A una semana de las elecciones de medio término, y luego de que el Indec ratificara que por tercer mes consecutivo se quebró el proceso de “desinflación” que se propusieron las máximas autoridades del Banco Central, el candidato a diputado nacional por el Frente Justicialista Cumplir que lidera el ex ministro del Interior, Florencio Randazzo, analizó la situación de la economía y sus expectativas para la segunda mitad del mandato del presidente Mauricio Macri.

Como parte del amplio espacio peronista de la oposición no sorprendieron sus casi totales disidencias con la política económica del Gobierno nacional, pero también buscó marcar sus críticas a la ex presidente Cristina Elisabet Kirchner, de la que comenzó a distanciarse en 2014, luego de la devaluación sin plan del ex ministro de Economía Axel Kicillof.

– Hace poco más de tres meses, cuando aún no se veían indicadores de actividad con variaciones positivas, usted sostenía que “la situación es dramática”, ¿ahora que, salvo muy pocos sectores, los índices se muestran expansivos, con excepción de la inflación que, por el contrario, frenó su descenso, piensa lo mismo?
– Veo dos cosas. Primero, que lo que estamos viendo es un rebote estadístico, ya que en general aún no se volvió a los niveles de 2015; y además muy concentrado. Si se desagrega la evolución de la Estimación Mensual Industrial se advierte que en el acumulado de los primeros ocho meses del corriente año los sectores que dan positivo respecto del año anterior son 4: metalmecánica, automotriz, minerales no metálicos y caucho y plástico. Pero, textil es un drama; y hay otros que se están recuperando, pero siguen en terreno negativo. Además, me preocupa que no sólo no sé hasta cuándo va a seguir el rebote y que está muy concentrado, sino que no le auguro un futuro promisorio. No comparto la idea del Gobierno de que esta pequeña recuperación es el comienzo de un ciclo alcista de largo plazo; por el contrario, me inquieta que la deuda  pública está creciendo mucho y que a este ritmo no se podrá sostener, porque no dan los números.

– El Gobierno le podrá decir que el aumento de la deuda es transitorio, no es permanente, ¿cuál es la alternativa, bajar el gasto público más rápido para reducir el déficit fiscal y con ello su financiamiento; o volver a la emisión del Banco Central; no comparte el rol de los programas de participación público privada para impulsar las obras de infraestructura que es una de las grandes falencias, sin agrandar el gasto presente?
– Lo que presentó el Gobierno en el Presupuesto me parece muy optimista en relación al rol de los Programas de Participación Público Privada, son 52 proyectos por un total de USD 21.000 millones. Por el contexto macroeconómico no los veo muy atractivos para la inversión privada, con proyecciones de déficit estructurales crecientes, en el comercio exterior y en la cuenta corriente de la balanza de pagos; pero también en el fiscal, porque el Gobierno se fijó una meta de disminución primaria, la diferencia entre ingresos y gastos antes del pago de intereses de la deuda, pero el financiero crece. La carga de intereses en el Presupuesto pasó de 6% del gasto total en 2016, a 10% en el corriente año y 14% el próximo, y será equivalente a cuatro veces el monto previsto para el sistema de salud.

 – ¿Usted no cree que parte de esa dinámica del pago de intereses, que aparece como “alarmante”, es producto de que en el anterior gobierno no se pagaba la deuda, y cuando lo hizo fue con el uso de reservas del Banco Central, y que además se superó el estado parcial del default con la colocación de nueva deuda?

– Acá creo que también hay dos cosas para señalar. Una, y que se refiere a una crítica a la gestión anterior, es el error de haber abrazado caprichosamente la política de desendeudamiento en sus últimos dos o tres años creando la restricción externa presente y no haber avanzado en un acuerdo con los bonistas, sin caer en la opción de Patria o buitre. Tuvo algún sentido en la  época de Néstor Kirchner haber pagado la deuda con el FMI, por el mensaje político que eso implicaba, aunque uno entendió el costo financiero que eso implicaba. Pero también creo que a esta forma de endeudamiento del Gobierno actual se le está yendo la mano, más de USD 110.000 millones en 22 meses, entre Nación, provincias, municipios y corporativos, es mucho.

