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La economista, profesora del CEMA, avaló en un cuestionario enviado por correo, las medidas de emergencia de política monetaria que dispuso el Gobierno porque responden a las prioridades y al cambio de la demanda de dinero. Pero cuestionó las vinculadas con las obligaciones tributarias porque no cuidan la producción de bienes y servicios

El Gobierno va avanzando rápidamente en las medidas sanitarias, pero lentamente, con dosis casi homeopáticas, con medidas orientadas a intentar paliar los efectos económicos negativos de la pandemia sobre la población y también en las empresas. Tal vez sesgado por la ideología, por un lado, y las severas restricciones que impone el agotamiento de los instrumentos de política fiscal y monetaria por su utilización en los últimos 50, 70 o 100 años, por el otro, están muy lejos de cubrir las necesidades de la sociedad en su conjunto.

Claramente, la cuarentena que impuso la llegada del coronavirus covid-19 afecta en términos relativos más a los sectores de menores ingresos que a los medianos y altos, aunque se pueden enumerar varias excepciones, porque es la franja donde se concentra la informalidad laboral y la dependencia de recursos monetarios que se obtienen casi a diario, y que con la cuasi prohibición de la circulación vieron caer inmediatamente a cero, y prácticamente no cuentan con reservas ni, menos aún, de crédito bancario.

Pero también es desvatador en la actividad formal, tanto de profesionales, oficios, como de empresas, de todos los tamaños, no sólo las pymes o mipymes la casi parálisis total inicial por 15 días, con el agravante de extensión. Los jubilados y pensionados que perciben poco más que el haber mínimo también sufren las consecuencias de la nueva crisis, porque se encontraron con la necesidad de volcarse a la compra de productos que no estaban en sus planes en condiciones normales, y que por tanto le restaron ingreso disponible para sus gastos corrientes, muchos de los cuales se encarecieron por la natural escasez que impuso las limitaciones a la movilidad del transporte de cargas.

La actividad económica arrastra una lenta pero sostenida estanflación, recesión con alta inflación, que ha llevado a que el PBI promedio por habitante retrocediera a fines de 2019 a niveles de 2009, y ahora un poco más próximos a 2006; y en dólares también, aunque en ese caso la curva se muestra más volátil según se trate de períodos de atraso o de apreciación artificial del peso. Y para peor, de las proyecciones que presentó el ministro de Economía a los bonistas el viernes 20 surge que el país demorará 24 años para volver al máximo histórico, al menos, a contar desde que se alcanzó ese registro en pesos constantes, en 2011, cuando aún no estaba la actividad contaminado por el cepo cambiario que impusieron Cristina Fernández de Kirchner, bajo la recomendación de Axel Kicillof.

En una entrevista por correo electrónico, forzada por la necesidad y respeto de la cuarentena en la medida de lo posible, Diana Mondino, economista, profesora de la Universidad del CEMA, dio su visión sobre las medidas que fue anunciando el Gobierno en general y el ministro de Economía en particular desde la declaración de la Organización Mundial de la Salud de la pandemia del covid-19.

– La pandemia encuentra a la Argentina con las defensas extremadamente bajas y mínimos instrumentos de política económica para atenuar el impacto económico de un mal que ya llegó al país, pero cuya profundidad y extensión aún son inciertos. ¿Cuál es su primera reflexión sobre el momento, puede asociarse a la crisis del ’29?

– Siempre es bueno analizar la historia, y bien este escenario puede compararse con la crisis del 29, pero también con la peste bubónica en Europa, o la gripe española, el Ébola o algunas hambrunas. Fueron tragedias personales y económicas, y de todas ellas surgieron aprendizajes. Algunos –o todos- puede aplicarse ahora.

En todos esos casos hubo cambios fuertes en la sociedad. Como resultado del sufrimiento de las familias hubo patrones migratorios del campo a la ciudad (crisis del 29); aumentos en salarios reales (peste bubónica); coordinación de ayuda humanitaria y sanitaria (Ébola); migraciones masivas (hambruna de Irlanda); necesidad de coordinación de políticas a distintos niveles de gobierno y entre países (gripe Española).

– ¿Cómo evalúa el paquete de medidas que tomó el Gobierno para transitar la cuarentena?

– Creo que es lo que el Gobierno cree que PUEDE hacer, pero no lo que DEBE hacer. Es indispensable ver qué hacer en general con todas las actividades de la economía, especialmente a quienes generan trabajo. Están intentado mantener un nivel mínimo de capacidad adquisitiva en parte de la población. Tal vez sería igual o más efectivo permitir que las empresas puedan seguir operando, a través de reducir algunos impuestos. El costo total debería ser evaluado, pero para la economía no es lo mismo que se recaude menos a que se imprima más dinero.

– ¿Se debería haber implementado un régimen de emergencia para el tráfico de cargas y atención en Aduanas, para no quedar aislados del mundo y afectar el flujo futuro de divisas comerciales, o lo ve alineado al cierre de fronteras en diversos países?

