En julio la cantidad de trabajadores registrados fue de 12.107.069 y cayó 0,9% con respecto al mismo mes del año anterior (106,4 mil trabajadores menos), pero, por el contrario, en comparación con junio aumentó en 10.000 empleos, y cortó una serie de 10 meses con variación negativa, mientras que en valores ajustados subió en 3.100 ocupaciones rentadas.

Nuevamente, el mercado laboral tuvo un comportamiento heterogéneo, habida cuenta de que se mantuvo expansivo en 0,7% en el conjunto del sector público, aunque a un ritmo inferior al vegetativo, determinado por el ajuste asociado a la población en las áreas de la sanidad, docencia y seguridad física; 2,4% en los ocupados en casas particulares, principalmente por imperio de una activa fiscalización del empleo en negro; y 2,1% en la franja de los monotributistas sociales (desocupados que reciben un plan con contra prestación laboral). Mientras que persistió contractivo en el agregado del sector privado asalariado 2,1%; en los autónomos 1,7%; y en los monotributistas puros 0,7 por ciento.

Pero desde el 12 de agosto volvió a diluirse la expectativa de consolidación del punto de quiebre de la contracción que arrastraba el mercado de trabajo, al quebrarse, sorpresivamente, la expectativa de continuidad de la desaceleración de la tasa de inflación y aumento de salarios y jubilaciones en términos reales respecto de los meses previos.

Agosto, un mes fuertemente contractivo

De acuerdo con lo relevado por la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) del Ministerio de Producción y Trabajo, el Índice de Empleo para agosto de 2019 tuvo una variación interanual negativa del 2,5% para el total de los aglomerados. Las tasas de entrada y salida fueron 1,7% y 1,9% respectivamente. “Todos los aglomerados presentaron variaciones interanuales negativas con excepción de Gran Mar del Plata: subió 2,3%”, precisa el informe oficial.

Una vez más, las ramas más intensivas en empleos del sector privado, sobresalieron con disminuciones de 4% la industria; 9,4% la construcción y 3,7% comercio, restaurantes y hoteles; en menor medida 2,6% transporte, almacenaje y comunicaciones; y 1,4% servicios financieros y a las empresas.

De ahí que en el nuevo sondeo de opinión de expectativas para el trimestre septiembre a noviembre sólo 3,9% manifestó que proyecta aumentar la dotación, muy inferior a 5% que cree que disminuirá, arrojando un saldo de respuesta negativo de 1,1 puntos porcentuales.

Y si bien habitualmente se destaca que en tiempos recesivos uno de los segmentos más afectados por la crisis es el de las pymes, ahora el Ministerio de Trabajo detectó que las empresas con más de 200 puestos fueron las que más achicaron la nómina en agosto: 3,1%, casi un punto más que las bajas que se observaron en las de entre 10 y 49 empleados; y las de 50 a 199 personas.

Un claro amortiguador de ese proceso, frente al estancamiento que mantiene la economía por espacio de una década, ha sido la disminución del costo laboral real, habida cuenta de que frente a una tasa de inflación de poco más de 54%, los salarios nominales subieron, en promedio, entre 45 y 47 por ciento.

“En términos reales, teniendo en cuenta el efecto de la variación del nivel de precios, en julio de 2019 la remuneración real promedio cayó 4,3% frente a igual mes del año anterior y la remuneración real mediana 5,9%”, estimó la cartera laboral.

La consecuencia de ese proceso, que fue notablemente más intenso en el caso del empleo en negro, al punto que el Indec estimó una suba nominal de los salarios de 34,7% en 12 meses hasta julio, fue el exponencial aumento de los indicadores de pobreza e indigencia.