La economía, como la política, ha ingresado desde hace varios años en un gran laberinto, según la mirada que se extiende entre los principales analistas del mercado, y como tal tiene una salida. Sin embargo, la ansiedad de unos y la desesperación de otros, lleva a pensar a muchos que lo mejor sería romper las reglas, y salir “por arriba”, aunque no queda claro si ese atajo significaría superar el escollo o puede llevar a un estado de quedar atrapados.

Alicia Caballero, Decana de la Facultad de Ciencias Económicas Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA), luego de haber tenido una rica experiencia en el mundo de las finanzas, desde el análisis de riesgo crediticio y presupuesto de flujo de fondos de las empresas, hasta la banca de inversión, fusiones y adquisiciones de empresas, el impulso de las nuevas pymes dinámicas, capital semilla, y atracción de la inversión extranjera directa, a través de la Fundación Invertir, entre otras, analizó el fenómeno por el que atraviesa la Argentina, y en una entrevista con Infobae destacó: “La aplicación de recetas cuya inefectividad ha sido demostrada a lo largo de la historia (no sólo argentina), no creo que tenga que ver con desconocimiento de principios básicos de parte de los actores sino con la subordinación a otros objetivos”.

 Cómo docente de la economía, ¿Cuál es su lectura sobre la asimilación de los principios básicos y avanzados de la materia por quienes han sido y son ministros de Economía en la Argentina, a juzgar no sólo por la volatilidad del PBI en los últimos 60 o 70 años, sino por la repetición de políticas fracasadas desde hace más de 20 siglos?

— No estoy segura de que la decadencia argentina pueda ser explicada principalmente por la falta de asimilación de los principios y leyes fundamentales de la ciencia. La economía es una ciencia social, cuya dinámica se inserta en un determinado contexto político, social, cultural e institucional, y no puede dejar de lado fundamentos morales. No sé si muchas decisiones y medidas económicas se deben a desconocer la teoría subyacente (por ejemplo, la relación entre inversión y creación de empleo), o más bien a que se priorizan intereses individuales o corporativos (públicos o privados) por encima del bien común. La aplicación de recetas cuya inefectividad ha sido demostrada a lo largo de la historia (no sólo argentina), no creo que tenga que ver con desconocimiento de principios básicos de parte de los actores sino con la subordinación a otros objetivos.

— Lamentablemente, las cuentas nacionales, en particular en lo referente a distribución del ingreso y comportamiento de los salarios reales, es muy inestable y estuvo afectada por varios “apagones estadísticos”, pero se advierte un claro deterioro de la generación real de ingreso por parte de los trabajadores, más aún con gobiernos identificados como populistas ¿A qué se le puede atribuir?

_ Nuevamente apelemos a la ciencia. Está demostrado que la creación de fuentes de trabajo, único antídoto contra la pobreza, responde a la inversión real, dedicada a producir bienes o servicios. Contrariamente a lo que se temía, las empresas de base tecnológica han sido fuertes creadoras de puestos de trabajo en la última década. El problema es justamente que la inversión (real, que aumenta la base de capital productivo), requiere un horizonte de previsibilidad. Y esto no es una cuestión abstracta. Hay cuestiones técnicas que chocan contra la posibilidad de tomar decisiones cuando no hay un acuerdo acerca de supuestos básicos (muestra un gráfico con la tendencia decreciente de la tasa promedio de aumento del PBI por año en más de medio siglo) .

No podemos pedir que alguien invierta en ampliar una planta frigorífica si no sabe si en dos años le prohibirán exportar carne. Ni siquiera es fácil atraer aquellas inversiones que, por estar ligadas a recursos localizados en un espacio determinado (por ejemplo, hidrocarburos) no tienen demasiadas opciones de radicación.

“Contrariamente a lo que se temía, las empresas de base tecnológica han sido fuertes creadoras de puestos de trabajo en la última década”

Hay una clara correlación entre caída de la inversión e incremento de la tasa de desempleo. Se estima que para mantener el stock de capital una economía requiere una tasa de inversión en relación a PBI del 15%. Argentina ha perforado esa tasaTambién hay una correlación entre inversión y crecimiento. El gráfico de tasa promedio anual de crecimiento de PBI en las distintas décadas evidencia este deterioro, que se manifiesta en una pobreza del 50%, y mucho más elevada entre los chicos. Estos son los datos duros, lo demás son palabras.

