En el comienzo del último año de Cambiemos, la economía doméstica pasa por su peor momento. Eso es explotado naturalmente por los partidos de la oposición que aspiran a sucederlo, mientras que desde el oficialismo no muestran capacidad de reacción y sólo esperan a que a partir del segundo trimestre, cuando la comparación con lo peor del año anterior empiece a dar indicios de salida de la recesión, aunque sin llegar a recuperar el terreno perdido.

Mientras tanto, los mercados se mueven al ritmo de dos variables que se muestran contrarias a mejorar el panorama del corto plazo: la cotización del dólar y el nivel de las tasas de interés, con sus consecuentes efectos sobre el índice de riesgo país. El primero contribuye a exacerbar la inflación y el segundo a deprimir la actividad y el empleo, y ambos llevan a empinar el ya elevadísimo nivel de pobreza de la población.

Frente a ese cuadro, Infobae entrevistó a quien fuera presidente del Banco Central en los primeros meses de la salida de la convertibilidad y actual vicepresidente del Banco Hipotecario, Mario Blejer, en su rol de reconocido economista internacional, pero también de activo partícipe de foros en todo el mundo que le permite está al día en la percepción que tienen los grandes inversores sobre la realidad de la Argentina.

– Hace poco más de un año, cuando lo entrevisté semanas después de la fatídica conferencia de prensa del jefe de Gabinete con el actual ministro de Hacienda, el ex de Finanzas, Luis Caputo y el ex presidente del Banco Central, decía: “en el exterior ven al Gobierno más fortalecido que en diciembre” (2017). ¿Hoy cómo lo ven?
– Todo tiene que ver con la realidad política, aunque la económica también. Y hoy lo que le inquieta a los inversores internacionales es qué va a pasar con las elecciones. Uno puede hacer una exposición en power point, pero al final la pregunta qué hacen es ¿qué va a pasar con las elecciones? Pero en general observo que son optimistas y pesimistas en el largo plazo. Hay de todo, Ahora, respecto de la Argentina, obviamente hay temor a un regreso del gobierno anterior, a las políticas del régimen anterior. Y como en cualquier otro país la Argentina no puede funcionar bien si no hay inversión.

en la función de inversión esperar tiene valor, a diferencia del consumo, porque si quiero comer algo deseo hacerlo ahora, pero si pienso en hundir capital en el proceso productivo puedo esperar más información, aunque si se espera demasiado se puede perder el negocio. Por eso se busca el momento óptimo. Pero ese óptimo se ha extendido demasiado porque el inversor hoy se muestra reacio a invertir.

– ¿A qué atribuye esa actitud? ¿a la incertidumbre que genera el año electoral y la creciente posibilidad de que vuelva el gobierno anterior, y con ello el cepo a varias áreas de la economía, o la decepción por los resultados de la política económica de Cambiemos?
– A la incertidumbre electoral, principalmente. Hoy hay una baja de la inversión por la incertidumbre política. Pero por otro lado hay más inversión de la que la gente cree, en particular en sectores como el energético; todo lo que tiene que ver con la agroindustria; también en lo que no se ve, no se construyen fábricas o ampliaciones de plantas, pero si ha habido bastante en renovación de equipos, incorporación de tecnología moderna. Lo que pasa es que este Gobierno ha sido malo para comunicar las malas noticias, y también las buenas, lo cual es un poco extraño.

De todas formas, hay claro un problema de incertidumbre. Muchos inversores hacen el siguiente razonamiento: “es cierto, hay una creciente probabilidad de que la Argentina no salga adelante, porque desde el punto de vista político pueden volver políticas antiinversión, y anticrecimiento”. Pero también es cierto que hay una probabilidad, no ínfima, de que el Gobierno gane las elecciones. Si eso se da, los que se posicionaron ahora van a tener una ganancia extraordinaria.

– ¿Cómo ve a la oposición, percibe que muchos están aprovechando este momento económico, que es el peor de la gestión Cambiemos comparado con lo mejor de los últimos 3 años, y genera un clima de angustia, de zozobra, de que el Gobierno fracasó, porque sabe que a partir del segundo trimestre, cuando se produzca el fenómeno inverso de comparar aún pobres o malos indicadores presentes con lo peor del año previo, ya no podrá esgrimir esos argumento con la misma fuerza?
– Escuché a gente de Poliarquía, por ejemplo: “ha habido un aumento muy grande del pesimismo, la gente es pesimista en cuanto a su futuro, en lo personal como del país en lo que respecta a la economía. Y eso es asumido por casi el 90% de la población”. Y la interpretación que hace es que eso es muy malo para el Gobierno. Pero yo no estoy seguro de que sea muy malo para Cambiemos, porque es mejor que la población esté pesimista y sorprenderla con un resultado que en general se percibirá como negativo pero comparado con sus expectativas es bueno; que tenerla optimista y luego defraudarla. Un mismo resultado, un mínimo crecimiento de 1% sería magro en general, pero si esperaba 3% se transforma en un desastre, pero preveía recesión se convierte en un hecho positivo. Creo que eso es un poco lo que está pasando.

