por Claudio Chiaruttini (*)

Una frase repetida por ex funcionarios kirchneristas y los economistas heterodoxos es “¿Y la lluvia de dólares?”. Con ella, tratan de mostrar dos falacias: 1) que el Gobierno de Mauricio Macri no genera confianza internacional y no logra seducir al capital extranjero, y 2) que durante el Gobierno de Cristina Fernández llegaba la misma cantidad de dólares del exterior y se la criticaba injustamente.

En el fondo, el kirchnerismo y sus voceros siguen en el mismo camino que trazaron desde fines del año pasado: demostrar que ellos no fueron malos, dado que el Gobierno de Macri es tan malo como ellos. Trazando una carrera por la mediocridad que no lleva a nada.

Tratando de superar las chicanas, es bueno preguntarse si están llegando inversiones a Argentina. O, lo que es la contracara de esa moneda, ¿hay confianza en la Argentina que gobierna Macri? La respuesta inmediata es “sí” y hay pruebas claras de esa confianza externa:

  • La emisión de deuda para pagar a los holdouts por US$ 16.500 millones, que recibió demanda por US$ 74.000 millones.
  • El canje de bonos que hizo el Banco Central por US$ 5.000 millones para mejorar la calidad de las reservas de la entidad.
  • Las emisiones internacionales de la provincia de Buenos Aires y Neuquén y el clima favorable que impera para otras que están programadas.
  • La aceptación que tiene el IPO de Banco Supervielle, la primera luego de la que hizo Globant hace casi tres años.
  • La recepción que tuvo Macri en Davos, además de las visitas que han hecho funcionarios argentinos al G-20, FMI, BID y otros organismos multilaterales relacionados con las finanzas y las inversiones.

Para algunos, la lista puede no ser significativa y pueden argumentar que son fondos que no tienen efecto sobre la creación de puestos de trabajo. Sin embargo, el Grupo IRSA anunció inversiones por US$ 460 millones; el argentino Jorge Pérez, US$ 250 millones en Puerto Madero; Molinos, $1.000 millones para ampliar sus instalaciones y tres terminales automotrices casi US$ 1.200 millones para potenciar sus producciones locales; sólo para citar algunos casos.

Si lo analizamos desde el punto de vista de las fusiones y adquisiciones, la lista es larga, con más de 20 operaciones en lo que va del año, por un monto superior a los US$ 4.000 millones, con promesas de inversiones, y expansión productiva en cada uno de los casos.

También se puede tomar como signo de confianza el ingreso de dólares que han realizado las cerealeras desde el 10 de diciembre, o los aumentos en la cantidad de depósitos en dólares en el sistema financiero, o el desembarco de los inversores minoristas en la licitación de las Lebacs, aunque en este punto hay un componente especulativo demasiado complejo, impuesto por la discutible política monetaria del Reconquista 266.

A estas alturas queda en claro que dólares están ingresando, más que durante los últimos cuatro años del Gobierno de Cristina y que los signos de confianza son muchos. Sin embargo, ¿son las inversiones que llegan a las áreas que necesita la Argentina para salir de cuatro años y medio de estanflación y no creación de puesto de trabajo privado? Acá empezamos con un análisis distinto, pero sobre una base firme.

Hoy, el problema del sistema productivo es el congelamiento del consumo, que se mantiene estable desde hace tres años, es decir, desde mucho antes de que jurara Macri. Sin embargo, el desembarco del Cambiemos en el poder no desató una ola de consumo, aunque sí de algunas compras estratégicas, como autos usados o propiedades ya terminadas.

El Estado, como dinamizador de la economía, también ha estado ausente. Recién por estos días se están autorizando los primeros treinta y cinco expedientes de pago de obras públicas paralizadas desde hace meses. Son más de $1.000 millones que, casi sin duda, van a ser recibidas como agua fresca en el desierto por el sector de la construcción. Pero es sólo un grano de arena en un mar de necesidades.

El Gobierno, en las últimas semanas, anunció varios planes de obras por más de US$ 63.000 millones. Pero del anuncio a la concreción, pueden pasar muchos meses, que se hacen eternos a estas alturas.

Confianza externa, hay. Los dólares están llegando. No será la lluvia que muchos esperaban, pero es el arranque después de años de maltratar al capital extranjero y al inversor local. Ahora, el problema no son las cantidades, sino los tiempos y los efectos que tienen sobre la producción y la creación del empleo. Pero es otra discusión.

Fuente: http://www.eleconomista.com.ar/2016-05-y-la-lluvia-de-dolares/