El Gobierno de Mauricio Macri ya comenzó a prepararse para el año 2019. Tiene por delante 18 meses sin elecciones y promete aprovechar ese tiempo para hacer todo lo que no hizo en el último año y medio. Por eso, realizó un violento giro en el eje principal que conduce el esquema de medidas económicas desde el combate a la inflación a la búsqueda de consolidar los “brotes verdes”, atraer inversiones, crear fuentes de trabajo e seguir cebando el consumo; pero curiosamente, haciendo más gradual el gradualismo prolijamente aplicado en los primeros 2 años de mandato.

Tomar la intervención del Banco Central y el desplazamiento de las metas de inflación como eje central de la política monetaria como una medida aislada es un error. Hay que articularla con el “Compromiso Fiscal”, la Reforma Fiscal, los cambios en la coparticipación, el lanzamiento del sistema de asociación público/privada, la Ley de Responsabilidad Empresaria, los cambios en el mercado energético que introdujo Juan José Aranguren en los últimos dos meses y las prometidas Reformas Laboral y del Mercado de Capitales (dos temas que quedaron para Febrero o Marzo, si es que el Congreso despierta de su siesta veraniega).

En la conferencia de prensa del viernes 29/12 se dijeron muchas cosas, pero las que no se dijeron fueron las más importantes. Así, quedó claro que:

1. Aunque se sostenga que el autor intelectual del giro del Gobierno en materia económica es el subsecretario de Coordinación y Análisis Económico de la Jefatura de Gabinete, Vladimir Werninger; el nuevo ministro de Economía es el ViceJefe de Gabinete, Mario Quintana, quien se impuso al presidente del Banco Central;

2. El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, es solo el vocero de las decisiones que toma Mario Quintana;

3. El ministro de Finanzas, Luis Caputo, acompaña imaginando nuevas formas de conseguir préstamos para cubrir los inmensos déficits;

4. El responsable ante el Presidente de la Nación del funcionamiento de este giro estratégico es el Jefe de Gabinete, Marcos Peña.

5. Federico Sturzenegger seguirá en su cargo, casi en contra de su voluntad, dado que permitir la renuncia del funcionario quitaría toda credibilidad a las modificaciones introducidas. Por eso el BCRA presentó sus lineamientos para 2018 horas después del “golpe palaciego”.

6. La Casa Rosada espera que durante el verano renuncien un par de Directores de la entidad para que el peñismo ocupe la mayor cantidad de posiciones dentro del Directorio que se encarga de vigilar los sistemas bancarios y cambiarios. Uno en especial está en la mira: Lucas Llach.

7. En esta redistribución de poder queda sólo por ver cuál será la actitud del titular de la AFIP, Alberto Abad, quien tiene Enero para decidir si se alinea a los pedidos del nuevo Ministro de Economía para que negocie acuerdos de pagos con grandes deudores como los continuadores el Grupo Indalo (ahora llamado Grupo Ceibo, de OP Investment), OCA y Mercado Libre, entre otros conocidos; o deja su lugar a un funcionario de menor prestigio, pero que no duda en “poner el gancho” ante cada pedido que venga de Presidencia de la Nación.

8. El Gobierno de Mauricio Macri decidió optar por el mismo camino que en su momento tomo Raúl Ricardo Alfonsín, cuando sostuvo que “un poquito de inflación no hace mal”, y terminó por desatar la primera hiperinflación de la historia argentina.

9. El efecto de cambio de política de tasas de interés del BCRA fue inmediato dado que en la tarde del viernes, a través del mercado secundario, la entidad bajó la tasa de interés de las Lebacs a 27% anual y no se descarta que en las próximas semanas haga nuevos ajustes a la baja; lo que confirma que ganaron aquellos que compraron Lebacs de largo plazo. ¿Quiénes fueron? Los bancos, vaya casualidad.

10. De esta forma, en los primeros dos años de Gobierno de Mauricio Macri, la meta fue “poner en orden” las variables macroeconómicas, pero en el camino de hacer estos cambios, surgieron otras distorsiones que deben ser solucionadas. En ese sentido va el conjunto de medidas lanzadas por el Gobierno hace un mes y medio, aprobadas por el Congreso la semana que pasó y que se aplicarán desde el martes 02/01/2018. Sin embargo, la gran novedad de la conferencia de prensa del viernes es que se introdujo gradualismo al gradualismo, algo que pocas veces se ha ensayado en economía con coyunturas complejas de manejar y, aún más, de solucionar.

Pero si algo quedó claro de lo ocurrido esta semana, es que el Gobierno de Mauricio Macri tiene en su ADN actuar “de menor a mayor”, nunca revelan sus intenciones en forma completa (sin duda, son muy “escondedores” y saben guardar los secretos, típico de las cúpulas empresariales de peso) y cuando se fijan metas, las consiguen, no importa tanto el costo, sino el resultado final (otra herencia del ADN empresarial que tiene el “Gobierno de los CEOs” donde el concepto de pérdida o ganancia de “capital político”es secundario o minimizado).