Me da la sensación de que la economía va a estar un poco mejor en el segundo semestre que en el primero. No sé si mucho mejor, pero lo importante es que esté mejor de lo que la gente piensa y espera. Por eso no estoy tan seguro de que el pesimismo de hoy sea tan negativo para el Gobierno. Además, creo que mucha gente tiene preestablecido a qué va a votar, no se a quién, y por qué.

– ¿Cree que la situación económica volverá a ser determinante en estas elecciones, es decir que la gente votará con el bolsillo, o el temor a la posibilidad de regreso de las políticas de aislamiento, cierre de la economía y alta corrupción, adquiera mayor relevancia?
– Estamos hablando de un grupo muy específico de votantes: Hay un 30% que está a favor del regreso de Cristina Kirchner; un 30% aproximadamente que es el piso del presidente Mauricio Macri; y las dudas se plantean es qué va hacer el 40% restante. Y eso dependerá mucho de quién sea candidato. Hoy creo, más que antes, que esa parte de la población va a mirar qué contenidos tiene la propuesta de los candidatos principales. Espero.

– ¿Cómo ve la política monetaria y cambiaria del Banco Central que puso en práctica desde octubre de 2018 de emisión cero y de zona de no intervención en el mercado cambiario, habida cuenta de la carrera alcista entre el tipo de cambio y la tasa de interés de referencia que inquieta a muchos economistas y empresarios?
– Creo que está bien lo que se está haciendo en el uso de la política monetaria, está en línea con lo que dicen los manuales de economía. No hay una gran diferencia de la política que apliqué cuando fui presidente del Banco Central en 2002, cuando hablaba de la puja entre la codicia y el pánico. Pero en este momento eso no va a resultar suficiente porque las expectativas están muy desancladas, y por tanto puede suceder cualquier cosa.

La política monetaria necesita tiempo, tiene un rezago de varios meses para que se vean sus efectos, pero también depende de qué pasa con la demanda de dinero, la cual es muy baja, porque las expectativas están desancladas. Creo, como también lo han dicho muchos otros economistas y analistas políticos, que es necesario encontrar alguna forma de acuerdo patriótico, de muy corto plazo, no más de 3 meses, que permita una tregua de precios, salarios, tarifas.

– ¿Cómo banquero, y también como destacado economista, comparte los dichos de algunos de sus colegas que es más importante contener al dólar, porque para la economía y el Gobierno es más perjudicial un tipo de cambio en sostenida alza que la fuerte suba de las tasas de interés?
– Creo que lo más importante es saber cuál es el objetivo, si es estabilizar la economía, es muy difícil con un tipo de cambio fluctuando fuertemente, con niveles bajos que atraen a los capitales especulativos. Si el objetivo es crecer, entonces es otra historia

– ¿Qué es lo que le preocupa más en este momento, en materia de perspectiva de la política económica?
– Conocer cuál es la propuesta que tiene cada candidato a presidente para el largo plazo, e incluso hay algo más importante, que es lograr liberar la competitividad del nivel del tipo de cambio, y obtenerla a través de otras formas y mecanismos; como a través del aumento de la eficiencia del trabajo, la mejora de la productividad del conjunto de los factores de producción; ampliando los mercados donde se puede penetrar; incrementando el nivel de tecnología y de la educación de la población. Hace 70 años que estamos tratando de ganar competitividad moviendo la tasa de cambio.

– Por eso fracasó. Seguramente muchos estén de acuerdo con esa enumeración, pero lograrlo no parece que dependa exclusivamente del Poder Ejecutivo, ¿o sí? Sobre todo teniendo elecciones cada 2 años que llevan a los políticos a pensar más en el corto plazo que en el largo ¿Cómo cree que se podrá romper esa restricción?
– Por la vía de la búsqueda de consensos. Más que todo hay que tratar de explicarle al público cuál es el problema, y cuál es la solución, para poder mejorar la capacidad de la gente para tomar decisiones razonables, desde el punto de vista de las opciones que existen. A mi me han dicho cosas raras, como que “no existe el largo plazo”, o “el futuro es siempre corto”, pero lo cierto es que existe, obviamenteV. Y hay países que han logrado, aun con un sistema político inestable, que puede caer en cualquier momento, consensuar algún tipo de políticas de Estado de más largo plazo.

– Pero…
– En la Argentina no nos dejan llegar al largo plazo. No es tanto las políticas de corto plazo, sino que se ha creado la famosa grieta. En todos lados hay diferencias entre la izquierda y la derecha, entre lo que piensan unos y otros, pero no hay las diferencias que no permiten aceptar nada de lo que se proponga del otro lado, no importa qué.

