La primera gran visita al país de ministros de Hacienda y presidentes de Banco Centrales a la Argentina,
como parte de la agenda que tendrá el país en su condición de anfitrión de la 13º Cumbre del G20, dejó un
saldo notablemente positivo, con elogios poco habituales por parte de la titular del Fondo Monetario
Internacional Christine Lagarde. Pese a que las cuentas nacionales muestran un sostenido aumento del PBI,
también persisten inquietantes niveles de desequilibrios de las finanzas públicas y en las cuentas externas;
mientras que la tasa de inflación acusó puntos de resistencias para afirmarse debajo de 1,5% por mes.
En ese contexto, Infobae entrevistó a Claudio Loser, el argentino que mayor jerarquía alcanzó en su carrera
de 30 años en el FMI, de los cuales desde 1994 a 20o2 se desempeñó como director del Departamento del
Hemisferio Occidental, que cubre a todas las Américas; y que hoy ocupa Alejandro Werner, nacido en la
Argentina pero residente en México.
Recuerda Loser que en ese cargo, el más alto para el personal estable del organismo, “la Argentina era el
jamón del sándwich”: “Durante la crisis de la convertibilidad yo tenía un problema con los argentinos, porque me
decían que era un traidor a la Patria; porque ¿cómo podía estar defendiendo los principios del FMI, cuando el
país estaba en esa situación?”. Sin embargo, explica que “de alguna manera eso quedó en limpio cuando
escribí el libro, junto a Ernesto Tenembaum, Enemigos, en 2005″: “Uno no trabaja respecto de su país, al
menos que sea un norteamericano, me veían con sospechas”.
Tras retirarse del FMI, Loser se sumó al instituto Diálogo Interamericano, en Washington, pero con una visión
bastante intercontinental, hasta que en 2008 desembarcó en Centennial Group -una consultora que se nutre
fundamentalmente de técnicos del Banco Mundial, del FMI y del Banco Asiático. A los 74 años, reside en

Mendoza y en Washington, se mantiene muy activo e interesado por la superación de los problemas
estructurales que afectan al país y ligado a sus viejos amigos del Fondo, y también de la Argentina, para debatir
sobre el presente local e internacional.
– En los encuentros de ministros de Finanzas y presidentes de Banco Central del G20, que tuvieron
lugar en Buenos Aires dos semanas atrás, usted asistió al del IIF (International Institution for Finance), y
escuchó más elogios que críticas a la política y resultados del Gobierno de Cambiemos; incluidos los de
la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, una institución no muy querida en la Argentina porque
se la culpa de todos nuestros males, pese a que creo que fueron casi todos méritos nuestros por no
haber seguido históricamente sus recomendaciones…
– Estoy totalmente de acuerdo con eso.
– ¿Cuál es su evaluación, el Fondo ya no critica a la Argentina, sino que la pone como ejemplo?
– En el Fondo Monetario Internacional hay dos temas que son importantes. Uno es que, de alguna manera, ha
habido en la práctica un cambio en el discurso, y cierta preocupación más abierta en los temas sociales que
antes no los alentaba como ahora, aunque siempre se interesó. Hoy en el discurso elevó el énfasis en que hay
que ajustar la política macroeconómica, si no queda más remedio. O sea, los principios básicos son los mismos
pero lo que hay que tener es una visión social y económica de protección económica a los sectores menos
protegidos, más vulnerables de la sociedad. Se busca mucho que el ajuste fiscal tenga en cuenta el ciclo
económico, un poco siguiendo que, después de lo que pasó con la crisis económica de las hipotecas en 2008 y
2009, se proteja a los sectores débiles.

– Sin embargo, en la sociedad existe la convicción de que se habla de “ajuste” permanentemente como
un fenómeno negativo, pero no se percibe que es la consecuencia de un desbarajuste.
-¡Es verdad!
– Y como no se explica adecuadamente cómo se llegó al desbarajuste y sus consecuencias, no sólo
presentes, sino, peor aún futuras, a todo Gobierno que se plantea hacer un ordenamiento de la
macroeconomía, para no hablar de ajuste, se lo cataloga de insensible, inhumano, de Gobierno para los
ricos. ¿Percibe usted que ha habido históricamente una falla en la comunicación de los organismos
internacionales de qué significa “hacer el ajuste” y sus efectos positivos?
– El Fondo siempre lo hizo, lo que pasa es que en la comunicación no se quieren decir esas cosas. En mi
carrera he mantenido un diálogo muy fluido con los países que tenía que auditar. Trabajé mucho con México,
pero no se quiere criticar totalmente al gobierno de turno, y entonces no se cuestiona el desbarajuste. Ahora, es

