Transcurrió la segunda semana de puesta en práctica de un régimen extremadamente exigente de política monetaria que tiene como principal consecuencia la profundización de la recesión, más allá del contexto internacional. Los primeros resultados están en línea con los buscados: se apreció el peso, se necesitan menos para comprar un dólar que al cierre de septiembre y las tasas de interés y el índice de riesgo país parecen haber alcanzado un techo.

Sin embargo, salvo entre los funcionarios de Hacienda y del Banco Central que se muestran convencidos de que hacia el segundo trimestre de 2019 comenzará a transitarse el rebote de la actividad sobre bases sólidas y por tanto sustentables, entre los economistas del ámbito privado prevalece un creciente grado de pesimismo, o al menos de escepticismo sobre el éxito del nuevo plan de estabilización.

Alejandro Rodríguez, doctorado en Economía de la Universidad de Chicago en 2006, en la cátedra del premio Nobel 1995 Robert Lucas, quien además trabajó en la Universidad de Buffalo hasta el 2009 y actualmente es profesor y director del Departamento de Economía de la Universidad del CEMA, dialogó con Infobae y dio su visión de la coyuntura y sus expectativas.

– La coyuntura económica no es la mejor, cuando apenas seis meses atrás en el Gobierno se creía que se iba a romper el maleficio de caída del PBI en  los años pares, ¿a qué lo atribuye, sobre todo cuando por un lado se ve al Foro de Convergencia Económica que representa el 80% del PBI privado apoyando el plan de ajuste para que se pueda concretar un cambio de fondo, pero luego, cuando muchos de los asociados son consultados por el Indec manifiestan expectativas de despidos y suspensiones de personal?
–  Veo que todos queremos cambiar, pero nadie quiere cambiar y hacer ese esfuerzo. Olvidemos por un instante de la situación de más corto plazo, y volviendo a mis orígenes de estudioso del crecimiento económico, analizo cuáles son los motores según las corrientes de la literatura: uno está más orientado hacia lo que es la acumulación de capital humano, basado en la educación y el conocimiento; y hay otro, que fue galardonado este año con el premio Nobel a Paul Romer, que se basa en la innovación y el desarrollo. Es decir por un lado, los motores de crecimiento son tener empresas invirtiendo en nuevas tecnologías, y por el otro tener recursos humanos, trabajadores, capacitándose. Creo que son los dos con alguna combinación líneal que resulte óptima. Pero lo cierto es que hay una tercera rama muy importante que es la que estudia el rol de las instituciones en el crecimiento económico, con Daron Acemoglu como uno de sus principales referentes. Creo que ese es el tema central que hay que debatir en la Argentina de hoy.

– ¿Observa algún cambio de fondo en estos tres últimos años?
– Creo que los gobiernos en la Argentina tienen un problema para avanzar en esa dirección, porque nosotros, como sociedad no nos ponemos de acuerdo en qué marco institucional queremos vivir. Se ve a los EEUU con un marco que le va muy bien y también a China, con otro cuadro muy distinto que también le va muy bien. Por tanto no es que hay un marco institucional  único como para garantizar el crecimiento. Hay distintas opciones. Lo importante, creo yo, es que ese marco institucional sea estable. Buenas reglas, malas reglas, reglas mediocres, eso se podrá discutir, pero lo relevante es la estabilidad, para poder tomar decisiones de largo plazo.

Eso es lo que a la Argentina le falta, definir ¿qué vamos o queremos ser? ¿una economía más de mercado, al estilo americano? ¿más al estilo europeo? ¿queremos ser país con una participación fuerte o mínima del Estado en la economía? Hasta  que no definamos eso y vayamos como un péndulo de un lado para el otro no vamos a lograr convencer a nadie a que invierta a largo plazo e ingresar en un ciclo largo de crecimiento.

– Si se lograra ese pre-requisito de definir qué queremos ser y con qué instituciones, ¿cómo estima que sería la transición hacia su consolidación, para que se constituya en una regla de estabilidad?
– Un ejemplo cercano que podríamos plantearnos es EEUU, lo hizo hace mucho, desde el vamos con sus padres fundadores que plantearon un modelo de país, y se han mantenido dentro de esa línea a lo largo de toda su historia. China, por el contrario, hizo una transición totalmente distinta: veía que se estaba cayendo en relación al mundo, y desde el poder central, se propusieron integrarse, abriéndose a los mercados, pero con un fuerte control estatal.

