Aún aturdido por la escandalosa captura de José López, Mano de Derecha del todopoderoso Ministro de Planificación, Julio de Vido, durante los 12 años de gestión de Matrimonio Kirchner; el peronismo y el massismo intentan aprovechar el derrumbe kirchnerista, al tiempo que el macrismo disfruta de la primera semana repleta de triunfos luego de tres meses de tropiezos, errores y malas noticias.

Pasada las primeras horas de detención del ex Secretario de Obras Pública del kirchnerismo, el mundo político comenzó a entender las dimensiones de reacomodamiento que se pueden dar en el escenario político en las próximas semanas, y que muchos creen que pueden definir el resultado de las elecciones del 2017 y hasta las presidenciales del 2019.

Mientras la opinión pública se asqueaba ante las imágenes de 160 paquetes de billetes, justo en el momento donde cada peso tiene el valor del oro en los bolsillos de muchas familias; el kirchnerismo entendió que sus alienados deseos de volver a poder en el corto plazo o de imponer condiciones al peronismo en el armado de listas para el 2017, se fueron por las cloacas y que son sólo un molesto colectivo político, ciego y soberbio.

Hoy, el kirchnerismo intenta “despegar” a Cristina Fernández del escandaloso “Caso José López”, culpan a los privados por ser unos “perversos” coimeros que aprovecharon “infiltrados” que sólo querían hacerse millonarios con los dineros públicos (una visión rayana a un cuento para un niño de 1 años) y buscan separar la militancia, con el fin de tratar de retener la mayor cantidad de votos posibles. Sin duda, una tarea titánica, ante las grotescas características que rodean a toda la situación.

Funcionarios y figuras mediáticas que vivieron de la “teta” kirchnerista durante años, que hicieron decenas de “profesiones de fe” al “modelo”, que apuntalaron actos y elecciones con sus nombres, ahora realizan una representación teatral de asco, ofensa o desilusión; pero no piden disculpas por haber negado las denuncias, las noticias y las pruebas que se le presentaban de actos de corrupción del Frente para la Victoria.

En realidad, el grupo más prebendario del kirchnerismo hacen un “acting” para salvar sus escasos prestigios, hasta que vuelve otro Gobierno que les permita volver a ganar millones de dólares mientras le “chupan las medias” al poder de turno. Una forma peculiar de prostitución, sin duda que usa el juicio a los militare represores y la Asistencia Universal por Hijo como escudos para intentar seguir facturando en el futuro.

Grogui, el kirchnerismo intenta articular un discurso para defenderse del escándalo. Cristina Fernández acepta en Facebook que hubo corrupción bajo sus propias narices, algo que negó durante casi 10 años. Sin duda, una inmensa derrota del “relato”. Otros argumentan que los casos Nisman, Lázaro Báez, Cristóbal López o José López son usados políticamente para anular lo que califican como la transformación social más importante de los últimos 50 años, por la “ampliación de derechos” y “reducción de la pobreza”.

Atarse al repetitivo discurso de campaña del kirchnerismo elimina el contexto: Todos los logros quedan opacados ante las dimensiones de los actos de corrupción, de destrucción en que fue entregado el Estado, en los altísimos niveles de pobreza o en la desastrosa distorsión de las variables macroeconómicos que dejaron a la Argentina a un paso de la mayor crisis de su historia, luego de las hiperinflaciones de los 80.

Según las primeras encuestas que se pidieron con suma rapidez, 1 de cada 3 personas que se identifica con el kirchnerismo o el Frente para la Victoria dice que todo fue una “trampa” y se niegan a aceptar la realidad del hecho. Esto implica casi 9% del electorado componen lo que podríamos calificar como el verdadero “núcleo duro” de la fuerza que creó Néstor Kirchner, algo que ya se ha visto en el pasado con el alfonsinismo o el menemismo. Sin embargo, esa cifra no pude ocultar que, en seis meses, del kirchnerismo que tuvo 54% de los votos en 2011 y que dice salió segundo en 2015, no ha quedado ni la sombra y que serán una fuerza política marginal en las elecciones del 2017, si no logran mantenerse dentro del PJ.

