La semana comenzó con Jaime Durán Barba explicando a los intendentes de Cambiemos, de la Provincia de Buenos Aires cómo el Gobierno tiene asegurado cerca de 40% de la intención de voto y terminó con la Casa Rosada celebrando la detención del ex Jefe del Ejército de Cristina Fernández, César Milani; y que la descalabrada interna peronista bonaerense obligó suspender la cumbre de Santa Teresita.

Pero en el medio,

> los radicales casi dejan la sesión de la Cámara de Diputados el miércoles 15/02,

> Elisa Carrió tuvo una fuerte discusión con el Presidente de la Nación y,

> el jueves 16/02, el Mandatario tuvo que protagonizar una conferencia de prensa para anunciar que daba marcha atrás con 2 decisiones que estaban destrozando la imagen e intención de votos del PRO.

Y vamos a suponer que es verdad que el Presidente de la Nación, Gabriela Michetti y María Eugenia Vidal no hicieron el “timbrazo” en San Antonio de Areco por el mal tiempo y no para escapar a posibles protestas.

En el fondo, la semana política que acaba de pasar es una muestra mínima de lo que vive el Gobierno de Mauricio Macri desde hace 14 meses, es decir,

> confianza ciega en la estrategia que fija Jaime Durán Barba,

> causas judiciales y duras internas que acorralan y demuelen al kirchnerismo y debilitan al peronismo;

> los radicales, que se asquean ante los reiterados errores que comete el PRO;

> una Elisa Carrió que se tiene que callar la boca para no hacer estallar “Cambiemos” y

> un Presidente de la Nación que debe dar la cara para que no paguen el costo político de los repetidos “errores”, si es que fueron errores, la tríada todopoderosa que conduce la gestión oficial (Marcos Peña, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui).

El método de “Prueba y Error”

> ha causado inmensos daños a la imagen de Mauricio Macri,

> genera creciente desconfianza por parte de los inversores y los votantes propios; y

> le otorgan a la oposición gigantescas oportunidades para presionar y dañar al Poder Ejecutivo, un pecado mortal en un año electoral y, lo que es peor, obliga a exponer al Presidente de la Nación para que cargue con el costo político de los errores y dudosas decisiones que toman funcionarios de 2da. línea.

Hay que felicitar al Gobierno por retractarse ante 2 pésimas decisiones, por reconocer ambos errores, por dar la cara, por dar una conferencia de prensa para oficializar los anuncios, por no controlar las preguntas, por dar micrófono a periodistas claramente opositores y por derivar responsabilidades a otros estamentos del Estado para que tomen las decisiones que no tiene capacidad para tomar la Casa Rosada.

Sin embargo, ninguna decisión Administrativa puede volver a “foja 0”, dado que produce efectos ejecutivos, aunque sí se pueden derogar o retrotraer; no se pueden eludir o derivar las responsabilidades propias, dado que son funciones que le otorga la Constitución Nacional al Poder Ejecutivo, y es inconcebible que no haya culpables o responsables que paguen con sus cargos los supuestos “errores” cometidos.

El macrismo debe entender que aquellos que gobiernan un país no se pueden dar el lujo de cometer “errores”, es imperdonable que el Presidente de la Nación haga una conferencia de prensa y no anuncie que se emitirá un Decreto y se enviará un proyecto para modificar la Ley de Ética Pública para evitar estos “conflictos de interés” y que es imposible de explicar que en el “mejor Gabinete de la Historia Argentina”, tal como calificó Macri a su equipo, se cometan “errores” de este nivel.

Haber evitado que el acuerdo con el Correo Argentino pasara por la Procuraduría General de la Nación, no es un “error”, es una decisión política, efecto de no haber confiado en el Procurador General del Tesoro, Carlos Francisco Balbín, y el cuerpo de abogados de la repartición. En la Argentina, esto implica que, cuando se evitan tomar decisiones por el costo político, se terminan por pagar costos políticos más altos.

La buena voluntad y las buenas acciones que realizó el Gobierno no alcanzan

> ni para borrar la catarata de “errores” cometidos,

> ni el desaliento que causan en los ciudadanos,

> ni la pérdida de aliados en los medios de comunicación.

Es cierto que la hipocresía kirchnerista empequeñece los impactos negativos de los “balazos en el pie” que se da el macrismo. Sin embargo, todas las encuestas confirman que la caída en la imagen positiva y de gestión de Mauricio Macri y de la Administración del PRO tiene mucho de carga ante la frustración económica, y también que la corrupción vuelve a crecer en las mediciones de malhumor social.

Poco más de 50 funcionarios del Gobierno de Cambiemos ya están denunciados por casos de corrupción, Mauricio Macri acumula 4 denuncias y 2 imputaciones.

A diferencia de los casos de corrupción kirchnerista, que eran denunciados por los medios de comunicación opositores o por la oposición política; los casos del macrismo surgen de investigaciones internacionales (como los Panama Papers o el Caso Gustavo Arribas) o por contratos o decisiones políticas que toman los funcionarios con incompatibilidades manifiestas, como Gustavo Lopetegui y Mario Quintana por la adjudicación de rutas para líneas aéreas “low cost”, sin que participen medios de comunicación o la oposición peronista o massista.

