Alieto Guadagni es uno de los pocos economistas argentinos que en los últimos 50 años ha mantenido una intensa actividad, tanto en el sector público como en el privado. Desde el asesoramiento a empresas y la gestión en infraestructura como ministro de la provincia de Buenos Aires; hasta ministro de Industria de la nación, y embajador en Brasil. Siempre muy vinculado con las relaciones internacionales, a través de su singular preocupación por dos fenómenos actuales que inquietan, no sólo a los argentinos, sino al mundo en general: los desafíos de transformar la educación, para que pueda responder al avance de nuevas tecnologías y al paso acelerado a la reconversión del trabajo; y la protección del medio ambiente.

En todas esas asignaturas la Argentina tiene muy bajas calificaciones. Esto no sólo condiciona el camino para responder a los nuevos desafíos locales e internacionales, sino también limita la posibilidad de revertir un sostenido retroceso en la capacidad de generación de riqueza en comparación al que demostraron algunos países vecinos que estuvieron históricamente por detrás, como México o Brasil, y que apunta a conseguir Colombia.

Y para peor, según va a resaltar Alieto Guadagni en varios pasajes de la entrevista con Infobae: “Mauricio Macri no tuvo la grandeza de convocar desde el primer día de su gestión a un gobierno de coalición, porque es la primera vez que en más de 70 años un presidente no cuenta con mayorías parlamentarias, claves para que pueda encarar reformas estructurales que posibiliten revertir décadas de retroceso respecto de los países de la región, y más aún de las naciones que pasaron al estadio de desarrollo avanzado”.

– Pese a la realidad extrema de un país que arrastraba cinco años de estancamiento, sin generación de empleos, con un elevadísimo déficit fiscal y un angustiante nivel de pobreza que alcanza al 30% de la población, el Gobierno adoptó una política gradualista “no por elección”, dice, sino por “imposición de la realidad social”. ¿Cree que realmente no había otra alternativa?

– Dos partes. Primero voy a ubicar a la Argentina en la situación actual. La característica de la economía en los últimos años es el estancamiento, con un gran aumento del gasto público, con el consiguiente déficit fiscal. Esto implica que prácticamente estamos entre los países que menos han crecido de América latina en el último quinquenio: Panamá 33%, Perú 23%, Colombia 22%, Chile 16%, México 15%; y nosotros apenas 6%. Peor le fue a Venezuela que cayó 20%, detrás se ubicó Brasil que creció 2%. ¿Qué es lo que está atrás del pobre crecimiento de la Argentina?, no es la falta de consumo, como se dice frívolamente, es la falta de inversión. Todos esos países que han crecido han tenido altas tasas de inversión: Panamá 45%; en el resto se ubicó entre 24% y 25%; Chile y México están un punto más abajo; en la Argentina es 15%, un nivel que ni siquiera cubre la depreciación de los activos fijos.

– ¿Qué atrae a la inversión, el crecimiento sostenido de una economía pujante, o los incentivos que pueda ofrecer un Gobierno?

– En el mundo globalizado hay un gran tablero universal, entonces las inversiones productivas de capital directo, no las financieras que tienen un carácter especulativo, se mueven en función de las expectativas de las tasas de ganancias. Eso es una conjunción de recursos naturales, pero también solidez de las instituciones y credibilidad en los gobiernos.

– En ese punto el gradualismo no parece ser el camino más apropiado, habría que ser contundente…

– Vamos al final, porque ese punto es esencialmente político. El otro problema es un gravísimo déficit fiscal. Hoy los ingresos fiscales, a nivel nacional, se ubican, pongamos, en 100; y los gastos totales en 127. Tenemos que terminar con hablar de déficit primario y financiero, porque los gastos son todos, corrientes e intereses de la deuda. Acá viene el problema: cómo se pueden mejorar los ingresos y cómo se pueden reducir los gastos, si un 68% son prestaciones sociales más salarios públicos; un 8% corresponden a subsidios; provincias, y universidades, representan otro 14%; y el gasto de capital, inversión pública, es de apenas 10%. De ahí que se está frente a una restricción muy seria de aumento de los gastos ordinarios, cuya principal explicación es la tremenda expansión del empleo público. Según un estudio del ex ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, en 1983 había 65 empleados públicos por cada 1.000 habitantes; ahora hay 80, el grueso se generó en los últimos años; junto con eso se duplicó la cantidad de jubilados en los últimos 10 años; ahí hay algo que resolver en el futuro.

