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16/10/2019, 1:41 am
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Por Daniel Sticco.


El Gobierno se olvidó de modificar la enmarañada estructura tarifaria heredada y al disponer ajustes ingresó en un terreno endiablado.

Y siguen explotando las minas, sea cuando intenta volver sobre sus pasos, como más aún cuando aspira a avanzar después de octubre, cuando consuma el trámite de las audiencias públicas con usuarios del gas, porque aún no descubrió el entramado una estrategia nefasta que dejó anudada la administración precedente, como muy pocos analistas y expertos aún lo han hecho.

Llama la atención que los supuestos expertos del Ministerio de Energía no sólo no han descubierto el Plan Bomba que dejó el anterior gobierno, sino que, en un nuevo descuido, el Gobierno optó por una estrategia insólita de poner límite al aumento de la factura que pagaron un año atrás los usuarios de gas, sean familias o comercios, y al mismo tiempo haber dejado liberado para el bimestre estacional de mayor consumo la demanda de los consumidores, porque podría llegar en el agregado a niveles que amenacen con paralizar la actividad productiva.

Ahora el Gobierno deja liberado el consumo de gas, pese a la creciente escasez

Me explico. La tarifa de gas recién se movió un año antes del cambio de Gobierno un 266%, tras 20 años de congelamiento del componente variable y 23 años sin modificaciones del cargo fijo, pese a que en ese período la tasa de inflación superó el 1.200%, esto es: el promedio de precios de la economía se multiplicó por 13, mientras que el salario medio total se elevó en poco más de 1.300% y la jubilación mínima se incrementó 1.766 por ciento.

Pero además, con el fallido Programa de Uso Racional de la Energía -porque la demanda no bajó sino que, según destacó el Jefe de Gabinete de Ministros se multiplicó hasta una relación de 20 veces el nivel de demanda de metros cúbicos de gas por parte de los hogares de menores recursos-, que se replicó para el caso del gas, se establecieron dos sistemas de tarifas: uno más bajo para quienes registraren un ahorro o un exceso de consumo de hasta un tope de 15% respecto del año anterior, sin corregir por estacionalidad, y otro más alto para los que superaren ese umbral de crecimiento del uso del fluido. Con una brecha de hasta 63 por ciento.

Dos escalas de tarifas, con brecha de hasta 63 por ciento

Ese es el campo minado que empezó a transitar el ministro de Energía, Juan José Aranguren, un experto en petróleo y también en gas, pero del lado de la explotación, porque al parecer es muy poco conocedor de la problemática de los consumidores, porque no supo ver, como no lo hicieron previamente sus asesores del área, que disponer un ajuste tarifario de tres dígitos porcentuales en un momento en que la “imprevisibilidad” del clima ya se advertía, y que por tanto anticipaba un aumento del consumo por la llegada de los primeros fríos invernales al comienzo del otoño que iba a tener consecuencias de alzas de hasta cuatro dígitos porcentuales altos en el monto de la factura de un año antes, de 1.200% hasta 2.200%, en los casos extremos.

Cómo un aumento pautado del 411% se transformó en subas de más de 22 veces

Semejante distorsión de un aumento que en los papeles se pensó que no superaría el 411% en un año, surgió porque ese ajuste sólo pudo verificarse en los casos de los sectores que pese al aumento de la demanda pudieron mantenerse en la banda tarifaria más baja.

Pero, ese no fue el caso de la gran mayoría de los que residen en lugares abiertos del conurbano bonaerense, donde la intensidad del viento y el frío fue notablemente más elevada que en la gran ciudad, porque acusaron un apreciable incremento del consumo que los llevó no sólo a una recategorización en el cuadro tarifario que tenían por nivel de demanda, de hasta 500 metros cúbicos, a la de 650, u 800 o más, sino además significó pasar a la escala más alta. De ahí surgió una suba de hasta 1.400% en el valor del metro cúbico de gas demandado, el cual al multiplicarse por la nueva escala de demanda del fluido se tradujo en un salto impagable del importe facturado por el prestador del servicio de has 22 veces.

Nuevo premio al mayor consumo, pese a la escasez creciente

Para enmendar ese error se aseguró a los usuarios que “el incremento de la factura pasó a ser plano, ya que no se modificó la nueva tarifa, ni tampoco se penalizará el mayor consumo”.

Sin embargo, se vuelve a pisar otra mina que no tardará en detonar, porque las autoridades parecen no haber advertido, porque no mereció ni una línea por parte de los tres ministros que brindaron la conferencia de prensa que explicó el tope de aumento de la facturación de un año atrás en 400%, que la estrategia elegida aliviará la carga financiera de algunas familias, pero agravará la de la sociedad en su conjunto, porque atenta contra la reactivación del aparato productivo.

Es que pese a haber destacado los funcionarios un cuadro de emergencia energética: “el país no puede importar más gas, porque ha saturado la capacidad de regasificación en las dos plantas móviles (barcos apostados en Zárate y en Bahía Blanca) del fluido importado, se transmitió la señal a los sectores de alto consumo y poder adquisitivo que podían seguir derrochando gas, porque en los próximos bimestres tendrán una facturación máxima que no podrá exceder el 400% de suba respecto de un año antes”.

Un cambio que amenaza con extender la recesión por falta de gas para industrias, porque se vuelve a promover el uso irracional

Si en breve las autoridades no enmiendan ese error en la segunda correctiva del aumento tarifario anunciado el 1 de abril, le volverán a explotar más bombas del campo minado heredado, con el corte forzoso del fluido a las industrias, para no dejar sin gas a las familias y comercios.

Eso no sólo significará impedir salir de la recesión que se registró en el primer semestre, sino peor aún provocará el quiebre de la tendencia declinante que desde abril habían comenzado a mostrar las suspensiones y despidos de personal en varias industrias, vinculadas en sus orígenes a la crisis de Brasil que retrajo su demanda de importaciones de autos argentinos y también en la construcción, pero que a partir de ahora pasarían a explicarse, además, por la indisponibilidad de un insumo básico para la producción.