La proximidad del escenario electoral no parece afectar la tendencia creciente a la dolarización en activos líquidos y en cuentas a la vista en el sistema financiero argentino. En la primera mitad de julio el Banco Central registra tenencias del sector privado por poco más de USD 31.400 millones, unos 700 millones más que el promedio de junio y 5.100 millones superior al nivel de un año antes.

Una lectura ligera del fenómeno podría concluir que se trata de un comportamiento predecible, dada la larga historia, al menos de más de 50 años, en la que gran parte de los residentes optan por tener ingresos y hacer las transacciones básicas en pesos, pero ahorran en moneda extranjera.

Sin embargo, en términos relativos al total de depósitos privados en el sistema bancario, tanto de alta liquidez para las operaciones cotidianas de empresas e individuos, como a plazo, se observa un subibaja, tras haber alcanzado la dolarización en ese circuito el récord de 38,8% del total en plena crisis cambiaria de septiembre de 2018, cuando las autoridades económicas renegociaban la ampliación del acuerdo stand-by con el Fondo Monetario Internacional, hasta iniciar una clara disminución por tercer mes consecutivo.

Al cabo de la primera quincena de julio esa relación cayó a 35,6% del total de los depósitos  en pesos y dólares por parte del conjunto del sector privado, pese a que en valores nominales mantuvo una clara tendencia ascendente. Mientras que, en contrapartida, la proporción en pesos elevó su relevancia de 61,7% del total en el promedio de mayo último a 64,4% tres meses después.

Sucede  que la decisión del Banco Central de “cuidar al ahorrista”, como dijo el presidente de la entidad, Guido Sandleris, no constituye un slogan de campaña, sino que es la expresión de la realidad de las altas tasas reales de interés para las colocaciones a plazo en pesos que se deriva de la dureza del plan monetario y, desde mayo, con el incentivo a la mayor competencia en la captación del escaso ahorro con la reglamentación de los depósitos on line de no clientes.

Economía bimonetaria

La contrapartida de ese comportamiento de los argentinos con capacidad de ahorro, ha determinado la existencia de un mercado financiero de muy baja profundidad, habida cuenta de que el total de los depósitos, a la vista (transaccionales en la jerga de los banqueros y economistas) y a plazo, en pesos y dólares, apenas representa el 25, 2% del PBI, de los cuales 8 puntos porcentuales corresponden a colocaciones en pesos en cuentas corrientes y cajas de ahorros; otros 8 puntos representan los plazo fijo en moneda nacional; y 9% del PBI a las imposiciones en moneda extranjera.

Se trata de relaciones que se ubican entre la mitad y la tercera parte de las que se registra en la región.

Pero además, las tras nefastas experiencias de los 90, y la crisis del 2001, las autoridades del Banco Central se han ocupado y preocupado por evitar que el ahorro en dólares en el sistema financiero se canalice a los préstamos en pesos, para evitar los riesgos del “descalce de monedas”, propios de una economía que mantiene alta inflación y alta volatilidad del tipo de cambio.

Y dado que el comercio exterior de la Argentina es muy pequeño, en particular en lo concerniente a los sectores generadores de divisas a través de las exportaciones, representa alrededor del 15% del PBI, del total del ahorro en dólares en el sistema bancario sólo se destina al crédito privado algo más de la mitad, unos USD 16.000 millones. La diferencia con el total de depósitos de esa denominación se mantiene inmovilizado y pasa a formar parte de las reservas internacionales en el Banco Central.