En su última conferencia de prensa, el presidente Mauricio Macri dijo: “Creo que estamos enfrentando una tormenta, pero hemos sabido arriar las velasy fortalecernos manteniendo el rumbo”.  A partir de ahí, comenzaron a aparecer datos alentadores y otros preocupantes sobre la situación económica y financiera que gravitan tanto en el humor de las empresas como de las familias.

Entre los positivos se destacaron la baja del tipo de cambio respecto de niveles que lo habían aproximado a los $30 a menos de $28 para la venta al público en algunas entidades y más cercano a $27 para el comercio exterior y pagos deudas con el exterior; junto con la disminución de las tasas de interés de más de 60% anual a un rango del 50% anual en el mercado secundario de las Lebac.

También se sumó a ese grupo el nuevo sobrecumplimiento en junio de la meta de reducción del déficit fiscal, a partir de que los ingresos totales del sector público crecieron unos 10 puntos porcentuales más que el ritmo de los gastos antes del pago de intereses.

Y se agregó la fuerte reducción del déficit de divisas generado tanto por parte del comercio exterior como del turismo internacional, porque la brusca devaluación desde el 25 de abril al 14 de junio deprimió las importaciones y atenuó los gastos de los argentinos fuera de las fronteras.

Por el contrario, entre los indicadores negativos, producto de “la tormenta” que sorprendió al Gobierno, con los efectos de la guerra comercial entre los EEUU que derivó en la suba del petróleo y la baja del precio de la soja, junto con los perjuicios generados por la peor sequía en casi 50 años en el área pampeana, se destacaron la brusca baja del estimador del PBI en mayo, como también de la actividad industrial en junio.

En línea con la marcada contracción de la economía real, el mercado de trabajo volvió a mostrar signos de fatiga en la capacidad de generar empleos netos superior al crecimiento de la población.

Y, producto de la devaluación, aunque atenuada por la notable suba del costo del dinero, la tasa de inflación se aceleró a 3,7%, y dejó un arrastre alto para julio, en particular en la franja de los bienes, principalmente alimentos, por el salto que acusaron los precios en los grandes mercados concentradores.

A partir de ahí no sorprendió que el costo de las canasta de bienes y servicios que determinan los umbrales de pobreza e indigencia se deterioraran severamente en junio, como reveló el Indec.

Requisitos para poder decir “la tormenta pasó”

Técnicamente, muchos economistas dejarán de alertar sobre altas probabilidades de nuevas tormentas, con más o menos daños sobre las economías de las empresas y más aún sobre los presupuestos familiares, cuando desaparezcan los déficit gemelos, fiscal, es decir dejar de gastar más de lo que se recauda; y externo, que las salidas de divisas netas por todo concepto dejen de superar a las entradas, también por todo concepto, tales como el comercio exterior, el flujo neto del turismo, la formación neta de activos externos, entre muchos otros.

Pero en el día a día, las señales de que la tormenta se va retirando, y se disipan los temores de observar la calma que precede a otra tempestad, para seguir con las metáforas que le gusta utilizar al Gobierno, serían:

– Tipo de cambio: se estabiliza por un corto tiempo, y luego acompaña a la inflación, con la variabilidad acotada esperable en un régimen de flotación, donde a los factores domésticos se suman las variaciones del resto de la monedas respecto del dólar  (tipo de cambio real multilateral), para que los exportadores  puedan planificar inversiones de largo plazo y aspirar a conquistar y reforzar sus mercados; y los importadores se limiten a ingresar los bienes y servicios necesarios, y no simplemente motivas porque “es barato”;

– Tasa de interés: los rendimientos de los activos financieros y en particular el tipo de referencia de política monetaria tiende a aproximarse a la inflación esperada a un año sin que provoque la reacción inversa de una nueva depreciación del peso, o dicho simplemente una nueva escalada del tipo de cambio de pesos por dólar y severo drenaje de las reservas del Banco Central;

– Inflación: la suba del promedio general de precios de los bienes y servicios que consumen las familias se desacelera mes a mes, pese a que en algunos rubros, como las tarifas de los servicios públicos, suba mucho más que la media, porque de otro modo nunca corregirían el desfase entre el costo y el valor al público, y serían fuente de mayor presión alcista a futuro y de nuevo deterioro de las finanzas públicas;

– Déficit fiscal: la reducción hasta desaparecer de la brecha negativa entre ingresos y gastos se sustente en aumentos de los primeros, sin acudir a “recursos extraordinarios” como se observó en el primer semestre de 2018; y la baja real de los segundos, esto es un aumento menor al de la tasa de inflación, sea el resultado de ahorros genuinos, por mayor productividad de los empleados, drástica baja del ausentismo, y eliminación de erogaciones superfluas, más que por la parálisis de las obras públicas que ahora se busca trasladar al sector privado con el Programa de Participación con el sector Público, y el atraso en los pagos a muchos proveedores.

– Balanza comercial: tienda al equilibrio o moderado superávit, a partir de un crecimiento de las exportaciones superior al aumento de las importaciones de bienes de uso intermedio en el proceso productivo de las empresas, como de compras de máquinas y equipos que eleven la capacidad de producción y aumenten la productividad del conjunto de los factores.

Cuando se den esas tendencias, que tendrán como efecto inmediato, la disminución de las necesidades de financiamiento del Estado; la reactivación del aparato productivo y a partir de allí del empleo y de la inversión, con un ahorro más focalizado en el mercado interno en la moneda nacional que hacia fuera del país, a través de la formación de activos externos, entonces la tormenta presente, como los riesgos de nuevas tempestades, podrá asegurarse que quedaron atrás, y si aparecen no tendrán el doble de impacto que en los países vecinos como ocurrió últimamente, sino similar.