Hasta abril los indicadores de actividad, como de inflación y financieros, mostraron un panorama de extensión de la recesión y del mal humor entre los empresarios, trabajadores, y por tanto en los índices de confianza en el Gobierno, como del Consumidor.

Pero los primeros datos de mayo, y sobre todo desde el inicio de junio, junto con la aparición de la liquidación estacional de las divisas de los exportadores del agro, sustentada más en el aumento de las cosechas que en los precios internacional que cayeron fuerte, surgieron modestos ajustes en la política económica y cambiaria destinados a poner freno a la caída del consumo, más las definiciones de las alianzas electorales que trajeron alivio a los empresarios, produjeron un punto de giro en las expectativas de corto plazo.

Frente a ese nuevo escenario Infobae entrevistó a la economista María Castiglioni, socia y directora de C & T Asesores Económicos, para analizar la nueva coyuntura y qué espera en materia económica no sólo para el segundo semestre, sino también para el próximo ciclo de gobierno “gane quien gane”.

– ¿Cómo ve la coyuntura hoy, a casi un año de lo que fue el tsunami financiero y cambiario, que tuvo un principio de repetición en los primeros meses de 2019?
– Lamentablemente, en los primeros meses del año hubo más inflación de la que se esperaba, y esto a su vez llevó a que nuevamente saltara el tipo de cambio a fines de febrero y marzo y realimentara la suba de los precios, por varias razones: porque no se esperaba una alta inflación; por los aumentos de las tarifas, al concentrarse en ese tiempo; pero también por la dinámica negativa que generó entre devaluación e inflación; por la imagen del Gobierno y por la aparición de chances de cambio en diciembre; y el fantasma de que Cristina Fernández de Kirchner, que más allá de lo que ella pueda ser, generaba en los inversores la idea de un cambio de política, y por lo tanto alentó la fuga de capitales.

Ese combo fue bastante complejo, en un contexto de una política monetaria que arrancó en octubre sumamente restrictiva; lo mismo a nivel fiscal, más allá de que podría no alcanzarse el equilibrio primario, va a estar cerca de eso; y el financiamiento al Tesoro es nulo. Por lo tanto no habían tantos factores inflacionarios, más que las tarifas. Sin embargo, ese contexto fue bastante difícil a comienzos del año y generó una dinámica negativa.

– Luego se cortó con la flexibilidad que logró el equipo económico de parte del Fondo Monetario…
– Exacto. Ese fue el punto fundamental, porque abrió la posibilidad de que el Banco Central pudiera intervenir en el mercado de cambiario para evitar la volatilidad del tipo de cambio, por la sensibilidad que el precio del dólar tiene en la Argentina; y más aún en un contexto preelectoral.

– ¿La actual estabilidad cambiaria, que hasta ahora está jugando a favor de la desinflación, porque en el cotejo interanual mantiene una variación muy superior al alza de los precios, pero en la medida que se avance hacia septiembre, los $45 / $46 actual no van a diferir mucho del valor de un año antes, pero la inflación será todavía superior a 40%, puede constituir una complicación para el Gobierno actual si es reelecto, como para el eventual sucesor?
– Creo que hay un juego que es clave, que es la relación entre el tipo de cambio nominal y la inflación, y en este momento el problema que se percibe es que, dado el escenario político, una devaluación se traduce rápidamente en inflación. Por lo tanto, en el corto plazo tampoco es negocio permitir un fuerte salto cambiario. Eso no quiere decir que la cotización del dólar va a quedar absolutamente planchada, tal vez sea ideal que a fin de año termine un poco más arriba. Pero lo importante es que no se produzcan subas muy fuertes, porque eso se traduce en escalada inflacionaria y come rápidamente la ganancia competitividad cambiaria.

– ¿En este momento de abundancia estacional de la liquidación de las exportaciones de las cosechas y de baja de las importaciones, aprovechar la flexibilidad que le dio el Banco Central para comprar divisas y evitar que comience a rezagarse la cotización y generar presiones futuras?
– No, porque la autorización de intervención es para evitar que saltos bruscos, porque la esencia es que se mantenga la flexibilización cambiaria.

– ¿Eso quiere decir que no ve la posibilidad de intervención preventiva, para que no se aprecie el peso y luego se genere el espacio para una devaluación brusca?
– No, la esencia sigue siendo la misma, que persista la flotación cambiaria, y sólo intervenir frente a situaciones de saltos bruscos que es peligroso, porque como hubo en algunos momentos de marzo, donde en un día la cotización del dólar subió un 5%, eso genera en los argentinos una sensación de pánico, como también había ocurrido a fines de marzo del año pasado. Creo que el objetivo más bien es ese, y no estar interviniendo en el tipo cambio permanente, porque una parte de las reservas están integradas con aportes del Fondo Monetario que van a ser utilizadas para deudas. Por tanto, de un nivel de más de USD 64.000 millones, solo quedarían para intervenir unas USD 20.000 millones, para evitar esos saltos brutos si surgiera una corrida muy fuerte.

