¿Es éste el mismo Gobierno que ganó las elecciones en casi 14 provincias (le faltaron menos de 70 votos para triunfar en La Pampa), que derrotó a Cristina Fernández de Kirchner en la Provincia de Buenos Aires, que destrozó los planes de liderazgo de varios gobernadores peronistas y que derribó el proyecto presidencialista de Sergio Massa hace menos de dos meses?

¿Es este el mismo Gobierno que hace poco más de un mes lanzó su más desafiante plan de reformas y que imprimió tanta fuerza a la negociación que logró que la CGT aceptara la Reforma Laboral y los Gobernadores la Reforma Fiscal en sólo 13 días hábiles y se encaminaba a tener aprobado todos los proyectos antes de fin de año?

Tal como ya ocurrió en media docena de oportunidades, cada vez que el Gobierno de Mauricio Macri toma el control de la Agenda Mediática y parece que arremete contra una oposición desorientada y dividida, ocurre un hecho que sume a todo el Gabinete en el desconcierto donde no muestran poder de reacción y son abrumados por los hechos. En este sentido, luego de controlar el Caso de Santiago Maldonado, surgió la Crisis del ARA “San Juan”, que va camino a convertirse en la tragedia marítima más dura y dramática de la historia reciente argentina.

Fue correcta la decisión del Gobierno de dejar en manos del vocero de la Armada Argentina, Capitán de Navío Enrique Balbi, la lectura del parte de prensa diario de la fuerza y la explicación de los detalles técnicos alrededor del desgraciado evento. Sin embargo, hay un mensaje político que el Jefe del Departamento de Comunicación Institucional y Jefe de Prensa de la Armada no puede ni debe dar; y ni siquiera el Ministro de Defensa, Oscar Aguad, puede hacerlo; esa es una posición y una obligación que debe asumir Mauricio Macri, en su doble rol de Presidente de la Nación y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. Pero el Mandatario se mantiene en silencio, guiado por asesores en marketing político, que suelen minimizar las necesidades políticas y someten a Mauricio Macri a los dictados de las encuestas y las cuestiones de imagen.

 

Mauricio Macri con sus subordinados: almirantes, brigadieres y generales.

Mauricio Macri con sus subordinados: almirantes, brigadieres y generales.

 

De esta forma, paradójicamente, la Administración de Mauricio Macri termina por equivocarse por evitar el riesgo a equivocarse. Fue acertado haber dejado en manos del capitan Balbi el anuncio del final de la etapa de búsqueda y rescate de potenciales sobrevivientes del ARA “San Juan”, para dar lugar a la etapa de búsqueda y recuperación del submarino y, de ser posible, de los cuerpos de los marinos. Sin embargo, la decisión de mantener la pesquisa hasta que se ubique la nave es un mensaje que debería haber emitido el poder político porque, en el fondo, implica una decisión política, no operativa militar.

No es lógico que un Gobierno que toma todas las decisiones cuidando la imagen y las percepciones, que se tuitee por la cuenta de Mauricio Macri sobre el G 20 al mismo tiempo que se anuncian las tristes novedades del ARA “San Juan” o que se publiquen las dudas sobre si el Presidente de la Nación debe dar o no un mensaje por cadena nacional o si debe declarar o no algunos días de duelo. Las dudas comunicaciones del Gobierno en situaciones de crisis no hacen más que debilitar más y más al propio Mandatario que los estrategas políticos oficiales dicen proteger.

Tampoco responde a la lógica política y a las necesidades comunicaciones de la Casa Rosada dejar en manos del Secretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural, Claudio Avruj, la recepción de los resultados de la investigación que hizo la Cruz Roja en 121 tumbas no identificadas de ex combatientes argentinos en las Islas Malvinas. Informar sobre la identificación de 88 de esos restos es responsabilidad del Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, no de un funcionario de tercer nivel. Y, además, debería haberse envuelto ese acto en un instante de reconocimiento del honor y el dramatismo que significaron esas muertas y de hacer permanecido anónimos durante 25 años.

Incluso, desde el punto de vista comunicacional puro, que Mauricio Macri encabece la información de los resultados obtenidos por la Cruz Roja podría contener parte del daño causado por las equivocaciones y omisiones producidas en el Caso del ARA “San Juan” en la “familia militar”, un grupo social que, en su mayoría, votó por “Cambiemos” en las últimas elecciones.