– Pero más de USD 70.000 millones fue para el pago de vieja deuda, el resto sí corresponde al financiamiento del déficit fiscal…
–  Pero de todas formas es un nivel de nuevo endeudamiento muy fuerte, más porque me preocupa que parte del destino sea para financiar gasto corriente. No veo señales que apunten a atender los déficit estructurales que tiene la economía argentina, y que el Gobierno proyecta creciente en el nuevo Presupuesto, sin un marco de una política de desarrollo, donde crezcan las exportaciones con valor agregado, aumente la producción y la generación de empleo. No lo veo, no lo hay.

“Creo que a esta forma de endeudamiento del Gobierno actual se le está yendo la mano, más de USD 110.000 millones en 22 meses” (Martín Rosenzveig)

“Creo que a esta forma de endeudamiento del Gobierno actual se le está yendo la mano, más de USD 110.000 millones en 22 meses” (Martín Rosenzveig)

– El Gobierno le podrá preguntar si no ve las obras de infraestructura en caminos, cloacas, viviendas y energías renovables en todo el país, así como el aumento de la partida para la ampliación de los planes sociales a sectores que no estaban alcanzados, como monotributistas y autónomos… 
– Los planes sociales extendidos obedecen en parte a la necesidad de asegurar gobernabilidad. Eso es cierto, el gasto social está aumentando. Pero la forma de atender realmente a esos sectores es generando empleos genuinos y de calidad, y para eso hay que hacer política industrial productiva. Y es ahí donde veo la falla. Todo lo que usted menciona sobre obras de infraestructura también es cierto, pero no le veo impacto en mejora de la productividad y competitividad de la economía. Hay mucha obra en el conurbano que electoralmente va a servir y está bien que se hagan; pero no veo grandes obras que apunten a mejorar la competitividad sistémica de la economía.

– ¿Los avances hacia la normalización macroeconómica no cree que comenzarán a impactar positivamente sobre la inversión público-privada en esas áreas vinculadas con la productividad y la competitividad sistémica?
– Hoy no veo ese escenario.

– El Gobierno tampoco lo ve, desde el momento que está planteando la necesidad de presentar en el Congreso sendos proyectos de reforma tributaria y laboral, y de contar con el apoyo de fuerzas de oposición, no solo para que salgan por consenso, sino porque seguirá en minoría después del 10 de diciembre, pero que cree que contribuiría a provocar la demorada ola de inversiones…
– No hay duda de que es necesario legislar sobre reformas laboral, tributaria y previsional. En el primer caso, estoy trabajando en la Comisión Bicameral como asesor del Senador Juan Manuel Abal Medina, que es el vicepresidente; pero estamos esperando la propuesta del Gobierno que se mantiene guardada bajo siete llaves. La señal que vimos hasta ahora es que los cambios van a contramano de lo que nosotros pensamos, que consideramos que deben ir en dos sentidos: uno, haciéndola más progresiva, pero las medidas que se tomaron fueron para favorecer a los sectores con ingresos más altos y las empresas; y segundo, creemos que hay que ampliar fuertemente la base tributaria, en lugar de seguir, como hizo el gobierno anterior, de cazar en el zoológico con aumento de la carga tributaria a nivel nacional, provincial y municipal sobre las pymes y pequeños contriubuyentes.

– Usted se refiere no sólo a la responsabilidad del Gobierno nacional…
– Está claro que se mezcla todo, por eso creo que es necesario una reforma tributaria profunda que apunte a ampliar la base imponible y la formalidad de la economía en su conjunto. Pero veo con preocupación lo que hizo hasta ahora el Gobierno nacional en materia de impuestos, con transferencia de recursos favoreciendo a sectores muy concentrados. Además, no creo que se podrán solucionar todos los problemas de competitividad con una reducción de la presión tributaria que lleve a una reducción general de costos; eso es un error.

– ¿Cómo debería ser la reforma tributaria?
– Creo que hay que hacerla dentro de un programa destinado a aumentar la formalidad de la economía, de sostener el crecimiento e impulsar la demanda de consumo e inversión; sin caer en un Estado desfinanciado por la existencia de una estructura de gastos muy difícil de recortar. Además, en este punto de mejora de la competitividad, me preocupa la pata financiera especulativa, porque me parece que el Gobierno está haciendo una apuesta muy fuerte a la especulación con la emisión de Letras del Banco Central que se va transformando en una bomba que va a ser muy complicada de desactivar.