Un caso más parecido al argentino, tal vez, podría ser el modelo chileno donde después de un período de gobiernos militares, en el cual se hicieron muchas reformas económicas buenas, se pasó a una segunda etapa, donde se bajó el régimen autoritario y se pasó a una nueva democracia con la concertación y decidieron mantener muchas de las instituciones económicas que habían heredado porque les parecían buenas, y avanzaron en otras en un acuerdo social y político que hasta el día de hoy se mantiene.

– En la Argentina se habla mucho de la necesidad de impulsar acuerdos, más del lado de las fuerzas de la oposición y de analistas independientes que del propio Gobierno, pero pareciera que una parte importante de la sociedad no se muestra convencida de avalarla, porque todos quieren ir a pedir y nadie a ceder, ¿cuál es su visión?
–  Esa es la otra parte, ¿quién quiere el cambio? y ¿quién está dispuesto a cambiar? Ese es el problema que tenemos nosotros.

– ¿Cómo cree que podremos salir de esa encrucijada?
– ¡Estamos en el horno!

– ¿Estamos condenados a movernos como el péndulo?
– Y por ahora no le veo otra salida.

– ¿En los últimos 3 años, con sus pros y con sus contras, no advirtió algún cambio hacia mayor institucionalidad?
– No, necesitaríamos un acuerdo que hasta hoy no lo hay; o que una de las dos vertientes políticas, asumiendo que hay dos extremos, aun cuando podrían haber muchas más opciones, logre establecerse y convencer al resto de que “este” es el camino. Ni 12 años de kirchnerismo lo lograron, y de Cambiemos estamos viendo sus primeros 3 años que no logra arrancar y establecerse como para decir “este es el camino a seguir, fíjense qué bueno que es”.

– Sin embargo, funcionarios del Gobierno aseguran que “no se ve lo que se está haciendo para consolidar las instituciones, pero cuando venga la etapa de rebote en el segundo trimestre 2019, van a permitir el inicio de un ciclo de crecimiento sustentable”. ¿Sus análisis de la macroeconomía qué le dicen, vamos en ese camino, o son meras expresiones de buenos deseos, porque no tienen fundamento?
– Ojalá fuera así. Creo que hay mucha expresión de buenos deseos en ese análisis. Recordemos que 6 meses atrás, o a lo sumo hace un año, estábamos todos pensando que el 2018 iba a ser brillante, que íbamos a terminar con la maldición de los años pares; y sin embargo ahora estamos viendo si la economía va a caer 2,5% o 3% fácilmente, y cada revisión que se hacen de las estimaciones son peores. Lo mismo en materia de inflación, el 42% que pusieron el en Presupuesto 2019 para este año ya es un piso que quedó lejos, podrá terminar en 45% o 46%. Y lo cierto es que se está esperando que la inflación siga creciendo en la variación interanual, por lo menos unos meses más, y no me extrañaría que hacia febrero o marzo próximos se eleve al 50% anual.

– ¿Usted no es de los que creen que la contrapartida de la profundización de la recesión por efecto de la fuerte suba de las tasas de interés deriven en una desaceleración en el ritmo de alza de los precios al consumidor?
– No, creo que pueden llegar a mejorar las expectativas a futuro. El 50% de inflación a febrero o marzo próximos lo veo en indicadores fundamentales que ya están dados, como la variación del tipo de cambio de pesos por dólar en el último año; a lo que se espera sean las recomposiciones de salarios; y otros precios relativos. Después sí, si el apretón monetario logra sobrevivir, las leyes básicas de la economía indican que la inflación debería ceder, a menos que, un tema que es preocupante, la demanda de dinero continúe cayendo fuertemente. De eso hay señales que son alarmantes.

– ¿Usted coincide con los que sostienen que pretender comprar confianza con altas tasas de interés no dará resultado?
– No, la zanahoria de la credibilidad, es decir los incentivos, en organización industrial me enseñaron “stick and carrot”, zanahoria y garrote. La zanahoria de la credibilidad, de las metas de inflación, miremos hacia adelante, coordinemos a un equilibrio de expectativas buenas, eso se probó y no funcionó. Llegó la hora del garrote que dice: “bajen las expectativas de inflación, acomoden los aumentos a la baja porque se viene el apretón monetario, y si no coordinan va haber recesión”, es decir la recesión va a ser el disciplinador de la economía.