– Muchos países están intentando reducir el tráfico de personas, pero no el de cargas. Las cargas se reducen solas porque no hay quien pueda comprarlas, o más primitivo aún, no pueden descargarse por falta de personal y medios. En la Argentina tendremos una situación muy particular: gran parte de las importaciones son elementos básicos, como compuestos químicos, y gran parte de nuestras exportaciones son esenciales para otros países, ya que son principalmente comida. El comercio internacional está sufriendo un shock, y creo que seremos menos afectados comparativamente.

No puedo dejar de decir que en estos casos se nota la inutilidad de los permisos de importación. Por ejemplo, se están haciendo máscaras con impresoras 3D, cuyos componentes y materiales no se fabrican aquí. Demorar esas importaciones sería absurdo. Las necesidades de importación no se deben definir en función del gasto en dólares sino del efecto multiplicador que tengan en el mercado doméstico. Sin embargo, creo que se están extremando los controles con listas aún más largas de licencias no automáticas.

– ¿Cuánto puede paliar el efecto sobre los trabajadores y empresas políticas fiscales y monetarias expansivas, sin caer en un posterior estadio hiperinflacionario?

– La política monetaria no está tallada en piedra. En este momento la demanda de dinero ha cambiado drásticamente, entonces la política puede cambiar. Aún cuando así no fuera, siempre hay prioridades y la inflación, con todo lo destructiva que es, pasa a un segundo plano. Es decir, creo que transitoriamente la política monetaria debe ser sumamente expansiva. Eso no arregla los problemas, sino que los posterga, hasta tanto se haya solucionado otro aún mayor.

Tengamos en cuenta que la actividad económica se está ahogando en agua helada. Veníamos con bajo nivel de actividad, empresas sin capital de trabajo, y esta súbita baja en ventas es devastadora.

La que debe cambiar es la política fiscal, modificando los impuestos para que sean sobre flujos: que pague solamente quien gane, pero no puede ser que haya que pagar por “existir”. No se debe ignorar la situación de las pymes, el kiosko de la esquina o la zapatería o modista que sufren caídas demoledoras en su actividad. Si no se eliminan, por lo menos que haya mucho mayor plazo para el pago. Con bancos cerrados, menor actividad y serios problemas de empleo es imposible mantener la carga tributaria. Si, ya sé que con eso se pagan salarios y jubilaciones… pero antes era quitarle a Juan para darle a Pedro y ahora corremos el riesgo que sea matar a Juan, y ya no haya cómo ayudar a Pedro.

De paso menciono cual esperaría que sea el rol del Estado en general: sus funciones básicas son todas aquellas que tienen grandes externalidades positivas. Defensa, seguridad y justicia, también salud, educación e infraestructura están siempre en la lista. Justamente, por dedicar al Estado a múltiples funciones que no le competen es que tenemos menos recursos para lo importante. Al final se recurre a quienes siempre se denostó, como es el caso de la sociedad civil a quien se le pide que se aísle o más evidente aún, de las Fuerzas Armadas, que en poco tiempo se despliega en todo el territorio y claramente no es gestión de este gobierno simplemente porque no hubieran tenido tiempo.

– El Gobierno se propuso incentivar desde el Estado las “changas”, según expresó el ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, con créditos para refacción de la vivienda y reimpulsar el plan de obras públicas, viales y de vivienda con el ProCrear ¿Cree que es lo recomendable cuando al mismo tiempo se le pide a la población que se quede en su casa 12 días?

– Desde el punto de vista económico no era un plan muy útil ni creativo, ya que implicaba más gasto público. Reconozcamos que la situación cambió y seguramente están en estudio otras medidas. Lo interesante es que esas decisiones fueron dadas 72 horas antes de la cuarentena, lo que muestra que la situación es vertiginosa.

– ¿Y sobre la decisión de otorgar una partida de $100.000 por legislador para que entreguen subsidios, sin coordinación del Poder Ejecutivo Nacional, como señal al resto de la sociedad de austeridad y cuidado de los recursos escasos?

– Sin palabras. O, mejor dicho, con muchas palabras: no es el rol de los legisladores repartir subsidios, y además no lo hacen bien. Creo que en general sería importante dar muestras de austeridad en todo el sector público. Y también dar el ejemplo en todo el accionar: mostrar a políticos reunidos en una mesa cuando todos los demás estamos aislados es triste. Peor son las frases adjudicando los problemas a quienes viajan, o absurdamente argumentar el costo de Aerolíneas Argentina de buscar a pasajeros, o los municipios que usan las máquinas viales para obstruir caminos en lugar de repararlos.

– Frente a la parálisis que empezaron a sufrir diversas actividades casi desde el comienzo de marzo, desde restaurantes, hoteles, espectáculos públicos, hasta comercios de productos prescindibles, como concesionarios de automotores, motos y bicicletas, y servicios profesionales y oficios independientes, con su consecuente efecto de pérdida de ingresos y de capacidad de pago de los impuestos ¿Cree que hay medidas que recomiendan los manuales de los economistas y aún no se tomaron?

