El 28 de octubre comenzó la transición al cambio de gobierno el 10 de diciembre, y si bien aún no hubo contactos entre los equipos económicos de las autoridades que se van y las que vienen, desde la gestión actual se tomaron claras medidas tendientes a facilitar el proceso, como la intensificación del cepo cambiario para frenar el ritmo del drenaje de las reservas en divisas; desarmar el stock de Leliq, e introducir modificaciones presupuestarias, para adecuar el gasto a la aceleración de la inflación tras la fuerte devaluación de septiembre y del último mes.

Pero aún quedan varias asignaturas pendientes que se consideran claves para poder salir de la recesión y mejorar las expectativas para el corto y largo plazo.

Al respecto, Infobae entrevistó a Miguel Broda, director de Carteco desde hace 32 años; uno de los economistas más consultados por parte de las grandes corporaciones locales, y también del exterior y organismos internacionales, aunque pocas veces por parte de funcionarios del Poder Ejecutivo Nacional de turno, pese a que, asegura, “siempre estoy dispuesto, menos para aceptar un cargo”, para que de su visión de la nueva coyuntura, muy diferente a la de apenas 8 meses atrás cuando le decía a este medio: “Tengo una visión positiva de lo que está pasando, en un contexto donde el país recibió una fuerte caída de la demanda por activos argentinos, y con la sola entrada de capitales teníamos vulnerabilidades muy grandes”, aunque también preveía: “dificultades para cumplir algunas de las muy exigentes metas con el FMI que llevarían a pedir un ‘waiver’ anticipado”.

– Se despejó el frente electoral ¿Es suficiente para proyectar el horizonte de la economía?

– Creo que después de la elección presidencial hay tres puntos positivos a destacar. En primer lugar, la reacción inicial del presidente Macri invitando a Alberto Fernández a un desayuno con el objetivo de iniciar una transición más ordenada, con un clima de mayor colaboración. En segundo lugar, tras un control de cambios ineficaz que terminó generando un aumento de la compra de dólares-billetes de personas humanas, se cerró ese canal. El endurecimiento del cepo permite preservar reservas con lo cual actual mandato terminará con un stock de reservas disponibles algo mayor. Y en tercer lugar, es positivo que el Parlamento haya quedado relativamente equilibrado. Se reduce así el riesgo de que el Congreso sea una “escribanía”, escenario que hubiese generado gran incertidumbre.

– ¿El control de cambios inicial con un límite de compra de hasta USD 10.000 por mes no fue funcional al comienzo del desarme de la bola de nieve de las Leliq?

– Creo que los primeros controles cambiarios resultaron ineficaces. Lo cierto es que tras las PASO se cometieron algunos errores. Se reperfiló la deuda pública de manera improvisada con lo cual quedaron muy abultados los vencimientos de deuda que hay que atender en los próximos meses. De hecho, se ha agravado el panorama para el próximo presidente que de arranque ahora tiene que enfrentar obligaciones de deuda demasiado elevadas. Además, 48 horas después se recurrió a un control de cambios que resultó poco efectivo para contener la demanda de dólares para atesoramiento de las personas humanas. Afortunadamente, después de la elección se pasó de un cepo ineficaz a un super cepo. Además, se observa un clima de mayor cooperación y ahora hay chance de una transición ordenada hasta el 10 de diciembre.

El endurecimiento del cepo era necesario para preservar las reservas del Banco Central, pero ello no cambia la perspectiva económica. La crisis persiste, la herencia que deja la administración de Macri es compleja y se vienen tiempos difíciles. En una primera instancia tuve la impresión que el futuro gobierno podría llegar a cometer el mismo error que cometió Mauricio Macri a fines de 2015: subestimar los problemas macroeconómicos heredados y sobreestimar los efectos positivos de un cambio de rumbo.

Mauricio Macri heredó severos desequilibrios macro, déficits gemelos, precios relativos reprimidos y estanflación, además de un gran deterioro institucional y el descrédito en las estadísticas del país. Pero el presidente y su equipo económico subestimaron los desequilibrios heredados. Creyeron que con el cambio de rumbo (pro-mercado e integración al mundo) iba a dar lugar a un shock de confianza y reactivación económico y que ello serían suficiente para corregir los desequilibrios macro heredados. Ahora tengo la sensación que de a poco que Alberto Fernández comienza a darse cuenta que solo con el cambio de rumbo (hacia una mayor intervención del Estado en la economía) no va alcanzar para resolver los problemas macro que tiene la Argentina.