Recordemos que el Gobierno lanzó el paquete de reformas y, en menos de 15 días hábiles, tenía el visto bueno de los Gobernadores, de los principales gremios y del Presidente de la ´bancada Peronista del Senado, Miguel Ángel Pichetto; y dos semanas más tarde, una verdadera batalla campal entre Gendarmería y grupos bien entrenados de manifestantes de ultraizquierda (¿financiados por Intendentes kirchneristas de la 3ra. Sección Electoral?) hicieron temer sobre la gobernabilidad y la continuidad del Gobierno de Mauricio Macri, haciendo reaparece al “Club del Helicóptero”, que había sido sepultado por los votos en Octubre.

En este marco, el 18/12, la semana comenzó con la Policía de la Ciudad entregada como “carne de cañón” o “víctima propiciatoria” para comenzar a sesionar en la Cámara de Diputados e intentar comenzar a aprobar el paquete de reformas anunciado. Lo que se vio nunca antes ocurrió en el Congreso Nacional: la oposición presentó 39 cuestiones de privilegio, que consumieron 5 de las 17 horas de discusión que tuvo la sesión y 34 veces la oposición pidió “cuarto intermedio”, que el Presidente de la Nación, desde la Quinta de Olivos, ordenó no otorgar.

El final de esta cadena de hechos fue que los piqueteros no volvieron a la calle, la izquierda violenta no pudo reaparecer y protestar, hubo sesiones en senadores y diputados, extensas, extenuantes, pero sin mayores problemas (salvo los dos monólogos de stand-up que protagonizó Cristina Fernández en la Cámara Alta); los sindicalista no pararon y quedaron divididos, los Gobernadores se sometieron a las presiones de la Casa Rosada (todo dentro del “juego político” usual) y se aprobaron 80% de los proyecto de Ley presentados para las Sesiones Extraordinarias.

Tal como ya se indicó, es un indudable éxito político con el que cerró el año Mauricio Macri, pero a un costo económico, de pérdida de capital político, de imagen positiva y de percepción de inseguridad que pone en duda la continuidad por 6 años más de un Gobierno de Mauricio Macri. No por los “logros” peronistas o kirchneristas, sino por el propio proceso de dilapidación de poder político que produce el PRO en su paso por el poder.

Vale de comparación entre María Eugenia Vidal y Mauricio Macri. La Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires también logró que la oposición le aprobara los 17 proyectos de Ley que presentó para las Sesiones Extraordinarias en la Legislatura provincial, pero a un costo monetario mucho menor, doblegando inteligentemente a sus enemigos y aprovechando cada una de las debilidades que tienen las estructuras peronistas bonaerenses y sumando capital político, en vez de perderlo.

¿Cuál es la diferencia entre Mauricio Macri y María Eugenia Vidal? Que la Casa Rosada empieza sus maniobras política guiados por la soberbia ciega de los máximos exponentes del “macrismo puro” y terminan por dejar en manos de la “rama política”, que tiene más peronistas o radicales que macristas, a su cargo. Así, el Gobierno comenzó su avance en el Congreso bajo las órdenes de Marcos Peña y equipo; y logró que todo se aprobara luego de que intervinieran Rogelio Frigerio, Emilio Monzó, Mario Negri, Elisa Carrió y una docena de operadores políticos lejanos al“macrismo puro”.

Por eso, el anuncio de la intervención del Banco Central tuvo muchas características, menos sutileza y guiños asertivos. En el peculiar idioma macrista, el destrato es la forma como Mauricio Macri muestra su enojo, aunque luego se saque una foto con el causante del enojo para “poner paños fríos” en la interna partidaria. El caso más claro fue Alfonso Prat Gay quien, a todo esto, terminó por demostrar que tenía razón en criticar la política monetaria del BCRA de Federico Sturzenegger. Otro triunfo pírrico.

Tampoco fue casual que el Jefe de Gabinete sentara a su derecha al presidente del BCRA, pero tampoco lo fue que el ex jefe de Finanzas de YPF fuera el último en recibir la palabra, que el final del “inflation targeting” la anunciara el ministro de Hacienda, Nicolás Dijovne; o que entre los logros económicos del Gobierno de Mauricio Macri no se mencionara ni una tarea de la entidad (tal como solucionar el entuerto del “dólar futuro”, el mantener el Tipo de Cambio Real pese a la inflación o el alcanzar récord de reservas).

Ahora comienza otra historia: ¿alcanza con lo anunciado para modificar todas las variables económicas que preocupan? Se sostiene que el subsecretario de Coordinación y Análisis Económico de la Jefatura de Gabinete, Vladimir Werninger, es vocero de los requerimientos que tiene Wall Street para confiar en la Argentina. Es decir, que el giro instrumentado por la Jefatura de Gabinete tiene una meta: seducir capitales, seducir inversiones, seducir empresas que hundan capital, creen trabajo, reactiven la economía y ayuden a bajar los déficits gemelos. Por eso, para saber si funciona el cambio anunciado el viernes 29/12, no hay que ver el nivel de inflación, sino el ritmo de ingreso de inversiones externas.