– ¿Nuevamente, cuál es la alternativa, que el Gobierno recorte drásticamente el gasto público, incluyendo la nómina de personal, para reducir al mínimo las necesidades de financiamiento del déficit fiscal, o que directamente haga como la gestión anterior de apelar a la emisión de dinero e intervenga el Indec para no mostrar el real índice de inflación?
– No quiero que vuelva la emisión para financiar el déficit fiscal. Pero hoy hay una estrategia del Banco Central muy basada en absorber los pesos que genera el ingreso de dólares con la colocación de deuda externa con altas tasas de interés para hacerlas atractivas, que responde a controlar el proceso inflacionario. Ahí tiene un problema, porque el costo en términos de logros de baja de la inflación no termina de cerrar: implica la emisión de entre 220 y 240 mil millones de pesos por el pago de intereses de las Lebac, que es equivalente a dos veces el presupuesto nacional en Salud, mientras que la desinflación se detuvo hace tres meses, al tiempo que conspira contra la inversión productiva. Acá se ve una disputa con algo que hace tiempo venimos advirtiendo desde nuestro espacio Cumplir, pero muchas veces se mal interpreta y que requiere analizarlo bien, que es la concentración de mercado, los formadores de precios y sectores que generan rentabilidades extraordinarias que hay que atender, para ayudar a controlar el proceso inflacionario.

– ¿Está proponiendo la vuelta a los controles de precios?
– No, lo que digo es que el Gobierno no debería recaer tanto en la política de esterilización monetaria y empezar a atender las cuestiones señaladas de concentración de mercado y formadores de precios, que implicaría enfrentar intereses que me parece que no se quieren atacar. Por tanto, no estoy a favor de la emisión descontrolada para financiar el déficit fiscal y luego controlar al supermercadista, sino encarar una estrategia regulatoria a lo largo de las cadenas de valor, y tender con instrumentos de política macroeconómica a desconcentrar mercados y generar competencia, estimulando la inversión productiva; acompañadas con una política de reducción del déficit y una monetaria consistente.

– Pero la estrategia de controles de precios ha fracasado sistemáticamente desde hace casi 2.000 años…
– No hablo de control de precios, como fue históricamente, ni tampoco como se pretendió en algunas etapas del kirchnerismo. Creo que la tarea que hay que hacer consiste en analizar las cadenas de formación de precios, porque eso no existe, lo viví trabajando para el Ministerio de Economía (Nota del Editor, en la primera parte de la gestión de Axel Kicillof), cuando quise tomar un producto cualquiera, me encontré que no había nada hecho. Eso requiere un análisis inteligente, juntando a todas las partes, sin presiones, para ver lo que ocurre en cada paso, para poder elaborar un plan de regulación lógico, pro mercado…

– Quienes han hecho ese análisis, como la Cámara Argentina de Comercio y la Fundación ProTejer para la cadena textil y de la confección se encontraron que la mayor brecha de precios entre el costo de producción e incluso de importación, con el resto del mundo y con lo que paga el consumidor, corresponde al componente impositivo…
– Sí, pero en el caso de los alimentos, lo más relevante es el efecto de los formadores de precios, con oferentes muy concentrados y por tanto con posiciones dominantes, y también en la cadena de comercialización. Es cierto que también es muy importante el componente impositivo, porque todos sabemos que la estructura tributaria en los tres niveles de gobierno está mal, y que es distorsiva y afecta a la competitividad. Pero, los cambios hay que hacerlos de modo inteligente, porque creer que con la reducción de los impuestos desaparecerán los mercados concentrados y los formadores de precios y con ello bajará la inflación, es un error, nunca ocurrió.