– ¿Ese margen de intervención del Banco Central le parece aceptable?
– Cuando se miran procesos electorales anteriores, surge que esto alcanza. Además, hay que tener en cuenta que hay una parte de las carteras que ya se redolarizaron el año pasado. Nunca se sabe si alcanza o no. Pero eventualmente no debería ser algo que inquiete. De hecho, ya el anuncio de la posibilidad de intervención sin zonas que lo impida cambió las expectativas. Aunque, no es que la dolarización se frenó, sino que es ahora mucho más ordenada para quienes quieren pasar las elecciones con divisas líquidas, y aprovechan el momento que hay mucha liquidación de divisas para hacerlo.

Lo que no se puede descartar es que no haya ruidos, según los resultados de las PASO; y luego en la Primera Vuelta, en octubre. Para eso está la posibilidad de intervenir por parte del Banco Central, incluso sin tocar el techo de la banda que se mantiene. Pero la realidad es que, como en C & T Asesores Económicos lo venimos diciendo desde hace tiempo: para que las expectativas mejoren la condición necesaria, pero no suficiente, es que la cotización del dólar esté relativamente estable, no fijo, sino que deje de tener movimientos bruscos. Eso podría lograrse, porque además de poder intervenir el Gobierno dejó decidió postergar los aumentos tarifarios que estaban previstos para los próximos meses. Y además anunció medidas para que no aumenten algunos precios, y con tipo de cambio calmo eso debería redundar en menor inflación.

– En mayo el Indec mostró una nueva desaceleración, pero para junio las expectativas son que continuará ese proceso, pero notablemente acotado, un 2,7% ¿en su consultora que esperan?
– Por ahora estimamos que la inflación en junio va a estar cerca de 2%, el cual sigue siendo un número muy alto; obviamente. De hecho, algunas estimaciones de la primera semana del mes, como la de FIEL, dieron bastante menor. Luego habrá que ver la forma de contabilización de la variación del precio del gas, con un régimen más constante a lo largo del año, pero en general se está viendo una estabilización, o menor aceleración de muchos precios y eso es fundamental porque, en definitiva, por un lado tranquiliza las expectativas. Y, por otro lado, las familias, los argentinos que perdieron muchísimo poder adquisitivo con la aceleración de la inflación y los salarios que tuvieron en 2018 aumentos muchos menores, recién hacia fin de ese año comenzaron a renegociarse, y a concederse compensaciones, y que continuaron en estos meses, van a mejorar el salario real en la medida que baje la inflación.

– ¿Cree que habrá recuperación de los salarios en términos de poder de compra?
– Si bien creemos que va a haber una recuperación de los salarios, que será compleja y variable según los sectores, va a ocurrir, moderadamente durante el año, pero no va lograr revertir la caída del año pasado, pero si empezará a mejorar en el mes a mes. Los jubilados y los perceptores de planes sociales, si la inflación se desacelera, también mejorarán sus ingresos, dada la fórmula de movilidad y las proyecciones que hacemos de los precios. No compensará lo que perdieron el año anterior, pero significará un cambio de escenario.

– Se dice mucho que la economía no va a influir en el resultado de las elecciones. ¿Usted cree, en base a la experiencia y el estudio de análisis comparados, que el consumidor tiene tan fresco cuál era el poder adquisitivo del año anterior, o influyen más los movimientos recientes, y por tanto la recuperación mes a mes del salario real podría tener un efecto positivo, pese a que para los economistas el cotejo interanual arroja aún un resultado negativo?
– Me parece que en estos meses dado lo duro que fue, y donde la gente asumió que hubo una crisis muy grande, se generó una suerte de aprendizaje que tal vez los economistas lo veíamos y, a veces era muy difícil de transmitir que había muchos problemas por resolver, más allá del optimismo poselecciones de 2017, y que el camino elegido del gradualismo era un camino de cornisa. Entonces, si se cumplían todos los supuestos era sustentable, pero en 2018 muchas cosas ocurrieron y nos caímos de la cornisa. Tal vez el colapso no fue como el de 2001, o la hiperinflación de 1989, pero los más jóvenes no lo recuerdan ni lo estudiaron, realmente. Pero es cierto que la referencia es difícil: se pueden recordar momentos complicados, pero es muy difícil revivirlo.