– Con el agravante de que las jubilaciones están indexadas por la inflación del semestre previo, que es mayor a la presente; y además los haberes son bajos para la mayor parte de los perceptores…

– Correcto. Por eso creo que la Argentina enfrenta un grave problema político, que es el siguiente. Si se mira la historia del país, desde las elecciones de febrero de 1946, que ganó Domingo Perón, y también en el ’52, siempre el presidente tuvo mayoría parlamentaria, hasta los Kirchner; siempre obviando a los militares. Este es el primer Gobierno que no tiene esas mayorías en más de 70 años y no ha entendido que cuando no se tiene ese respaldo, ante una agenda compleja tiene un solo camino: optar por una coalición. Ahora, si no tiene la grandeza de entender que esta coyuntura exige un gobierno de coalición va a ser muy difícil. No lo ha interpretado así, porque cuando los radicales aspiraban a eso les dijeron “este no es un gobierno de coalición, acá gobernamos nosotros y a ustedes les damos un ministerio”. Con esa lógica, que no sé quién la fabrica, porque supone un poderío y una presencia en el Congreso que no la tiene ni la va a tener, no podrá avanzar con las reformas estructurales que necesita el país. ¿Quién tiene ese tipo de gobierno en América latina?: Chile, con la centro izquierda, la demócrata cristiana, y la socialista, que se alternan razonablemente bien con la derecha conservadora.

– Chile llegó a un gobierno de coalición después de una severa crisis que fue percibida por la sociedad, no es el caso actual…

– Ciertamente, estoy totalmente de acuerdo. Si uno mira en perspectiva, debemos previamente hacer un poco de historia. En la década del 30 el PBI argentino era mayor al de todos los países de América latina; alrededor del 50 nos pasa Brasil; en los 60 o 70 nos supera México; y en 5 o 6 años lo hará Colombia. Es decir, la Argentina es un país claramente en retroceso por todos los indicadores. Algunos de lo cuales se habla poco. Se concentra en inversiones, en posibilidades de futuro…. pero hay algo que es clave y es que en el siglo XXI el grueso de las inversiones no van a ir dónde hay recursos naturales, el que crea eso no entiende al siglo XXI. Las inversiones van a ir a donde hay capital humano altamente calificado. En ese punto la Argentina está perdiendo por un problema gravísimo en la universidad del que no se toma conciencia: tenemos menos graduados universitarios; y no sólo en relación con países como Finlandia, Corea o Japón, sino también en comparación con México, Colombia, Brasil y ChileTenemos una universidad que no tiene graduados, lo que tiene son alumnos. Y, simultáneamente, no tiene graduados en carreras científicas y tecnológicas, que son las del futuro. No voy a entrar en las cifras, pero cuando se analiza la dotación de las universidades estatales se advierte que el predominio de las carreras tradicionales, que se denominan “ciencias sociales”, es abrumadora; y hay una ínfima presencia de los ingenieros, científicos, geólogos, astrónomos. En las universidades privadas es aún peor, salvo muy pocas excepciones. Y revertir eso es esencialmente político.

– Ese punto político que usted cree que sólo lo puede comenzar a resolver un gobierno de coalición, ¿no se logró por inoperancia del Gobierno o por la intransigencia de la oposición que está muy atomizada, y que parece más dominada por personalismos que por ideas y propuestas?

– Es porque el Gobierno no logra interpretar la realidad de las cosas. En el resto del mundo, los apoyos al Ejecutivo no son gratuitos sino que se vinculan con la participación que le cede en la ejecución de las políticas; no van de segundones, ni son “empleaditos”. La coalición parte del conocimiento de que el Presidente no tiene mayoría absoluta. Es la primera vez que pasa en la Argentina en los últimos 70 años.

– Sin embargo en el primer año de Gobierno se lograron votar leyes fundamentales como el acuerdo con los holdouts, la reparación histórica, entre más de 70 relevantes. Ahora se frenó porque se ingresó en una etapa electoral, pero en el oficialismo confían en que volverán a lograr acuerdos después de octubre…

– Si, pero hay que tener en cuenta que en el primer año repartieron, pero ahora no hay beneficio que repartir. Ahora hay costos políticos que requiere socializar entre los gobiernos. Repartir la plata del blanqueo fue fácil, por eso los gobernadores apoyaron; y también reforzar los planes de inversión en infraestructura básica. Pero ahora viene la otra parte. ¿Cómo hacemos si tenemos ingresos fiscales de 100 y gastos totales de 127? No veo que esté cambiando porque están aumentando al mismo ritmo. Y, además hay que remontar la credibilidad internacional, porque hubo un proyecto de ley en Diputados que pasó bastante desapercibido y que creo fue nefasto: proponía restablecer los derechos de exportación a la minería. ¡Muchos aplaudieron! ¿Algunos de ellos sabían que estaban violando la Ley de Estabilidad Tributaria de la Minería, que hizo el senador José Luis Gioja en 1993, y que aprobaron todos los gobernadores peronistas? Se puede poner un impuesto a la minería, pero de los nuevos proyectos. Eso que probablemente nosotros olvidamos, en el resto del mundo no se lo olvida nadie. O acaso alguien puede creer que los asesores jurídicos internacionales de las grandes empresas no llevan registro de esto..

