Hasta el domingo 23/03, Mauricio Macri no ha logrado explicar para qué anhela un 2do. mandato presidencial consecutivo. En 2015 el ideario fue frenar a los K, algo que tenía un imaginario heterogéneo pero con significantes concretos para muchos electores. ¿Y en 2019 cuál es la idea de otros 4 años, considerando la crisis económica que se ha profundizado? ¿Será que Macri sólo necesita, al igual que Cristina Fernández de Kirchner, cerrar y/o detener múltiples causas judiciales que lo comprometen, y al final de eso se trata la Gran Grieta? ¿Cómo serían 4 años más de Macri? ¿Con Marcos Peña haciendo las mismas tonterías que hasta ahora, total ‘equipo que gana, no se cambia’? Macri no puede pedir 4 años más sin realizar, antes, una cantidad de explicaciones que le demandan sus propios electores. De esto trata parte del editorial de Claudio Chiaruttini.

En forma un tanto tímida, con un pesado “bodoque” de 364 páginas, el Gobierno de Mauricio Macri salió a explicar cómo recibió la Argentina del kirchnerismo, lo que se hizo en estos 39 meses y citan lo que falta por hacer, en una versión voluntariosa de una promesa electoral.

De esta forma, encerrada por la caída en las encuestas sobre imagen positiva e intención de voto, la Casa Rosada sale a documentar lo que debería haber mostrado hace 36 meses, cuentan lo que deberían haber informado y destacado a lo largo de los pasados 38 meses y lanzan promesas que, según todas los trabajos serios, no podrán llevar a cabo, dado que ya no estarían más en el poder.

Es extraño, que un equipo de campaña que durante 3 años despreció la comunicación, que sostuvo que la gestión era la mejor forma de explicar de dónde venimos y hacia dónde vamos, y se mostraban como exponentes de la “antipolítica” recurran a un “bodoque” que casi nadie va a leer, para recuperar el sufragio de los votantes “delusionados”, de los independientes que no quieren escuchar nunca más de Mauricio Macri y del macrismo, y de los votantes “racionales”, que no llegan a 8% del total de las personas que sufragan en una elección presidencial.

Sin embargo, el “bodoque”, responde a tres demandas que surgieron de los focus group y de la propia interna de “Cambiemos”. Ellas son:

** Contar la verdadera situación de la “herencia” kirchnerista,

** Informar todo lo que se hizo en estos meses, e

** Intentar seducir votantes, tal como se hizo durante 2015.

Sin embargo, ya es tarde para culpar al Gobierno de Cristina Fernández de la crisis actual.

Cualquiera haya sido la “herencia”, la opinión pública considera que las soluciones ya las debería haber hecho la Casa Rosada; por lo cual, contar la “herencia” ahora, casi no tiene importancia.

Lo mismo ocurre con comunicar la gestión. Para un Gobierno, esa es una tarea de 24 horas, 7 días de la semana, los 365/366 días del año. Imprimir un “bodoque” de 364 páginas y esperar que el simple ciudadano se siente 6, 8 o 10 horas a leer la lista de medidas adoptadas, no pasa de ser una simple fantasía de algunos improvisados del marketing político.

Y se puede decir también que algo similar ocurre con  las promesas de un supuesto 2do. mandato. Si no se cumplieron las promesas del primero, ¿quién va a creer que se cumplirán las del 2do.?

Si Marcos Peña va a ser el Jefe de Gabinete de un supuesto 2do. mandato de Mauricio Macri, ¿qué cambio se puede esperar? 

Si la Jefatura de Gabinete no la ocupa otra persona, lo que vamos a tener, de obtenerse un triunfo de Cambiemos que hoy no anticipan las encuestas, serían

8 años sin Ministro de Economía,
8 años sin Ministerio de Economía,
8 años sin Plan Económico,
8 años de promesas de “brotes verdes”,
8 años esperando la “lluvia de inversiones”,
8 años de inflación desbocada,
8 años de recesión,
8 años de destrucción de puestos de trabajo,
8 años de caída en el consumo,
8 años de cierre de empresas y comercios.

Y para saberlo, no se necesitan leer 364 páginas.

¿Tiene coherencia el “acting” de Mauricio Macri protagonizando una versión poco creíble de “calabrés enojado” y un pesado “bodoque” de 364 páginas? Sí, son dos formas de comunicación dirigidas a diferentes tipos de votante. Las “rabietas” presidenciales son para aquellos emotivamente cercanos al macrismo y los antikirchneristas rabiosos.

El “bodoque”, para el votante racional. Ambos nichos, son claves, dado que en ellos se han perdido la mayor cantidad de sufragios potenciales y la imagen positiva.

Los datos macroeconómicos conocidos en la semana nos explican el derrumbe de intención de voto de Mauricio Macri.

La Universidad Torcuato Di Tella nos dice que la Confianza de los Consumidores cae 3 veces más en los segmentos de altos ingresos que en los de bajos ingresos.

Traducido: los estamentos sociales Medio y Alto están hartos de los fracasos económicos del Gobierno y no tienen confianza en que haya cambios.

La Encuesta Permanente de Hogares del INdEC, más allá de confirmar el durísimo impacto de la crisis en el mercado laboral, mostró 2 datos muy importantes:

** Subió la cantidad de personas con empleo que busca otro empleo, ya sea adicional o de reemplazo; y

** los subempleados, quieren más cantidad de horas de trabajo.

Traducido: El dinero no alcanza, estos segmentos buscan más trabajo, para tener más sueldo. El bolsillo, habla; y como todos saben, tarde o temprano, el bolsillo, vota.

La caída de los depósitos privados y del crédito privado, más la suba de los cheques “rebotados” e incobrables, son otra cara de este poliedro que muestra los impactos de la profunda crisis que el Gobierno de Mauricio Macri se obstina en no ver.