– Antes de avanzar con los detalles de sus primeras reflexiones, porque abrieron varios disparadores a diversas preguntas, ¿le preocupa o contempla en sus análisis la posibilidad de una “borocotización” en el Congreso, y lo que hoy aparece como una garantía de la institucionalidad a partir del 10 de diciembre se transforme en sorpresas propias de la política, en la que no pocos han mostrado no ser fieles a sus convicciones, y cambian de bloque, a favor de la fuerza gobernante?

– Todo es posible. Dependerá del rumbo que elija Alberto Fernández. También es posible que algunas de sus iniciativas sean más entusiastamente acompañadas por la bancada de Juntos para el Cambio, que para el kirchnerismo puro. La Argentina enfrenta problemas objetivos que no se resuelven con ideología o el cambio de rumbo. Creo que es una buena noticia que haya quedado un Congreso relativamente equilibrado con la capacidad al menor para ponerle freno a los proyectos extremos. Aunque siempre existe el riesgo de que el oficialismo alcance las mayorías necesarias para proyectos más “grises”.

Además del endurecimiento del cepo, es una buena noticia que post elecciones el BCRA le haya puesto fin a los encajes remunerados sobre los depósitos a la vista. Con esta medida se disminuye el impuesto inflacionario que venía recaudando el sector financiero, sector que ha usufructuado de la inestabilidad macroeconómica. Obviamente por necesidad, porque vamos a necesitar emitir y controlar de alguna manera los agregados monetarios. Si bien no deberíamos tener impuesto inflacionario, lo cierto es que habrá que emitir para atender las obligaciones financieras en pesos del Tesoro, y si esto es así, siempre es preferible que el impuesto inflacionario lo recaude el Estado y no el sistema financiero.

En definitiva post elecciones han habido algunas buenas noticias (clima más cooperativo, super cepo, cambios en encajes remunerados) que posibilitan una transición más ordenada financiera y cambiariamente.

– Exacto, pero al mismo tiempo pareciera que Alberto Fernández siguió en campaña, en los actos en Tucumán y en Santiago del Estero, destacando la complicada herencia. ¿No debería comenzar ya a dar pistas sobre cómo prevé sus primeros actos de gobierno para empezar a salir de la recesión y recuperar la confianza de los inversores internacionales?

– Es cierto que resaltó varias veces la complejidad de lo que recibe. Pero los resultados de las PASO cambiaron el país. Mi interpretación es que al equipo económico que está alrededor de Alberto Fernández le tomó tiempo darse cuenta del abrupto cambio en las condiciones iniciales que se iban a recibir en herencia. Vamos a tener 30 días hábiles donde me parece que todos los días van a ir teniendo un mejor diagnóstico de las dificultades que se reciben. Hoy veo una asimetría entre la magnitud de las dificultades y, en cierto sentido, la superficialidad del equipo hasta ahora explicitado.

Lo que quiero decir es que la situación es muy compleja, no tenemos financiamiento de ningún lado. Tenemos la urgencia renegociar la deuda si se quiere evitar ir a la renegociación después del default porque quedamos con muy pocas reservas disponibles en el Banco Central. Tenemos una política monetaria con necesidad de expansión de la base monetaria para financiar el déficit fiscal primario; y financiar este increíble reperfilamiento de la deuda que implica necesidades de pesos y de dólares muy grandes. Tenemos una política fiscal que dejaría una inercia que, según nuestros cálculos, llevaría al déficit primario a 2.7% del PBI en 2020 (si el gobierno no hiciera nada). Y tenemos un problema cambiario, porque si bien estamos mejor ahora con super cepo, no sabemos qué va a hacer el nuevo equipo económico.

– Usted vio que al equipo económico cercano a Alberto Fernández le costó 50 días darse cuenta del cambio que significó las PASO ¿Cree que le llevará otros 50 días para se de cuenta del cambio ocurrido en la elección del 27 de octubre, porque un Congreso equilibrado no aparecía en los pronósticos de nadie?

– Creo que no. Aunque el desafío económico es mayúsculo. En este contexto sería aconsejable que el próximo presidente tenga la disposición de escuchar a distintos economistas, que siempre pueden contribuir a un correcto diagnóstico, el cual es clave para poder idear el programa económico que la Argentina necesita.

– ¿Quiénes serían esos economistas a escuchar de modo independiente, porque la mayoría están vinculados con alguna orientación política; uno puede ser usted y los otros?

