El Gobierno comenzó a dar los primeros pasos para llegar a un acuerdo con acreedores, pero aun no presentó un plan económico integral para su gestión en general, y 2020 en particular. En una entrevista con Infobae, Irina Moroni y Andrea Osorio analizan ese proceso

A poco más de 50 días en funciones el Gobierno del Frente de Todos sigue sin poder explicitar un plan de gestión para los 4 años de mandato presidencial que recibió en la elección del 27 de octubre de 2019, sólo anunció lineamientos y criterios generales, y logró la aprobación inmediata de una Ley de Emergencia Económica, para contar con recursos tributarios y del Banco Central, para intentar reanimar la actividad productiva y comercial, a partir del fomento al consumo.

El inicio de las primeras conversaciones en la última semana del ministro de Economía, Martín Guzmán, con acreedores internacionales en Nueva York, y también con funcionarios del Fondo Monetario Internacional, tuvo la particularidad de repetir lo anticipado en conferencias de prensa en Buenos Aires, pese a que se esperaba algún avance exclusivo y reservado. Y para peor, se colocó la estrategia del gobernador de la provincia de Buenos Aires para lograr acuerdo para postergar los pagos de los vencimientos de deuda del primer cuatrimestre, también sin explicitar un plan de gestión. Sólo se difundió el cronograma de acciones para la gestión del Proceso de Restauración de la Sostenibilidad de la Deuda Pública Externa.

Con ese escenario, Infobae entrevistó a Irina Moroni, economista Jefe de la Fundación Capital que preside Martín Redrado, y Andrea Osorio, economista senior, quienes analizaron la coyuntura y dieron su visión para el corto plazo.

– ¿Cómo está la coyuntura? ¿Les parece necesario primero cerrar el acuerdo de la deuda para ocuparse luego de la macro y de la microeconomía, o tienen que ir en paralelo?

IM – Para analizar la coyuntura, desde Fundación Capital nos parece que hay tres temas clave para monitorear este año: 1) el tema de la renegociación de la deuda; 2) cómo evoluciona la brecha cambiaria; 3) qué decisiones se toman en materia de tarifas y de prestaciones sociales, porque ahí se congeló por 180 días, se postergó la decisión, y hay que ver después qué decisiones se toman, las cuales van a ser determinantes de la economía del 2020.

Nos preguntaba específicamente sobre la renegociación de la deuda; si primero es necesario obtener un acuerdo y después pensar en el crecimiento. O si todo tiene que ir de la mano. Hoy por hoy las variables que se vieron, las medidas que se anunciaron, se concentraron muy por el lado fiscal, por el lado de búsqueda de recursos; por un lado pro consumo, pero no se propuso nada para promover las exportaciones e impulsar la inversión. Dos variables clave para que se dé el crecimiento. Y sin ese crecimiento no se puede generar la capacidad de pago hacia adelante. Entonces, si uno va a ir a renegociar la deuda tiene que mostrar también capacidad de pago hacia adelante; y para eso es clave que también haya medidas en esa línea para mostrar un plan integral, porque de lo contrario será algo de muy corto plazo.

– Hasta ahora, lo que se vio fue el castigo a la exportación con la suba de las retenciones de emergencia; anuncio de revisión de los incentivos a la industria del conocimiento; más impuestos también al resto de la economía, y sin incentivo a la inversión porque hay más Precios Cuidados, más precios administrados, y el Presidente dijo que no está conforme con el comportamiento de los empresarios. ¿Cómo creen que mejorará el clima para los negocios?

IM – Vemos a las empresas muy preocupadas. En materia de precios vamos a tener mucho que seguir de cerca las regulaciones y autorizaciones.

AO – Sí, definitivamente. Al Gobierno lo veo con un primer semestre tomando medidas orientadas a poder mostrar una baja sustancial de la tasa de inflación en el corto plazo. Creemos que ese es el objetivo oficial, mostrar un número que le permita habilitar paritarias con un guarismo más bajo. De ahí que en estos 180 días es el tiempo que tiene para mostrar un programa de tarifas y de prestaciones sociales que sea convergente a la desaceleración de la inflación. Porque si en el día 181 vemos que el plan económico integral no convence, o el mercado no lo toma bien, seguro vamos a tener una aceleración de la suba de los precios al consumidor, otra vez.

