El severo deterioro de la situación macroeconómica que refleja la aceleración de la tasa de inflación, el aumento del control de cambios y de importaciones ante la escasez de divisas para que el Gobierno pueda cumplir con el pago de los vencimientos de la deuda; y la acumulación de emisión de pesos y posterior absorción por parte del Banco Central, se manifiesta también en los indicadores de actividad productiva y comercial del Indec, los cuales reflejan el retorno a la faz recesiva.

Ese cuadro, ahora agravado con nuevas medidas de mayor restricción a la movilidad de los trabajadores a través de los medios públicos de transporte, por la agudización de la crisis sanitaria, fue captado con nitidez por la Encuesta de Indicadores Laborales del Ministerio de Trabajo.

Después de un último trimestre 2020 con incipiente disminución de la cantidad de empresas privadas que comunicaron bajas de la nómina de personal, en los primeros 3 meses de 2021 la Encuesta de Indicadores Laborales del Ministerio de Trabajo detectó un claro proceso creciente de establecimientos que no pudieron sostener la estructura productiva y comercial, y debieron disponer una severa política de achique, antes de caer en el cierre definitivo por múltiples causas: caída de la demanda interna, aumento de los costos, creciente presión impositiva, y ahogo financiero, junto a conflictos laborales en muchos casos.

La radiografía del mercado de trabajo permite advertir que mientras en el bienio recesivo 2018-2019 la cantidad de empresas con baja solamente de personal promedió 15% del total; descendió a 12,5% en el primer año con crisis sanitaria, volvió a subir al pico de 15,6% en diciembre 2020, aunque con alta connotación estacional vinculada con la rama de la construcción, para que parte de los trabajadores puedan cobrar un subsidio por desempleo el mes siguiente, aunque luego vuelven a registrarse como activos.

Singular punto de giro

Como es habitual, la EIL consulta a las empresas sobre “las razones de la desvinculaciones de personal”, y como ocurre desde septiembre último, cuando el Gobierno decidió comenzar a flexibilizar las medidas de aislamiento preventivo de covid-19, pero mantuvo las prohibiciones de los despidos y suspensiones de trabajadores, la causa dominante de las bajas de la nómina de con puestos estables fue “decidida por las personas”: 59,8% del total, en contraste con 38% de un año antes y sendos promedios de 40,7% en la recesión de 2018-19 y 49,9% en la de 2020; y más de 30 puntos porcentuales de diferencia con 37,4% que explicó las decisiones directas de los empleadores.

Semejante punto de giro, a favor del “retiro voluntario” no se corresponde con un escenario de cierre de las posibilidades de recontratación que muestra una economía que se apaga y que no ofrece expectativas de recuperación más allá del “arrastre estadístico” del cierre de 2020 que entusiasma a muchos economistas, porque con solo estabilizarse en el nivel de diciembre proyecta un aumento del PBI de entre 6% y 7%, pero que los indicadores del Indec comenzaron a limar en febrero y marzo últimos, y abril y mayo no se proyectan mejores.

Y tampoco se puede asociar a la tendencia a incrementar el empleo informal, como forma de eludir los altos costos laborales que representan no sólo las contribuciones patronales que no pueden ser tomadas como pago a cuenta de IVA, sino también las previsiones por despidos, vacaciones, aguinaldo, y seguros diversos, entre muchos otros, porque desde el segundo trimestre de 2020 es la franja que en cantidad de personas acusó la pérdida de puestos, según se desprende de la relación de los datos de la Encuesta Permanente de Hogares con los de la EIL de Trabajo, aunque en algunos casos se insinuó esa posibilidad, antes de caer en el cierre definitivo de la empresa.

Claramente, se trata de la forma que encontraron empresas y trabajadores para contar con una puerta de salida a una situación traumática como es la desvinculación laboral provocada por factores exógenos al desempeño privado con el menor costo posible para las dos partes: para el empleador eludir la penalización de la doble indemnización por la prórroga de la prohibición de los despidos y suspensiones, y para el trabajador cobrar hoy o en cuotas, y no esperar años en litigios judiciales, con altas costas adicionales.

En línea con lo anterior, el desagregado de la “causa principal de la baja de personal” fue la renuncia, 57,9% del total; seguida con 14,2% por la “finalización de contrato por tiempo determinado”, excluye los casos de los vinculados con la construcción; y en menor medida por finalización de obras y de contratos por tiempo determinado, y poco más de 2% por retiro habitual vinculado con el cumplimiento de los requisitos para tramitar la jubilación.

Un 14,% de las bajas de personal fue por la “finalización de contrato por tiempo determinado”, y en menor medida por finalización de obras, que llevaron a incrementar las búsquedas

La contrapartida del aumento notable aumento de las “causas personales de desvinculaciones” fue la sostenida disminución de los “despidos sin causa” de 8,6% en marzo 2020 a 4,5%, la cuarta parte de la proporción que había alcanzado en el bienio 2018/19, cuando no existían las intervenciones a los derechos y obligaciones de las empresas.

En tanto, los “despidos con justa causa (incluye decisiones disciplinarias) significaron 3,3% del total. Aumentaron en un punto porcentuales respecto de un año antes, cuando se decretó formalmente el inicio de la crisis sanitaria, pero disminuyó en comparación con la proporción observada en el bienio previo a la irrupción de covid-19.

Expectativas en revisión

Las expectativas netas de las empresas que obtuvo la EIL de Trabajo con relación a la contratación de personal para los próximos tres meses -antes de que el Poder Ejecutivo decretara el regreso a la fase 1, de aislamiento social preventivo y obligatorio, aunque con carácter intermitente, según se mueva la curva de contagios de covid-19 y saturación de las unidades de terapia intensiva- resultaron positivas en 0,5% de los casos, aunque se ubicaron en un nivel notablemente más bajo que el mes previo cuando había subido a 2,4%, el nivel más alto en 33 meses, cuando se quebró por el ingreso de la economía en una nueva faz recesiva.

Este indicador resulta de la diferencia entre la proporción de empresas que esperan aumentar sus dotaciones y aquellas que esperan disminuirla: del 7,1% de las empresas que declararon en aquel momento que harán cambios en sus dotaciones en los próximos 3 meses 3,8 puntos porcentuales proyectaba aumentar la dotación y 3,3 pp estimaba que la reducirá.

Ahora el escenario cambió sustancialmente, y con ello seguramente las expectativas de las empresas, más aún las vinculadas con la actividad frigorífica de exportación, que en algunos casos por la prohibición de operaciones por 30 días dispusieron cierres y suspensiones; la construcción de grandes obras, los paseos de compras.