De esta forma, el Presidente de la Nación y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas estuvo ausente en las dos noticias más dramáticas e importantes producidas en el ámbito militar en los últimos años. Ni eso son capaces de evaluar los “genios” del marketing político que, como único signo de empatía con ambos dramas militares y nacionales, decidieron suspender el timbrazo que estaba programado para ayer sábado.

Pero los errores políticos y comunicaciones del Gobierno también se extendieron al Caso de la ocupación de Villa Mascardi que, irresponsablemente, terminó con la muerte innecesaria de un joven, dado que se le permitió a un grupo de delincuentes autodenominados “mapuches” ocupar tierras en una Parque Nacional, negarse a devolverla, tener que pelear por recuperarla y, horas más tarde, permitir que vuelvan los ocupantes, pero ahora, con armas y apoyo de organizaciones de derechos humanos relacionados con el kirchnerismo.

Estuvo bien la conferencia de prensa que encabezaron los ministros de Seguridad y Justicia y Derechos Humanos, Patricia Bullrich y Germán Garavano, respectivamente; pero luego, el Juez a cargo de la causa, Gustavo Villanueva, se puso a negociar con el grupo de delincuentes que ocupan tierras en el Parque Nacional Nahuel Huapi y dejó que Juan Grabois creara una “Mesa de Negociación” que, hasta ahora, apenas si permitió un vaga promesa de poder ver la zona del tiroteo donde fue herido de muerte Rafael Nahuel; mientras que infiltrados mapuches de Chile siguen llegando a la zona, convirtiendo la ocupación en un hito de enfrentamiento contra el Gobierno argentino y que busca evitar la extradición de Facundo Jones Huala, el hilo conductor de las movidas de supuestos mapuches desde el Caso Maldonado para acá.

Es cierto que con la “Mesa de Negociación” el Gobierno compró paz social en San Carlos de Bariloche, dado que se estaba realizando en el Hotel Llao Llao, la primera de las reuniones del G20 presidido por Mauricio Macri. Sin embargo, colocar en un pie de igualdad a un grupo delincuencial con el Estado y el Poder Judicial no hace más que empoderar a los grupos más extremos y violentos de los autodenominados “pueblos originarios”, que a fuerza de “corrección política” y servidumbre política han obtenido la autorización para ocupar 250.000 hectáreas, con apoyo del Poder Judicial.

 

Mauricio Macri y el papa Francisco, una relación inestable.

Mauricio Macri y el papa Francisco, una relación inestable.

 

En la Casa Rosada creen que el ingreso de Juan Grabois en el tema Villa Macardi, hace que el costo político de la negociación con el grupo de ocupantes recaerá en el papa Francisco y que, cuando se fracase, de podrá comenzar a frenar la creciente intervención del Papa en los temas políticos argentinos, como si se hubiese olvidado que la injerencia de la Iglesia en temas políticos está vedada desde el Gobierno de Julio Argentino Roca.

Pero mientras el desconcierto del Caso ARA “San Juan” y la muerte del joven Rafael Nahuel paralizaron al Gobierno, en el Congreso se perdió todo el impulso que tenía el tratamiento de las reformas presentadas por la Casa Rosada hace dos semanas, pese a que en el Senado ya se aprobaron, casi como un trámite, las reformas Fiscal y Laboral.

Por estas horas, la Confederación General del Trabajo está informando que la Reforma Laboral no se tratará hasta Marzo, mientras que el Presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, dice que las reformas Fiscal y Laboral serán aprobadas antes de fin de año. En medio, la Reforma Previsional parece haber quedado atrapada en el Senado y ni siquiera la promesa del titular de la bancada peronista, Miguel Ángel Pichetto, y de los Gobernadores alcanzarán para que el tema sea analizado y votado antes de fin de mes.

Muy en el fondo, ni los Senadores peronistas ni los Gobernadores van a impulsar el tratamiento de la Reforma Previsional si no es con el impulso de la Casa Rosada y con los funcionarios de Mauricio Macri poniendo la cara y pagando todo el costo político de la medida. Ambos hicieron promesas o firmaron su apoyo a los cambios en la fórmula de actualización de jubilaciones, pensiones y planes sociales; pero no van a poner en juego su capital político para que el ganador sea “Cambiemos”.