– La historia argentina muestra que, en general, los primeros resultados de un nuevo gobierno aparecen en el segundo semestre, porque el año fiscal empieza el 10 de diciembre ¿Creen que este segundo semestre será distinto a los del pasado, porque justamente ahí van a tender a aparecer las presiones de los precios contenidos, las tarifas demoradas? ¿Cuánto tiene que bajar la inflación para que esa regularización de precios relativos no vuelva de nuevo a condicionar el segundo semestre?

IM- Bueno, ahí hay una variable clave que la habíamos mencionado antes para la inflación, la brecha cambiaria. Nuestro escenario base es de una banda que se mueva entre 30% y 50%. ¿Por qué decimos esos números? Una brecha más amplia que un 50% empezaría a jugar en contra de las expectativas de la gente y por ende comenzaría a presionar sobre la suba generalizada de los precios y la actividad, redundando en un escenario más negativo para el año en curso. Por tanto, será un termómetro del estado de la economía, más allá de lo que suceda con otras medidas, como la salida de los congelamientos de precios y tarifas.

Respecto del plazo de los 180 días, todavía estamos todos a la espera de ver cómo se llega al día 181. Las primeras medidas fueron justamente dirigidas a darse un poco de ese tiempo. En materia fiscal nuestras estimaciones son que el Tesoro tiene caja para afrontar los vencimientos en dólares con acreedores privados y con organismos internacionales, hasta principios de mayo. Pero, como todos sabemos, los mercados también se adelantan. Es decir, ese es el tiempo que se dieron para tener margen para encarar las negociaciones, y por eso las autoridades se impusieron el límite de fines de marzo. Creemos que la renegociación de la deuda no solo tiene que ser rápida, sino también tiene que ser sostenible en el tiempo, y para eso es clave mostrar un conjunto de factores que se engloben dentro de ese objetivo.

– ¿Cómo creen que el Impuesto País afecta las expectativas de precios? ¿O sólo repercutirá sobre la inflación a partir de superar ese cargo de 30% en otros 20 puntos porcentuales?

IM – Una brecha con los tipos de cambio paralelos entre 30% y 50% no creo que vaya a presionar tanto sobre los precios. Son rangos que consideramos que pueden ser tolerables. Más allá del 50% ya todos empiezan a mirar ese nuevo valor, porque ahí empieza a jugar de lleno sobre las expectativas.

– ¿Qué puede provocar la amplitud de la brecha cambiaria?

IM – La renegociación de la deuda.

– ¿Exclusivamente?

IM – Principalmente eso va a ser una de las claves, cómo avanza. De hecho, ya lo vimos recientemente en la suba del índice de riesgo país, aunque también jugaron factores internacionales. Otro factor a monitorear son los vencimientos en pesos. En enero se logró renovar parte de los compromisos en moneda local, colocando Letras a septiembre y diciembre. Sin embargo, los vencimientos del próximo bimestre son elevados, destacándose el bono dual en febrero por el equivalente a USD 1.637 millones; y el Bogato y Botapo en marzo por USD 1.370 millones. Al respecto, será clave una recuperación importante de la demanda de dinero que permita absorber los excedentes monetarios provenientes de la asistencia al Tesoro.

– ¿Es una buena estrategia plantear que los acreedores pueden llegar a tener mala fe en la negociación? Porque tanto el gobernador de la provincia de Buenos Aires, ex ministro de Economía, Axel Kicillof, como el propio Martín Guzmán, dijeron: “esperemos que los acreedores negocien de buena fe”. ¿Cuándo un inversor le presta al Estado argentino lo hace de mala fe, porque sabe que corre un alto riesgo de que no va a cobrar, y gana más lugo litigando?

IM – Es una jugada arriesgada el mostrarse en una posición bien dura. Creo que están testeando a ver cómo reaccionan los acreedores frente a esa postura. El Gobierno pide espacio fiscal de los acreedores y estos reclaman un plan antes de negociar quita y plazos.

– ¿Esa forma de comenzar a negociar fue lo que disparó el índice de riesgo país de 1.800 hasta 2.140 puntos básicos, o fue producto de las declaraciones de Joseph Stiglitz que consideró hay que ir a una negociación dura en la cual se tengan que cumplir las tres condiciones: baja de capital, disminución de las tasas de interés y alargamiento de plazos? ¿Semejante suba del índice de riesgo país, aumento del rendimiento de los bonos a reestructurar, es una invitación a los buitres, y esos sí pueden tener mala fe? ¿Creen que plantear la idea de buena fe deja en mala posición al negociador?