“Los que tenemos años sentimos esa sensación de “deja vu”. Están quienes pierden la esperanza y quienes tratamos de no perderla”

 Algunos economistas creen que los congelamientos de precios son válidos como política transitoria, mientras se reordena la economía de los generalizados desequilibrios acumulados ¿Comparte esa visión?

— Sinceramente, creo que ya no hay más tiempo para parches o medidas que nos alejan del reordenamiento. La inflación es el síntoma, al igual que la fiebre. Yo puedo poner una compresa fría y negar que hay un problema. Pero si la infección sigue, probablemente en lugar de 38 grados alcance los 40, y el margen de maniobra (antes de que el paciente tenga convulsiones) es mucho menor. Creo que, nuevamente, apelamos a herramientas que incrementan los desequilibrios. El congelamiento de precios genera desabastecimiento o mercado negro. Nunca se pudo tapar el sol con un dedo.

_ Pareciera que la economía ha ingresado en un laberinto, y al no encontrarle la salida, no son pocos los economistas de fuste que aconsejan renunciar al desafío y salir por arriba ¿Qué piensa?

_ Coincido con la figura del laberinto. Recorremos varias veces los mismos pasajes, nos chocamos con las mismas paredes, los que tenemos años sentimos esa sensación de “deja vu”. Están quienes pierden la esperanza y quienes tratamos de no perderla. Creo que lo primero es aceptar que estamos en un severo problema, que hay muchísima gente que la está pasando mal, y que seguramente estará peor. Que no tenemos un problema puntual, coyuntural, sino que nuestro zigzagueante rumbo nos está empujando a la deriva. De esta situación no se sale con chicanas, insultos, críticas personales, sino con un proyecto de Nación claramente explicitado.

Hay una contradicción entre la dinámica de las elecciones, que tiene plazos cortos, y los cambios estructurales necesarios para salir adelante y revertir especialmente la deuda social, que requiere años de perseverancia. Lo que sí hay que tener en cuenta es que si quiero que la población viva como en Alemania no puedo aplicar las recetas de Venezuela. Ahora bien, Europa, después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, no se reconstruyó en 2 años, ni en 4. Fueron años de trabajo, austeridad, consistencia, estabilidad. Pero logró salir porque dejó atrás la guerra y el horror y optó por la paz y el futuro. Y esta no es una decisión solo política. También involucra a toda la dirigencia. Empresarios, sindicalistas, intelectuales, etc.

Definir el qué primero, y el cómo después

 ¿Por qué pese a los repetidos fracasos de las políticas -corrijo, acciones- de atajos para encontrar la salida gran parte de la sociedad pareciera que no está dispuesta a aceptar las políticas gradualistas, porque las considera dolorosas y les impide ver el horizonte?

— No sé si se trata de toda la sociedad, o más bien es la resultante del entrecruzamiento de intereses diversos, no explicitados. Gradualismo o shock responden al cómo. Primero hay que responder la cuestión del qué. ¿Creemos que Argentina tiene destino cerrándose cada vez más? ¿Creemos que nuestro mercado interno es capaz de permitir tasas de crecimiento sostenidas ? La respuesta es no. Sin embargo, muchos políticos y también empresarios defienden este modelo. Antes de subirnos a un avión o a una moto, definamos hacia dónde estamos yendo.

“¿Creemos que Argentina tiene destino cerrándose cada vez más? ¿Creemos que nuestro mercado interno es capaz de permitir tasas de crecimiento sostenidas ? La respuesta es no”

— ¿Una economía que acusa más de 40% de la población en estado de pobreza; 20% real de desempleo cuando se le agrega los efectos desaliento y el subempleo, y sostenida pérdida de ingreso real de los que trabajan, podría tolerar una política de shock para “ordenar” la macro y microeconomía?

