A 10 años del fallecimiento de Néstor Kirchner, el consenso de los agentes económicos en general, y de los analistas y consultores privados en particular, recuerda su presidencia por la recuperación de la senda del crecimiento, la generación de empleos, los superávit simultáneos de las finanzas públicas y del sector externo, apuntalado por el proceso virtuoso de mayor aumento de las exportaciones que las importaciones. Pero no todas fueron loas, aunque el balance fue claramente positivo, sobre todo respecto de lo que vino después.

Los primeros años del kirchnerismo se desarrollaron en un contexto de fuerte crecimiento económico, favorecido por el precio récord de materias primas como la soja, el principal bien de exportación, en particular en el último año cuando pasa de USD 240 la tonelada a más de USD 400 en los últimos seis meses de la presidencia, mientras que el cultivo pasó de una producción de 31,5 millones en 2003/04 a una cosecha récord hasta ese momento de más de 46 millones de toneladas.

Y también se caracterizaron por la singular impronta social, con aumento de las jubilaciones mínimas después de más de 12 años congeladas, del salario mínimo vital y móvil, también con más de 11 años sin ajuste, pese a la crisis de 2002; y multiplicó por 17 la cobertura de los planes de asistencia a los sectores de muy bajos recursos y desocupados.

Sin embargo, los años de bonanza no se aprovecharon, por caso, para crear un fondo anticíclico y mejorar el sistema de ahorro previsional privado de largo plazo, como ocurrió en países como Chile. Pero en general fue una administración que se caracterizó por estabilizar la economía, luego de sacarla de la tremenda depresión en la que había caído en 2002, aunque cuatro años y medio de gestión no fueron suficientes para lanzar la economía a la senda del crecimiento sustentable en el tiempo, ni para recuperar el máximo histórico de actividad previo al inicio de la recesión que se inició a mediados de 1998, sobre el final del gobierno de Carlos Menem.

Incluso, su confianza en los logros iniciales de su gestión lo llevó a decidir sobre el cierre de 2005 la cancelación de la deuda que el país mantenía con el FMI, pese a ser el crédito más barato del mercado (entonces un 4% anual y sustituirlo por un préstamo de Venezuela al 15% anual), el cual formalizó en los primeros días de enero de 2006, por parte de la acción conjunta de la ya ministra de Economía Felisa Miceli, había sucedido a Roberto Lavagna, y del entonces presidente del Banco Central, Martín Redrado, con la idea de recuperar “la autonomía para definir la política económica”. Se trató de un pago de USD 9.574 millones con uso de reservas del BCRA que hizo bajar el saldo bruto de USD 28.045 millones a USD 18.500 millones.

La confianza en los logros iniciales de su gestión lo llevó a decir sobre el cierre de 2005 la cancelación de la deuda que el país mantenía con el FMI, pese a ser el crédito más barato del mercado (EFE)

Néstor Kirchner recibió una economía con un PBI equivalente a unos USD 120.000 millones, tras haber caído a un mínimo de USD 103.866 millones y terminó el mandato con un nivel de generación de riqueza inferior a USD 288.000 millones y USD 7.290 por habitante, unos USD 11.000 millones por debajo del máximo histórico de 1998 cuando superó USD 299.000 millones, equivalente a USD 8.294 por habitante.

En pesos constantes fue un período caracterizado por “tasas chinas” de aumento del PBI, promedió 8,8% acumulativo por año, que quebró un ciclo de cuatro años en recesión.

Semejante reactivación trajo aparejado la recuperación del superávit fiscal, junto con el saldo también positivo del intercambio comercial, dieron lugar a la aspiración de cualquier ministro de Economía: consolidar los “superávit gemelos”, porque se trata de dos requisitos claves para estabilizar la economía y generar un promisorio escenario para los negocios como pocas veces se había logrado en los 35 años previos.

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Aunque una vez más en la historia económica argentina, apoyado por un ciclo singularmente favorable del ciclo de los precios de las materias primas, en particular de la soja, y el complejo oleaginoso, puntal de las exportaciones del país, se utilizó al tipo de cambio como ancla de la inflación, porque tras una baja nominal inicial de 13% desde un nivel recontra alto previo, apenas subió desde fines de 2003 a 2007 un 7,3%, mientras el Índice de Precios al Consumidor se elevó en ese período 62,1 por ciento.

Rebote de los precios al consumidor

La tasa de inflación de 40,9% que había recibido de arrastre de 2002 bajó rápidamente a menos de la décima parte, aunque no la pudo sostener en el rango de un dígito, al punto que salta de 3,7% en 2003 a 12,3% cuando comienza la renegociación de la deuda pública en default, y termina el mandato con un ritmo de suba de los precios al consumidor cercano a 24 por ciento.

Justamente, una de las asignaturas que no se pudo resolver durante la gestión de Roberto Lavagna –que mantuvo el cargo de ministro de Economía que le asignó el anterior presidente, Eduardo Duhalde, hasta fines de noviembre de 2005, con Guillermo Nielsen como secretario de Finanzas–, fue cerrar el heredado capítulo del default. Pese a haber logrado una adhesión de más del 75% del primer canje, y haber reducido el monto total de la deuda pública desde un pico de USD 191.296 millones a USD 128.630 millones entre 2004 y 2005, la ausencia de la cláusula de acción colectiva que obligara a adherir al resto de los bonistas si se alcanzaba ese umbral de aceptación, provocó un severo desgaste y consecuencias negativas para la economía en su conjunto, muchas de las cuales los gobiernos siguientes no pudieron o no supieron resolver.

Además, al crear el Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER), un índice que acumula la tasa de inflación, como factor de ajuste de gran parte de los bonos de la deuda pública entregados en canje, en una economía que no había logrado erradicar de cuajo el fenómeno de alza sostenida y generalizada de los precios al consumidor, salvo a través de políticas de atraso cambiario, congelamiento de tarifas de los servicios públicos y controles de precios, determinó que en el gobierno siguiente se apelara a la cuasi intervención del Indec de modo de “esconder” la real tasa de inflación para atenuar el pago de intereses de esos títulos, con los consecuentes efectos nocivos sobre el resto de las variables macroeconómicas, como finalmente ocurrió.

Al no poder controlar el rebrote de la inflación el gobierno siguiente apeló a la cuasi intervención del Indec de modo de atenuar el pago de intereses de los títulos del canje de 2005 con cláusula CER

De todas formas, la conjunción de los superávit gemelos y la recuperación de la confianza de los agentes económicos posibilitaron recomponer la posición de reservas en el Banco Central, pasaron desde un mínimo nominal de USD 10.485 millones al cierre de 2002 a USD 46.169 millones al final de su mandato presidencial.

Claramente, un factor clave en la mejora del humor de la población en ese período fue la recuperación de la capacidad de generar empleos netos, pasó de 13,5 millones a 16,4 millones, redujo la desocupación desde un máximo de 3,4 millones a poco más de 1,3 millones de personas; y posibilitó que el promedio del salario privado se elevara en términos reales.

Justamente, entre los méritos que se atribuye a la primera etapa del kirchnerismo fue haber reducido el desempleo desde 20,4% de la oferta laboral al cierre de 2002 y 17,8% que recibió a mediados de 2003, finalizó la gestión con una tasa de 7,5% de la población económicamente activa.

De ahí que fue uno de los pocos presidentes de la Argentina que comenzara la gestión con un índice de confianza del consumidor de la Universidad Torcuato Di Tella de 44,5%, desde un nivel heredado de 37,1%, y finalizar con un valor superior: 51,5 puntos porcentuales.