IM – Es una jugada arriesgada. Esta posición más dura encierra la reticencia a un ajuste fiscal mayor y genera dudas respecto a la velocidad para lograr un superávit fiscal primario. Pareciera que se juntaron varios factores: el envío de la ley al Congreso; las declaraciones de un premio Nobel de Economía, más la propuesta de la provincia de Buenos Aires de alargar los plazos de pago y la falta de definiciones en New York cuando fue Martín Guzmán. Ahí se complotó todo para que se genere una mirada un poco más nerviosa en los mercados.

– ¿Cómo leyeron desde la Fundación Capital la estrategia de Kiciloff de anticiparse al vencimiento e incluso al deadline que tiene el 5 de febrero, adelantarlo al 23 de enero y luego al 31 de enero, y precipitar un poco el ruído en el mercado financiero?

IM – Fue bastante rápido y ahora lo están estirando un poco más porque no le dieron los tiempos.

– ¿Fue una estrategia acertada? ¿O tendría que haber dicho “estamos trabajando en los aspecto fiscal, el gasto público, en las políticas activas, para poder presentar un plan de pagos sustentable”?

IM – Los acreedores esperan recibir un plan, que les comenten la propuesta de pago y su sustentabilidad. No solo un canje, sino quieren saber qué ve de diferente el Gobierno en mayo de lo que se observa ahora.

 Los acreedores esperan recibir un plan, que les comenten la propuesta de pago y su sustentabilidad. No solo un canje, sino quieren saber qué ve de diferente el Gobierno en mayo de lo que se observa ahora

– ¿Cómo ven a la economía real en este escenario. Dada la experiencia y que se acumuló una década sin crecimiento, qué le dicen a las empresas?

IM – Como mencionábamos antes, para que la economía crezca las tres ruedas del crecimiento tienen que estar en funcionamiento: el consumo, la exportación y la inversión. Para que crezca de modo sostenido. Hoy por hoy se ven más medidas por el lado de la demanda interna, la cual viene de un subsuelo, ha venido cayendo profundamente los últimos dos años. Por lo que son las exportaciones y la inversión no se ven medidas. Proyectamos ventas externas creciendo levemente, 3,5%, y una inversión todavía en retroceso, 9%. Nuestra estimación para el consumo este año es de una caída de medio punto porcentual, a partir de medidas destinadas a alivianar un poco la situación de los sectores de menores ingresos. Y también, con las medidas destinadas a acotar las posibilidades de ahorro, con la suba de impuestos y baja de las tasas de interés.

– ¿Y del lado de la producción?

IM – Del lado de la producción lo que es la industria va a continuar siendo muy heterogénea. Siempre desde la Fundación Capital mencionamos que hay que mirar sector por sector. También la mirada oficial apunta a proteger algunos sectores un poco más, en particular en materia de competencia de importaciones, en un marco donde estimamos una del PBI de más de un punto porcentual.

AO – Sí, las licencias no automáticas, que ampliaron su espectro, definitivamente buscan proteger determinados sectores que son sensibles, que tienen más intensidad de empleo. Por ahora se ven esas medidas.

– ¿El nuevo grupo de productos incluidos bajo el régimen de licencias no automáticas de importación, que prácticamente se duplicó en cuanto a volumen de divisas, va a ser efectivo, para proteger a algunos sectores y facilitar su reactivación, o creen que la experiencia de controlar y proteger las industrias con esta herramienta a la larga termina afectando más el ciclo productivo, porque termina extendiéndose a los insumos básicos para exportación, por la falta de divisas?

AO – En un primer momento nosotros no creemos que vayan a limitar el ingreso de insumos que sean necesarios para la producción. Sería contraproducente para el propio programa económico del Gobierno, aunque va a depender un poco de los requerimientos de divisas. En la medida en que en el corto plazo se pueda resolver la renegociación de la deuda y empezamos a tener un programa económico más claro, no debería suceder un control de importaciones más restrictivo.

AO – En el primer plano lo que se ve es un control sobre sectores que eran los que ya estaban con régimen de licencias no automáticas y que ahora se va a intensificar.

– ¿Son sectores que pueden llegar a contribuir a dinamizar la actividad productiva global?

AO – Son sectores que generan empleo; y que son los que tuvieron un poco más de problemas laborales en los últimos meses.

– No se trata de sectores que hayan sido dinámicos desde el punto de vista de la exportación y de la inversión, como lo ha sido los de la industria del conocimiento, o la rama agropecuaria…

AO – No, claro.