muy interesante lo que dice la consulta del Artículo IV, que es lo que llaman en la Argentina la auditoría anual,
que sacó el FMI sobre la Argentina en diciembre último, y que es de dominio público, aunque la gente no lo lee,
donde deja muy en claro qué es lo que hay que hacer. Ustedes hicieron mucho acá pero el desbarajuste es muy
grande; miren que mal están comparados con sus pares, y describe los errores que se han cometido.
Lo que pasa es que al FMI siempre se lo vio como al dentista: uno le echa la culpa al profesional y no al hecho
de haber comido muchos dulces, caramelos y turrón duro. Lo que quiero decir es que hay un poco de eso. El
lugar más anti-Fondo de los países grandes de América Latina es la Argentina, siempre fue así; como
Honduras, Guatemala, Ecuador. En cambio, en Brasil, México, Colombia o en Chile, las autoridades siempre
tomaron mucho más la responsabilidad y el rol central de aceptar y ejecutar las recomendaciones de política
para superar las crisis. En la Argentina, el señor (Domingo) Cavallo, en su momento, y todos los que siguieron,
siempre dijeron “tenemos estas restricciones pero el Fondo nos obliga a hacer esto”. Y eso fue una actitud muy
poco madura.
– ¿Cuál cree que ha sido el costo para la Argentina y sus habitantes de haber tomado esa postura? Los
créditos del FMI son los más baratos del mundo por ser país miembro, y sin embargo se los ha
cancelado antes de tiempo…
– En términos financieros el prepago que se hizo al FMI en el gobierno de Néstor Kirchner fue una de las
transacciones más tontas que se puedan pensar, porque la Argentina ya no estaba en un programa, por lo que
el Fondo podía quejarse, pero no podía prestar más. Sí podía decir que se estaban usando los recursos. Pero
los argentinos hicieron el siguiente negocio en ese momento: dejaron de tener crédito al 3% anual, que era
bajísimo, y se terminó pidiéndole prestado a Venezuela, o a los venezolanos, compañeros de lucha, a más
del 10% anual.
– Incluso se llegó a tomar un bono venezolano al 15% anual en dólares…
– Sí, exacto. Eso es un costo que constituyó una aberración financiera. En términos de la posición de
enemistarse con el Fondo, reduce la percepción de la altura de política económica del propio país. Lo he visto
con los mexicanos, que nos peleábamos, con los chilenos, con los peruanos, con los brasileños y los
colombianos, que decían “el Fondo nos ayuda, pero el que se las aguanta soy yo, el que saca la cara soy
yo”. Todos hacen su juego, hay estrategia, hay táctica, pero la Argentina en eso era muy llorona.

– En este momento que la Argentina necesita de un alto nivel de financiamiento para el aún abultado
déficit fiscal, junto a un elevado déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos, ¿le convendría al
país volver a pedir la asistencia financiera del Fondo Monetario Internacional?