– Y hace un par de semanas hubo una reglamentación de la AFIP de una Ley de 2013 que gravaba la renta financiera de los inversores no residentes en el país, con efecto retroactivo, y en menos de un día el Ministerio de Hacienda decidió dejarla en suspenso por 180 días. No la derogó, porque no se había evaluado el impacto sobre la economía real… 

– Eso nos lleva a otro sendero que es el de estar con un Gobierno demasiado fragmentado en la gestión. Fragmentar mucho las carteras tiene un problema, porque ante cada acción lo que sucede es que se presentan dos o tres alternativas, que luego no se compatibilizan entre sí, requiere de un ordenador. Ellos dicen que esta tarea la hace el Gabinete Coordinador, por eso el problema es básicamente político; cómo gestiona un Gobierno en minoría que tiene que encarar necesariamente un arreglo de diversos ítems, comenzando por el sector fiscal. Si no se lo quiere llamar ajuste, porque eso parece ser un pecado, hablemos de reducir los gastos y de aumentar la recaudación efectiva.

– El Gobierno dice que eso lo va a lograr con el crecimiento de la economía, y de ese modo bajará el gasto en términos del PBI, ¿cree que con eso alcanza, sobre todo para dar respuesta a una sociedad que tiene más de 30% de pobreza? ¿No sería un camino demasiado largo para llegar a la meta?

– Y, además, ¿por qué va a crecer la economía? Está suponiendo inversiones pero ¿las inversiones van a venir antes de que se hagan los deberes? Es imposible. Esto no es una crítica al Gobierno, sino que es un llamado de atención a la gravedad de la situación, que es una coyuntura muy particular, porque nunca hubo en la Argentina una fragmentación política en los grandes partidos, siempre la hubo en el chiquitaje…

– ¿En estas elecciones de medio término cree que el Gobierno puede lograr algún cambio, aunque no obtenga las mayorías?

– Ese es el gran desafío que tiene el Gobierno. Tiene que tener un acto de grandeza y al día siguiente de las elecciones de octubre llamar a la segunda fuerza nacional, no provincial para gobernar; no para repartir sino para distribuir la carga de las cosas que hay que hacer. ¿Qué van a hacer con el sistema jubilatorio? Porque la recaudación para la Anses cubre el 45% de sus erogaciones. ¿Cuánto tiempo van a aguantar los fondos?

– ¿Usted ve la posibilidad de que en la Argentina se alcance consenso para debatir un tema tan sensible como es el de las jubilaciones?

– Depende de las cosas. Si es en cuanto a extender la edad jubilatoria me parece más razonable que respecto a cambiar el sistema de ajuste semestral. Pero lo importante es que hay un problema que es mundial, no solamente argentino, y acá hay tres caminos: o se extiende la edad de los nuevos jubilados, o se suben los aportes personales, o baja el nivel de los haberes en términos reales. Los tres son odiosos. Pero además se agrega que el país tiene pocos aportantes por jubilado; en los europeos por cada jubilado hay 2 a 2,5 aportantes activos, o casi 3, acá hay 1,20; porque tenemos la inflexión del trabajo en negro.

– Con el trabajo en negro el Gobierno tiene una oportunidad, a través de la fiscalización y de una reforma laboral que incentive al blanqueo con la baja del costo para las empresas, para elevar el número de aportantes a la Seguridad Social…

– Sin duda, claro que sí. Pero el otro gran desafío del que poco se está hablando es que es un país federal, por lo tanto tiene que tener un régimen auténticamente federal de coparticipación de impuestos, porque hay un problema que es la provincia de Buenos Aires, porque tiene el 40% de la población y el 40% del foco duro de la pobreza concentrada; y recibe el 20% de la coparticipación. Y no se puede dejar liberado a una decisión del Gobierno con respecto a los provinciales. Por ahora los está ayudando, pero no puede depender de que sean del mismo color político. Por tanto, la cuestión del reparto de los impuestos es mayúscula, porque entre las provincias ¿quién afloja? La desigualdad en el reparto de los impuestos que capta la nación para luego redistribuir es impresionante: un santacruceño vale el doble o el triple que un chubutense; un riojano el doble o el triple que un santiagueño, es un mamaracho.