— Creo que la sociedad argentina, especialmente la clase media y los más vulnerables han demostrado, desde hace varias décadas, gran tolerancia en lo económico. Creo que el límite se alcanzó cuando afectamos necesidades tan básicas, humanas y ancestrales como la de acompañar a nuestros seres queridos en sus días finales o despedir a nuestros muertos. En el plano económico, mucho de lo que la gente ha sufrido y perdido ha carecido de sentido, al menos para quienes más padecieron. Si hubiese un compromiso real, honesto y creíble hacia un futuro mejor, muchos aceptarían ponerse en marcha. Pero la condición es que quienes nos piden sacrificios sean los primeros en dar el ejemplo y sacrificarse. Y la carga a llevar no puede ser igual para todos.

 Claramente, tomar medidas de fondo para revertir la tremenda volatilidad del PBI y consecuentemente del ingreso real medio por habitante, con saldo netamente negativo, requiere de consensos, en particular en el ámbito legislativo ¿Cree que es necesario acudir a Leyes de Emergencia Económica?

— El consenso es el primer escalón. Y no sólo tiene que incluir a políticos, sino a los actores de la sociedad civil. Un vez alcanzado este consenso puede plasmarse en una ley, pero creo que la sociedad civil, empresarios, sindicatos, ONG, académicos deben aportar y acordar también, a partir de una metodología de trabajo. Hay que escapar a las charlas estériles, a las mesas de diálogo que terminan en la nada. Que sean propuestas concretas. Que nos limitemos a cosas básicas. Creo que también hay que incorporar a las Universidades que tienen conocimiento para aportar y a los jóvenes, que tienen una mirada nueva acerca de viejos problemas.

“El desarrollo económico requiere de crecimiento, pero fundamentalmente de “promoción” humana. La promoción humana implica que la gente viva cada vez mejor”

 ¿Cómo formadora de economistas y profesionales de las ciencias económica, qué debiera tener siempre presente un gobernante, y en particular un ministro del área, si quiere desarrollar el país y encauzarlo en la senda del progreso?

— Nosotros insistimos mucho en la palabra desarrollo. El desarrollo económico requiere de crecimiento, pero fundamentalmente de “promoción” humana. La promoción humana implica que la gente viva cada vez mejor. Seguridad, salud, educación pública de calidad, infraestructura (cloacas, calles, electricidad, transporte, etc.) es lo que le cambia la vida a la gente, y es lo que permite proyectar el futuro. No hay progreso posible sin educación ni trabajo.

Recuperar el valor de la moneda

 ¿El mercado de cambios y el movimiento de capitales deben ser regulados con cepos o con política monetaria?

— Yo creo que lo primero a lo que tenemos que aspirar es a una moneda estable, que cumpla con todas las funciones esperables de una moneda: unidad de cuenta, medio de pago y reserva de valor. También va a llevar tiempo, pero es imprescindible.

 ¿Qué opina de la amplitud de la brecha cambiaria entre el tipo base para el comercio exterior y las cotizaciones de dólares alternativos para el ahorro y fuga de capitales?

— Creo que cuantas más distorsiones coexisten, más valores asume una misma variable, y más posibilidades de arbitraje surgen, más difícil se hace calcular la Tasa Interna de Retorno (TIR) de un proyecto de inversión, más cortoplacistas son las decisiones, y más nos alejamos de la normalidad y de la posibilidad de crecer genuinamente. Si haciendo “un rulo” alguien puede ganar 10% en 10 días, para qué incursionar en instalar una empresa, contratar gente, etc.

La economía no es una cuestión de garrotes, sino de incentivos. Pero es un juego que se lleva a cabo dentro de un marco institucional.

— ¿Una reflexión final?

— Alfred Marshall, gran economista inglés, recomendaba “poner la cabeza fría al servicio del corazón caliente”. Sin valores, empatía y caridad, equivocamos el destino, pero sin el aporte de la cabeza fría, el conocimiento, y la razón, equivocamos los medios para alcanzarlo. Soy profundamente creyente, pero no podemos esperar un milagro. “Dios nos manda el viento, pero somos los seres humanos quienes tenemos que izar las velas” (San Agustín dixit).