– Creo que hay varios economistas independientes que podrían contribuir con su mirada, desde Rodolfo Santángelo, Daniel Artana ó Marina Dal Poggetto. Y claro que uno siempre está a disposición para aportar algún granito de arena.

– ¿Con qué se enfrentará el próximo presidente?

– El próximo presidente enfrenta la necesidad de coordinar cinco desafíos. Necesita restructurar la deuda pública y acordar con el Fondo Monetario Internacional. Necesita tener una política monetaria donde la expansión de dinero esté controlada. Necesita una política fiscal para mostrarle al mundo que tiene voluntad de restructurar. Tiene una política cambiaria que llega maltrecha y que no puede continuar al infinito. Y se sabe que habrá un acuerdo de precios, salarios y tarifas con la intención de frenar la inercia y tratar de contener las expectativas de inflación.

Claro está que si la política de ingresos es acompañada por una política económica consistente, el pacto social puede funcionar como un instrumento útil e interesante para quebrar la indexación y la inercia inflacionaria. Pero sin un andamiaje económico consistente, durará poco y podría llegar a tener consecuencias graves (basta recordar cómo terminó el Plan Gelbard-Leiva).

– ¿Ve que se piensa ir en esa dirección?

– Lamentablemente no parece que habrá un programa de Estabilización y Crecimiento en serio. Es probable que vayamos hacia un programa de sesgo peronista que incluirá un acuerdo de precios salarios y tarifas donde se buscará cierta consistencia entre la política de ingresos y las políticas fiscal, monetaria y cambiaria. Lo que parece que habrá es un intento de hacer consistente el pacto social con el resto de la política macroeconómica. Si no se lograra esa consistencia, habrá una aceleración de la inflación y mayor caída de la actividad económica. Iremos hacia un escenario inestable. La verdad, es sorprendente que nuestra sociedad no reaccione. Durante los últimos 70 años, la Argentina ha venido exhibiendo su propia “maldita trilogía”: 1. caída del PBI per cápita con disminución de la productividad; 2. incremento de la pobreza y la desigualdad; y 3. grandes crisis macroeconómicas recurrentes. A pesar de tener estas tres características, la sociedad no reacciona.

Los países que cambiaron lo hicieron con muchísimo menos caída del PBI que la Argentina; de ser el segundo, tercero y cuarto PBI por habitante del mundo, hoy está en el puesto 70; vemos a todos nuestros vecinos con 2% o 3% de inflación; 4% a 5% anual de tasa interés, mientras tenemos 60% y no reaccionamos.

– Cómo cree que puede influir el nuevo escenario de la región, con crisis en Ecuador, Perú, y hasta en Chile, es independiente de la economía?

– Donde se cayó el andamiaje de la economía es en Venezuela y Nicaragua, que están en caída libre. El PBI de Venezuela es hoy un tercio del que tenía hace 4 años. A fin de año habrá 6 millones de venezolanos que habrán migrado. Es desesperante ver que haya alguien normal que defienda lo que se está haciendo con el pueblo venezolano. Y sin embargo, nosotros vamos a una alianza con México y eventualmente, si gana el Frente Amplio en Uruguay, de mirar para otro lado.

En el mundo de las ideas ya no hay más grietas. La heterodoxia tiene claro que la primera condición para ser país normal -que debería ser nuestro único norte- es tener cuentas fiscales estables. Eso no pasó nunca. Pero en la política, probablemente se intente durante 6 meses, y probablemente después haya una reacción de la sociedad de decir basta: no se puede seguir siendo el país récord del mundo en inestabilidad macro. Con el agravante de que la alta y variable inflación genera el 90% de los conflictos que tenemos e impide los conflictos que si valen la pena (como son la reforma laboral; o la reforma previsional); tenemos tantos conflictos producto de alta y volátil inflación, que no tenemos más energía para los conflictos verdaderos.

Mi impresión es que a la sociedad se le debería decir que la Argentina, siendo un país bimonetario, puede ser estable. No me parece que esté en el visor de la próxima gestión económica. Vamos a dos modelos: 1. Convivimos con inflación de 30% o 40% al año, relativamente estable, y llamamos a eso estabilidad, lo cual es algo difícil de defender; o 2. Se acelera la tasa de inflación y vamos a problemas mayores. Todo en un contexto donde la economía que este año cae 2,7% promedio está dejando un arrastre estadístico negativo para el 2020 de al menos 2 puntos porcentuales (porque el nivel del PBI del cuarto trimestre se ubica por lo menos 2% por debajo del nivel promedio anual). Eso implica que si durante el año que viene se mantiene en el nivel de diciembre de este año, la caída promedio del PBI sería de 2 por ciento.