– ¿Ve una parte de la política interesada de que esa grieta se mantenga?
– Sí, en este momento hay una parte de la sociedad que la está alimentando, obviamente.

– ¿Cómo debería ser la política económica para que pueda mostrar con resultados que esa estrategia de alimentar la grieta no conduce a ningún lado, mientras que hacer las cosas bien sí?
– Es muy difícil, porque primero hay que hacer las cosas bien…

– Y eso lleva tiempo…
– Sí, y además, hay gente que en este momento está interesada en este momento que al Gobierno le vaya mal, políticamente. Eso pasa muchas veces en otros países en tiempo de elecciones, pero acá no sólo les interesa que le vaya mal, sino que además trabajan en contribuir a eso, y además no les importa el costo. Pero en realidad si al Gobierno le va mal si o sí los que más sufrirían serán sus propios seguidores. Y creo que hay una confusión entre las políticas de corto, con efecto inmediato y las de largo plazo. Pero, hay quienes eso no le importa, y sólo les preocupa tener poder para implementar políticas diferentes. Eso tiene un costo que habrá que pagarlo.

– Como economista experimentado y por su función en el banco, que lo lleva a transitar por organismos y foros internacionales, financieros y empresarios, ¿por qué cree que la Argentina, pese a tener un acuerdo con el FMI que le da profundidad al plan financiero, incluso hasta el primer año del próximo gobierno, se sigue dependiendo tanto del humor internacional para determinar el nivel del tipo de cambio y de la tasa de interés?
– Básicamente porque estamos muy endeudados. Esa parte es trágica. De toda la herencia del gobierno anterior eso era lo único que se había salvado, porque había dejado un nivel de deuda bajo.

– ¿Esa deuda baja no cree que era irreal, porque no contemplaba parte de la deuda con los holdouts; el atraso en el pago de intereses, y el atraso cambiario que elevaba artificialmente el nivel del PBI convertido a dólar?
– Seguro, de eso no tengo duda. Pero no quiere decir que era baja. Se lo podrán cargar muchas culpas al gobierno anterior, pero los números eran esos y eso era lo que veían los mercados; lo que permitía haber hecho una política fiscal laxa, pero no tan flexible. Y lo cierto es que hoy el mercado de crédito para la Argentina está muy restringido y los canales de transmisión de la política monetaria también porque el mercado local es muy pequeño. Eso lleva a que la dependencia del crédito internacional sea muy importante.

Y si bien la Argentina es un mercado cerrado, con baja apertura al comercio internacional en términos de PBI, tiene una alta dependencia, porque depende mucho de los precios del mercado mundial, tiene muy poca muñeca para poder cambiarla nada. Es un tomador de precios. Además, como se depende mucho de la tasa de cambio, aparecen los humores de subibaja de la paridad todo el tiempo, y ha aumentado el pass through, el traslado a precios de la devaluación.

– ¿Si pudiera volver el tiempo atrás, a comienzos de 2016, hubiera optado por la política de endeudamiento que eligió el Gobierno para no cargar sobre la emisión monetaria el financiamiento del abultado déficit fiscal y correr el riesgo de caer en hiperinflación, o hubiese hecho lo contrario para que se reacomoden los desajustados precios relativos de tipo de cambio, tarifas y otros?
– Sé que Dios nos da muchas cosas, pero no la oportunidad de volver el tiempo atrás, y poder volver a hacer todo de nuevo y decidir cómo lo haría. Y aún teniendo esa posibilidad, no sería lo mismo porque contaría con toda la información que no tenía antes. Creo que definitivamente no hubiera adoptado las metas de inflación. Desde el principio fue un error, no por el nivel de la meta, sino el sistema, porque no está preparada la economía argentina para eso.

– ¿Qué ajustaría de la política económica actual?
– Sinceramente, me preocupa más el largo plazo que el corto. Y para llegar ahí creo que hay que buscar un esfuerzo balanceado. Esa falta de balance ha sido siempre el gran problema, no se puede concentrar en lo monetario o en lo fiscal, debe estar equilibrado. Le voy a decir por lo que muchos me han criticado: en este momento, en un país como la Argentina, la independencia del Banco Central de la que tanto hablan es bastante irrelevante. Y no es que tiene o no tiene independencia del Gobierno central, lo fundamental es la coordinación de las políticas macroeconómicas. Me parece que para mantener ciertas fricciones políticas se sacrifican esas cosas. Y vi un comentario de Milton Friedman, un impulsor del capitalismo y del libre mercado: “los bancos centrales nunca son independientes, siempre dependen de la autoridad del Estado. Y cuando las dos partes quieren lo mismo, no hay conflicto y nadie habla de independencia”. Pienso lo mismo.