 

“Creo que la tarea que hay que hacer consiste en analizar las cadenas de formación de precios, porque eso no existe, lo viví trabajando para el Ministerio de Economía” (Martín Rosenzveig)

“Creo que la tarea que hay que hacer consiste en analizar las cadenas de formación de precios, porque eso no existe, lo viví trabajando para el Ministerio de Economía” (Martín Rosenzveig)

– ¿Y respecto de la necesidad de impulsar una reforma laboral, con consenso legislativo que piensa?
– Es lo mismo que con la reforma tributaria, porque todavía no hay nada a la vista anunciado. Creo que ir a un cambio con las características de lo que hizo Brasil no hay espacio para consensuarlo, aun con un muy buen resultado en las elecciones del próximo domingo. Creo que ahí van a jugar un rol relevante los sindicatos, y con un control de la oposición que va a ser muy importante, porque hay que ir a una reforma que de aire a la producción, a la contratación de empleos y de calidad; y no se aproveche la circunstancia para quitarle derechos a los trabajadores que se adquirieron durante mucho tiempo.

– ¿El Frente Justicialista Cumplir tiene una propuesta?
– Concreta no, tenemos consensos generales. En cambio en materia tributaria sí. Creo que lo que viene a partir del 23 de octubre es un escenario de negociación racional para alcanzar consensos en lo que respecta a las tres reformas que se prevé comenzarán a debatirse en materia tributaria, laboral y también previsional. En ese escenario, creo que una reunificación del peronismo va a ser importante para lograr un equilibrio.

– ¿Qué debería hacer para lograr esos consensos para impulsar esas tres reformas claves, garantizar que no lo hace para sentar las bases de su reelección, o sería saludable para el bien del país que se consolide un proceso de normalización macroeconómica, para sí después facilitar la alternancia en el poder y dar espacio al peronismo para consensuar el intento de reunificación?
– No, porque creo que muchas de las políticas de este Gobierno  requieren de un cambio de rumbo, porque no veo acciones que conduzcan a un futuro interesante, sino que tengo mucha preocupación en perspectiva porque no se está apostando a un programa productivo, de desarrollo; sino que está utilizando herramientas de corto plazo, vinculadas con la especulación financiera, además de todo lo que se hizo en la liberación de los flujos de capitales; y deja hoy a la Argentina muy vulnerable. Hoy me preocupa el sistema financiero porque observo que están creciendo los depósitos en dólares; aumentan muy fuerte los créditos en dólares, porque hoy en un marco de virtual estabilidad cambiaria, el público mira pesos o dólares, y elige lo último. Más aún porque el Banco Central relajó la normativa y ahora le permite prestar en divisas no sólo a los exportadores, sino a cualquiera…

– A cualquiera que esté vinculado con un exportador, a través de la venta de insumos o servicios en una proporción relevante de su actividad…
– Si, pero ahora es mucho más amplio, y por eso el monto del crédito en dólares crece fuerte. Además, me preocupa el crecimiento de los créditos ajustables por UVA, porque veo un estímulo muy fuerte del Gobierno ya que el 75% está concentrado en los tres principales bancos públicos; Nación, Provincia y Ciudad, que tienen un objetivo eleccionario, porque arrancaron para los hipotecarios, luego para autos, siguieron las motos y ahora se amplió a los personales. Con esto quiero decir que no sólo me preocupa la emisión de las Lebac, sino la dolarización del sistema y la creciente exposición de los bancos a los créditos indexados, porque está generando una fragilidad en el sistema financiero, sumado a los capitales especulativos con la desregulación, que se torna muy preocupante.

– No cree que esa dinámica ocurre porque se dejó achicar al extremo al sistema financiero, con niveles de depósitos y préstamos muy reducidos respecto del promedio de la región Chile, Brasil, Uruguay, Colombia…
– Si, pero hay que verlo en términos del mercado de capitales argentino que es muy chico. Y un crecimiento tan acelerado de los créditos hipotecarios ha provocado una suba de los precios de las viviendas, producto de una demanda que estaba deprimida, al no ser sostenible la dinámica de crecimiento de esos créditos, puede generar una caída de los precios de los inmuebles, que frente al mecanismo de indexación a 30 años y creer que en la Argentina los salarios le van a ganar a la inflación, va a provocar otra burbuja. Por eso veo con mucha preocupación los déficits estructurales de las cuentas externas; el aumento de la deuda pública; un sistema financiero dependiente del ingreso de capitales especulativos de corto plazo; Lebac que superó el billón de pesos y el nivel de la base monetaria; con necesidad de tasas de interés para tornarlas atractivas; atraso cambiario que eso genera; los créditos ajustables por UVA y la dolarización del sistema.