– ¿Sería el tercer año consecutivo en recesión?

– Sí. pero además con un PBI por habitante que ya es hoy 11% menor al de 2011. La verdad es que me parece que es el momento de decir basta y hacer un programa de estabilización en serio.

– ¿Ve alguna señal en esa dirección?

– Nada; sólo administrar la inestabilidad con estabilidad. Es algo difícil de entender, pero es el escenario más probable, y veremos si la situación monetaria, fiscal, cambiaria y la reestructuración de la deuda son consistentes con paritarias del 30% o 40% del pacto empresario y sindical.

– ¿Hay riesgo de volver a caer en la hiperinflación como 30 años atrás?

– El riesgo de caer en la aceleración de la inflación es muy serio. Si no se es muy cuidadoso en lo que se tiene que emitir para financiar al Tesoro, sí.

– En los años 70 y 80 el país se había acostumbrado a tasas de inflación de hasta 3 dígitos, de 150% a 350% anual ¿No puede repetirse ese escenario, con un gobierno peronista?

– Eso ocurría cuando en el mundo había inflación, no tanto como en la Argentina. Pero hoy los Bancos Centrales de la mayor parte de los países no saben cómo hacer para subir la inflación, porque el problema que tienen es la deflación. Hace 30 o 40 años teníamos el mismo PBI per cápita que Israel, hoy nos supera en 4 veces. ¿Qué pasó? Y, bueno, trataron de ser estables. En un marco estable sabemos cuál es la potencialidad del crecimiento de la Argentina; no tenemos mucho tiempo porque el éxodo de capital humano es desvastador. El problema es que por ahora parece que no estamos dispuestos a ser normales.

– ¿Qué le que le recomendaría al nuevo presidente, que empiece por el Fondo Monetario, para destrabar el desembolso de USD 5.400 millones, o que ataque varios frentes de conflicto a la vez?

– Es complejo lo que viene. Las últimas reestructuraciones de deuda exitosas muestran que los países hicieron un ajuste del déficit primario de 3% del PBI y lo mantuvieron. No me parece que esté en el horizonte del equipo económico una reducción del déficit fiscal en el equivalente a 3% del PBI. Somos defaulteadores seriales, por eso no nos creen. Sería recomendable una reestructuración de la deuda pública que tenga el aval del Fondo Monetario; que tenga el sello de calidad del FMI. (No me preocupa la deuda con el FMI porque comienza a vencer en el último trimestre de 2021). Pero sí me gustaría reestructurar con Acuerdo con el Fondo, y dejar de lado iniciativas muy poco probables como una reestructuración a la uruguaya, porque si hiciéramos algo así, en poquito tiempo estaríamos pensando en una reestructuración. Eso hay que evitarlo. Pero sin duda que esa es la urgencia.

– ¿Una vez normalizada la relación con el FMI y acordado un plan económico, el resto comienza a ordenarse gradualmente?

– Hay que hacer un esfuerzo fiscal, hay que demostrarle al mundo que estamos dispuestos a pagar.

– ¿Eso avalaría la posición de los economistas que sostienen que la Argentina enfrenta un problema de liquidez, no de solvencia?

– No, la Argentina tiene un baja deuda pública neta en torno a 47% del PBI. Sí tenemos un problema de liquidez y de solvencia, porque nadie en el mundo nos presta y hasta cerramos el enano mercado de capitales doméstico que teníamos. O sea, no hay país del mundo que se pueda financiar, si no tiene ninguna posibilidad de renovar el todo o una parte de la deuda que se amortiza. Estamos en una situación muy compleja. Todas las naciones de la región se endeudan a menos de 4% anual, y algunos a menos del 3% anual. La Argentina, a ninguna tasa de interés. Tenemos que hacer una reestructuración que haga sustentable la deuda y que nos permita en el corto plazo (no va a ser instantáneo) poder volver a colocar deuda.

Pero si es esto continuara, aun con deuda / PBI de 10%, no se puede pagar. Por eso es un tema que ha pasado a ser de extremada urgencia, pero todo lo demás también necesita normalizarse, porque no se podrá reestructurar bien si no tenemos un buen programa fiscal; sino vamos a hacer un acuerdo de precios y salarios si no tenemos un programa monetario consistente con lo que se decida en ese instrumento de política de ingreso. La herencia requiere de un equipo poderoso y numeroso de economistas y con mucho peso en la decisión del presidente de la Nación.