– ¿Ven que el Gobierno dio prioridad a las empresas con problemas para retener el empleo, por una simple cuestión de urgencia, pero esperan, o ven señales, que va a empezar a actuar sobre los sectores que generan divisas, porque es el gran cuello de botella en perspectiva, como la industria del Conocimiento y con el sector agropecuario que le subió las retenciones, y otros que le aumentó los impuestos, pese a que se viene de un año en el que se pasó de un déficit comercial de USD 4.000 millones a un superávit de USD 16.000 millones

IM – Debería formar parte de la agenda. Por el momento no se notó. Pero debería formar parte de la estrategia para generar una verdadera capacidad de pago hacia adelante.

– ¿Cómo ven la relación comercial con Brasil. Empezó dura y ahora se calmaron las aguas?

AO – Pareciera que las autoridades están tomando un enfoque un poco más pragmático. Brasil es el principal socio comercial de la Argentina, y es muy importante tomar una posición más inteligente. Al parecer están tomando este enfoque más pragmático, no se están viendo los comentarios que se vieron tres meses atrás. Hay que esperar los avances desde Brasil y cómo se lleva a cabo la renegociación del Mercosur con relación a la Unión Europea. Por el momento, por lo menos del lado de la Argentina, no pareciera viable ponerse en contra a un socio tan relevante para el país.

– ¿En lo monetario cómo están viendo las primeras medidas del equipo de Miguel Pesce, porque en campaña se mostró muy en contra de los instrumentos de regulación monetaria, como las Lebac, las Leliq, y ahora se ve que en estos 50 días esas herramientas se han potenciado e incluso los está fomentando alargando plazos y privilegiando más tasa que la de pases que era más corta?

IM – Creo que va a estar bastante supeditado a todo lo que suceda por el lado fiscal. Si bien lo que anunció el ministro Guzmán es tratar de que no haya una emisión excesiva creo que, justamente, todas estas herramientas se las están dando para poder controlar vía cantidad lo mayor posible frente al cambio estacional de la demanda de dinero, y armar una curva de rendimientos que le sea más acorde a lo que están esperando. Pero, es otra variable que en Fundación Capital venimos monitoreando, porque la emisión por adelantos al Tesoro y giro de utilidades a Hacienda, puede llegar a generar una presión excesiva sobre la brecha cambiaria y, sobre el resto de las variables que comentamos antes.

– ¿Cuál es la variable que va a dar esa señal del comportamiento de la demanda de dinero? ¿La variación de la brecha cambiaria?

IM – La brecha cambiaria va a ser el termómetro donde se va a ver finalmente si esa demanda de dinero no estaba, si estaba alicaída y hubo emisión, seguramente va a presionar sobre la brecha cambiaria.

– ¿Y el sendero de las tasas de interés? El Banco Central empezó con una tendencia fuertemente bajista de 63% anual a 50% anual a 7 días, pero se dio cuenta que la tuvo que estabilizar…

– IM. Sí, hicieron una baja bastante abrupta al principio y ahora como mencionábamos, al ser justo un momento en el que la demanda de dinero empieza a ser menor de lo que es estacionalmente en diciembre y enero pusieron un freno. Pero sí, la tendencia es a que continúe reduciéndose la tasa de interés.

– ¿Eso no va a terminar conspirando contra esa demanda de dinero que es necesario que se recupere para reestablecer la confianza?

IM – Sí, si no hay instrumentos también para el ahorro va a presionar sobre la brecha cambiaria. Siempre y cuando no se dé esto de una mayor demanda de dinero por efecto de una economía que se reactiva.

– ¿Creen que es acertada la decisión de impulsar el ahorro en UVA, cuando por otro lado el Gobierno tiene dificultades para que los tomadores de créditos hipotecarios ajustables puedan pagarlo?

IM – Era una herramienta que estaba disponible y que no estaba siendo muy utilizada. Entonces, el cambio de los plazos es, bueno, si no se puede por esa vía conseguir la captación de los depósitos, prueba por esta otra. Los depósitos en UVA están creciendo. Lo que pasa es que vienen también de una base muy baja. Pero están creciendo fuertemente. Porque justamente, se prevé que todavía haya varios meses con tasa de inflación elevada.

– ¿Qué preocupación reciben de sus clientes, de las empresas, qué les preguntan?

IM – Hay muchas dudas respecto de cómo va a continuar el congelamiento de precios, y por el lado del control de las importaciones. Y por supuesto de cómo vemos la renegociación de la deuda, si van a llegar con los plazos.

AO – Y sobre la economía real, para cuándo vemos que se reactiva el consumo.