– Creo que sería una muy buena idea que la Argentina tuviera algún tipo de acuerdo con el Fondo. El FMI
pediría un ajuste más fuerte, es decir más rápido; que la tasa de endeudamiento se redujera; y algunas otras
cosas de carácter estructural, como la reforma laboral, aunque ya están planteadas por el Gobierno. El costo
marginal de volver a la asistencia del Fondo sería notablemente bajo; la Argentina tiene buen acceso en este
momento al BID, a la CAF, al Banco Mundial, por tanto no es indispensable, pero no sería una mala idea. Y si
se ve el informe del Fondo que le comentaba previamente sobre la Argentina, uno podría decir que hay críticas,
por supuesto, de que es el programa es muy lento, que es demasiado gradual; pero comparado con el
desbarajuste anterior, no tiene nada que ver.
El FMI con la Argentina tiene un rol un poco menor, en el sentido de que los mercados financieros se han
abierto; el hecho de que los inversores internacionales puedan invertir en moneda nacional, como las Lebac, y
Bonos del Tesoro; y que el mercado financiero ya no es sólo los EEUU y Europa, sino también Asia, hacen que
el apoyo del Fondo no sea importante, porque si los países hacen las cosas razonablemente bien entonces no
necesitan tanto de organismos de crédito multilateral, porque hay un mercado financiero más abiertos. Ese se
ve en América Latina. Pero lo interesante de la Argentina, tengo que decir, es que hoy, como decía en la
conferencia que estuve del IFF una representante de un banco muy importante, lo que tiene la Argentina es
que, a pesar de lo que vemos los argentinos, la situación política entre los países grandes de la región es,
probablemente, una de las más estable, quizá con Chile y Uruguay. Brasil tiene una elección complicada por
delante, en octubre; México otro tanto; en Perú acaba de renunciar el presidente; y Colombia, no hablemos de
Venezuela, viene un nuevo presidente y no se sabe qué va a hacer.
– Y aparte está muy cerca de Venezuela, con lo que está siendo afectada por la ola migratoria, con los
buenos y los malos…
– Exacto, sí también ese efecto está llegando acá, como he visto. Entonces, la Argentina cuenta con una
ventaja muy atractiva, y en ese sentido no es que el Fondo es indispensable, pero a mi juicio, con mi sesgo
personal, pienso que el FMI podría ser útil.
– Las declaraciones de la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, al presidente Macri, al decirle que
“estaba maravillada por las rápidas reformas estructurales que hizo el Gobierno y los resultados de la
política macroeconómica de la Argentina”, en alguna medida ¿cerraron las puertas para que la
Argentina le pida asistencia financiera, argumentando una situación de crisis de balanza de pagos y
necesidades financieras? Porque se podrían interpretar como que no lo necesita y que puede seguir
solo.
– Sí y no. ¿Por qué? Creo que hay que ver dos cosas: lo que mejoró y lo que falta por hacer. Christine Lagarde
es, usando terminología técnica, ‘muy piola’ (risas), es la mejor vendedora del Fondo Monetario que hemos
tenido. Yo puedo estar en desacuerdo en algunos aspectos de la parte fiscal, porque soy más de shock que
gradualista que el FMI en este momento; pero ella vende muy bien una imagen de que el Fondo es serio y duro,
pero comprende. Por tanto, Lagarde dice lo que todos pensamos, porque lo que hizo este Gobierno en 2016
fue, ciertamente, fantástico: unificación y flotación del tipo de cambio, liberación del comercio exterior y ajuste
fiscal duro, por supuesto con impacto económico porque hubo una recesión, ayudada por Brasil, no es todo
culpa de estos señores. Y cuando escucha a este equipo económico, no voy a hablar del Presidente, no tienen
el discurso kirchnerista horrible, ni tiene la arrogancia que tenía Cavallo (Domingo) y esa gente. O sea, para el

resto del mundo, son articulados, hablan bien, dicen las cosas en forma correcta y muestran cierta modestia,
que la Argentina lamentablemente tiene que tener. Todo eso fue muy importante. Ya sé que la gente acá está
disconforme, y la clase media se queja por la suba de las tarifas, pero realmente hay un cambio de paradigma
muy relevante. De paso le cuento que en esta reunión del IFF estaba el señor Luis Galli, del Grupo Newsan, y
le pregunté: con esto de que aumentaron las tarifas, ¿le afectó sus mercados de artefactos para el hogar? Y me
respondió: “lo que sucede es que vendíamos como locos, teníamos un mercado irracional, ahora estamos
volviendo a los valores normales”.
– Y, sin embargo, se advierte una dicotomía, o contradicción, porque los más críticos, en términos de
ingresos, son los que compran autos, motos, viajan al exterior y compran departamentos, e incluso
sigue girando dólares; mientras que los de menores recursos son los que mantienen la confianza
porque lograron el acceso al crédito; les mejora los ingresos por la movilidad jubilatoria y los planes
sociales…
– Y la gente que protesta, que no es sólo en la Argentina, la clase media y alta, no los ricos que se quedan
callados porque les gusta estar con el Gobierno (risas), no van a votar al kirchnerismo, o al justicialismo; o son
los que se quejan, pero no los que van a cambiar el voto.
– En este contexto, ¿cómo juega el escenario internacional? Por un lado al Fondo se le pasó la crisis de
las hipotecas en el mundo, cuando era clarísimo que era insostenible, y se enteró cuando ya estaba muy
cerca. Ahora, se observa cierto relajamiento, pese a que se inicia un ciclo de suba de las tasas de
interés internacionales. ¿Será gradual o de shock?
– Hay dos cosas acá: la actividad económica internacional no es de boom como era; hay un período de
crecimiento muy importante en Europa, con programas que ya conocemos, como que el Brexit está afectando a
la Unión Europea; Japón está más o menos bien; China sigue bien, pero es donde puede saltar la liebre y
generar problemas en los mercados crediticio y se está volviendo más rígida política y económicamente. Y en
los EEUU hay una situación muy complicada, quiero decir, para que quede claro: soy totalmente anti-Trump,
soy conservador en políticas económicas, es decir fondomonetarista, vengo de la Universidad de Chicago; y
progresista en lo social. Sobre el señor Trump me parece que entre la reducción un poco irracional de los
impuestos en los EEUU, los aumentos de gasto público, y la política comercial, la cosa está complicada, no en
el corto plazo porque el mundo está creciendo muy bien. Pero la guerra comercial es un proceso complicado,
porque a pesar de que la Argentina ha quedado liberada de muchas cosas, y los países aliados de los EEUU
van a estar mejor, va a haber ‘envenenamiento’ del medio ambiente.

