Pese a la rigidez del plan monetario y la política fiscal restrictiva, con gastos que aumentan muy por debajo de la tasa de inflación, el ritmo de alza de los precios al consumidor se mantiene aún elevado, a un ritmo de más 35% al año, aunque claramente experimentó una nueva desaceleración respecto de los picos recientes de marzo y abril. Y también en comparación con un año antes, cuando había sido de 3,7 por ciento.

Diversos factores se destacan en el cotejo con las mayores variaciones de un año antes que explican el menor impulso de alza de los precios, más allá del escenario recesivo que muchos atribuyen al efecto de las altas tasas de interés de política monetaria, porque ahora descendió al rango del 58% anual con una inflación en los pasados 12 meses fue  de 55,8%, tras haber comenzado junio levemente por arriba de 70%; a saber:

– Baja nominal del tipo de cambio: en junio de 2018 el peso se devaluó un 11,4%; y ahora, por el contrario, se apreció 5,7 por ciento;

– Menores tasas reales de interés: el costo de referencia del dinero para las empresas, y también para las familias, disminuyó; pasó de más de 10 puntos porcentuales por arriba de la inflación de los 12 meses previos a un rango inicial que arrancó en 12 puntos, pero terminó el mes por debajo de 8 puntos porcentuales;

– Política tarifaria: uno de los rubros sensibles para el bolsillo de los consumidores  como es el transporte aumentó ahora 1,6%, en contraste con 5,9% un año antes;

– Alimentos y bebidas: la baja nominal del tipo de cambio, junto a la caída de los precios internacionales de las materias primas de origen agropecuario determinaron que este rubro subiera ahora apenas por debajo del nivel general de precios, y menos que el promedio de los salarios acordados en paritarias. En junio de 2018, con el escenario opuesto, habían saltado una vez y media, y provocado un fuerte incremento de la pobreza;

– Convergencia de los precios relativos: ahora la brecha en el ritmo de suba del bienes y servicios regulados, como los estacionales, y el resto no afectados por esas características fue de hasta 2 décimas de puntos porcentuales, mientras que un año antes se encontraban en pleno proceso de búsqueda de nivel de equilibrio, al punto que mientras los administrados por el Gobierno subían 2,9%; los vinculados con el ciclo de producción y consumo se movían 3,4% y el resto a una tasa de 4,1%, por efecto de la captación de la inflación previa.

Ahora el desafío para el Gobierno es que no sólo se mantenga el ritmo descendente de la tasa general de inflación, sino también que no se generen “atrasos” en algún rubro regulado, como el del transporte, porque podría volver a interrumpir el ciclo, como en alguna medida advirtió el último informe del FMI sobre la situación macroeconómica.