¿Es necesario hablar de las automotrices que suspenden personal?
¿De la caía de venta de autos nuevos y usados?
¿De la baja del consumo en híper y supermercado, pese a las confusas ofertas?

Sólo Mauricio Macri, Marcos Peña y Nicolás Dujovne ven signos de recuperación de una economía que todos ven derrumbarse.

Si hacemos caso a los informes del Banco Central,

** la Argentina ha ingresado a la historia por generar inflación sin emitir moneda,
** con altísimas tasas reales no puede contener la suba del dólar,
** con reservas récord sigue generando dudas sobre el pago o “revolving” de deuda,
** con un supuesto “Presupuesto 0”, no genera confianza para los inversores; y
** con una cosecha récord, va a camino a tener una caída mayor al 2% en el PBI.

En pocas palabras: En economía, política monetaria y cambiaria las cosas se hacen mal; pero en el terreno político, las cosas se hacen peor.

Luego de la inauguración de la conexión de la Autopista 25 de Mayo con el Paseo del Bajo, en una maniobra que sorprendió a todos, María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta se metieron en el vehículo que transportaba a Mauricio Macri. Sin custodios, sin choferes y, sobre todo, sin Marcos Peña, se llevó a cabo la “cumbre” más importante del macrismo del último año. Fueron 15 minutos que, todos dicen, fueron más que intensos.

Nada trascendió del diálogo. La Gobernadora bonaerense y el Jefe de Gobierno porteño no salieron del transporte presidencial de buen humor. Mucho se puede suponer lo que se conversó en ese breve tiempo, sobre todo si se tiene en cuenta que éste fue el único recurso que encontraron dos de las figuras claves del PRO para hablar con el Presidente de la Nación, sin la presencia del Jefe de Gabinete.

¿Eso anticipa una posible renuncia de Marcos Peña? No. Quedó demostrado que el Jefe de Gabinete es un “intocable”. 

Hoy, el “fusible” del Gobierno de Mauricio Macri es el propio Mauricio Macri.

Por su decisión, el Mandatario resolvió poner su cargo en juego por defender a Marcos Peña.

En consecuencia, los rumores sostienen que, muy en sigilo, puertas dentro del macrismo, ya se discute la necesidad de “bajar” la candidatura de Mauricio Macri, para intentar que “Cambiemos” no pierda el control de la Casa Rosada y, potencialmente, la Provincia de Buenos Aires.

Todavía hoy juega a favor de Marcos Peña la creciente posibilidad de que CFK no se presente a la reelección y de que Roberto Lavagna no compita en una PASO, ni dentro del panperonismo, ni dentro de “Alternativa Federal”.

Es más, el ex ministro de Economía de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner ya expresó que quiere encabezar una coalición con los socialistas de Santa Fe, los seguidores de Margarita Stolbizer y la parte de la UCR que se irá de “Cambiemos”, encabezados por Ricardo Alfonsín, luego de la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical.

Es más, se susurra cerca de Roberto Lavagna que el economista no quiere a ningún peronista o kirchnerista como vicepresidente de la Nación, dado que eso podría condicionar su Gobierno o las medidas que tome, cuando no hace correr riesgo que no pueda terminar su mandato, si es que ganara la elección en Octubre próximo.

Entonces, para no ser un “fusible” o una “transición” entre “Cambiemos” y una gestión peronista o kirchnerista, Roberto Lavanga estaría pensando como compañero de fórmula en el gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz, quien no tiene chances reelegir.

¿Aceptaría Alternativa Federal esta fórmula? En principio, no. 

¿Aceptaría el kirchnerismo esta fórmula? Tampoco. 

En todo caso, podría llegar a discutirse si Roberto Lavagna crece mucho más en las encuestas y si se convierte en un ganador “seguro”, tanto a nivel nacional como en la Provincia de Buenos Aires, podría ocurrir este milagro.

¿Por qué si las encuestas fuesen muy favorables a Roberto Lavagna hay chances de un acuerdo tal como lo piensa el economista? Porque habría mucho más para repartir. Habría ministerios, lugares en las listas legislativas, cargos en la Provincia de Buenos Aires, se ganarían municipios. Sin embargo, ese potencial “armado” tiene grandes chances de estallar y crear dos o tres peronismos enfrentando a la Casa Rosada.

Si uno observa lo que está ocurriendo en el Congreso, con el kirchnerismo actuando junto al peronismo en la Cámara de Diputados y con el bloque peronista de Miguel Ángel Pichetto que no puede asegurar su unidad a la hora de votar; queda en claro que hay fuerte interés y conveniencia en el panperonismo en enfrentar al Gobierno de Mauricio Macri, exponerlo y debilitarlo.

Pero sigue siendo un juego de “alianzas circunstanciales”, que no se plasman en unión de bancadas o acciones coordinadas de largo plazo. Los acuerdos se negocian semana a semana, sesión a sesión; y no hay seguridad que duren más que algunas horas.

De esta forma, mientras que la crisis económica, con su efecto de derrumbe en las encuestas de imagen positiva e intención de voto, pone en jaque la candidatura de Mauricio Macri y el poder de Marcos Peña; es el potencial de división del panperonismo lo que evita avanzar en un plan alternativo para las candidaturas de “Cambiemos”.

Las especulaciones van a sobrar hasta el 22/06, fecha en la que expira el plazo para que los partidos inscriban a sus precandidatos. Allí se develará quiénes competirán por el sillón que ocupa hoy Mauricio Macri. Hasta entonces, hay tiempo para leer el “bodoque” oficialista, aunque, quizás, no sirva de nada. ¿O acaso sirvió de algo “El Estado del Estado”?