En cierto sentido, el Gobierno debería poner toda su potencia y arte política para aprobar todas las reformas antes de fin de año dado que tiene el respaldo de los votos obtenidos hace menos de dos meses y aprovechando las eternas divisiones peronistas. Quizás, en la Casa Rosada no se den cuenta que se está en medio de una pulseada de poder y si Mauricio Macri y su Gabinete no se impone con el capital político que tiene en estos momentos, mal podrá hacerlo el año que viene, cuando el peronismo de los primeros pasos serios en su reestructuración.

Se entiende que el Gobierno no pueda sopesar la necesidad de jugar y ganar pulseadas políticas, dado que someten lo político a lo comunicacional y el poder a la percepción; pero la batalla que está comenzando a perder la Casa Rosada es la defensa del “Modelo Económico” que está aplicando el macrismo en el poder, al extremo que uno de los miembros del “Club de los Economistas Ultralibérrimos” se animó a calificar al manejo de la economía de Cristina Fernández y Axel Kicillof era “más sustentable” que el implementado por el “Mejor Gabinete de la Historia”, como lo llamó hace casi dos años Mauricio Macri.

Si bien el Gobierno resolvió que no va contestar las desaforadas afirmaciones y ataques del “Club de los Economistas Ultralibérrrimos”, pero si tienen un gran impacto negativo para la Casa Rosada las muestras de desconfianza que comienzan a mostrar Juan Carlos de Pablo, Carlos Melconián, Ricardo Arriazu o Miguel Ángel Broda, que son los economistas más consultados por inversores nacionales y extranjeros y que no suelen tener aspiraciones a cargos públicos como ocurre con varios de los miembros del “Club de los Economistas Ultralibérrrimos”.

Por ahora, en público o privado, este segundo grupo de economistas ortodoxos han comenzado a mostrar “señales de alarma” ante el crecimiento endeudamiento para financiar un Gasto Público que aparece como incontrolable, ante el virtual fracaso de la política monetaria para contener la inflación, contra la estrategia de subir la tasa para frenar la suba del dólar y de los precios o el manejo del pasivo cuasifical del Banco Central. Todos temas que vienen siendo cuestionados hace varios meses, ante el silencio de la  troupe  de economistas que tiene el Gabinete Nacional.

El Gobierno se puede dar el lujo de cometer graves errores con el colectivo militar, en la Patagonia negociando con un grupo de delincuentes o frenando el impulso de la Agenda Parlamentaria que lanzaron con tanto entusiasmo; pero no se puede dar el lujo de perder la batalla por el discurso económico, que casi no ha sido modificado pese a las advertencias previas, dado que “Cambiemos” fue votado para sacar al kirchnerismo del poder, pero también, para solucionar todos los problemas y distorsiones que dejaron los kirchneristas en el ámbito económico.

 

De izq. a der.: Miguel Broda, Javier Milei, Juan Carlos de Pablo y José Luis Espert.

De izq. a der.: Miguel Broda, Javier Milei, Juan Carlos de Pablo y José Luis Espert.

A comienzo de semana se llevó a cabo la 23º Conferencia Industrial organizada por la Unión Industrial Argentina. En la apertura, el presidente del encuentro, Eduardo Nougués, y el ministro de Producción,Francisco “Pancho” Cabrera, coincidieron en hablar del pasado y del futuro, pero insólitamente, no hablaron de los problemas actuales que tiene el sector industrial como puede ser el fuerte ingreso de importaciones, la falta de un tipo de cambio competitivo que incentive exportaciones, el inmenso aumento de los costos logístico y otra decena de temas más.

El Gobierno de Mauricio Macri no entiende el inmenso costo político que tiene no enfrentar los problemas en el campo discursivo. Creen que tienen razón y no responden. Pero los ciudadanos necesitan la palabra del liderazgo político del momento. Si no, el capital político que se ganó en las urnas, se dilapida y se pierde con suma facilidad.

Otros imponen el “relato” sobre lo que ocurre y ocurrió alrededor del ARA “San Juan”, otros explican, negocian y juzgan sobre lo que ocurrió en la ocupación de Villa Mascardi, otros son los que dicen cómo y cuándo se van a votar las reformas Laboral, Fiscal y Previsional y otros terminan por decirnos cuál es la realidad del sector industrial argentino.

Ya pasaron 2 meses del impresionante éxito electoral del Gobierno. Pero a estas alturas, casi, casi parece que, en realidad, fue una derrota.