Cuando se Gobierna, no alcanza con tener la razón. Las políticas públicas deben tener fundamento técnico, oportunidad política para ser aplicadas y conveniencia política de su implementación. Puede ser que la fórmula de ajuste de jubilaciones y pensiones haya sido aplicada en forma errónea por el kirchnerismo; pero no era políticamente oportuno reducir, aunque sea un porcentaje ínfimo, la suba de haberes previsionales y, menos, conveniente la oportunidad de la aplicación (en medio de un proceso de alta inflación, baja de poder de consumo y un año electoral).

Tampoco tiene fundamento no consultar con los legisladores si se va a cerrar un acuerdo con uno de los grupos económicos más grandes de la Argentina que, para colmo, es propiedad del Padre del Presidente de la Nación; o si se van a modificar las condiciones de aumento de jubilados y pensionados. Y, menos, justo cuando se intentaba cambiar el texto de la Ley de ART o cuando se avanza en una norma legal que impida el ingreso de inmigrantes con antecedentes criminales. Sin embargo, a la tríada compuesta por Marcos Peña, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui ni les interesó hablar con legisladores radicales o con Elisa Carrió.

El resultado de este comportamiento es que el bloque de Diputados de Cambiemos está en medio de su peor crisis en 14 meses, el radical Mario Negri tuvo que levantar la voz para contener una ruptura en el bloque propio; se alientan las posiciones rupturistas de Ricardo Alfonsín y Julio Cleto Cobos y hace más difícil la tarea de Ernesto Sanz, coloca a Elisa Carrió al borde de un “ataque de nervios” y descoloca al titular de la Cámara Baja, Emilio Monzó, y al presidente de la bancada del PRO, Nicolás Massot. Y, todo esto, por nada… O peor, para tener que “recular en chancleta”.

2 preguntas quedan para la teorización política:

1. Si la economía creciera al 4% anual, la inflación mensual fuera menor a 1%, si hubiera pleno empleo y el ingreso de los familias fuera más que suficiente para consumir y ahorrar, ¿la reducción de $20 en los aumentos de jubilados y pensionados, hubiese tenido un impacto menor en los medios y a nivel social y político?

2. Si hubiera “lluvia de inversiones”, el Gobierno tuviera fortaleza política y asegurada su continuidad a partir de 2019 y el peronismo estuviera sumido en su peor crisis histórica, ¿hubiese pasado inadvertido para los medios y para la oposición el peculiar acuerdo entre el Gobierno y el Correo Argentino?

La respuesta a ambas preguntas es “No”. Los jubilados son, desde hace tres décadas, el grupo social con peor ingreso en la Argentina y, cualquier negocio ventajoso para el Grupo Macri que se cierre con el Gobierno de Mauricio Macri, siempre va a ser sospechoso. En consecuencia, no se puede hablar de “error” o “imprevisión”. El Gobierno acaba de “chocar 2 veces el triciclo” por las 3 fallas que son parte inmanente del ADN macrista: desprecio por la política y por la comunicación y abuso de la soberbia a la hora de gestionar o de enfrentar aliados y opositores.

En el caso particular del acuerdo con el Correo Argentino, el equipo de comunicaciones que conduce el Jefe de Gabinete, Marcos Peña,

> minimizó la difusión de la noticia, minimizó las repercusiones en las redes sociales,

> minimizó el impacto en los medios de comunicación,

> minimizó el daño que podía producir el tema,

> minimizó la reacción de la oposición y

> minimizó los efectos que tendría esta cadena de minimizaciones.

Y esta cadena de minimizaciones hace poner en duda la capacidad de gestión que tienen los miembros del “Mejor Gabinete de la Historia Argentina” y, por carácter transitivo, al propio Presidente de la Nación. Quizás, en el Gobierno, deberían tener presentes que, para evitar que Mauricio Macri tenga futuro político, los opositores construyen el presente recurriendo al recuerdo del votante de los errores, “pecados” y equivocaciones que haya construido el hijo de Franco Macri en el pasado.

Una investigación del vapuleado Conicet reveló que 31% de los funcionarios del Gabinete de Mauricio Macri ocuparon, en algún momento, puestos de Alta o Media/Alta gerencia en el sector privado. La presencia de CEOs o Gerentes en la Jefatura de Gabinete llega al 69,6%, y 58,1% en las secretarías de Estado que dependen del Presidente de la Nación; y 50% en el Ministerio de Energía y Minería. Sobre el universo total de funcionarios, 22% sólo tuvo desarrollo laboral en el sector privado y 24% tenía un cargo privado a la hora de ser elegido para el cargo actual. Con esos datos a la vista, hablar de “errores” o “imprevisión” es una bofetada a la credibilidad de los votantes, más allá de la ideología que tenga.

Tanto Mauricio Macri como otros funcionarios que hablaron por los medios elegidos por la Jefatura de Gabinete insistieron con una frase que impuso Jaime Durán Barba en sus charlas: “El año electoral ha comenzado y la competencia política vendrá por otros canales no políticos”. Puede ser que sea verdad. En ese caso, el Gobierno debería comenzar a dejar de darse “balazos en el pie” o de cometer “errores” consecuencia de “imprevisiones”.