– ¿En este nuevo escenario cómo ve el contexto social?
–  Ese es el tema, ¿estamos en condiciones de soportar esa recesión?, ¿tiene el Gobierno la espalda política la capacidad de bancar el descontento social? No le sabría decir. Espero que sí.

– Le pregunto porque, salvando las diferencias, en la crisis previa a la de fines de 2001, principios de 2002, se venía de 4 años en creciente recesión, que devino en depresión, mientras que ahora apenas se arrastra un semestre de receso y se proyectan sólo otros 6 meses más…
– Seguro, aparte había una situación de desempleo notablemente más alto. Aunque ahora se puede discutir sobre el rol que tienen los planes sociales, seguramente tienen un efecto pacificador, pero también creo que se disimulan mucho de lo que son las prácticas de empleo, como es el caso de muchas provincias donde el empleo en el sector público es el 80% del total, se trata en muchos casos de un plan social disfrazado, porque en 2001 algunos de ellos estaban desempleados.

Obviamente, que es mejor un desempleo camuflado en un plan social o empleo público que un desocupado efectivo; además de que la situación actual no tiene nada que ver con la de 2001. Pero no hay que perder de vista y que hay que recalcar que entonces que frente a los desempleados y la mala situación económica, a Fernando de la Rúa le soltó la mano la clase media de altos ingresos cuando le pusieron el corralito y el corralón para disponer de sus pesos. Hoy, los argentinos soportamos que nos licuen los ahorros, le pegaron un sablazo a los que tenían pesos, tenían Lebacs, pero todavía está la posibilidad de tener esos pesos. Mientras no se vaya a afectar eso, la base fuerte de Cambiemos no debería retirarle su apoyo.

– Históricamente, la recuperación de las cosechas ha posibilitado revertir la crisis, en particular la escasez de divisas. Pareciera que en pocos meses comenzará a verse el resultado de una excepcional cosecha, y luego le seguirá la gruesa, con la soja y el maíz -si el clima no cambia las cosas-, y se agregará la maduración de proyectos en ejecución en Vaca Muerta. ¿Cree que se está a las puertas de un escenario de esa naturaleza?
– Poder pasar puede pasar, y ojalá pase, pero hay una canción bien yankee: “no cuentes la plata hasta que te levantes de la mesa de juego, vas a tener tiempo cuando llegues a tu cuarto”, porque se puede pensar que se está ganando, pero viene una mala ronda y se pierde todo. Creo que uno de los errores que cometió el Gobierno, en particular el Banco Central con Federico Sturzenegger a cargo fue ponerle demasiadas fichas al esperado aumento de la demanda de dinero. Sobre esa base creía que las Lebac no iban a ser un problema porque la sociedad iba a querer tener más pesos a la vista y a plazo fijo, cuando la economía se recupere, y entonces vamos a tener una salida ordenada.

Pero el aumento de la demanda de dinero es algo que ocurre cuando los planes de estabilización son exitosos, no es que eso lo hace exitoso. Incluso, si el plan es exitoso puede ocurrir que no crezcan las tenencias de pesos, si ocurre mejor, y le permite al país consolidarse como ocurrió en los primeros años de la Convertibilidad, a comienzos de los  90; y también desde mediados de 2002, cuando se terminaron de saldar todas las pérdidas, y se comenzó a producir, pensando en el flujo hacia adelante, y la economía se recuperó.

– ¿Coincide con lo que observan muchos economistas que este Gobierno puede tener buenas intenciones, pero no tiene plan?
– Creo que el Gobierno tuvo un mal plan económico al principio, en particular en lo monetario; no tenía un plan fiscal, esa parte se subestimó al extremo de pensar que simplemente con la imagen de ellos iban a llegar los capitales del exterior y con eso asegurarse la gobernabilidad durante los 4 años, hasta la reelección.