Habiendo dicho eso, percibo una economía que está creciendo a buen ritmo, pero será menor al que había en
2006 y 2007 donde era totalmente insostenible, y donde hoy en día lo que sería la innovación tecnológica, y la
profundización de capital es menos rápida que antes; más una reducción en la tasa de crecimiento, caída en la

población activa y envejecimiento, aunque los viejitos trabajamos más también, está haciendo que el
crecimiento que se puede lograr es mucho menos del que se podía alcanzar 10 o 15 años atrás. La gente no lo
entiende todo esto. Pero un crecimiento del 3% en Europa y en los EEUU es lo que da la máquina, y en ese
sentido lo que está haciendo la Reserva Federal y el Banco Central Europeo de ajustar un poco los tornillos, no
‘darle a la maquinita de la emisión’, aunque la gente se asuste, y diga eso nos va a desacelerar, creo que lo que
está haciendo es abrir el paraguas antes de tiempo, haciendo que la economía internacional esté en un
contexto más sano.
Por tanto, el aumento de las tasas de interés internacionales, y estamos hablando de una suba de décimas
porcentuales que en la Argentina sería irrisorio, con una tasa de inflación en torno a 2% anual, es muy
razonable. En ese contexto es positivo. Para la Argentina los precios de las materias primas han mejorado algo,
aunque han bajado de los picos; pero es un país que vive demasiado el momento, se come lo que gana, y
luego se lamenta de “cómo se nos vino abajo, que barbaridad”. El problema es que si bien hay un mundo que
está bien, si los EEUU se pelean con China la Argentina se beneficia, porque los chinos van a dejar de
comprarle soja y se lo demandará a Brasil, la Argentina y otros. Lo que me preocupa es Brasil, porque ha vuelto
a crecer, pero a tasas muy modestas.
– ¿A la Argentina cómo la ve?
– La Argentina tiene, aparte de los bienes agrícolas, el potencial energético, -donde el petróleo es un producto
que quizás va a pasar de moda, pero no totalmente-, como Vaca Muerta, que es fantástico; y algunos productos
como el litio, donde el país es el tercer productor. Por tanto, potencialmente es fantástico; la Argentina es
demasiado proteccionista, a la industria nacional es loca, es altísima; los costos de mano de obra, aunque para
el que el trabaja son bajos, para el que los paga son elevados, eso afecta la competitividad internacional. Pero
el marco internacional diría que puede generar algún problema, con una posible recesión en los EEUU,
aunque no ‘horrible’ con la del 2008/2009.
– ¿Eso le puede hacer perder las elecciones de medio término a Donald Trump?
-No tengo una visión objetiva, pero creo que sí, aunque los demócratas tampoco son una joya. En términos
económicos se han ido muy a la izquierda, eso preocupa un poco.
– Volviendo a la Argentina, ¿cómo está viendo la marcha de las políticas fiscal y monetaria? En
particular ¿qué le pareció la foto del 28 de diciembre en la Casa Rosada del Jefe de Gabinete y
superministro Marcos Peña junto a los ministros de Hacienda, Nicolás Dujovne, de Finanzas, Luis
Caputo, y el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, para “recalibrar” la meta de inflación
y forzar a baja de las tasas de interés de referencia de política monetaria?
– El gran riesgo que veo yo, y que por lo que percibí en este foro en Buenos Aires del IIF, donde también
participaron muchos grandes inversores internacionales, los argentinos sabemos lo que dicen: hay demasiada
preocupación, porque hay demasiado gradualismo, están jugando demasiado a reducir el déficit fiscal

despacito, y por eso reducir la inflación despacito. Creo que el Banco Central, inteligentemente, quizás no me
guste del todo, dice yo no puedo estar pagando, o soportando sobre mis espaldas todo el ajuste inflacionario,
estoy interpretando, no lo escuché a Federico Sturzenegger, pero estaba en esta reunión el segundo de él…
– ¿Se refiere al subgerente general de Investigaciones Económicas, Andrés Neumeyer?
– ¡Exacto! Están diciendo “hemos recalibrado porque no nos queda más remedio, porque todo avanza más
lento de lo que pensábamos, pero no podemos ajustar todo por tasa de interés porque nos pega en el tipo de
cambio, se nos fortalece demasiado el peso, nos quita competitividad y entra demasiado capital de corto plazo”.
Ellos no lo pueden decir, pero ese es el riesgo, entonces dicen “vamos hacer menos rígidos”, pero ese es
justamente el riesgo, porque si se complica por alguna razón internacional, las capacidades de defensa que
tienen en la parte fiscal y en la monetaria son limitadas. Tienen muchas reservas, pero son divisas, de alguna
manera, prestadas.