– Y cuando se consulta a los ministros provinciales por su contribución a la elevada presión tributaria que afecta a la inversión, el empleo y consecuentemente alimenta la pobreza, justifican el aumento de las alícuotas de Ingresos Brutos en que necesitan compensar la falta de correspondencia de la nación con los recursos que les pertenecen según sus necesidades básicas insatisfechas…

– Una característica de la coparticipación es que es desigual. El problema surge porque en la Ley de Coparticipación, al contrario de otras leyes similares en el mundo, es rígida, con coeficientes fijos, en lugar de estar vinculado con la representatividad de la población sobre el total nacional; la capacidad de generar riqueza; el nivel de pobreza. Una provincia como Buenos Aires no puede recibir el 20% del reparto, cuando tiene un 40% de la pobreza de todo el país. Y las que están sobre representadas, todas mal gastan y tiene un exceso de empleados públicos, como La Rioja y Santa Cruz.

– Frente es esa realidad, de un Gobierno sin mayorías parlamentarias, y semejante distribución desigual de la coparticipación de impuestos ¿qué margen ve para que se pueda revertir la tendencia al retroceso sostenido de la economía, más allá de la recuperación que se advierte en estos días en los indicadores de la actividad y de la eliminación  de las severas restricciones que prevalecían hasta 2015?

– Sí, se han corregido cosas, eso es obvio. Pero la raíz del problema es política. Por eso es necesario que el Gobierno entienda que la tarea que tiene por delante es muy importante y es muy difícil de acometer, porque no hay nada que repartir, todo lo contrario. Eso exige que tenga la grandeza de no tener compañeros de ruta, sino verdaderos copartícipes en eso.

– ¿El esquema elegido de tener multiplicidad de ministerios, e incluso con tareas a veces superpuestas, ayuda a formar una coalición, porque el Gobierno le puede ofrecer algunos a referentes de la segunda minoría?

– No, cuando dos o tres ministerios se ocupan de las mismas cosas terminan en conflicto o en senderos contradictorios. No quiero entrar en ese detalle, más allá de que haberle sacado a la Cancillería el manejo de las agregadurías de las áreas comerciales no fue acertada. Mi experiencia en el servicio exterior es que la figura representativa del Estado en el exterior es el embajador.

– ¿Cómo ve la economía hoy?

– Salvo el sector energético, en particular en el área de las energías renovables, no hay un proceso de inversiones generalizado, ni la Argentina está atrayendo capitales para la inversión productiva. Las únicas que hay son las de carácter financiero, las cuales son muy sensibles y además éste es un país frágil, que tiene su historial de default, por eso hay que tener mucho cuidado en el aumento de la proporción de la deuda pública externa en términos del PBI.

– La estrategia que ha elegido el ministro de Finanzas, Luis Caputo, de financiar el déficit fiscal más con la emisión de deuda en dólares que en pesos, porque lo considera más barato, ¿es buena, o dado el excedente de pesos que hay en la economía y que el Banco Central neutraliza con la emisión de Lebac, debería colocar Letras del Tesoro a largo plazo en moneda nacional?

– Creo que inicialmente fue razonable, porque había un margen de endeudamiento holgado, ya que el gobierno anterior dejó un bajo nivel en términos del PBI, pero hay que tener cuidado y no hacer abuso, porque fue, a mi juicio, lo que llevó al colapso de la convertibilidad, porque la ley había puesto límite al endeudamiento del Banco Central, pero no a la Tesorería, y en moneda extranjera.

– Mencionó al pasar que la economía argentina no puede resurgir en base a la producción primaria, sino que hay que apuntar a la economía del conocimiento, pero eso también lleva tiempo. Entonces, ¿cree que la recuperación actual del PBI es coyuntural, cómo imagina la transición?
– Siempre pensé que el potencial de crecimiento de la Argentina estaba básicamente en las grandes regiones del país, con mucho desarrollo industrial. Pero hoy hay un problema, no hay infraestructura. Eso lo decíamos hace 15 o 20 años, pero el ferrocarril no es el mismo, las rutas tampoco, por tanto la tarea es muy grande.

– Usted conoce la infraestructura, fue ministro del área en la provincia de Buenos Aires, ¿piensa que el Plan Belgrano viene a solucionar esos problemas?