– ¿Ahora, desde el Acuerdo I con el FMI, hay plan, en particular desde la negociación del Acuerdo II con las promesas de déficit fiscal primario cero en 2019 y aumento de la base monetaria cero?
– Este plan está mejor armado, no está garantizado que funcione. Creo que, por lo menos, tiene el incentivo correcto de decir hay un apretón monetario, las tasas de interés por las nubes, la inflación baja por las buenas o por las malas. Tiene una pata política que es imposibles de estimar y cuánto la sociedad está dispuesta a tolerar esa recesión, ¿cuál es la probabilidad de que esa recesión termine perjudicando las posibilidades de reelección del presidente Mauricio Macri? ¿cuál es la percepción que van a tener los mercados en caso de una derrota del oficialismo en 2019?

– ¿Cómo ve el contexto internacional, sobre todo a la luz del resultado del último domingo en las presidenciales en Brasil?
– Hay buenas  y malas noticias. La suba de las tasas de interés en los EEUU no son buenas noticias, aunque también hay que ponerlas en contexto. Una tasa a 10 años a 3,25% anual son aún ridículamente bajas. En la crisis de la deuda, a principio de los 80, estaban en el 20% anual.

– Recuerdo que en ese momento se pasó a catalogar a la Argentina de “país emergente a país altamente deuda”, como algunos economistas maduros comienzan a alertar ahora, tras la brutal devaluación que deprimió el PBI convertido a dólares…
– Claro, fue la crisis de la deuda en los países latinoamericanos. Los petrodólares que abundaban en la región, cuando subieron las tasas del Bono del Tesoro de los EEUU al 20% anual, dijeron “go home”, y se dieron  vuelta como una media. De ahí que si bien todavía tasas de 3,25% es un nivel bueno, que vaya aumentando no es positivo. Por otro lado, el domingo pasado hubo elecciones en Brasil y los mercados reaccionaron muy bien en ese país, que es nuestro principal socio comercial. Y está estudiado empíricamente que nuestras exportaciones a ese destino son mucho más sensibles al crecimiento de ese país que al tipo de cambio real con el mayor socio en el Mercosur. Por eso no es tan relevante la devaluación del peso, como que aumente el PBI de Brasil para que cobren impulso las exportaciones.

– ¿Si Jair Bolsonaro ratifica el triunfo electoral en segunda vuelta, y encara una política exterior de impulsar acuerdos de intercambio bilateral con grandes países y descuida el Mercosur, porque dijo que no ha arrojado buenos resultados, cómo cree que afectaría a la Argentina?
– Depende, si el nuevo gobierno en Brasil apunta más a los EEUU no necesariamente nos perjudicaría, si es que la Argentina decidiera en ese escenario subirse a ese vagón, en lugar de volver a asociarse con Venezuela, e impulsar un acuerdo Mercosur-NAFTA, sería fantástico.

– ¿Cómo ve 2019, será otro año de transición?
– Primero quiero ver terminar el 2018. Me parece que el FMI nos ha dado una mano en lo financiero, pero tampoco nos dieron el brazo. Nos tenían que dar unos USD 2.000 millones más en este mes, nos vamos a dar USD 3.000 millones en los próximos días, y otro tanto a fines de diciembre. Por eso creo que ellos quieren que pasemos un buen G20 en noviembre en Buenos Aires, y luego ver si la Argentina tiene la real voluntad de cambiar, es decir tanto en el oficialismo como en la oposición, que se manifiesten en la aprobación de las reformas que seguramente se van a exigir en el Acuerdo II que se prevé aprobaría el directorio del organismo en los próximos días, aún no las conocemos. Esa parte es la que me preocupa un poco más, porque se tendrá que trabajar fuerte en sesiones extraordinarias en el Congreso, porque creo que va a condicionar el siguiente desembolso a fines de marzo y a futuro.

– ¿Cree que el inicio del año electoral podría impedir que haya sesiones extraordinarias, por falta de consenso con la oposición?
– Justamente, como es un año electoral no le quedará al Gobierno otra alternativa que llamar a extraordinarias para discutir las reformas que aseguren la continuidad de los desembolsos del FMI y evitar caer en otra crisis, por interrupción de los giros acordados, como en 2001 con el blindaje, y el mega canje. Por eso creo fundamental que se piense más en el bien del país que en la mezquindad de la política.