– ¿Ve alguna contradicción en la política de flotación cambiaria? Porque por un lado la autoridad
monetaria dice que no quiere subir mucho la tasa de interés y también no afectar la competitividad de la
producción nacional, pero cuando sube el tipo de cambio por el mismo proceso inflacionario, sale a
vender más de USD 2.000 millones, como ocurrió en marzo, para fijar la paridad cambiaria debajo de
$20,20 para el comercio exterior y $20,50 al público.
– Hay contradicción. Como muchos bancos centrales, quizás le esté quitando unicidad a la política monetaria
argentina, pero como otras autoridades monetarias con gente capaz, se asustan de que el tipo de cambio suba
mucho. Soy de la idea de que tienen que dejar que el sector privado que compre dólares como ahorro, porque
muchas veces sube y se desinfla; y sin acción del BCRA la gente aprende y comienza a cuidarse. Los
mexicanos lo hacen mejor; y los chilenos también. Pero, claramente hay una contradicción, tendrían que dejar
que se mueva el tipo de cambio más, a pesar de los miedos en términos inflacionario. Pero el peso más grande
de todo esto está en el déficit fiscal. Las inversiones extranjeras están siendo relativamente pequeñas porque la
gente en el exterior, según lo que veo y lo converso a distintos niveles, dice “la Argentina 10 años buenos, 1o
años malos”, por tanto están un pocos resistentes. Por tanto, este juego del Gobierno de ser muy gradualista
los asusta un poco.
-¿Hay peligros de caer una debacle, como en el pasado, en mediano plazo si se sigue con el
gradualismo y en ningún momento se acelera el orden fiscal?
– Espero que no. El nivel de endeudamiento no está tan alto; el nivel de reservas está bastante bien y hay
mayor flexibilidad en la economía, lo que puede pasar, y acá Claudio Loser puede estar cavándose la fosa, es
que todos los que apostaron a invertir en moneda local, que decían “no, estoy sacando 12% y en dólares 8%
anual”, de pronto se encuentran que en dólares están ganando 3% o 4% anual, ese peligro existe, de caja y
rentabilidad, no peligro de colapso del sistema.

– Con su experiencia en el análisis de las cuentas fiscales de muchos países y durante mucho tiempo
¿cree que el gasto público es en general inflexible a la baja, y por tanto para reducir el déficit fiscal sólo
hay que esperar que crezcan más los ingresos asociados a la reactivación de la economía?
–Se dice que “si uno ajusta muy rápido el déficit fiscal va a caer el crecimiento, y se va todo al diablo”, pero eso
puede ser cierto en el corto plazo, en el largo, la experiencia, y lo he visto comparando una serie de países,
muestra que los que ajustaron más rápidamente recuperaron el crecimiento más rápidamente, no
inmediatamente. Creo que lo que se está haciendo con subsidiar a los más pobres está bien, puede haber
mecanismos mejores, pero no me cabe duda de que a ese gente hay que protegerla, no sólo políticamente,
sino económicamente, porque es la única manera para que se vuelva productiva. Pero creo que hay cosas en
términos de salarios y contrataciones, que es político y que genera peleas con sindicatos que en general no
están con el Gobierno, no lo van ayudar a superar esas rigideces. Con crecimiento que venga de otro lado, si a
la Argentina se le va a reducir el déficit, pero a una tasa del 2,5% a 3% como registra el PBI el cuento ya
empieza a tener menos validez, porque el potencial de crecimiento de la Argentina ya no es 6% por año, sino 3
por ciento.
– ¿Por qué?
– Porque he observado que cuando suben los términos del intercambio, la relación de los precios de las
exportaciones con los de las importaciones, como ocurrió desde 2003 a 2010, la tasa de crecimiento se acelera;
y a la inversa, como ocurre actualmente. Y con una tasa de inversión que no pasa del 16% del PBI y con el
actual nivel de los precios internacionales de las materias primas que más exporta el techo de crecimiento de la
Argentina se redujo a la mitad, no más de 3,5% por año.