Sin duda, tal vez, puede estar la sensación de que no se estará mejor, pero creo que a medida que avance el año será cada vez más importante la referencia de los últimos meses y ver si se tiene la sensación de que se está mejor, igual o peor, ahí estará la clave. Y si bien eso no podría influir en las elecciones, aunque sí creo que si la actividad sigue empeorando va a afectar las chances del actual Gobierno drásticamente. De hecho, en esos momentos de marzo fueron donde las posibilidades de una tercera vía habían empezado a crecer notablemente.

Y los últimos datos, coinciden todas las encuestas anteriores a la definición de la fórmula del oficialismo, que esa tercera vía está desapareciendo. Por varios motivos, pero una de ellas tiene que ver con la economía. Y gane quien gane la población entiende que los próximos años no serán de un boom, sino más bien de una recuperación suave. Creo que pasamos años en los que empezamos a tomar conciencia, como sociedad, del aprendizaje, de que hay que vivir con lo que tenemos, y que teníamos un déficit muy grande. Y aunque no nos guste las tarifas altas, hay que pagar por el valor de los servicios. Se tardó mucho, es un proceso que tal vez no esté terminado, pero hay mayor conciencia de eso, y todo eso implica que hay que hacer esfuerzos, pero queda menos para poder disfrutar en un tiempo.

– ¿Cómo analista de la coyuntura económica, le inquieta que el Gobierno haya cedido a algunas presiones y relajara la política de subsidios económicos, con el Ahora 12; y el acuerdo con la industria automotriz para reanimar la venta de autos, también la construcción? ¿Afectará el resultado de las finanzas públicas?
– Se ha hecho siempre, más allá de que lo implementó el kirchnerismo originalmente, y de una manera mucho más amplia; y en 2017 también hubo algunos planes de ese estilo. El costo fiscal es en general bastante acotado en la medida que esas políticas ayuden a reactivar. También hay un costo fiscal cuando la economía no arranca, se ve en los números de la recaudación de impuestos. Creo que en la medida en que se tenga claro que es algo puntual, que es un complemento, no la solución, no me parece negativo. Lo que sí sería negativo es ampliarlo o extenderlo en el tiempo.

Es un momento que hacía falta algún tipo de ayuda para, sobre todo para los sectores medios de ingreso que no recibe subsidios, que está afrontando la mayoría de los costos; que se ve afectada por la caída de los salarios; por los mayores impuestos que volvieron. Y en el sector automotriz había muchos puestos de trabajo en riesgo, por tanto, un aliciente puntual no aparece un problema, en la medida que sea solo eso.

– Cuando vienen a la Argentina ilustres visitantes suelen decir. “los argentinos exageran la magnitud de la crisis” ¿Comparte esa reflexión?
– Puede ser. Una de las cosas más complicadas del año pasado fue que lo vimos en el primer trimestre, cuando fue el techo de la actividad económica, más allá que había un déficit de la cuenta corriente de balanza de pagos alto, otros países también lo tienen, pero es un riesgo, y además déficit fiscal, se estaba creciendo bastante sanamente: las exportaciones estaban en aumento en volumen; la inversión era lo que más estaba creciendo, lo cual era bueno; y el consumo público venía bajando. Eso, obviamente, se cortó, pero había una expectativa de crecimiento del PBI en torno a 3,5% a 4%, generalizado. Entonces la industria pensaba aumentar la producción 20%, con más ventas a Brasil y también mercado interno. En el Coloquio de IDEA nunca hubo tanto optimismo. Por eso creo que no fue tanto la magnitud de lo que cayó la economía, sino el contraste con la expectativa que había. Eso fue lo más duro, ese cambio.

Una señal del optimismo era que la Argentina era el país donde más tickets se habían vendido para el Mundial de Fútbol. Claramente que se trataba de un indicador parcial, pero también es cierto que la Argentina se encontraba festejando como si no tuviera problemas. Se vivía un sobre optimismo, y me parece que caímos en un hiper pesimismo. Por eso me parece sano que quien gane a futuro se entienda, como país, que hay mucho todavía por resolver, para poder crecer sostenidamente, y no pretender crecer al 8% porque después caemos fuertemente. Recién ahora hemos aprendido que para crecer se requiere de equilibrio fiscal, y discutir de ciertas cosas que recién ahora estamos empezando a hacerlo como sociedad; y que nuestros vecinos ya lo aprendieron hace años, y eso los ayudó a reducir su volatilidad. Eso es fundamental. Fue un aprendizaje que tuvimos que hacer casi por las malas.