En el peronismo saben que el caso les pega en la línea de flotación. El titular del Partido Nacional Justicialista, José Luis Gioja, lo describió como un “terremoto de grado 11” y, ahora intenta establecer un límite para determinar quién se queda dentro o fuera del PJ y discute si cambiarle el nombre “Frente para la Victoria” a todos los bloques legislativos, ya sea nacionales, provinciales o municipales, con el fin de aparece como que no fueron socios y cómplices de los 12 años de latrocinio kirchnerista.

El peronismo muta para sobrevivir. No le importa perder una elección, si eso le asegura ganar la siguiente. Sin embargo, todos los que encabezan el “nuevo peronismo” fueron parte del “viejo peronismo” que rindieron a la fuerza política creada por Juan Domingo Perón al Matrimonio Kirchner y les dieron “carta blanca” para que hicieran o deshicieran lo que querían, cuando querían y cómo querían. Si hasta cedieron el armado de las listas, algo que nunca antes había sucedido en el peronismo en su historia.

José Luis Gioja quiere dejar fuera del peronismo parlamentario al kirchnerismo y propone crear un interbloque con los legisladores de San Luis, Misiones, Entre Ríos o los que siguen a Diego Bossio. En la fantasía del titular del Partido Nacional Justicialista, cree que a agonía kirchnerista es la oportunidad para sumar dispersos bajo su batuta, cuando el prestigio de quienes fueron socios preferentes del Matrimonio Kirchner, los gobernadores, está tan golpeado como el kirchnerismo mismo

Quién se considera el gran ganador de la implosión kirchnerista y del terremoto peronista es Sergio Massa, que se reunió con su socio José Manuel de la Sota, para tratar de establece su propio límite para aceptar viudas del kirchnerismo y heridos del peronismo. Y, en el camino, negociar desde una posición de fortaleza ante José Luis Gioja y el opacado y cercado judicialmente Daniel Scioli, hoy, abandonado por el PJ bonaerense.

Pero varios problemas tienen el massismo y el delasotismo en su estrategia. Por ejemplo, Sergio Massa fue funcionario de Néstor Kirchner y Jefe de Gabinete de Cristina Fernández, José Manuel de la Sota y Juan Carlos Schiaretti han sido Gobernadores de Córdoba durante el kirchnerismo y han negociado cientos de obra públicas con José López; ninguno de los tres ha hecho “acto de fe” contra el Frente para la Victoria, ninguno hizo una sola denuncia contra la Gestión del Matrimonio Kirchner y si aceptan ex funcionarios kirchneristas en sus filas pueden ser calificados como “herederos” de aquellos que robaron el país. Por eso, aunque las necesidades electorales y políticas sean muchas, el tigrense y el cordobés deberán ver de no sumar dirigentes que resten votos.

El massismo y el delasotismo tienen que conducir su estrategia de crecimiento político, electoral y territorial manteniéndose como alternativa a “Cambiemos” y a Mauricio Macri, sin aparecer como el proyecto continuador del Frente para la Victoria o representantes de un kirchnerismo “soft”, tanto en sus acciones, como en sus formas, una tarea compleja si recordamos lo conflictivo que fue el rearmado peronista luego de las derrotas electorales de 1983 y 1999.

Frente a este ambiente volátil y dinámico del panperonismo, en la oposición el escenario es totalmente diferente. Cerca de Elisa Carrió celebran que las denuncias de la chaqueña hayan sido validas por la captura de José López y los bolsones con fajos inmensos de billetes y creen que eso potenciará los votos que tendrá la Legisladora si va como candidata a Senadora por la Provincia de Buenos Aires.

Los radicales, que nunca denunciaron nada, quedaron fuera del reparto de capital político que implica el escándalo de José López. Curioso caso el de los radicales que reclaman mucho y aportan poco, salvo extensión territorial y capacidad de cuidar las urnas. Sin embargo, nada les alcanza y siguen presionando al macrismo por más espacios de poder.

Por su parte, el Gobierno decidió tomarse vacaciones por el fin de semana largo y deja que la tapa de los diarios y las repeticiones por las redes sociales hagan todo el trabajo para sumar capital político. El Caso José López le permitió a la Casa Rosada “tapar” el impactante número que nuevo Índice de Precios al Consumidor que dio a conocer el Indec, que fue muy bien recibido por los especialistas; y la designación como miembros de la Suprema Corte de Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz, con una mayoría que dejó agonizante al kirchnerismo en el Senado.