– Las medidas apropiadas son, justamente, de manual. ¡Es indispensable desregular! Tenemos el ejemplo en la industria textil que comienza a hacer barbijos. También la metalmecánica o electrodomésticos que pueden hacer respiradores. Pero son necesarios distinto tipo de autorizaciones, hay problemas de encuadre sindical, etc. ¿Es necesario agregar esos problemas a los que ya tenemos? Si por el contrario dotamos de flexibilidad será más fácil adaptarse. Las cocinas para delivery son otro ejemplo. ¿Cuántos ejemplos más hacen falta para que sea obvio que no se puede depender de autorizaciones, especialmente si el Gobierno está también casi sin funcionamiento?

– ¿Cree que es para preocuparse que en la coyuntura actual se haya disparado el Riesgo País a niveles de 4.000 puntos básicos, y más, y la cotización de los dólares alternativos al umbral de $100, o sólo es el reflejo de la parálisis de la economía derivada de la pandemia, y es más recomendable observar otros indicadores?

– El mercado argentino está congelado. El riesgo país es a estas alturas un indicador de la absoluta falta de liquidez de nuestros papeles, además de la confianza en la capacidad de repago. Ya que hablábamos de desregulación, la Comisión Nacional de Valores pudiera eliminar las medidas que requieren el “parking” de bonos que impone un riesgo mayúsculo a quienes quieran comprar o vender bonos argentinos.

Otra medida útil sería permitir el pago de impuestos con Bonos a valor nominal, ya que al fin y al cabo sería una especie de compensación de deudas: el privado debe impuestos, y el gobierno debe los bonos. Claramente esto significaría un colapso de la caja del Gobierno pero estaría evitando el colapso del sector privado. En estas situaciones se define quiénes y cómo asumen el costo de la crisis. Son decisiones durísimas.

– El ministro de Economía mantiene la política de canje de deuda de corto plazo, para estirar los vencimientos, pese a que el grado de rechazo se mantiene por arriba del 60%, excluidos los organismos del Estado, como Anses ¿Cree que se debe insistir con esa política?

– El mundo cambió. La presentación del ministro Martín Guzmán estaba hecha considerando nuestros problemas, y no los problemas de los demás países. No intentaba subirse a la ola de jubileo de deudas que seguramente vendrá en los países occidentales, o del apoyo que los orientales estarán en condiciones de dar. De todos modos, creo que hay que revisar urgentemente la propuesta de quita de capital. Pase lo que pase en el mundo, lo relevante es negociar una baja brutal en intereses, y postergar capital, pero mantener el valor nominal de los bonos. Eso permite llegar a acuerdos muchísimo más fructíferos para ambas partes, y sobretodo, reducir notablemente las erogaciones o flujos de fondos hacia acreedores.

Creo que hacer anuncios de quita es contraproducente. En Finanzas sabemos que lo que importa es el Valor Presente Neto.

– ¿Comparte las proyecciones macroeconómicas que presentó el ministro Guzmán el primer día de cuarentena nacional decretada por el presidente Alberto Fernández?

– ¿Quién puede saberlo? Seguramente estaba analizado antes de la cuarentena, y aún así probablemente fuera muy optimista si al mismo tiempo se estaba castigando duramente al sector agropecuario con mayores retenciones sobre las exportaciones.

– ¿Una reflexión final sobre sus expectativas para el día después de la pandemia?

– Creo que “el día después” es lo más importante. Notablemente, los dirigentes en los países han demostrado un gran fraccionamiento con medidas disímiles. No hay un liderazgo claro. Geopolíticamente esto traerá grandes consecuencias. Por suerte producimos comida y conocimiento, justamente lo que el mundo necesita. Energía y turismo, los otros dos motores de la economía estarán en boxes por un tiempo.

Fundamentalmente, habrá muchos cambios en la sociedad. Si el trabajo remoto es posible para quienes tienen tareas administrativas, ¿es necesario vivir en la propia ciudad? El trabajo será reemplazable por quien sea más productivo, aún cuando sea de otro país. Esto traerá cambios sociales y en los salarios.

Otro tema importante es que no hay un orden claro en casi nada. Hemos visto intendentes que toman decisiones diferentes al gobierno provincial y nacional; tests que se demoran por centralizarlos; sacrificios notables de los médicos que nunca están bien pagos; cambios en los métodos de educación. No me animo a decir que todo volverá a ser igual dentro de unos meses.

Esta crisis nos presenta la obligación de repensar el sistema impositivo. El actual es inviable por costoso. Asimismo será imposible mantenerlo para lograr superar esta crisis. Hay dos problemas, el monto a pagar y la forma e items por los que se paga. Tampoco podrá mantenerse el actual nivel y calidad del gasto público. En una palabra, serán tiempos exigentes tanto por el contexto mundial como por los cambios que debieran hacerse si queremos evitar una sociedad pauperizada.

Ojalá sepamos convertir esta tragedia en una bisagra. La Argentina debe dejar de añorar un pasado que constantemente se reescribe, asfixiando el presente con controles y mitos políticos, para tener posibilidades de futuro.