– ¿La clase media puede mejorar su humor con la recuperación de su ingreso, o también necesitará que bajen las tasas de interés para que pueda volver a utilizar el crédito, pero no parece que el Banco Central tenga margen para ir más rápido?
– Este año será difícil, porque viene ahora el proceso preelectoral. Hay una muy suave baja de las tasas de interés del Banco Central, y eso desalienta a algunos sectores, como la actividad inmobiliaria. Por eso la reactivación del crédito seguirá siendo una asignatura pendiente, compleja. Por eso el crecimiento de la actividad estará centrado en el segundo trimestre en la reactivación del agro, mientras que en el tercero y cuarto estimamos que será levemente positivo. De modo que el año va a terminar con un aumento muy leve, en torno a 1%, por eso las medidas que están tomando para favorecer a sectores castigados. Tampoco Brasil está traccionando menos que el esperado.

– ¿Los informes internacionales que recibe qué le dicen, ese cuadro se va mantener, o para 2020 puede cambiar?
– En general para 2020, a nivel global, hay una idea de que se espera una leve mejoría. Probablemente se mantenga un signo de pregunta sobre lo que va a pasar con la guerra comercial entre Estados Unidos y China, como gran, gran incógnita. Creo que en este contexto internacional lo que le favorece a la Argentina es que las tasas de referencia de la Reserva Federal de los Estados Unidos no van a subir. Eso para el futuro es fundamental porque las necesidades de financiamiento son importantes. Por es relevante la apertura de mercados, porque aún en un escenario negativo tiene mucho para ganar, porque es unos de los países más cerrados, y tiene ventajas competitivas para ingresar a plazas de Medio Oriente, India, y África que siguen igual creciendo y demandando los productos que ofrece la Argentina. Esa es unas de las cosas positivas para resaltar que ha hecho el Gobierno para relacionarse con el mundo, pero para que las empresas locales, los productores locales, entiendan que ese es el camino, también hay un aprendizaje.

Toda la economía tiene que adaptarse a eso, que implica tener cumplimiento calidad, de tiempos, de toda una metodología y una mentalidad que hay que ir cambiando. Y, obviamente, la infraestructura portuaria, trenes, aeropuertos, y servicios ligados a todo este proceso, donde se ha hecho mucho, pero no se ha terminado. Lo que genera duda en este proceso electoral, es que el kirchnerismo, la fórmula F-F, no parece estar orientada a pensar estos puntos. Por eso este año, más allá de algún caso puntual de mercados que ya están abiertos, o mercados que ya están funcionando con más exportaciones, parece que hayan inversiones en esos puntos. Sí claro que seguirá todo lo vinculado con la energía, como Vaca Muerta. El sector agrícola también. Pero hay otros sectores que están más a las expectativas del resultado de las elecciones.

– ¿Espera que para asegurar el clima electoral el Gobierno deje atrasar el tipo de cambio, por sus efectos positivos sobre la desinflación?
– Creo que el aprendizaje de 2018 enseñó que el tipo de cambio real no deberá caer demasiado. Hoy está en un nivel relativamente cómodo, pero hay retenciones de emergencia sobre las exportaciones. No es bueno que se deje atrasar el tipo de cambio. Hoy más que estrategia de desinflación hay que entender que en este contexto el salto tipo cambio no trae resultados en términos de competitividad, y por el contrario genera efectos negativos. Eso no quiere decir que se vaya a congelar la paridad cambiaria nominal, sino evitar que se den saltos bruscos.

De hecho, este año, puntualmente, por los Fondos del FMI que el Tesoro tiene que vender neto unos USD 9.600 millones, a un ritmo de USD 60 millones por día; el superávit comercial; la reversión del comercio exterior y la reducción del déficit del turismo internacional, la Argentina está teniendo una enorme afluencia de dólares genuinamente, lo cual tampoco avalaría una devaluación fuerte de la moneda. Y creo que hay algo diferente de lo que era al principio del Gobierno de Macri, donde si bien no quería dejar atrasar el tipo de cambio, el Banco Central terminó comprando dólares para evitar eso, pero generó un problema a través de la sobre emisión de Letras. Por lo tanto, no era una solución.

Creo que quitar el financiamiento al Tesoro es una cosa que va a ayudar, sin duda, a que la estabilidad cambiaria pueda persistir, pero también es un desafío a tener en cuenta. La clave es que la inflación siga bajando, dado que pasado este período electoral queda muy poco por corregir de tarifas; que es un factor inflacionario directo.

Y varias cosas que se corrigieron puedan mejorar, y que el Banco Central mantenga una política muy estricta para reducir la inflación, y que la política fiscal siga mejorando, porque no es solamente alcanzar el equilibrio primario, sino que hay que tender de a poco al equilibrio financiero; y atender la competitividad, a través de la baja de costos; portuarios, impositivos; en lo financiero, laboral y desregulaciones, que en algunos casos van avanzando, y en otros todavía falta mucho.