EL ROL DE LA EX PRESIDENTE

– Con ese escenario que describe que se asemeja a un caos o que, al menos prenuncia una tormenta perfecta, ¿por qué cree que el Gobierno llega a las elecciones del próximo domingo con la perspectiva de mayor caudal de votos que hace dos meses en la PASO?
– Porque comunicacionalmente fueron muy hábiles en marcar la estrategia de cambio; porque desde la oposición se incurrió en un horror en la política que nosotros desde nuestro espacio, Frente Justicilista Cumplir, marcamos que la ex presidente Cristina Kirchner sea candidata y esté representando a la exposición, porque como se lo dijo nuestro líder, Florencio Randazzo, antes del cierre de listas “vas a llevar el Gobierno a discutir el pasado, que es lo que el oficialismo quiere”. Por tanto, gran parte de la población, no queriendo volver al pasado, más allá de lo que represente la figura de la ex presidente, hay un tema psicológico de no querer volver al pasado. Entonces se está jugando con el escenario de polarización, junto al poder económico y los medios de comunicación que están acompañando en esto, permite que la sociedad esté subida a la idea de cambio, porque estos temas que estuvimos hablando no se percibe en lo cotidiano, sino sólo por quienes miran los números de la economía y las finanzas.

 

“Desde la oposición se incurrió en un horror en la política que nosotros desde nuestro espacio, Frente Justicilista Cumplir, marcamos que la ex presidente Cristina Kirchner sea candidata y esté representando a la exposición” (Martín Rosenzveig)

“Desde la oposición se incurrió en un horror en la política que nosotros desde nuestro espacio, Frente Justicilista Cumplir, marcamos que la ex presidente Cristina Kirchner sea candidata y esté representando a la exposición” (Martín Rosenzveig)

– Pero la ex presidente hizo foco en su campaña de la crisis terminal, con lo cual a quienes no siguen los números, les tradujo, a su estilo y antojo, la realidad que usted describe…
– Uno lo que hace cuando lee los números es mirar hacia adelante, descontar las expectativas y alertar que si se sigue por este camino esto termina mal. Es decir, tratamos de anticipar el escenario. Por eso me parece que otro error en el que incurre Cristina es en la idea de utilizar como estrategia de campaña la expectativa del caos y de crisis terminal, punto que discutí durante un tiempo con ellos mismos cuando los asesoraba en el gobierno. Porque ese escenario de crisis terminal no existe, no es real, y cuando se contrasta con la realidad y no ocurre una vez, ni otra, ni otra, el público se va cansando. Por eso para nosotros, desde donde estamos parados se nos hace muy difícil, porque no es cierto que esto explota y que se está prendiendo fuego, pero tampoco es cierto que estos pequeños brotes que parece que asoman sean el inicio de un ciclo de recuperación de la actividad maravilloso y crecimiento sostenido, porque ya advierto que eso no será así.

– Ya adivino cuál es su respuesta a la lectura que hizo del Presupuesto 2018 que el Gobierno le presentó al Congreso para su tratamiento…
– Mi primera conclusión que hago es que es muy optimista. Todo Presupuesto tiene una intención; así como el ex ministro Roberto Lavagna subestimaba los ingresos para después ejecutar partidas, en este caso apunta a comunicacionalmente insistir con la idea de la proyección de crecimiento sostenido. La meta de 3,5% de aumento del PBI me parece incumplible e insostenible; de hecho el Fondo Monetario Internacional hizo una proyección bastante más abajo. Del lado de la demanda se prevé un incremento del 3,3% del consumo, para que eso ocurra tienen que crecer la masa salarial (Nota del Editor: el salario real y el empleo) y el crédito para consumo, y no veo que eso esté sucediendo. Y el otro motor que marca es la inversión con 12% de suba, y tampoco percibo que estén dadas las condiciones para que eso ocurra. Mientras que no veo razones para justificar un aumento del 5,9% de las exportaciones, cuando este año están cayendo. Y también me preocupa la dinámica de las importaciones, muy por arriba de las previstas en las ventas al exterior. Más aún cuando todo esto se proyecta sostenido con endeudamiento del sector público y el ingreso de capitales especulativos.