– No lo he estudiado en detalle, ni tampoco su ejecución, pero claramente es un gran ferrocarril, por su extensión y por las zonas que toca del país. Veo que están andando bien las inversiones en energía eólica y solar, donde veníamos con mucho atraso. Pensemos que desde 2003 a 2016 de cada 100 kilovatios nuevos que se generaron en el país 93 fueron contaminantes y sólo 7 limpios. No miro con simpatía algunos acuerdos internacionales cuya única explicación es que estaban hechos antes, como las represas del sur, no tanto porque sean hidroeléctricas, sino por la localización, porque hay 20 proyectos que son mejores. Tampoco con la política nuclear, porque es muy cara. Hay mucha gente que la defiende razonablemente, como científicos que dicen que es una forma de potenciar tecnológicamente al país; pero no creo que sea la mejor forma comprar centrales nucleares llave en mano. Por mucho menos dinero se puede hacer investigación directa y desarrollo, que no se agota en la generación de energía eléctrica. Me gustaría ver más proyectos hidroeléctricos, como el binacional con Paraguay de Corpus. Esto exigiría un cambio en la forma de contratar; el Estado tiene que salir a comprar más que centrales energía hidroeléctrica al oferente que ofrezca la venta al precio más barato, luego de haber hecho por su cuenta y riesgo la obra, como es el modelo brasileño. Lo estudié cuando estuve en Brasil y vi cómo terminó con los sobrecostos.

-¿Ve otra restricción que desalienta la inversión extranjera?

– Soy de los que cree que la madre de las batallas es siempre el campo fiscal, la política monetaria es hija de la política fiscal, es importante, pero lo más relevante es tener un Presupuesto equilibrado.

– Para eso, ¿qué rol le atribuye al sector privado, en particular a una parte importante del sector industrial que siempre pide protección, exenciones, y tasas diferenciales, que generan un costo fiscal?

– No es fácil. Los países que han crecido lo han hecho con industrias orientadas a las exportaciones, por tanto lo que hay que hacer es preservar la competitividad de la producción nacional; y quitar toda restricción que limite la capacidad de exportar. Pero en este momento el principal obstáculo se vincula con el déficit de infraestructura.

– ¿Más que el desaliento a una legislación laboral e impositiva que se puede ver como hostil para la inversión intensiva en mano de obra?

– Sí, pero eso creo que es lo menos importante, frente al deterioro de los puertos, de las redes de gas, de ferrocarriles, de las rutas; los costos logísticos son muy altos.

– ¿Cómo ve la economía, cree que el Gobierno va a poder cumplir con sus metas de crecimiento e inflación para este año?

– Es probable, no voy a discutir si crece 2% o 3%, además no es crecimiento es rebote. Mientras no haya inversión no habrá crecimiento. Lo que más me preocupa en la Argentina es que hay muchos economistas jóvenes que sostienen que hay que aumentar el consumo para crecer, eso es insólito!, porque ningún país en el mundo creció con el aumento del consumo; sino que vino después de que crecieran la inversión y el ahorro, es la consecuencia. Puede sonar muy lindo, y simpático para los oídos, pero no es así. Por eso la gran batalla que hay que dar es que haya inversiones directas al sector productivo y en todas las ramas.

¿Qué otro problema le preocupa de la economía argentina?

– La falta de capacitación de gran parte de la población juvenil, eso es tremendo. Cuando se ve el operativo aprender, que dividió a los chicos en tres segmentos; bajo y medio y alto, y el resultado fue que la brecha de conocimiento entre los extremos de nivel socioeconómico surge que en la Argentina no hay más pobres, hay excluidos. Porque los pobres del pasado eran pobres coyunturales, porque cuando la economía repuntaba, subía la demanda laboral, y salía de la pobreza. Hoy, por más que la demanda crezca, gracias a un proceso de inversiones, un tercio de la población no está en condiciones de obtener un empleo. Cuando el Papa habla del descarte, habla de eso. No pueden trabajar por más que se abra una fábrica.

– Revertir ese proceso exigirá un mayor esfuerzo fiscal…

– Claro, pero focalizado ahí, para lo cual habrá que ser muy estricto en otro tipo de gasto. La tarea es ciclópea: hay que arreglar las cuentas fiscales en un país en el cual existen problemas sociales de embergadura. Las cifras históricas de pobreza e informalidad laboral muestran que en 1980 era de 16% y 22%, en cada caso; ahora son de 33%; y sí se toman los datos de Jorge Remes Lenicov, se ve que el exceso de personal en el sector público oculta una tasa de desocupación real total de 17 por ciento.