Pero siguiendo el “estilo macrista”, el Gobierno prefiere que el asco de la clase media, la rabia de la clase alta y la sorpresa de la clase baja hagan efecto sobre los votantes, creando “imágenes” que se podrán usar para las campaña electoral el año que viene. Así, José López termina por hacer resurgir el clivaje kirchnerismo – antikirchnerismo, o en otras palabras corruptos – no corruptos, que se puede profundizar si la Justicia avanza en sus investigaciones y encuentra más “bóvedas” con fajos de dinero de la corrupción kirchnerista.

Un dato no menor: la organización de la cobertura mediática, rápida y efectiva de la detención de José López fue de la Provincia de Buenos Aires, no de la Casa Rosada, que tardó varias horas en hacer una conferencia de prensa del Jefe de Gabinete, Marcos Peña; cuando ya habían estado respondiendo decenas de preguntas los Ministros de Justicia y Seguridad bonaerense, Gustavo Ferrari y Cristian Ritondo. Si hasta se hizo partícipe al Bapro, con Juan Curuchet a la cabeza, en la movida mediática.

Pero pasados los días, el macrismo no logra definir una estrategia para seguir ganando capital político, dado que desempolvó el paquete de leyes anticorrupción, con la incorporación de la figura legal del “arrepentido” y sumando la “extinción de dominio” para los bienes comprador con fondos provenientes de la corrupción; pero no quieren cumplir con el acuerdo sellado con el massismo y el peronismo para sumar miembros en la Suprema Corte de Justicia, algo que le permitió aprobar cómodamente los pliegos de Horacio Rosatti y  Carlos Rosenkrantz para el Alto Tribunal.

El paquete de leyes anticorrupción venía siendo frenado en el Congreso por el peronismo y el kirchnerismo, pero luego del Caso José López, ya no hay argumentos para detener el tratamiento de la propuesta oficial en el menor tiempo posible. Una inmensa oportunidad se abre.

Pero más allá de aprovechar la oportunidad en un solo flanco, el macrismo se quedó en lo estético-mediático y no parece avanzar en lo político. La Casa Rosada está dejando que el panperonismo se desgaste en una interna más o menos desorganizada, donde las novedades judiciales pueden seguir horadando cualquier intento reorganizador entre el kirchnerismo agonizante, el peronismo debilitado y el massismo confiado. Demasiada inocencia para un escenario tan complejo.

La gran tarea viene ahora para el Poder Judicial. Hay decenas de causas que están paralizadas y, las que se mueven, levantan mucho “polvo”, pero no generan resultados judiciales de alto impacto. En pocas palabras: No parece haber interés de los Jueces Federales en avanzar en detenciones, ni en buscar el dinero que puede haber sido fruto de esos actos.

Las causas parecen no avanzar en la “cadena de mando” dentro del Gobierno ni en lo posibles corruptores, creando la fantasía de un funcionario corrupto, que no responde a nadie y que tiene dinero sin origen. Se rumorea que algunos de los fajos de dinero secuestrados a José López tenían el nombre de empresarios o empresas. Sería bueno comenzar por allí.

En Brasil, el “Lava Jato”, la investigación de coimas de empresas a funcionarios del Gobierno del Partido de los Trabajadores y de Petrobras tiene presos a muchos más empresarios que políticos. Es cierto que Ignacio Lula está cercado judicialmente y que Dilma Rosseff enfrenta un juicio político donde puede no volver nunca más a su cargo; pero es en el terreno privado que el escándalo ha tenido mayores efectos.

En la Argentina, si bien una parte importante de la opinión púbica quiere ver presa a Cristina Fernández, a cuatro o cinco de sus Jefes de Gabinete y a dos docenas de ministros y funcionarios de la “Década Ganada”; también sería sano enviar un mensaje al sector privado, quizás, para que no vuelvan a las andadas, de nuevo. En el fondo, si el detenido fue ex Secretario de Obras Pública, los miembros de la Cámara Argentina de la Construcción debería tener algo más que decir que frases hechas por especialistas en crisis management. Que en manos de la Justicia que el Caso José López se convierta en el “Lava Jato” argentino.