reservas del Banco Central a cambio de la cancelación de las Leliq, pero manteniendo la política tendiente a la eliminación del déficit fiscal y reducción del desequilibrio negativo de las cuentas en divisas.

Para peor, el escenario internacional trae de las suyas con presidentes en las grandes potencias que aparecen como impredecibles, como los EEUU, China, Inglaterra, Brasil, entre otros, que están conduciendo a cimbronazos en el valor de las monedas, las tasas de interés, y consecuentemente en las expectativas de consumo y producción mundial.

Resultados sólidos con políticas facilistas no son posibles

Ya con el gobierno de Cambiemos quedó demostrado que reducir la pobreza a cero, dominar la inflación y volver a crecer y atraer inversiones no son realizables en corto ni mediano plazo. Pero también volvió a quedar de manifiesto en estas PASO que la paciencia de gran parte de los argentinos es muy corta, y espera acciones casi mágicas para que todos los problemas se corrijan inmediatamente, en en menos de 2 años, antes de la elecciones de medio término.

Sin embargo, en ninguno de los países que enfrentaron dificultades y desafíos muy similares a los que afectan a la Argentina, los programas correctivos se pudieron llevar a cabo con éxito ni en 2 ni 4 años, sino entre 15 y 20 años, como mínimo, trascendiendo a los gobiernos, independientemente de sus ideologías económicas, como en Chile, Brasil, Perú, entre otros muchos en el continente, y en Europa y Asia.

¿Está la sociedad preparada para esperar políticas que maduran en largo plazo? Pareciera que no. Hay experiencias económicas exitosas para revertir recurrentes ciclos de crisis entre 7 y 10 años como las que afectan a la Argentina?, la última fue en 2008/2009, en 2 o 4 años. Claramente no.