Los indicadores fundamentales de la economía, como las finanzas públicas; el sector externo que va en camino de consolidar el superávit comercial y la cuenta corriente de la balanza de pagos recorta aceleradamente el rojo de los últimos años, avanzan por la buena senda, y más temprano que tarde eso debería redundar en una firme desaceleración de la inflación, sustentada en el cepo a la emisión de dinero de base, y revertir gradualmente la recesión.

Esas son las cartas en la que confía Cambiemos, porque muchos de esos indicadores se darán a luz entre agosto (las PASO) y octubre (elecciones nacionales), con comparaciones con “lo peor de 2018, que tuvo lugar entre mayo y septiembre.

Sin embargo, esos logros, algunos son los mejores en 8 años, como el superávit fiscal primario, no llegan a cambiar significativamente el humor de las familias, porque del lado de la actividad productiva y comercial, y consecuentemente del empleo, aún se está muy por debajo de los máximos de 8 0 9 años antes.

De ahí que la posibilidad de regreso al Gobierno de una corriente política que se caracterizó por cerrar la economía, restringir el movimiento de capitales, regular la mayoría de los precios y potenciar la pobreza en uno de los ciclos más altos de los precios de las materias primas que exporta la Argentina, y consecuentemente de singular holgura de los recursos fiscales, se haya transformado en una alta probabilidad.

Pero, al parecer, el temor en el entorno kirchnerista de no poder coronar con éxito su cruzada de vuelta al poder, por la división que surgió en el frente peronista, habría llevado una decisión estratégica de intentar unificar a quienes se embanderan bajo un frente Justicialista, con Alberto Fernández como cabeza de fórmula y Cristina Fernández de Kirchner como acompañante (transitoria).

Si el mercado cree que se trata de una estrategia genuina, que apunta a comenzar a cerrar grietas y, sobre todo, a ensayar un cambio de las políticas y prioridades que sigue Cambiemos, pero muy alejadas de las que las llevaron a perder el poder en 2015, entonces este lunes subirán la bolsa, los bonos, bajará el índice de riesgo país, y la cotización del dólar puede bajar. En ese caso se cumpliría con una de las grandes máximas del mercado: “se compra con el rumor”.

Eso sería una gran noticia para el directorio del Fondo Monetario Internacional, porque ese escenario ayudaría a que se consolide el cumplimiento de las metas comprometidas por el actual Gobierno, y con ello las posibilidades de salir gradualmente de la recesión.

Pero por el contrario, una parte no menor de los operadores financieros, los cuales basan sus estrategias de portafolios en experiencias pasadas y tienen fresco las 2 elecciones de 1973 que llevaron a Héctor Cámpora a presidencia por apenas 49 días, para que luego volviera al poder Juan Domingo Perón que estaba proscripto, y ahora harán una lectura similar: Alberto Fernández al gobierno y Cristina Fernández de Kirchner al poder. Serán los que se muestren vendedores de activos, y provoquen una nueva escalada del índice de Riesgo País, en la última semana terminó con alza de 5,8 por ciento.

A diferencia del electorado que suele cambiar su humor por impulsos, al punto que desde la vuelta a la democracia en 1983 muy pocos, por no decir nadie, fue capaz de anticipar y sostener con firmeza su estimación de quién sería el próximo presidente de los argentinos, los mercados financieros necesitan de la incertidumbre para concretar grandes ganancias, aunque muchos terminan mal parados.

Si el frente opositor al Gobierno no kirchnerista cree que la jugada de la ex presidente de dar un paso medianamente al costado es una mera trampa para intentar seducirlos y unificarlos, y luego, como ocurriera en 1973, retomar las riendas, para recuperar el poder pleno con sus “fieles históricos”, entonces cabría esperar que los mercados se mantengan chatos, con alta volatilidad.

Por ahora, el común denominador en el gran arco opositor es el diagnóstico sobre la delicada situación social, que se manifiesta en el acento de las  políticas públicas en planes de contención, más que en obras públicas generadoras de empleo; como en el consenso de mantener el acuerdo con el FMI, aunque con algunos ajustes y flexibilidades. Sin embargo, pocos hablan de propuestas de políticas de Gobierno y sus efectos. En ese escenario, cabe esperar que los mercados se mantengan con alta inestabilidad de precios, y los movimientos de la política sólo contribuirán a potenciarla o a atenuarla .