A más de 20 años de su primer paso como ministro de Economía y de 15 de su intento de querer salvar las papas de un Gobierno debilitado más por sus desaciertos políticos que por el deterioro de la economía que provocó uno de los peores escenarios internacionales con precios de las materias primas inferiores hasta la tercera parte de los actuales, algunas declaraciones de Domingo Cavallo a un medio español generaron singulares reacciones encontradas a comienzo de la semana.

Claramente, si se recuerda que durante la gestión del “padre de la convertibilidad” predominaron un régimen de cambio fijo, en lugar de flotante como hoy, y las privatizaciones de las empresas prestadoras de servicios públicos, no tiene punto de comparación con el momento actual.

Pero si se analizan los principales ejes de la política económica del Gobierno de Cambiemos con los de los comienzos de los 90, aparecen más coincidencias que diferencias sustanciales, naturalmente adaptadas a momentos muy distintos, en lo interno e internacional.

1. Desinflación. Muchos se olvidaron, pero a fines de los 80, principios de los 90, la economía estaba desmadrada en un proceso hiperinflacionario, con un severo deterioro de los denominados precios relativos: tarifas, salarios, tipo de cambio, tasas de interés, que se logró revertir con un heterodoxo plan de estabilización. A fines de 2015, naturalmente, no había hiperinflación, pero sí precios reprimidos, atraso tarifario, cepos, brecha cambiaria, que llevaron al presidente Mauricio Macri a impulsar un sinceramiento de esas variables, unas más rápido que otras, sustentado con una política de metas de inflación descendente.

2. Política fiscal. El déficit de las finanzas públicas heredado era enorme, como 25 años después, y el foco fue reducirlo gradualmente como se proponen las metas de Hacienda, ratificadas en el proyecto de presupuesto para el año próximo, más sobre la base del crecimiento de la economía y la eficiencia en la recaudación que a través del achicamiento real del gasto público. No hay privatizaciones, pero sí una decidida política de recorte de subsidios a las empresas y aumento de tarifas a los consumidores para devolver rentabilidad e impulsar las inversiones en mayor oferta y mejora de los servicios, como en los 90.

3. Apertura de la economía. La estabilidad de precios y las reglas claras hacia la normalización macroeconómica, en un contexto de severo atraso en las inversiones productivas, llevaron a incentivar las importaciones de bienes de capital y tecnología. Son los rubros que, como en los 90, más crecen, junto a los automóviles, aunque algunos industriales y políticos con retórica interesada alerten sobre una “avalancha de importaciones y cierre de empresas”.

4. Fin de las retenciones a las exportaciones. Una política de apertura no podría impulsarse con restricciones a las fuentes generadoras de divisas, como la actividad agropecuaria e impuestos adicionales a los sectores industriales, por eso se eliminaron y se aceleró la devolución de impuestos y reintegros.

5. Planes de competitividad. Tanto ahora como entonces, los empresarios, economistas y en el mundo periodístico también, resaltan los efectos nocivos del alto costo argentino que implican, entre otros factores, las elevadas cargas patronales sobre la nómina salarial. El Gobierno tomó nota de ese fenómeno y, como en los 90, impulsa los programas sectoriales de reducción de los impuestos al trabajo y las flexibilizaciones de los regímenes laborales, hasta que logre una reforma laboral integral aprobada por el Congreso.

6. Apertura al mundo. El regreso no sólo a los centros internacionales para tomar crédito, tanto para pagar los vencimientos de deuda como principalmente para financiar obras de infraestructura, por parte del sector público, y más lentamente el sector privado, como la vuelta a los foros internacionales, públicos y privados, parece otro punto de coincidencia con los comienzos de los 90, y que habían estado ausentes en la década previa al gobierno de Cambiemos.

7. Atracción de inversiones. El plan para la normalización de la macroeconomía no sólo facilitó el acceso al crédito internacional, sino también fue el imán para la llegada de inversiones extranjeras, por ahora muy focalizadas en las energías renovables, pero con importantes promesas en los más variados sectores de la economía, tanto para otras obras de infraestructura como en el sistema financiero, el comercio, la industria y servicios privados.

8. Revitalización del crédito y la bancarización. Los depósitos y los préstamos bancarios crecen a un ritmo superior al de la inflación, al revalorizarse el peso y mantener tasas de interés reales positivas respecto de la inflación, y también del tipo de cambio.

9. Ataque a los evasores. Decidida política de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) para cerrar los canales a la evasión y elusión de impuestos, e impulso de una reforma tributaria orientada a eliminar los impuestos distorsivos y fomentar un sistema progresivo.

10. El papel de las estadísticas públicas. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), como en los 90, se abocó a mejorar singularmente la calidad y la cantidad de la información pública.