En el Banco Central insisten en que si bien la meta fácil de expansión monetaria cero es muy exigente, y además se asumió el compromiso de no financiar más al Tesoro con adelantos de pesos que contribuían a impulsar la inflación, los mercados no les tienen confianza, sobre todo después de la aceleración a 6,5% en septiembre, el alto arrastre para este mes de octubre.

Sin embargo, altas fuentes de la entidad, como también del Ministerio de Hacienda, se mostraron hoy muy confiadas en que “hacia fines de noviembre, principios de diciembre, comenzarían a observarse los efectos sobre la tasa de inflación de la nueva política que tiende al déficit primario cero en términos del PBI, y desde hace 26 días a la expansión de base monetaria cero, dos prerrequisitos que posibilitaron ampliar el Acuerdo del 20 de junio con el FMI y asegura la plena cobertura de las necesidades de financiamiento del Tesoro del año próximo.

A partir de ahí los funcionarios se animan a proyectar que “en 2019 tanto los salarios, como el valor de la Asignación Universal por Hijo, comenzarán a ganarle a la inflación presente”.

El razonamiento que hacen tanto en Hacienda como en el BCRA es que “la mayor parte de los acuerdos de salarios en paritarias incluyen cláusulas de revisión por el desvío de la tasa de inflación que se esperaba entre abril y junio, respecto de las actuales”.

Mientras que para el caso de las jubilaciones, pensiones y planes sociales, principalmente la Asignación Universal por Hijo, la fórmula de actualización (movilidad) trimestral pero con un rezago de la variación de los índices de inflación y salarios de 6 meses antes, será muy superior a la esperada suba de los precios a partir del primer trimestre de 2019.

Y si bien existen factores inerciales que mantendrán todavía en el rango de dos dígitos al año la tasa de inflación, como aumentos que se irán autorizando de los precios de bienes y servicios regulados, como los del transporte y otros derivados de la política más gradual de rebaja de los subsidios, las fuentes confían en que  a fines del año próximo tenderá a ubicarse en unos 20 puntos porcentuales por debajo de la proyección privada para el cierre de 2018 en torno a 45% anual.

Mientras que del lado de los ingresos, observan que además “junto con la llegada de cosechas más abultadas que en el ciclo anterior, aunque con menores precios que el año anterior, como la recuperación de la oferta ganadera y el tipo de cambio más competitivo para las exportaciones y menos atractivo para las importaciones, sobre todo de bienes de consumo prescindible, contribuirán a reactivar la economía y el empleo”.

En la carta compromiso que el gobierno nacional le dirigió el 17 de octubre a la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, con la firma del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y del presidente del BCRA, Guido Sandleris, se destaca: “Ahora esperamos que el crecimiento se contraiga entre 2% y 3% en 2018 y entre 0,5% y 2% en 2019. Reflejando la recuperación en forma de V que esperamos, el crecimiento se recuperará a 8,5% interanual en el cuarto trimestre de 2019. Durante 2019 también habrá un viraje en de la demanda desde el consumo interno y la inversión hacia una recuperación liderada por las exportaciones”.

Por ahora esa previsión aparece como una expresión de muy buenos deseos, pero, aseguran las fuentes que saben que “hoy no contamos con la confianza de los mercados” que “hacia fines de noviembre y diciembre, la esperada desinflación, junto con la desaceleración de la caída de la actividad, respecto de los meses previos, aunque se mantendrá elevada en términos interanuales, comenzaría a disminuir la proyección de inflación de los principales analistas privados y también de baja de la actividad”.